Lo justo y lo legal

Caribe · Mestizo

Lo justo y lo legal

La versión heredada enfrenta a dos campesinos que discuten si lo permitido por la ley coincide siempre con aquello que consideran justo.

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El relato

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Al principio fue una discusión de palabras, y de palabras no pasaba. Dos campesinos se habían enredado en si lo justo y lo legal son la misma cosa. Uno, el compae Pedro, sostenía que todo lo que es justo es legal, y que no hay manera de separarlos. El otro, el compae Manuel, decía que no, que lo legal va por un lado y lo justo por otro, y que confundirlos es de gente que no ha tenido que pedir nada a nadie.

Ninguno cedía. Cada uno repetía su frase con otras palabras, subía el tono, volvía al principio. La cosa llevaba rato y estaba bastante acalorada cuando vieron venir por el camino a otro campesino, uno al que los dos tenían por su maestro porque sabía más que ellos y les había sacado de dudas otras veces.

«Allá viene mi compadre Matías», dijo el compae Pedro. «Él nos puede decir la verdad de esto».

Lo llamaron y le pusieron el caso. El compae Pedro se lo explicó entero: que él decía que todo lo que es justo es legal, y que el compae Manuel decía que lo legal es una cosa y lo justo es otra. Le pidió que sentenciara.

El compadre Matías no contestó de una vez. Se quedó mirando alrededor, sin apuro, como quien busca una herramienta antes de hablar. Vio a un lado una pila de plátanos verdes, se acercó y escogió el más grueso. Lo sopesó en la mano. Después volvió donde los dos y les repitió la pregunta, uno por uno, para que no quedara duda de quién había dicho qué.

«Bueno, compae Pedro, ¿usted dice que lo justo es igual a lo legal? ¿Y usted, compae Manuel, que lo justo es una cosa y lo legal es otra?».

Los dos dijeron que sí. Entonces el compadre Matías agarró el plátano, se acercó al compae Pedro y se lo metió en la boca de un empujón, hasta donde le cupo. Y mientras el otro forcejeaba sin poder decir nada, dio su fallo con toda la calma del mundo: «El compadre Manuel tiene razón, porque metiéndole este plátano por la boca le queda justo pero no es legal».

Ahí se acabó la discusión, que era lo que se buscaba.

Lo justo y lo legal: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Entre dos que no se ponen de acuerdo, gana el que consigue que el otro se calle.”

Territorio

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
9° · -75°

Ficha del relato

Contexto histórico

La pieza está en la página 264 de la tercera edición de Tradición oral y conducta en Córdoba, en la cola de la sección «Género: cuento y leyenda», donde Manuel Zapata Olivella agrupó los chistes más breves de la colección. La precede «El panadero y el perro», que se resuelve también con un juego de palabras de doble filo, y la sigue «El indio y el negro», un intercambio de nombres de árboles con pulla incluida. Las tres caben en una sola página del libro.

Es una de las piezas que confirman una costumbre del volumen: poner títulos de apariencia grave sobre argumentos que terminan en el cuerpo. El título anuncia una distinción de derecho y el texto la zanja con un plátano verde. Zapata no comenta la pieza ni la glosa, y tampoco explica el juego con la palabra justo, que en boca del compadre Matías significa a la vez lo equitativo y lo que entra apretado.

El libro salió del Instituto Nacional de la Reforma Agraria en 1972 y llegó a su tercera edición en la Universidad del Valle en 2021. Los relatos del género se grabaron a lo largo de dos años, 1969 y 1970, en el Medio y Bajo Sinú, y buena parte del trabajo lo hicieron encuestadores nacidos en los mismos pueblos donde se grabó, lo que explica que el habla de las piezas no esté corregida. Aquí se conservan «compae», «sacar de duda» y el orden de la sentencia final tal como se imprimieron.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano está en la misma página. «El panadero y el perro» monta su remate sobre la deformación de un nombre propio hasta volverlo obsceno, y termina, como éste, con una frase que el agredido no puede responder. Las dos piezas se imprimen seguidas y trabajan con el mismo procedimiento: una palabra de uso corriente que en cierta posición dice otra cosa.

El segundo paralelo lo aporta el propio Zapata en el preámbulo del género, página 237, cuando escribe que estos cuentos están tan ligados a la realidad social que llegan a constituir una pauta de conducta del grupo, o al menos un ideal representado en las acciones de los protagonistas. Aquí la pauta es procedimental: entre dos vecinos que no se ponen de acuerdo se llama a un tercero con autoridad reconocida, aunque nadie le haya dado título, y su decisión se acata. La forma del arbitraje campesino está entera, y lo que la parodia es el modo de dictar el fallo.

