El mono que devolvió la flecha

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

El mono que devolvió la flecha

Los monos cantan y salen a montear como gente; uno toma la flecha disparada por un cazador, la devuelve y mata al atacante.

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El relato

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Los monos son gente.

Por la mañana, cuando el día apenas está empezando, los monos van hacia la quebrada. Van cantando, y lo que cantan es esto: “Ho, ho, está bien el día! Vamos a montear!”. Primero dicen cómo amaneció el día y enseguida dicen qué van a hacer con él. Lo dicen en voz alta, camino de la quebrada, cuando el monte apenas está aclarando.

No es cosa de una mañana sola. Todas las mañanas bajan a la quebrada y todas las mañanas va con ellos ese canto, que anuncia el día y anuncia la salida.

Y así van monteando, como monteamos nosotros. Salen temprano, se meten por el monte, buscan de comer y se pasan el día en esa busca, y vuelven cuando han encontrado. No es que parezcan gente cuando lo hacen. Es que lo hacen porque son gente.

Un día un hombre disparó su flecha contra un mono. La flecha llegó y casi lo mató. Casi, pero no lo mató: el mono quedó vivo, y la flecha que iba a matarlo quedó ahí, al alcance de su mano.

El tiro había salido de detrás de un árbol. El hombre se había escondido detrás de ese árbol para disparar y allí seguía, tapado por el tronco, mirando lo que había hecho su flecha.

El mono no salió huyendo. Cogió la flecha. Cogió esa misma flecha, la que acababan de dispararle a él, y la lanzó contra el hombre que estaba escondido detrás del árbol. El tronco no alcanzó a taparlo. La flecha le dio y lo mató.

Así quedó la cosa esa mañana en el monte: el mono vivo, con la flecha ya lanzada, y el hombre muerto detrás del árbol donde se había escondido para tirarle.

Los monos son gente y son como nosotros. Así es.

El mono que devolvió la flecha: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Tratar a otro como presa supone que nunca sabrá qué hacer con el arma que se le lanza.”

Territorio

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Ette Ennaka (Chimila)
Referencia
10.0356° · -74.2147°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este es el texto dieciocho del conjunto que Gerardo Reichel-Dolmatoff recogió a mediados de 1944 entre los chimila, entre los ríos Magdalena y Ariguaní, y publicó en febrero de 1945 en el Boletín de Arqueología. Ocupa nueve líneas y va inmediatamente después de la declaración general de que todos los animales hablan, a la que repite y pone a prueba: abre diciendo que los monos son gente, cuenta un caso y cierra repitiendo la misma frase. La estructura es la de una afirmación seguida de su comprobación.

El canto de los monos por la mañana no es un detalle de ambiente. Es lo que el propio narrador, el cacique Tangrutaya Mutsu, invocaba como prueba de que decía verdad: quienes saben cómo canta el mono por las mañanas, decía, reconocerían que el Capitán Mutsu no mentía. El texto empieza justamente por ahí.

El recopilador archivó este cuento dentro de su nota conjunta sobre los relatos de animales, pero no le dedicó ni una línea propia. Sus comparaciones de esa nota, el monstruo que se traga a un hombre y el sueño clarividente, corresponden a los textos veinte y diecinueve. El episodio de la flecha devuelta quedó sin comentario alguno.

La monografía del mismo autor, la Etnografía chimila de 1946, permite ver con precisión lo que ocurre en la escena. Describe tres formas de flecha, dos de punta lanzoide con garfios para caza mayor y guerra y una de punta roma para pájaros, flechas de alrededor de metro y medio y sin emplumado; consigna que la caza “se efectúa sólo con arco y flecha” y que él no vio emplear trampas en ningún caso; y aclara que en la caza nunca se usan flechas envenenadas, porque el veneno actúa con lentitud y mataría sólo horas o días después. La flecha que el mono devuelve es, entonces, un arma que mata de inmediato y que mata igual en manos de un hombre o de un mono. La misma monografía anota que los micos abundan en la región pero que nunca los vio domesticados.

Del lado contemporáneo, Juan Camilo Niño Vargas transcribió y analizó otro relato ette de primates, el de una niña raptada por monos que debe hacer un penoso viaje de regreso a la casa de sus padres, y mostró que las historias de humanos adoptados por animales son las más ricas y largas de la mitología ette. No es este episodio ni una variante suya: es otro relato, recogido casi setenta años después. En su estudio sobre los campos de cultivo distingue además dos cacerías ette, que ayudan a pesar la escena sin nombrarla.

Nada dice de dónde ocurrió, si el hombre cazaba solo, si había roto alguna regla ni qué hicieron los suyos al encontrarlo.

Resonancias con otros mitos

En el mismo conjunto de 1944 hay otro animal que toma las armas de la gente. En El morrocoyo, el texto veintiuno, dos hombres discuten y uno se niega a disparar diciendo “es gente como tú y yo”, pero el otro insiste y le da al morrocoyo en una pata; el animal escapa al agua y a la mañana siguiente coge su arco y su flecha y mata a una mujer que iba por agua. Las diferencias son grandes: allí la agresión del animal llega al día siguiente y contra alguien que no disparó, tiene explicación en la ofensa recibida, deja marcas en el cuerpo del morrocoyo que explican su forma actual y termina con los hombres matándolo y comiéndolo. Aquí todo ocurre en el mismo instante, con la flecha del propio cazador, y no ocurre nada después.

