Los monstruos de Paratebueno

Orinoquía · Mestizo

Los monstruos de Paratebueno

Tres mujeres se revelan como apariciones esqueléticas en una ficción de carretera ligada a memorias de la Violencia.

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Los monstruos de Paratebueno: la entrada del relato

El relato

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Lo primero que pensamos, cuando quisimos entender aquel viaje, fue en el embrujo del Pollo de Oro, el sitio de joropo de Villavicencio donde sonaba la voz de Teresita Pulgarín. Un viernes de parranda, Julio Daniel, Henry y yo nos sentamos cerca de una mesa donde conversaban tres mujeres hermosas. Desplegamos todo el repertorio: miradas, una invitación, y al final el arma que jamás fallaba, los poemas. Julio Daniel les recitó uno de bienvenida al llano; yo les mandé como diez. Ni una mirada. De pronto se fueron. Le preguntamos al mesero por ellas y nos dijo que esa mesa permanecía vacía, porque allí habían matado hacía poco a una morena de trenza, de una puñalada en el vientre. Era la que me había gustado a mí.

Otro viernes, en el mismo sitio, estaba con el flaco Salcedo y el primo Julito cuando llegaron tres muchachas, y esta vez sí se sentaron con nosotros, porque una era amiga del flaco. Yo andaba entonces metido en la historia de la rebelión liberal del llano, la de las huestes de Guadalupe. El viejo Nacianceno León, que había estado preso y había servido a las órdenes de Álvaro Parra, me acababa de decir que dos de los hermanos Parra vivían en Cumaral y en Paratebueno. Y resultó que las muchachas eran familia de los Parra, y que esa misma noche iban para Paratebueno, que celebraba sus fiestas patronales. Nos invitaron. A la curiosidad se sumaron otras ganas.

Hacia las dos de la madrugada, con el aguardiente encima, salimos los seis en la camioneta. Julio manejaba con una sola mano por la carretera empolvada y llena de baches, y las parejas se enredaban en caricias. Una de ellas habló de los cadáveres que aparecían cuando quisieron pavimentar la vía hacia Casanare, en los años cincuenta, cuando la guerrilla impedía arreglarla para guardar su enclave. Nos venció un sueño pesado.

Ya casi amanecía cuando vi que a Julio lo besaba una calavera, y que él seguía conduciendo despacio, como un autómata. Cerré los ojos. Al mirar de reojo alcancé a ver el fémur que acariciaba el flaco, y sentí sobre mí una mano helada que no me atreví a mirar. Me quedé mudo y perdí el sentido.

Despertamos tres horas después, a las ocho, en Paratebueno, muertos de sed. En la tienda de enfrente cada uno se tomó tres vasos de leche fría. El dueño se presentó:

—Soy Enrique Parra, para servirles. Bienvenidos a este pueblo llanero de Cundinamarca.

Nos contó que las patronales habían sido hacía un mes. No había fiesta. Cuando por fin le dijimos lo de la noche, se puso serio y pálido, pidió una botella y nos invitó.

—Ustedes están vivos de milagro. Hace poco más de cuarenta años hubo muchos muertos en esta carretera. Mataron a unas mujeres de la vida que venían para las ferias, y su agonía duró meses. Primero las usaron para detener a los viajeros y asaltarlos, y después las entregaron a la tropa apostada en la vía contra la insurgencia. Sus ánimas esperan en los bebederos de Villavicencio o de Cumaral e invitan a la gente a las fiestas de Paratebueno. En el camino, después de acariciarlos, castran a los hombres. Ustedes se salvaron porque venían por la historia de los Parra, y aquellas mujeres eran liberales. Muchas servían de correo, hasta que un policía encontró un papel escondido en un sostén.

Regresamos despacio, con el rabo entre las piernas. Pascual me lo había advertido: que en la vía a Paratebueno asustaban, y que no aceptara invitaciones de mujeres bonitas para esas fiestas. Una noche le pregunté por qué era tan peligroso ese viaje, y se burló de mí.

Los monstruos de Paratebueno: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Las muertas cuyo crimen nadie juzgó siguen esperando en el camino a quienes olvidan cómo murieron.”

Territorio

Orinoquía · Mestizo

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Orinoquía
Comunidad
Mestizo
Referencia
4.373° · -73.221°

Ficha del relato

Contexto histórico

Los monstruos de Paratebueno es la segunda narración de «Los cuentos de Pascual: mitos y leyendas del piedemonte llanero», de Alberto Baquero Nariño, y va de la página 29 a la 32 del ejemplar digitalizado por la Biblioteca Virtual del Banco de la República. Es la excepción del libro. Las demás piezas las cuenta Víctor Pascual Herrera, el campesino de Quetame asentado en la vereda del Carmen de Villavicencio a quien el libro está dedicado; ésta la cuenta el propio autor, en primera persona, como protagonista de una noche de parranda. Pascual entra sólo al final, como el vecino que ya le había advertido del peligro de esa carretera y que se ríe cuando él le pregunta por qué.

