Los Burumia

Pacífico · Embera

Los Burumia

Dos jóvenes escapan del poblado Burumia por el río y revelan quién causaba las desapariciones atribuidas a los Cuna.

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El relato

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En la quebrada Usagará, que cae al río Bojayá, vivían los Burumiá, y la gente emberá no lo sabía. Los Burumiá vivían en un alto, como en un salto, y desde allí veían a cualquiera que viniera subiendo por el río. Cuando alguien se internaba por esa ruta a montiar, lo cogían antes de que pudiera regresar, y no volvía.

Un día subieron varias canoas con familias enteras, con mujeres y con niños. Los Burumiá los atacaron y se llevaron a todos menos a una vieja y a dos niños, un niño y una niña, que dejaron vivos para criarlos entre ellos. A los que capturaban montiando los encerraban en un chiquero, y al mismo tiempo sembraban junto a la casa una mata de primitivo: cuando el primitivo cargaba y las frutas maduras se rajaban, también se rajaba de grasa la piel del cautivo, y era la hora de matarlo.

El niño fue creciendo. Hizo bodoquera y arco y salía a montiar, pero los Burumiá no lo dejaban ir hacia abajo, por si encontraba el camino y se volaba. «¡Qué hace por allá! Eche para arriba, vaya a montiar para arriba», le decían. Así creció, y su hermana con él.

Mientras tanto, río abajo, la gente emberá creía que eran los Cuna quienes estaban matando a los suyos. Se reunieron del Atrato, de Lloró, de Dubasa, de Pató, de Munguidó, de todas partes, y fueron y echaron a los Cuna. Por eso los Cuna casi no nos saludan. Pidieron permiso al gobierno de Panamá para venir a pelear y no se lo dieron. Después de esa guerra la gente se quedó esperando en el Bojayá, por si volvían.

La vieja les decía a los muchachos: vayan rodeando, rodeando, buscando camino, que allá abajo en el río hay bastantes canoas y hachas y machetes de la gente que han matado; cojan la más grande, váyanse y avisen que son los Burumiá los que se están comiendo a la gente. Un día les hizo un buen fiambre y ellos se fueron rodeando, rodeando, hasta salir al río. Allí estaban las canoas, con hachas, machetes y canaletes. Con un hacha fueron rompiendo todas, dejaron la más grande y se fueron agua abajo con un perro grande.

Abajo, escondidos en el rastrojo, los emberá silbaban como el pájaro buchelé para avisarse. Cuando la canoa se acercó les dispararon flechas, y los muchachos las paraban con el canalete y gritaban que no dispararan. Entonces salieron, como cien, como doscientos. Los muchachos contaron que no eran los Cuna, que eran los Burumiá. Les preguntaron cuántos eran y no habían contado; sólo dijeron que eran como diablos, de cabeza pelada, así como peña.

Esa noche subieron, y uno que se volvía murciélago voló y contó las casas, pero le faltó una que estaba retirada. A la noche siguiente subieron todos armados. Ya sabían que el que dormía en hamaca en la casa grande era el jefe, y cuando se paró a orinar lo flecharon. Ahí mismo atacaron, dos para cada casa, y mataron a todos menos a los de la casa apartada. Esos se huyeron por la cabecera del Bojayá, salieron al río Valle, tumbaron un palo y empezaron a hacer una canoa. Cuando los perseguidores llegaron a la boca del río, los Burumiá ya la habían terminado e iban costa abajo, y como no tenían embarcación no pudieron seguirlos.

Los Burumia: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Una guerra puede librarse entera contra el vecino equivocado antes de que alguien vuelva y cuente.”

Territorio

Pacífico · Embera

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Pacífico
Comunidad
Embera
Referencia
6.148333° · -77.098889°

Ficha del relato

Contexto histórico

La narradora de este relato es Odilia Dogiramá, prima de Floresmiro Dogiramá. Aparece como pieza número 19, dentro del capítulo «Historias de guerra», en «Zrõarã Nẽburã: historia de los antiguos. Literatura oral emberá», la colección de veintiséis narraciones que Mauricio Pardo recopiló en el alto Baudó, en el Chocó, y que el Centro Jorge Eliécer Gaitán publicó en Bogotá en 1984, con ilustraciones de la fauna hechas por César Landázabal. Los otros narradores del volumen son Floresmiro, Alipio y Joaquín.

