Los animales hablan

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

Los animales hablan

Dantas, monos, tigres, tortugas, venados y pájaros hablan porque son gente; la ardilla también lo hace, aunque cuesta entenderla.

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El relato

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Todos los animales saben hablar.

La danta anda por el monte buscando de comer. Cuando encuentra comida no se queda callada: lo dice en voz alta y lo repite, “Sí, sí, aquí hay comida, sí, sí!”. Entonces vienen las otras dantas, porque la oyeron, y llegan hasta donde está el alimento y comen. Lo que una encontró sola termina siendo comida de todas, y lo que hace pasar el hallazgo de una a las demás es que la danta lo diga.

Los monos hablan por la mañana. Apenas amanece cantan: “Ho-ho, qué buen día!”. Y desde otro lado, sin que nadie se lo pida, los otros monos contestan: “Así es! Es un buen día!”. Uno dice cómo está el día y los demás responden que en efecto así está. No cantan cada uno por su cuenta: se responden.

El tigre habla también. Habla la tortuga. Habla el venado. Habla el pájaro. El que ronca en el monte y el que camina despacio y el que vuela, todos tienen palabra donde viven.

Ardita habla poco. Cuando habla, los otros casi no la entienden. No queda por eso fuera de los que tienen palabra: está entre ellos, hablando poco y siendo entendida a medias.

Entre los animales, entonces, hablar sirve para decir dónde hay comida, para decir cómo amaneció el día y para contestarle a otro lo que acaba de decir. Sirve para llamar y para responder al llamado.

Hay quienes dicen lo contrario. Dicen que los animales del monte no saben hablar. ¿Que no saben? Embuste. Habla la danta que llama a las otras dantas, hablan los monos que se saludan el día, habla el tigre y habla la tortuga y habla el venado y habla el pájaro, y habla Ardita aunque casi no se le entienda. Hablan porque son gente como nosotros.

Los animales hablan: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien niega que el monte hable suele estar midiendo el habla con su propio oído.”

Territorio

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Ette Ennaka (Chimila)
Referencia
10.0356° · -74.2147°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este es el texto diecisiete del conjunto que Gerardo Reichel-Dolmatoff recogió a mediados de 1944 entre los chimila del departamento del Magdalena, por encargo del Instituto Etnológico Nacional y por iniciativa de Paul Rivet, y publicó en febrero de 1945 en el primer número del Boletín de Arqueología. Allí escribe que los cuentos aparecen “en la misma forma como me han sido referidos, sin alteración alguna”, y que se los refirió el cacique Tangrutaya Mutsu, anciano septuagenario, en un castellano a veces confuso, de noche, recostado en su hamaca, en voz baja y lenta, sólo ante hombres y interrumpiendo cada vez que entraba una mujer a la casa.

De todos los textos del conjunto, este es el que el propio narrador usó como prueba de que decía verdad. Para responder a quienes tomaban sus cuentos por mentira, Mutsu decía que los que saben cómo ronca el tigre en el monte y cómo canta el mono por las mañanas dirían que el Capitán Mutsu dijo la verdad. El tigre y el mono de esa frase son dos de los que hablan aquí: el criterio de veracidad del narrador y el contenido de este texto son la misma cosa.

El recopilador agrupó los textos diecisiete a veintiuno como cuentos de animales y comentó que “para el primitivo se borra el límite entre animal y hombre”, señalando la frase “son gente como nosotros” como la clara expresión de esa concepción. Ese vocabulario y esa interpretación son suyos, de 1945, y no del narrador.

Su propia monografía del año siguiente, la Etnografía chimila de 1946, permite ver el monte del que se habla: dantas, zainos, tatabros y monos aulladores “se encuentran a cada paso”, así como pavas y guacharacas. En ella consigna además la creencia de que los shamanes llevan una doble vida convirtiéndose en tigres. Pero no vuelve sobre este texto ni discute la frase final.