El relato está anclado en nombres y lugares del Meta y del oriente de Cundinamarca: un bar de joropo de Villavicencio, el Pollo de Oro; la carretera sin pavimentar que sube por Cumaral hacia Paratebueno y Casanare; una tienda de Paratebueno cuyo dueño se presenta como Enrique Parra. El pretexto del viaje es la investigación histórica que el autor declara llevar entonces sobre la guerrilla liberal de Guadalupe Salcedo y la familia Parra, y el testimonio del viejo Nacianceno León, antiguo preso y subalterno de Álvaro Parra. Para fechar la escritura, el propio texto da una pista: habla de la Marginal de la Selva como obra empezada en 1988 y que «se terminará en 1.992». El preámbulo del libro está firmado en enero de 1991.

En la página 13 el autor explica qué hizo con el motivo: tomó las seductoras que se vuelven esperpentos, un tema que atribuye a «la cuentería nacional», y lo situó en la vía que en tiempos de la violencia cerraba el paso hacia el Upía y hacia Casanare, donde se afirmaban los reductos de Guadalupe Salcedo con los hermanos Parra y con los Bautista.

Resonancias con otros mitos

El motivo que el autor reconoce es el de la mujer hermosa que atrae a los hombres y se transforma cuando ya es tarde. En el piedemonte boyacense de Lengupá, el esquema de ordenamiento de Campohermoso recogió vereda por vereda la leyenda de la Zorra Perruna: una mujer muy bella que enamoraba y se llevaba a los mujeriegos y adúlteros, y luego se volvía un animal de uñas largas que devoraba a su víctima. Paratebueno comparte el castigo al hombre que sigue a la seductora, pero lo multiplica por tres y le da una causa histórica: las mujeres son muertas de la guerra.

El segundo paralelo es la autoestopista fantasma, la joven que sube de noche a un automóvil y resulta ser una muerta, que Jan Harold Brunvand estudió en «The Vanishing Hitchhiker» (1981). José Manuel de Prada Samper recuerda que Gabriel García Márquez contó una de esas apariciones en su columna «Fantasmas de carreteras», publicada en «El País» en agosto de 1981, y que atribuyó su difusión a los conductores profesionales, como antes a los arrieros. En Paratebueno los papeles se invierten: las muertas no piden que las lleven, sino que invitan, y el viaje conduce a los vivos hacia el lugar donde ellas murieron.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El libro da dos lecturas del mismo espanto que no se superponen. En el preámbulo, los monstruos de Paratebueno son la forma local de un motivo nacional y, a la vez, algo que «impedía» el tránsito por la vía en los años de la violencia: el espanto aparece como parte del cerco de la guerra. En la narración, en cambio, son las ánimas de mujeres asesinadas en esa carretera, primero usadas de señuelo para asaltar viajeros y después violentadas por la tropa; su venganza cae sobre los hombres que las siguen por deseo, y perdona a los que van por la memoria de los liberales. Esa segunda explicación la da un personaje, Enrique Parra, y no el narrador.

  2. El texto mismo deja abierta la duda sobre lo que se vio: los tres amigos despiertan en Paratebueno sin saber cómo llegaron, y cada uno cree haber soñado. La primera escena, la morena de trenza apuñalada en el Pollo de Oro, funciona como anuncio: es la misma clase de aparición, en la ciudad y no en la carretera.

  3. Tampoco coinciden el tono y la materia. La noche se cuenta como aventura picaresca de tres parranderos, con chistes sobre sus propias ganas; el desenlace, en cambio, lo pone un hombre que se pone pálido y habla de muertos reales en esa misma carretera. Pascual, al final, vuelve a la burla y cierra con ella.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Orinoquía
Referencias
10
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Los cuentos de Pascual: mitos y leyendas del piedemonte llanero

    babel.banrepcultural.org

    Trae «Los monstruos de Paratebueno» completo (pp. 29-32), contado en primera persona por el autor: la morena de trenza apuñalada en el Pollo de Oro de Villavicencio, las tres muchachas familiares de los Parra que invitan a las fiestas de Paratebueno, la calavera que besa al conductor en la carretera, el despertar en el pueblo y la explicación de Enrique Parra sobre las mujeres asesinadas en esa vía durante la violencia. El preámbulo (p. 13) lo presenta como versión local del motivo de las seductoras que se vuelven esperpentos, ligado al cerco de la vía hacia el Upía y Casanare.