Floresmiro Dogiramá, el narrador principal, no era un informante casual. Luis Guillermo Vasco Uribe, al reseñar el libro en el Boletín Museo del Oro en 1986, describe a un cacique anciano con un largo trato con antropólogos: el sueco Nordenskiöld, a quien conoció al comenzar su vida adulta; más tarde el inglés Moser, la suiza Arianne Deluz y finalmente Pardo. Vasco lo llama «un hombre de dos mundos».

El territorio del relato es también el de la recolección. En su estudio de 1987 sobre las áreas dialectales emberá, Pardo agrupa Atrato, Bojayá y alto Baudó en una misma subárea, la de los dialectos originados en el alto Atrato, junto con el Darién panameño. La Usagará que nombra la narradora no figura en la cartografía de la cuenca del Bojayá, donde sí están registrados más de cien hidrónimos; el único Usagará que levantan los inventarios oficiales desagua en el Pacífico, en el Bajo Baudó. El propio relato describe ese paso: los Burumiá huyen por cabecera de Bojayá y salen al río Valle. Cita además Lloró, Dubasa, Pató y Munguidó, que dibujan las rutas fluviales por donde llegaron quienes se sumaron.

La edición castellana de 1984 emplea «cholos» para nombrar a los emberá. Esta adaptación usa «gente emberá» para que el lector actual identifique de quiénes se habla, sin borrar que el término está en el registro documental. El título público se corrige a «Los Burumia»: la mención de Carautas del slug proviene de una fusión editorial posterior que no aparece en la narración de Odilia Dogiramá y que se retira. El slug se conserva sólo para no romper la URL.

Resonancias con otros mitos

Dentro del mismo volumen, el ciclo de los Jurá vuelve sobre enfrentamientos y desplazamientos entre colectivos nombrados desde la memoria emberá, y Pardo lo resume en 1987: un relato recogido en el Baudó cuenta una guerra de emberá confederados de Pepé, Munguidó, Quito y el Atrato contra los Jurá del río Dubasa, afluente occidental del Baudó, a quienes persiguieron hasta Panamá. Es el mismo repertorio de la página que se lee aquí —confederación de gente de varios ríos, identificación del adversario, persecución por agua— y el mismo Dubasa aparece en las dos. No son capítulos de una sola campaña: Pardo los cita como registros distintos y el interrogante que le interesa es por qué los emberá identificaban como Cuna a gentes asentadas en el medio Baudó y el San Juan.

El segundo paralelo es el de Rochereau y Chaves, con los burumías en el papel contrario, y vale como advertencia además de como semejanza: dos corpus recogidos en décadas y regiones distintas conservan el mismo nombre en posiciones opuestas del conflicto. Una coincidencia de nombre no es una genealogía. La página anterior de este catálogo había hecho exactamente eso, reunir Burumia, Carauta y Bibidí en una sola trama con oro, incesto, transformaciones en animales y un incendio; las fuentes no lo autorizan.

Hay un tercer paralelo del lado vecino. Pardo registra que los waunana del bajo San Juan también refieren enemistades y escaramuzas pasadas con los Cuna, citando a Wassén. Los waunana son un pueblo distinto de los emberá, con lengua propia; lo comparable es que dos pueblos del Chocó guarden por separado la memoria de una guerra con el mismo adversario.