La antología El sol babea jugo de piña, compilada por Miguel Rocha Vivas, reedita el conjunto como literatura ette y no constituye un registro oral nuevo. Del lado contemporáneo, Juan Camilo Niño Vargas aporta el fondo que falta: en su trabajo sobre los campos de cultivo ette explica que la mayoría de los animales tiene una faceta humana “tan recóndita que bien puede ser ignorada en la vida diaria”; en su estudio sobre la hamaca describe un pasado animal vinculado a lo bajo y reúne relatos de personas convertidas en oso hormiguero, armadillo o jaguar; y en su análisis de un mito astral señala que los ette poseen todo un género de historias sobre humanos adoptados por animales, las más ricas y largas de su mitología. Ninguno de esos trabajos comenta esta declaración ni recoge una versión suya.

Nadie registró qué palabra del ette taara tradujo el recopilador como “hablar”, ni si la fórmula final era de Mutsu o de uso general.

Resonancias con otros mitos

El mismo conjunto de 1944 permite ver que la frase final no significa siempre lo mismo. En El morrocoyo, el texto veintiuno, se dice que antes los morrocoyos eran gente como nosotros, que no tenían concha y vivían en los árboles: allí ser gente es un pasado que terminó y que dejó marcas en el cuerpo del animal, las patas traseras tiesas y la cola corta. Aquí, en cambio, no hay antes: los animales hablan ahora y no se explica ningún origen.

En Cómo los Chimila consiguieron el fuego, el texto seis, el brujo Huhum se cambia en el sapo Mamu, cruza el Gran Río con una braza en la boca y se queda sapo; el cierre dice que desde entonces los sapos son gente como nosotros y no se deben matar. Ser gente tiene allí una consecuencia práctica, una prohibición. En esta enumeración no la tiene: la danta, el venado y la tortuga que hablan son también las presas que la gente caza.

El contraste más exacto está en Los muertos en el monte, el texto trece: un hombre perdido encuentra la casa de los muertos, les pregunta por el camino y ellos lo miran y le contestan, pero él no entiende nada porque hablan otra lengua, la lengua de los muertos. Es el reverso de Ardita, a quien tampoco se le entiende del todo y que sin embargo sigue siendo de los que hablan.

Fuera del corpus, la creencia en el tigre que es otra cosa no es sólo chimila. El propio recopilador anotó en 1946 que la idea de que los shamanes llevan doble vida convirtiéndose en tigres se encuentra también entre los kobeua, los tukano del Vaupés, los guayupe, los koreguaje y tama, los huitoto y los roucouyenne. La diferencia importa: allá el tigre es un hombre transformado y por eso inquieta; aquí el tigre no es nadie transformado, simplemente habla, como habla la tortuga.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. De este texto existe un solo testimonio documentado: el que Tangrutaya Mutsu dictó en castellano en 1944 y que se imprimió en 1945. La antología de Rocha Vivas lo reproduce, de modo que no hay dos registros orales sino uno solo con dos publicaciones. Tener un único testimonio significa que no se puede saber qué animales nombraban otros narradores, si la lista era siempre la misma ni si el cierre variaba; lo que hoy existe es una lista fijada por escrito en una noche de 1944.

  2. Las grafías cambian. El impreso escribe “Ardita”, nombre con que se designa a la ardilla en la costa; “tigre” es el jaguar en el castellano regional, y el pueblo que allí se llama chimila hoy se nombra Ette Ennaka.

  3. La divergencia mayor no está entre dos versiones del texto, sino entre el texto y la etnografía posterior. La fórmula de 1945 dice sin matices que los animales son gente como nosotros. El trabajo de Niño Vargas de 2020 describe una humanidad escalar: los animales encarnan lo infrahumano y, en consonancia, “se crían y cazan sin mayores consideraciones morales”, con una faceta humana que puede ignorarse en la vida diaria. Las dos afirmaciones no se anulan, pero la segunda impide leer la primera como si declarara una igualdad entre especies o una prohibición de cazar. El cierre de 1945 afirma que hablan; no afirma que no se maten.

