Los Bibidigomia

Andina · Katíos

Los Bibidigomia

La comunidad localiza a los Bibidigomia dentro de un árbol hueco y usa humo de plantas para detener sus ataques.

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Los Bibidigomia: la entrada del relato

El relato

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Los indios iban de cacería y se perdían. Una vez los siguieron y vieron con sus propios ojos lo que pasaba: otros indios los cogían y se los llevaban. Los que vieron regresaron a avisar.

Esos indios que se robaban a los otros no tenían casa. Vivían en un gran árbol hueco que tenía como un balcón.

Mandaron entonces al indio Atamía a que siguiera el rastro, y Atamía los encontró en esa casa. Volvió y contó dónde estaban, y contó también la otra cosa: que a los que habían llevado ya se los habían comido.

Fueron todos, pero no encontraron la casa. La descubrió uno de ellos, porque un indio sacó la cabeza por encima del árbol; entonces fueron a mirar por debajo y ahí estaba. Se regresaron sin tocar nada, recogieron ajíes, barbascos y anamú por canastadas y volvieron a quemarlos en la raíz del palo donde vivían.

Con el humo se emborracharon los de adentro. Fueron cayendo uno por uno, y abajo, con garrote, los mataban. El último bajó en forma de un negro; un indio le dio un garrotazo, pero aquél lo agarró del pecho, lo mató y se fue, y el indio quedó muerto. Después bajó un tigre y también lo mataron, pero la tigra se salvó porque brincó muy lejos, y estaba preñada. Por eso todavía hay muchos tigres.

Entonces se asomaron al árbol y vieron un montón de calaveras: eran las de todos los indios que iban de cacería y que se habían comido.

Encontraron una indiecita de esa tribu y no la mataron, sino que se la llevaron a su casa. Un día la dejaron cuidando un niño en una hamaca mientras iban por agua y leña. Cuando volvieron la encontraron meciéndolo y le preguntaron si estaba dormido, y ella dijo que sí. Pasó la hora de despertar y lo encontraron muerto, porque se le había comido el seso. Llamaron a los otros indios para ver qué hacían con ella, y el mandón dijo que no la mataran, que la dejaran. Pero a la media noche pasó lo mismo con un indio, a quien le comió el puro morró y el mé. En seguida la mataron.

Los Bibidigomia: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Ganar una guerra no cierra el daño cuando el enemigo se queda a vivir en la casa.”

Territorio

Andina · Katíos

Andina · Katíos

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Katíos
Referencia
6.75611° · -76.18528°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este relato lo narró Rafael Bailarín, indio katío, y lo recogió Milcíades Chaves Ch. Salió como relato octavo, con el título «Bibidigomia (Los indios caníbales)», en las páginas 155 y 156 de «Mitos, tradiciones y cuentos de los indios Chamí», Boletín de Arqueología, volumen I, número 3, Bogotá, 1945. En la página 134 Chaves advierte que de los nueve cuentos que publica bajo ese título sólo los cuatro primeros son chamí, de Nicolás Henao, y que los cinco últimos los recogió de boca de Bailarín, katío. Bailarín era jaibaná, estaba casado con Pola Henao, mujer chamí, aprendió los cuentos de su abuela y tradujo él mismo del katío al castellano.

La atribución que llevaba esta entrada es falsa. Buscado en los 610.154 caracteres del volumen de 1959 de fray Severino de Santa Teresa —que es la segunda edición de su obra de 1924—, «Bibidigom» aparece cero veces. Los Bibidigomia nunca estuvieron en ese libro.

Sí están, con otra trama, en las notas misioneras de 1929: la sección «Bibidi gomia» ocupa la página 96 de «Nociones sobre creencias, usos y costumbres de los Catíos del occidente de Antioquia», Journal de la Société des Américanistes, tomo 21, número 1. Esas notas las reunieron las Hermanas misioneras de la Inmaculada Concepción y de Santa Catalina de Sena, de Santa Rosa de Osos; Rochereau las remitió y Rivet las publicó. Chaves las conocía y transcribe su primera parte en su nota comparativa.