La transformación del explorador en murciélago tiene ecos en muchos relatos donde una forma animal permite ver lo que el cuerpo humano no alcanza, pero aquí su función es estrictamente operativa: contar casas desde el aire. Y falla. La casa que no contó es la que decide el final.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El punto más interesante no es que existan variantes de esta historia, sino que el nombre «burumía» aparezca en otra colección con los papeles invertidos. En «Mitos, tradiciones y cuentos de los indios Chamí», publicado por Milcíades Chaves en 1945 en el Boletín de Arqueología, la nota comparativa al relato Bibidigomia cita al padre Rochereau: «un bibidi cogió de prisioneros a dos burumías y los volvieron eunucos para que engordaran para comérselos. Uno de ellos escapó, reunió un ejército de burumías a atacar a los Bibidi, pero ya se habían comido al otro burumía. Una vieja Bibidi indignada por la mala ración que le había tocado en suerte… ayudó para que los burumías triunfasen de los Bibidi». Allí los burumías son las víctimas, los Bibidi los caníbales, y la vieja que ayuda pertenece al bando de los captores. En el relato de Odilia Dogiramá los Burumiá son los captores, los dos jóvenes son emberá y la vieja es una cautiva. Lo que se repite es el armazón: dos prisioneros, un engorde, una anciana que colabora, una fuga y un ataque final que aniquila al poblado. Lo que cambia es quién es quién. Las fuentes no permiten fundirlos y aquí no se funden.

  2. Ese mismo volumen de Chaves trae otro relato con las mismas piezas, «La india Pixaawina», narrado por Rafael Bailarín, indio katío casado con una mujer chamí, que dijo haberlo aprendido de su abuela: unos indios capturan, castran y engordan a sus prisioneros, una viejita harta de su ración ayuda a escapar a uno de ellos, y la huida se hace río abajo sobre un balso para no dejar rastro. Es de otro narrador, de otro subgrupo emberá y de otra región, y su parecido de motivos no lo convierte en la misma historia.

  3. Pardo sitúa todo esto en un problema que deja explícitamente abierto. En 1987 señala que los emberá llaman Jurá a los Cuna y los waunana Juranán, que los emberá reconocen sin ambigüedad a los Cuna contemporáneos, y que existen además relatos de guerra contra gentes designadas con gentilicios propios: Burumiás, Bibidícomias, Carautas. Remite para ello a Betania 1964, Santa Teresa 1959, Vargas 1982 y a su propio trabajo de 1986. No resuelve si esos nombres designan pueblos históricos, y esta edición tampoco lo hace.

  4. Vasco, por su parte, advirtió que organizar estas narraciones bajo rótulos editoriales —historias de guerra, de animales, de jaibanás— ayuda a recorrer el libro pero recorta lo que cada una articula, y objetó que llamarlas «literatura oral» las reduzca a su forma. La clasificación se usa aquí para citar, no para interpretar.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Embera · Chocó · Pacífico
Referencias
12
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Los Burumia, relato 19 del capítulo «Historias de guerra», en Zrõarã Nẽburã: historia de los antiguos. Literatura oral emberá

    pueblosoriginarios.com

    Publica la narración de Odilia Dogiramá, prima de Floresmiro Dogiramá, recogida en el Alto Baudó: los Burumiá en un alto sobre la quebrada Usagará que cae al río Bojayá, el chiquero y la mata de primitivo cuyas frutas al rajarse marcan la hora de matar al cautivo, la vieja y los dos niños criados entre ellos, la guerra librada por error contra los Cuna por gente reunida del Atrato, Lloró, Dubasa, Pató y Munguidó, la fuga en la champa más grande con un perro, el silbido del pájaro buchelé, el explorador convertido en murciélago que cuenta las casas y olvida una, y la huida de los sobrevivientes por la cabecera del Bojayá hasta el río Valle.

  2. Floresmiro Dogiramá: Zroara Nebura, Historia de los Antiguos

    publicaciones.banrepcultural.org

    Describe con precisión el volumen del que sale el relato: veintiséis narraciones recogidas en su totalidad en el alto Baudó, los cuatro narradores —Floresmiro, Odilia, Alipio y Joaquín—, las ilustraciones de fauna de César Landázabal, y los capítulos en que el compilador las agrupó, entre ellos el de historias de guerra al que pertenece esta pieza. Sitúa a Floresmiro Dogiramá como un cacique anciano con largo trato con antropólogos, de Nordenskiöld a Moser, Arianne Deluz y Pardo. Y objeta que llamarlas «literatura oral» las reduzca a su forma, cuando son una sistematización del conocimiento.

