
Andina · Mixto
Los mensajeros de los dioses
Mayavita dio vida a dos aves de hojas para volar hacia el oriente; después de su caída, las guacamayas regresaron como mensajeras de Sua.
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El relato
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Mongatá era alfarero. Su padre, famoso por las copas y los vasos rituales que fabricaba, le había enseñado el oficio y a decorar las vasijas con jugos de plantas. Huérfano de madre, se enamoró de una muchacha vecina con la que iba a traer agua fresca del manantial de Turubiuta. Se casaron: ella guardó las mantas que él le había dado en señal de compromiso, y en la boda bebió el licor ritual y le ofreció la copa.
Vivían con desahogo junto al manantial, pero una desgracia les amargaba la vida: los dioses no les daban un hijo. Ni los sacerdotes ni los curanderos, ni las yerbas ni los sacrificios lo remediaron. Mongatá, que la quería, entendió que debía tomar otra esposa, y no tenía cómo sostener a dos. Un día la encontró cavando papas con la coa y le dijo que tomara de sus bienes lo que quisiera y se fuera antes de que él volviera, porque así lo mandaban los dioses y el sacerdote.
Ella se fue a la casa de una anciana parienta suya en Guáquira, cerca del lago, y la encontró abandonada. Allí vivió sola y callada, cultivando la tierra. Mongatá tomó pronto otra compañera. Y ella descubrió que estaba encinta. Sola, a la hora del parto, se encomendó a Bochica, y decidió que nunca le diría a Mongatá que la criatura era suya, como castigo por su impaciencia.
Nació una niña parecida al padre, a la que llamó Mayavita, y la crió apartada del mundo. Mayavita no hablaba con nadie más que con su madre. De los pájaros, prefería las quinzas, las tominejas que llegaban al cercado y se iban volando hacia el oriente, por donde sale Sua, el Sol, y las envidiaba. La madre le contaba de las llanuras ardientes adonde iban las caravanas por maderos para los templos y las casas de los caciques.
Un día, bajo un arbusto de grao, de hojas verdes y naranja que el viento no deshoja, Mayavita armó con sus hojas dos aves grandes. Tomó un ala de cada una, y las figuras echaron a volar llevándola entre las dos, cruzaron la laguna y se perdieron por el camino de Sua. Bajaron en la selva caliente. Allí las aves le traían frutos en el pico, los micos le traían frutas y un árbol inmenso le daba abrigo. Las aves no tenían voz; Mayavita les hablaba todos los días, hasta que repitieron sus palabras en su misma lengua. Anidaron y tuvieron dos pichones, que crecieron verdes y amarillos.
La madre la buscó y creyó que la laguna sagrada se la había llevado; de noche le parecía oír su voz, con reproche.
Mayavita, ya mujer, sintió nostalgia de su madre y del lago, y pidió a las aves que la devolvieran. Las dos mayores la cargaron, pero sobre la cordillera se fatigaron, porque pesaba mucho más que en el primer viaje. Mayavita se soltó, cayó y se estrelló contra las rocas, y al tratar de rescatarla, el plumaje de las aves se tiñó con su sangre.
Las aves siguieron al país de la niña. El día en que el pueblo rendía homenaje al Sol, Sua salió rojizo y de él se desprendieron dos aves. Se posaron en los árboles y hablaron a la gente en su propia lengua, y la gente, creyéndolas hijas del Sol, clamó: «¡Sue!». Tenían el verde del maizal, el brillo del oro, el azul del cielo y el rojo de la sangre. Desde entonces son las mensajeras que llevan los ruegos al Sol. Se multiplicaron y volvieron a la selva con sus hermanos verdes y amarillos, y desde entonces los hombres traen guacamayas de las ferias de tierra caliente y les enseñan a hablar.

La enseñanza
“Lo que nace del abandono puede volver, transformado, para hablar en nombre de quien se perdió.”
Territorio
Andina · Mixto
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mixto
- Referencia
- 4.8° · -74.1°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mixto · Boyacá · Andina
- Referencias
- 5
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Mitos y leyendas de Colombia, tomo II (sección 20, Mitos del Tolima: Misael Devia, «Folclor tolimense», 1962)
flacso.edu.ec
Texto del relato de Lilia Montaña de Silva Celis (1970) en la sección 23, pp. 231-243: Mongatá, la esposa abandonada, Mayavita y las aves de hojas de grao que se vuelven guacamayas mensajeras del Sol, con el vocabulario de la autora.
- Conversas del lago de Tota y el valle de Sogamoso
bibliotecadigital.caroycuervo.gov.co
Describe el libro de Montaña (nueve mitos y 786 coplas) y su contexto en las excavaciones de Eliécer Silva Celis en el Templo del Sol.
- Aves mensajeras del Sol
eltiempo.com
Resume el relato de Montaña con Guáquira, Mayavita y Sua en una nota de 2002.
Contraste y contexto · 2 referencias
- Popol Vuh: Sacred Book of the Quiché Maya People
mesoweb.com
Trae el episodio de Vucub Caquix, el Gran Guacamayo que se proclamaba sol, que la propia autora cita y Similitudes compara.
- El pueblo boyacense y su folclor
babel.banrepcultural.org
Cuenta el mito de Bachué y el culto muisca del campo boyacense, el mundo al que Montaña adscribe a Sua y a Bochica.
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¿Así te la contaron?
«Los mensajeros de los dioses» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «Los mensajeros de los dioses» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «Los mensajeros de los dioses» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