Y aquí hay que separar con cuidado. La frase que más circula sobre estos seres —que los Bibidigomia o indios caníbales viven en los grandes árboles pero al fin son descubiertos y vencidos por los indios— no es relato: es el comentario con que Chaves cierra su nota en 1945. De él es también la observación de que el mito delata una antigüedad muy grande porque aún aparecen las fieras conviviendo con los indios. Son hipótesis de un etnólogo de treinta años, no palabras de Bailarín.

Luis Guillermo Vasco cita in extenso, en «Jaibanás. Los verdaderos hombres» (1985), la versión de María de Betania de 1964, y en «El oro y la plata entre los embera y waunaan» (2001) coloca a los bibidí dentro del ciclo de los burumiás. Aída Gálvez, en 1997, registra algo distinto y valioso: que los eyabida le nombran a los bibidikomía, junto a los burumiá, los carauta y los jurá, como pueblos antropófagos que existieron «en tiempos de antes de Cristóbal Colón». El nombre sigue vivo en el noroccidente antioqueño, y no como monstruo sino como pueblo.

Lo que ninguna fuente dice es dónde ni cuándo narró Bailarín. Chaves no lo anotó.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más estrecho lo dio el mismo narrador. En «La india Pixaawina», relato noveno de Bailarín, unos indios que van de pesca son atraídos por una mujer, y a los que llevan vivos los amarran, los castran y los engordan con yuca cocida como a marranitos hasta que están gordos para comerlos; a una viejita sólo le dan el mé. Lo compartido es el tratamiento del cautivo como animal de cría. Lo distinto es la salida: allí la trampa se deshace desde adentro, porque Pixaawina deja sin castrar a un muchacho y termina huyendo con él río abajo sobre un balso para no dejar rastro. Aquí, en cambio, la cautiva entra a la casa ajena y la destruye.

El segundo paralelo está fuera del corpus antiguo y es contemporáneo. Mauricio Pardo recogió en el Baudó, y Aída Gálvez lo cita, el testimonio de que cuando los cholos venían a montiar los Burumiá los cogían, los llevaban a su pueblo, los capaban y los encerraban en un chiquero como a marranos, y sembraban al mismo tiempo una mata de primitivo, de modo que cuando las frutas maduras se rajaban también se rajaba de grasa la piel del cautivo y ya era tiempo de matarlo. El árbol hueco desaparece y el humo no hace falta: lo que ordena el horror es el calendario de un cultivo.

El tercero lo recogió la propia Gálvez en Dabeiba, entre eyabida: que los carauta eran indios que se comían a los emberá, que los cogían de la mano cuando iban a pescar o a montear, que recogían su sangre como sangre de marrano para hacer rellena, y que dejaron de comer gente cuando vino el diablo y les hizo un engaño. El final marca la diferencia: a los carauta los detiene una trampa ajena, no un cerco de la comunidad.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Hay dos tramas distintas con el mismo nombre, y no son dos partes de una sola.

  2. La que narró Bailarín empieza con cazadores que no vuelven y termina con una niña cautiva que mata dos veces dentro de la casa que la acogió. Los Bibidigomia son ahí «otros indios», sin descripción física, sin jefe y sin manos de cuchillo; el arma con que se los mata es el garrote, y el rastreador es el indio Atamía, a quien Chaves glosa entre paréntesis como diablo.

  3. La de las notas de 1929 es otra historia. Allí los Bibidi gomia son seres raros, mezcla de diablo, animal e indio, que viven en la copa de los árboles más gigantescos —de un tamaño que ya no existe—, tienen cuchillos por manos y un jefe llamado Juratsarra. Uno solo baja, entra a un bohío, mata a una mujer; el dueño de la casa lo persigue hasta el árbol, sube por un bejuco, mata al tigre guardián —que allí tiene nombre, imamá pacoré, tigre-suegra—, recoge el bejuco para que el otro no pueda subir y lo flecha desde arriba, cubierto por el follaje. No hay humo, no hay ajíes, no hay comunidad que ataque en conjunto y no hay niña.