  3. Regionalización de indígenas Chocó: datos etnohistóricos, lingüísticos y asentamientos actuales

    publicaciones.banrepcultural.org

    Es la única fuente académica localizada que nombra directamente a los Burumiás dentro del problema al que pertenece este relato: registra que los emberá llaman Jurá a los Cuna y los waunana Juranán, que los emberá reconocen sin ambigüedad a los Cuna contemporáneos, y que existen además relatos de guerra contra gentes con gentilicios propios, «Burumiás, Bibidícomias, Carautas». Cita del mismo volumen de 1984, pp. 205-217, la guerra de emberá confederados de Pepé, Munguidó, Quito y Atrato contra Jurás del río Dubasa, perseguidos hasta Panamá, y agrupa Atrato, Bojayá y alto Baudó en una misma subárea dialectal.

Contraste y contexto · 9 referencias
  1. Mitos, tradiciones y cuentos de los indios Chamí

    publicaciones.icanh.gov.co

    Aporta el hallazgo que reencuadra la ficha: en la nota comparativa al relato Bibidigomia cita al padre Rochereau, recogido entre los Katío, donde «un bibidi cogió de prisioneros a dos burumías y los volvieron eunucos para que engordaran», uno escapa, reúne un ejército de burumías, y una vieja Bibidi indignada por su ración ayuda a que los burumías triunfen. Mismo armazón que el relato de Odilia Dogiramá —dos prisioneros, engorde, una anciana que colabora, fuga y aniquilación del poblado— con los papeles invertidos. Trae además «La india Pixaawina», con captura, castración, engorde, una viejita que ayuda a escapar y la huida río abajo sobre un balso.

  2. Caracterización del pueblo Emberá-Dóbida

    mng.mincultura.gov.co

    Sitúa el territorio del relato: describe a los Emberá Dóbida como «gente de río», habitantes de las orillas cuya vida gira en torno al agua, y registra el Alto Baudó entre sus zonas de asentamiento y concentración poblacional en el Chocó. Permite decir bajo qué denominación se reconoce hoy la región donde Odilia Dogiramá narró, sin proyectarla sobre el tiempo del relato.

  3. Pueblo Emberá

    colecciones.icanh.gov.co

    Sirve para una sola cosa y se cita sólo para eso: distingue a los Ëmbërä Dobidá y Eperara Siapidara, gente de río, de los Ëmbërä Chamí y los Ëmbërä Katío, gente de monte, y describe al jaibaná como la autoridad espiritual que controla las enfermedades. Sostiene que no se puede atribuir automáticamente cada narración a un subgrupo.

  4. Río Bojayá y confluencia del río Usagará

    waterwaymap.org

    Ubica cartográficamente el escenario del relato: la desembocadura del Usagará en el río Bojayá, cerca de 6°8′54″ N, 77°5′56″ O, dentro de la subárea que Pardo agrupa como Atrato, Bojayá y alto Baudó.

  5. Gentilicios y desplazamientos de la población aborigen en el noroeste colombiano (1500-1700)

    journals.iai.spk-berlin.de

    Dedica una sección entera, «Los burumiá», a los enemigos de los citará (emberá del alto Atrato) en el siglo XVII, «cuya ferocidad y canibalismo dieron origen a varias leyendas que se mantienen vivas entre los emberá hasta hoy día». Rastrea el nombre en la documentación española (pormia 1636, porumeaes 1639, buromea 1640, burgumia 1645, bromeas 1649, poromea 1669-1672, burgamia y promia 1676, burgumea 1677) y fija su territorio entre el Atrato y el Pacífico, «particularmente su afluente Bojayá»: Guzmán y Céspedes (1671) da el Bojayá como domicilio de los burumiá y Bueso y Valdés remontó el Bojayá «hasta llegar al Burgumia». Los describe como «indios de río» con canoas enormes, tejedores de hamacas, famosos por engordar prisioneros para comerlos; documenta un ataque nocturno de los poromea que quemó las casas de los citará (1640) y la desaparición de los burumiá hacia 1670-1680. Cierra afirmando que siguen vivos en los cuentos del alto Baudó y el Atrato medio, con el engorde de los prisioneros y la aniquilación en las llamas como temas comunes.