  4. Esta revisión corrige el texto heredado por dos vías. Sacó del relato el aparato crítico, que discutía dentro de la historia lo que había hecho una versión anterior. Y retiró las expansiones que convertían la enumeración en un bosque simbólico, en una asamblea de animales o en un tiempo mítico en el que los humanos habrían perdido la facultad de entenderlos: nada de eso está en las diez líneas impresas. Se conservaron, en cambio, los ejemplos concretos, el orden en que se nombran las especies, la ardilla que casi no se entiende y la réplica final a quienes lo niegan.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Ette Ennaka (Chimila) · Magdalena · Caribe
Referencias
8
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Mitos y cuentos de los indios Chimila

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica los veintiún relatos del corpus histórico y atribuye su narración al cacique Tangrutaya Mutsu, registrada en castellano durante trabajo etnográfico.

  2. El sol babea jugo de piña: antología de las literaturas indígenas del Atlántico, el Pacífico y la Serranía del Perijá

    babel.banrepcultural.org

    Reedita y contextualiza literatura Ette dentro de una antología nacional, identifica las traducciones y remite a las fuentes etnográficas usadas.

  3. La división cósmica de las labores terrenales: interacción entre humanos y no humanos en los campos de cultivo ette

    revistatabularasa.org

    Explica que entre los ette las categorías que definen la humanidad se reencuentran más allá de la esfera humana, pero de forma escalar: la mayoría de los animales tiene una faceta humana tan recóndita que puede ignorarse en la vida diaria, el matiz exacto de decir que son gente sin volverlos personas disfrazadas.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. El tejido del cosmos: tiempo, espacio y arte de la hamaca entre los ette (chimila)

    journals.openedition.org

    Documenta la tripartición ette entre un presente humano ligado al medio, un pasado animal vinculado a lo bajo y un futuro divino asociado a lo alto, y reúne relatos de humanos convertidos en oso hormiguero, armadillo o jaguar: el fondo del que depende la afirmación de que los animales son gente.

  2. Etnografía chimila

    publicaciones.icanh.gov.co

    Monografía del propio recopilador publicada un año después de los mitos, que enumera con nombre científico la fauna que el relato pone a hablar, dantas, zainos, tatabros, monos aulladores, pavas y tortugas, y registra la creencia en médicos que llevan una doble vida convirtiéndose en tigres.

  3. La travesía de la joven: un mito astral de los ette del norte de Colombia

    archivo.revistas.ucr.ac.cr

    Muestra que los ette tienen todo un género de historias centradas en humanos adoptados por animales, las más ricas y largas de su mitología, lo que sitúa esta declaración dentro de una literatura oral viva y no en un archivo aislado de 1945.

  4. La lengua chimila

    persee.fr

    Es el vocabulario que el mismo recopilador levantó en el trabajo de campo de 1944 y que deja oír en ette taara las palabras del cuento. Registra el verbo «hablar», tá:ra-, con la misma raíz de tárasa, el nombre de la lengua («yo hablo chimila»), y ejemplos como «oigo como ellos hablan» y «el niño no sabe hablar» (pp. 45-46). Da la frase «el mono canta» (úru:úru krá:ui, p. 43), la misma construcción que para el oropéndola y el gallo. Y en las fórmulas de conversación (p. 27) anota que al escuchar a otro hablar se responde de vez en cuando hati:rata é:e, «¡así es!»: exactamente la respuesta que en el cuento los monos se dan de un lado a otro. Nombra además con nombre científico la ardilla, el tapir, el tigre y el venado que el cuento pone a hablar (pp. 34-35).

  5. Zwei Jahre unter den Indianern: Reisen in Nordwest-Brasilien 1903/1905, Band 2

    archive.org

    Es la fuente del primer paralelo que la ficha nombra en Similitudes, el de los kobeua (cubeo), tomado de la Etnografía chimila de 1946, que la cita como «82, 317». En la p. 156 del tomo 2 Koch-Grünberg anota, entre los kobeua del río Querary, que el chamán viejo se vuelve jaguar de tiempo en tiempo, va al monte, mata y come venados, agutíes y también gente, y regresa hombre; que su alma, al morir, vaga para siempre como «jaguar muy malo»; y que en kobeua y la mayoría de las lenguas tukano jaguar y chamán se nombran con la misma palabra (yaui, yai). Es el tigre-que-es-otra-cosa contra el que la ficha mide al tigre chimila, que no es nadie transformado y simplemente habla.

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«Los animales hablan» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Los animales hablan» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Los animales hablan» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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