  4. La segunda parte de esa misma sección de 1929 cuenta otra cosa todavía: un Bibidi toma prisioneros a dos burumiás y los vuelven eunucos para engordarlos, uno se escapa y vuelve con un ejército, y quien decide la derrota es una vieja bibidi indignada porque en el reparto le tocó un órgano vergonzoso. Conviene fijarse en el detalle, porque ese episodio es casi el argumento del relato noveno de Bailarín, «La india Pixaawina», donde a los cautivos los castran y engordan como marranitos y a una viejita sólo le dan el mé bien cocido. Lo que el narrador katío separa en dos relatos, las notas misioneras lo juntan bajo un solo nombre.

  5. Vasco sigue en 1985 a María de Betania y hace de los bibidí enemigos de los burumiás, antropófagos de la primera edad, no de los emberá actuales. Esa guerra no está en Bailarín y no debe injertarse en su relato.

  6. Cambia por último la grafía: Bibidigomia en Chaves, Bibidi gomia en 1929, bibidí y bibidí gomiá en Vasco, bibidikomía entre los eyabida que entrevistó Gálvez.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Katíos · Andina
Referencias
8
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Nociones sobre creencias, usos y costumbres de los Catíos del occidente de Antioquia

    persee.fr

    Publica notas reunidas por religiosas entre grupos del occidente antioqueño y conserva variantes de Caragabí, Genené, Antomiá, Costé, Séver, Herupotoarra, la escalera, Aribamia y el cerro Musinga. La nota inicial de Rivet aclara quién recogió el material: Rochereau lo remitió, no lo recogió.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, volumen III

    flacso.edu.ec

    Facilita una transcripción consultable de capítulos de Severino 1924 y distingue el relato Chamí de Surranabe del conjunto atribuido a los antiguos Catíos de Urabá.

  3. Diagnóstico unificado de los pueblos Emberá Chamí, Katío, Dóbida y Eperara Siapidara

    mininterior.gov.co

    Documenta diferenciación interna, territorios, memoria y riesgos contemporáneos desde espacios participativos Emberá.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Mitos, tradiciones y cuentos de los indios Chamí

    publicaciones.icanh.gov.co

    Es la versión de la que sale la secuencia entera de la ficha, y es katía por declaración del propio Chaves (p. 134: los cinco últimos relatos los recogió «de boca de Rafael Bailarín, indio katío», jaibaná, casado con la chamí Pola Henao, que aprendió los cuentos de su abuela y tradujo del katío). Añade detalles que la ficha ha limado: al explorador se le nombra «el indio Atamía (diablo)», es decir, el rastreador está glosado como Antomiá; el último bibidigomia «bajó en forma de un negro»; la niña cautiva no sólo abre la cabeza del niño, le come «el puro morró (seso)» y a un adulto además «el mé (órgano genital)». En la nota comparativa Chaves transcribe además la versión katía de Rochereau, que arranca distinto: un solo Bibidi baja, mata a una mujer en un bohío, y el dueño de casa lo persigue, sube por un bejuco, mata al tigre guardián y espera arriba para flecharlo.

  2. Jaibanás. Los verdaderos hombres

    luguiva.net

    Cita in extenso la versión de María de Betania y la coloca en su lugar dentro del ciclo de las edades: los bibidí o bibidí gomiá son «unos seres raros, mezcla de diablo, animal e indio», viven en copas de árboles gigantescos guardados por tigres y su jefe se llama Juratsarra, pero su guerra no es con los emberá actuales sino con los burumiás, los antropófagos de la primera edad. Y el desenlace es otro: un bibidí captura dos burumiás para engordarlos y comérselos, uno escapa y vuelve con un ejército, y quien decide la derrota es «una vieja bibidí, enojada porque le había tocado en ración el pene del burumiá», que llora y ayuda a los atacantes. Vasco añade en corchetes lo que le dijeron en el Chamí: que los bibidigomiá «eran hombres que vivían en cuevas de madera, árboles de abarcadura» y salían de noche a llevarse gente para comérsela.