  6. Mitos y leyendas de los Embera-chamí (capítulo «Los animales y su origen», pp. 60-71)

    repositorio.utp.edu.co

    Transcribe (pp. 63-71), de Patricia Vargas, una segunda versión del Bojayá del mismo relato, contada por Cristino Dojiramá, Antero Olea, Elvia Sanapi y Omar Dojiramá como parte del poblamiento emberá del río: los Burumia viven más arriba de Mojaudó, «en Usaragá», con sus casas en la quebrada Jinapetó; atacan de noche a los emberá que suben a montear y se llevan a los niños; a los cautivos les hacen sembrar un guineo y «cuando éste se rajaba, significaba que la gente estaba lista para ser sacrificada»; una niña y un niño capturados crecen cazando con ellos, descubren que son de otra raza, rompen las canoas en la boca de la quebrada («por eso el sitio se llama Rompecanoa»), paran las flechas con los canaletes, se hacen reconocer silbando, y los emberá de Lloró y Quibdó suben a atacar después de contar las casas, se les escapan las de cuatro, y los sobrevivientes labran canoas y huyen hacia Panamá. Concluye que los culpables no eran los Jura. Recoge además la síntesis de Vélez sobre Burumiáes y Carautas como edades sucesivas y la lectura de Vargas de que ambos nombres designan a los Cuna.

  7. Nociones sobre creencias, usos y costumbres de los Catíos del occidente de Antioquia

    archive.org

    Es el original que Chaves citó de segunda mano. Trae dos apartados sobre los burumiá: «El indio primitivo (la raza llamada Burumía)», antropófagos que vivían en los árboles Genené, sacaban oro con las manos, cazaban con cerbatana y murieron quemados dormidos dentro de los árboles; y, en el apartado de los Bibidi, el pasaje de los dos burumiá capturados, castrados y engordados, uno que escapa y vuelve con un ejército, y la vieja bibidi que, ofendida por su ración, ayuda a que los burumiá aniquilen a los Bibidi. Permite leer de primera mano la inversión de papeles que la ficha discute en Versiones.

  8. Los indios catíos. Los indios cunas (segunda edición de Creencias, ritos, usos y costumbres de los indios catíos de la Prefectura Apostólica de Urabá, 1924)

    archive.org

    Explica de dónde sale el nombre del slug. En la primera parte, sobre las edades del mundo, pone en secuencia a «la primitiva raza de los Burumiáes», antropófagos unidos a las antomiá, habitantes de los Genené, inventores del veneno y quemados vivos por Dios dentro de sus árboles, y a «los indios de la segunda edad», los Carautas, ricos en oro, incestuosos y convertidos en animales. Es la fuente misionera de la pareja Burumiá-Carauta que la página anterior del catálogo fundió en una sola trama y que la ficha actual retira. Pardo (1987) la cita como «Santa Teresa 1959» entre los registros de gentilicios de guerra.

  9. Embera bedea kiranduade e baida zorara nenburadeba: historias propias como caminos de aprendizaje para el fortalecimiento de la lengua ebera eyabida con niñas, niños, escuela del saber Koredó, comunidad Kichabi, Dabeiba, Antioquia

    hdl.handle.net

    Transcribe (pp. 44-45) «Burumia o Bibidi o Bibidogomia», tomado de Luis Fernando Vélez, Relatos tradicionales de la cultura catía (1990, p. 87), contado por Rubén Domicó el 24 de agosto de 1981. Es una tercera figura del Burumiá en la tradición emberá: aquí un solo ser, «como un indio muy grande», con uñas de más de dos pulgadas, que vive en la copa de un árbol donde cuelga a los indios que caza «pegados como murciélagos»; la gente siembra ají, rodea el árbol de leña y lo tumba con el humo. Sirve para la advertencia que la ficha ya hace en Versiones: el nombre se repite entre colecciones con papeles distintos —pueblo captor en el Bojayá, víctimas de los Bibidi en Rochereau, ogro único en Vélez— y no se funden. La autora es eyabida de Dabeiba y comenta la mediación misionera de la antología de Vélez.

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«Los Burumia» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Los Burumia» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Los Burumia» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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