Hay además un aire de familia con los cuentos de jueces burlones que resuelven pleitos con una salida absurda que sin embargo deja las cosas claras. En esta sección el sabio local aparece varias veces, y nunca razona: demuestra. La respuesta se administra, no se argumenta, y el perdedor lo es porque queda sin habla.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El registro nombra a los tres hombres, y ése es el dato que gobierna la escena: compae Pedro es quien sostiene que lo justo es lo legal, compae Manuel quien sostiene que son cosas distintas, y compadre Matías el tercero al que llaman. El libro precisa además por qué lo llaman, y no es por azar ni por ser el primero que pasa: lo tienen como su maestro y les ha sacado de dudas otras veces.

  2. El texto impreso no resuelve el problema por vía verbal. Dice que la discusión estaba bastante acalorada, hace que Matías mire alrededor, escoja el plátano más grueso de una pila y vuelva a formular la pregunta a cada uno antes de actuar. El fallo llega con el gesto, no antes: la frase final explica lo que la mano ya hizo. Ese orden —primero la acción, después la sentencia— es del registro y es lo que convierte una disputa de ideas en un chiste de cuerpo.

  3. De esta pieza hay un solo testimonio. Zapata numeró segundas y terceras versiones en varios cuentos de animales de la misma sección, señal de que guardaba más de una grabación de esos argumentos; en los chistes breves del tramo final no hay ninguna marca de ese tipo. Tampoco figura entre los veintiún relatos que George List levantó en el departamento de Bolívar en 1964 y 1965, un fondo de cuentos de animales que no toca este material.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Córdoba · Caribe
Referencias
10
Última revisión
21 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Tradición oral y conducta en Córdoba

    zapataolivella.univalle.edu.co

    El cuento empieza y termina dentro de la página 264, entre «El burro y el puerco» y «El panadero y el perro». Es el único registro conocido, y es donde constan los tres nombres que la pieza necesita: compae Pedro, compae Manuel y el compadre Matías, a quien llaman por árbitro porque lo tienen por maestro. También es donde consta que el fallo llega con el gesto antes que con la frase.

  2. Prólogo y epílogo a Tradición oral y conducta en Córdoba (3.ª ed.)

    drive.google.com

    Explica que la encuesta de 1969-1970 buscaba pautas de conducta y no sólo textos, que es lo que da sentido a que el libro guarde un cuento cuyo asunto declarado es una discusión sobre la ley y la justicia entre campesinos.

  3. El compadrazgo desde la perspectiva antropológica

    scielo.org.mx

    Documenta por qué el tratamiento de compadre organiza la escena: no son tres vecinos cualesquiera sino tres hombres ligados por una institución que crea obligación y jerarquía, y por eso a Matías se le acepta como árbitro sin que nadie lo nombre juez. Sin esto, el desenlace parece una ocurrencia y no un fallo.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Entrapped Suitors: Folktales of Aarne-Thompson-Uther Type 1730

    sites.pitt.edu

    Reúne los cuentos en que una discusión de palabras se zanja con una humillación corporal irrespondible, que es el procedimiento exacto de esta pieza. Sirve para decir que el remate pertenece a una familia catalogada y no es una salida de tono del narrador cordobés.

  2. Breaking Wind: Legendary Farts

    sites.pitt.edu

    Documenta el remate corporal obsceno como recurso de cierre del cuento jocoso, con su función: deja al agredido sin réplica posible y por eso termina la historia. Es el marco que permite publicar el final tal como está en vez de resumirlo como «una salida inesperada».

  3. Cuentos de hadas campesinos de Colombia: topologías literarias de la oralidad

    revistas.udea.edu.co

    Analiza cómo el cuento campesino colombiano construye sus figuras de autoridad —el que sabe, el que arbitra, el que tiene la última palabra— y por qué el saber suele acabar del lado del que menos habla. Es lo que sitúa a Matías dentro de una tradición y no como una ocurrencia local.

  4. Conjurar el olvido: campesinos y política en las llanuras del Caribe colombiano

    redalyc.org

    Da el trasfondo que vuelve legible la disputa: en las llanuras del Sinú de esos años, la distancia entre lo justo y lo legal no era una cuestión de escuela sino la experiencia diaria de campesinos frente a títulos, linderos y reforma agraria.

  5. Tierra, conflicto y violencia en la reforma agraria: la zona del Sinú

    historiaagraria.com

    Documenta que el libro se hizo como estudio para la división de desarrollo social del Incora, en plena reforma agraria del Sinú. Esa circunstancia explica qué hacía un cuento sobre lo justo y lo legal en un informe institucional sobre conducta campesina.

  6. Manuel Zapata Olivella (Enciclopedia)

    enciclopedia.banrepcultural.org

    Acredita al recopilador y su vínculo con Lorica y el Sinú, que es de donde sale el habla que el cuento transcribe, «compae» incluido.

  7. Manuel Zapata Olivella Collections — tema «cuentos»

    mzo.library.vanderbilt.edu

    Permite comprobar qué conserva el archivo del autor y confirmar que el libro publica una selección de un corpus mayor, de mil piezas declaradas.

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«Lo justo y lo legal» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Lo justo y lo legal» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Lo justo y lo legal» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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