  2. Paratebueno (provincia de Medina)

    eldoradoradio.cundinamarca.gov.co

    Dice que Paratebueno nació como caserío en la región de Sabana Brava, adonde llegaron refugiados de la violencia; que su nombre viene de una finca donada por Álvaro Parra, y que se separó de Medina en 1981 y fue creado municipio en 1982. Confirma que el Álvaro Parra del relato, jefe liberal de la resistencia, es el mismo que fundó el pueblo al que van los viajeros.

  3. Mujer y violencia en los conflictos rurales

    repositorio.unal.edu.co

    Estudia a las mujeres como víctimas directas de la Violencia de los años cincuenta y sesenta, con historias de vida y archivos judiciales, y documenta que su muerte, frecuentemente acompañada de violación, tortura y mutilación, cumplía un papel simbólico contra el bando contrario. Es el fondo histórico de lo que Enrique Parra cuenta sobre las mujeres usadas de señuelo y violentadas en la vía a Paratebueno.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. La paz con las guerrillas liberales, 70 años después

    senalmemoria.co

    Resume la guerra de las guerrillas liberales de los Llanos tras el 9 de abril de 1948, las leyes del Llano de 1952 y la paz de Rojas Pinilla con Guadalupe Salcedo en septiembre de 1953. Es el marco de la «rebelión liberal llanera» que el narrador investiga y de la frase final de Enrique Parra: las mujeres asesinadas eran liberales y muchas servían de correo.

  2. El legado de Guadalupe Salcedo y Dumar Aljure: resistencia y lucha en los Llanos Orientales

    centrodememoriahistorica.gov.co

    Presenta a Guadalupe Salcedo como jefe de las guerrillas liberales del Llano, desmovilizado en 1953 y asesinado por la Policía en Bogotá en 1957. Sitúa a la figura que el preámbulo del libro nombra al hablar de los reductos que se afirmaban en Casanare «con los hermanos Parra y con los Bautista».

  3. Red vial y transformación urbana hacia el futuro

    bffrepositorio.unal.edu.co

    Explica que la Marginal de la Selva nació de un acuerdo internacional de 1963 y que en el llano colombiano toma el nombre de Troncal del Llano, la vía que integra el piedemonte entre San José del Guaviare y Arauca; describe además a Restrepo y Cumaral como los puntos que enlazan el polo de Villavicencio con el sur de Casanare. Es la carretera por la que avanza la camioneta y la obra que el relato cita como empezada en 1988.

  4. Inauguran, a medias, la Marginal de la Selva

    eltiempo.com

    Nota del 3 de junio de 1998 sobre la inauguración parcial de la Marginal, «una vía soñada desde hace 20 años» que atraviesa el piedemonte llanero, dividida en un tramo de Villavicencio a Arauca y otro hacia la frontera con Ecuador. Fecha lo que el relato anunciaba para 1992: la obra seguía a medias seis años después.

  5. Del folclor llanero

    bffrepositorio.unal.edu.co

    Su calendario de festividades de la región incluye en junio las «Fiestas de Paratebueno (Paratebueno, Cundinamarca)», las mismas fiestas patronales a las que las muchachas del relato invitan a los viajeros y que, según Enrique Parra, ya habían pasado hacía un mes.

  6. Esquema de Ordenamiento Territorial del municipio de Campohermoso, dimensión cultural

    repositoriocdim.esap.edu.co

    Recoge, levantada en las veredas, la «Leyenda de la Zorra Perruna»: una mujer muy bella que enamoraba y se llevaba a los hombres mujeriegos y adúlteros y luego se convertía en un animal de uñas largas que devoraba a su víctima. Es el paralelo colombiano de piedemonte más cercano a la seductora que castiga al hombre que la sigue.

  7. Las leyendas modernas y la transmisión de valores

    dialnet.unirioja.es

    Parte de la leyenda de la autoestopista fantasma, cita el estudio de Jan Harold Brunvand «The Vanishing Hitchhiker» (1981) y recuerda que Gabriel García Márquez contó una de esas apariciones en su columna «Fantasmas de carreteras» de «El País», en agosto de 1981, atribuyendo su circulación a los conductores profesionales. Da el marco de la leyenda de carretera moderna en la que se inscribe el viaje nocturno a Paratebueno.

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«Los monstruos de Paratebueno» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Los monstruos de Paratebueno» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Los monstruos de Paratebueno» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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