  3. El oro y la plata entre los embera y waunaan

    publicaciones.banrepcultural.org

    Pone a los bibidí dentro de una serie que la ficha no ve: los burumiás, antecesores antropófagos de los emberá, vivían en cuatro árboles gigantescos guardados por un tigre y estaban «casados con mujeres antomiáes», que fueron quienes «les enseñaron a valerse de las manos para sacar oro de los filones, derribar árboles y cortar con ellas lo necesario» —de ahí las manos que cortan como cuchillos—; y los bibidí «solían capturar a los humanos y engordarlos para comérselos, hasta que uno de ellos escapó y trajo a sus compañeros para dar muerte al bibidí». Vasco enlaza el motivo de los «seres con brazos cortantes» con Costé, el dueño del oro de barberas y dientes de oro al que cincuenta indios matan dormido, es decir con otro relato del mismo corpus.

  4. Embera bedea kiranduade e baida zorara nenburadeba: historias propias como caminos de aprendizaje para el fortalecimiento de la lengua ebera eyabida con niñas, niños, escuela del saber Koredó, comunidad Kichabi, Dabeiba, Antioquia

    hdl.handle.net

    Transcribe (pp. 44-45) el relato «Burumia o Bibidi o Bibidogomia» tal como lo publicó Luis Fernando Vélez en «Relatos tradicionales de la cultura catía» (ed. Universidad de Antioquia, 1990, p. 87), contado por Rubén Domicó el 24 de agosto de 1981. Es una segunda versión katía con narrador y fecha, independiente de Rafael Bailarín, y comparte con la de la ficha su núcleo operativo: el antropófago vive en la copa de un árbol muy grande; los indios siembran ají, rodean el árbol de leña, echan el ají al fuego y, con el humo, el que está arriba cae aturdido y lo matan a garrotazos. Difiere en lo demás: aquí es un solo ser, «como un indio muy grande», con uñas de más de dos pulgadas con que abre los cuerpos; cuelga de las ramas a los que caza, «más de mil indígenas pegados como murciélagos»; el ataque es de quinientos indios y quinientas indias a medianoche; y funde bajo un solo nombre a Burumiá y a Bibidí. No hay rastreador, negro, tigres ni niña cautiva. La autora, eyabida de Dabeiba, comenta además la mediación misionera que arrastra la antología de Vélez.

  5. Kirincia bio o kuitá. Pensar bien el camino de la sabiduría: una forma de volver a recorrer el camino del pensamiento y la sabiduría ancestral en diálogo con los mayores [...] para la pervivencia del pueblo embera eyábida y dóbida de Antioquia y Chocó

    hdl.handle.net

    Es testimonio emberá, no misionero, de que el cuento sigue circulando y de qué lugar ocupa. El autor recuerda (p. 36) que en el internado de Catrú los jóvenes se reunían de noche a narrar en embera bedea «mitos, cuentos de baracocó, llianbera, jurara, bibidi komia, gemené». En el capítulo sobre el origen (pp. 107 y 111) define a los bibidi comia como «personaje mítico de los primeros hombres guerreros y malos que vivieron dentro los árboles grandes como su hábitat o escondite», recoge que hay quien sostiene que los emberá son «de la generación de bibidi comia», y que otros dicen que vienen de la raíz de un árbol grande llamado jenené, «que así lo llamaron la gente de bibidi comia». Confirma así el rasgo central de la ficha —el árbol como morada del pueblo antropófago— y lo coloca en el tiempo de las primeras generaciones, como hacen Vasco y Gálvez.

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«Los Bibidigomia» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Los Bibidigomia» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Los Bibidigomia» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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