Entre los mismos ette, Niño Vargas recogió el relato del jaguar que se hace pasar por humano hasta que lo delatan sus ronquidos, su hedor y su miedo a los perros, y termina flechado en la hamaca. Ese animal esconde su condición y por eso lo matan. Los monos de este episodio hacen lo contrario: la anuncian cantando cada mañana, y aun así les disparan.

El paralelo más cercano fuera del país es yaqui. En el texto “U yoeme maasom aamu”, recogido en 2010 en Estación Vícam, Sonora, y publicado por Lilián Guerrero y Paola Gutiérrez Aranda, un hombre muy buen cazador convierte la caza en obsesión y caza a diario sin respetar a los venados; entonces un venado negro caza al hombre, que no muere sino que queda convertido en mitad venado y mitad humano, obligado a vivir en el bosque. El relato yaqui nombra la falta y castiga con una transformación. El episodio ette no dice que el cazador hubiera hecho nada indebido, y no lo transforma: lo mata.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. De este episodio no hay más de una versión documentada. Existe un solo testimonio, el que Mutsu dictó en 1944 y que se imprimió en 1945, reproducido después por la antología de Rocha Vivas sin volver a preguntar a nadie. Con un solo testimonio no se puede saber si el cuento se contaba más largo, si el hombre tenía nombre o si había un desenlace que la noche de la grabación quedó fuera: lo que se conserva son nueve líneas, y todo lo que exceda esas nueve líneas es añadido.

  2. El encabezado impreso es “Los monos”, en plural y sin anécdota. El título con que hoy se presenta, el del mono que devolvió la flecha, es editorial: escoge el episodio como lo más memorable de un texto que en su origen se anunciaba como una afirmación sobre una especie.

  3. Hay una variación interna que conviene no confundir con dos mitos distintos. En el texto diecisiete los monos cantan “Ho-ho, qué buen día!” y otros contestan; aquí cantan “Ho, ho, está bien el día! Vamos a montear!”. Es el mismo canto dicho dos veces en la misma noche y por el mismo narrador, con palabras algo distintas: una huella de oralidad, no una variante mítica. Por eso los dos textos se mantienen separados, tal como los numeró el impreso, pero no se leen como versiones rivales.

  4. La revisión retira lo que el texto heredado había agregado: el río, la bruma, una cacería colectiva y un mono convertido en embaucador. El mono no engaña ni roba un arma. Recibe una flecha y devuelve esa misma flecha, sin astucia y sin demora.

  5. También corrige el sentido que se le daba al cierre. La etnografía contemporánea advierte que entre los ette los animales se cazan sin mayores consideraciones morales, de modo que decir que los monos son gente no equivale a decir que no se cazan. El final repite la afirmación inicial después de una muerte humana; no proclama una regla nueva.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Ette Ennaka (Chimila) · Magdalena · Caribe
Referencias
6
Última revisión
17 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Mitos y cuentos de los indios Chimila

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica los veintiún relatos del corpus histórico y atribuye su narración al cacique Tangrutaya Mutsu, registrada en castellano durante trabajo etnográfico.

  2. El sol babea jugo de piña: antología de las literaturas indígenas del Atlántico, el Pacífico y la Serranía del Perijá

    babel.banrepcultural.org

    Reedita y contextualiza literatura Ette dentro de una antología nacional, identifica las traducciones y remite a las fuentes etnográficas usadas.

  3. La travesía de la joven: un mito astral de los ette del norte de Colombia

    archivo.revistas.ucr.ac.cr

    Transcribe, traduce y analiza un mito ette protagonizado por primates, una niña raptada por monos que debe volver a casa de sus padres, y demuestra que los monos ocupan un lugar propio y elaborado en la mitología ette.

Contraste y contexto · 3 referencias

  1. La división cósmica de las labores terrenales: interacción entre humanos y no humanos en los campos de cultivo ette

    revistatabularasa.org

    Distingue dos cacerías ette: la que se hace desplazándose por el monte, que implica penetrar un dominio divino para apropiarse de una criatura ajena observando preceptos y tabúes, frente a la de emboscada en rastrojos, con muchas menos restricciones morales.

  2. El tejido del cosmos: tiempo, espacio y arte de la hamaca entre los ette (chimila)

    journals.openedition.org

    Reúne los relatos ette de tránsito entre humanidad y animalidad, incluido el jaguar que se hace pasar por humano hasta ser flechado en la hamaca, y sitúa a los animales en un pasado animal vinculado a lo bajo.

  3. Etnografía chimila

    publicaciones.icanh.gov.co

    Describe el arco y la flecha con detalle técnico, con puntas distintas para caza mayor y para pájaros, y consigna que los monos aulladores se encuentran a cada paso en la región: el arma y el animal exactos del episodio.

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«El mono que devolvió la flecha» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El mono que devolvió la flecha» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El mono que devolvió la flecha» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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