
Caribe · Mestizo
La vieja, el burro y los huevos
Una mujer interpreta con sorpresa lo que ve alrededor de un burro y pierde los huevos que transporta; el malentendido sostiene el remate.
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El relato
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Entre un caserío y el otro no había ni una hectárea de tierra. Se veían las casas de un lado desde el otro, y el trecho se andaba en lo que dura un tabaco. Por ese camino salió una vieja con cuatro huevos, dos en cada mano, las palmas abiertas hacia arriba y los codos separados del cuerpo para que nada se golpeara. Iba despacio, mirando dónde ponía el pie, porque con las manos así no hay cómo agarrarse si uno se va de lado.
A mitad del trayecto se topó con dos burros. No estaban pastando ni atravesados en el paso: el macho andaba detrás de la hembra, y ella se dejaba estar. La vieja se quedó plantada donde iba. No bajó la vista, no rodeó por el monte, no apuró el paso. Se paró en firme, con los cuatro huevos en el aire, y se puso a mirar.
Lo que vio no le pareció un estorbo sino un asunto que había que resolver bien. El burro erraba el envite y volvía a intentarlo, y ella empezó a darle instrucciones desde el camino, como quien dirige a un peón que está clavando una viga torcida. «Un poquito para arriba, un poquito», le decía cuando el animal se le acercaba. Y cuando se le iba: «Un poquito para abajo, un poquito hacia abajo». Lo dijo varias veces, sin levantar mucho la voz, corrigiendo cada movimiento con la misma paciencia con que se endereza un trabajo ajeno.
El burro fue acomodándose a las indicaciones. Al fin acertó. La vieja soltó el aire de golpe y le gritó, contenta como si el logro fuera suyo: «¡Ahora sí llegaste a donde yo quería verte!».
Y entonces, en el arrebato de la celebración, hizo lo que hace cualquiera que ve salir bien una cosa que estaba costando: juntó las manos y aplaudió. Aplaudió con fuerza, dos palmadas secas en mitad del camino, con los huevos todavía entre los dedos. Los cuatro reventaron a la vez. Le quedó la yema chorreando por las muñecas y goteándole en el polvo, y ni así se le quitó la satisfacción de haber visto terminar bien lo que estaba mirando.

La enseñanza
“Se puede perder lo que uno lleva en las manos por celebrar algo que no era suyo.”
Territorio
Caribe · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Caribe
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 9° · -75°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Córdoba · Caribe
- Referencias
- 10
- Última revisión
- 21 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Tradición oral y conducta en Córdoba
zapataolivella.univalle.edu.co
Imprime el chiste entero en diez renglones de la página 255 de la tercera edición, en el tramo donde el libro amontona las piezas más breves del género, entre «La muerte de Tía Zorra (Tercera versión)» y «El costeño y los cachacos». Es la única fuente del relato y la que decide su lectura: escribe «un burro y una burra», no un burro solo como dice el título de la propia pieza; pone a la vieja a dar instrucciones en voz alta —«un poquito para arriba, un poquito»— mientras mira; emplea la palabra «regocijo», no sorpresa, para el momento en que el animal acierta; y encadena el remate sin comentario, aplaudiendo con las manos y rompiendo los cuatro huevos que llevaba de dos en dos. También fija el escenario en un trayecto entre dos caseríos de una hectárea, sin topónimo. En el preámbulo del género, página 237, Zapata declara además por qué recogió piezas así: anota la abundancia de material picaresco y pornográfico en el repertorio cordobés y la relaciona con conflictos de conducta entre las ideas cristianas y las pautas anteriores.
- Censorship in Folklore
sites.pitt.edu
Es la fuente que sostiene por qué esta ficha cuenta un apareamiento de burros y no un percance doméstico. Ashliman documenta cómo los recopiladores del siglo XIX y comienzos del XX suprimieron, suavizaron o tradujeron al latín y al francés el material sexual y escatológico de sus colecciones mientras declaraban estar preservando la tradición: cita el prólogo de los Grimm de 1819 —«hemos suprimido cuidadosamente toda expresión inapropiada para los niños»— y muestra que los propios catalogadores del índice Aarne-Thompson despachaban los relatos eróticos con la etiqueta «obsceno» y una descripción mínima. Ése es exactamente el procedimiento que había sufrido este chiste en su versión heredada, convertido en un tropiezo al ir al mercado, y lo que la decisión H del ciclo manda deshacer: el original imprime el apareamiento sin recortar y el doble sentido de los huevos trabaja en el remate.
- Air Castles: Folktales of Aarne-Thompson-Uther Type 1430
sites.pitt.edu
Reúne el esquema de manos ocupadas con el que este chiste se cruza: alguien lleva algo frágil —una olla de gachas, un cántaro de leche, un tarro de miel y aceite, una cesta de huevos—, se distrae con lo que pasa al lado y el objeto paga la distracción. Entre sus veinticuatro versiones están la lechera de Esopo, la anciana que lleva leche al mercado en un vaso de barro de Jacques de Vitry, «Lo que sucedió a una mujer que se llamaba doña Truhana» del infante don Juan Manuel —la rama castellana, que es la que importa aquí— y «El huevo» de Jens Kamp. El paralelo permite ver qué hace de original la pieza cordobesa: allí la distracción es un ensueño de riqueza y aquí es un apareamiento mirado de frente, y la vieja no tropieza sino que aplaude. El cruce de los dos esquemas es lo que produce la gracia.
Contraste y contexto · 7 referencias
- Prólogo y epílogo a Tradición oral y conducta en Córdoba (3.ª ed.)
drive.google.com
Es lo que explica que una pieza de diez renglones sobre burros apareándose entrara en un informe oficial del Incora sin que nadie la recortara. Garcés González resume las conclusiones de la encuesta de Zapata sobre los cuatro patrones de conducta que el libro quería medir —el moralizante, el individualista, el sexual y el de apreciación del trabajo— y deja claro que el volumen se editó como estudio de comportamiento y no como recopilación amable: el chiste está impreso porque el patrón sexual del grupo era precisamente uno de los objetos de la investigación. Añade además el dato que ninguna otra fuente da sobre el medio en que se grabó: en esos años el analfabetismo en Córdoba era del 55,36 %.
- Manuel Zapata Olivella (Enciclopedia)
enciclopedia.banrepcultural.org
Identifica a quien grabó este chiste y lo devuelve al mismo territorio del cuento: Zapata Olivella nació en Santa Cruz de Lorica, en el Bajo Sinú, que es una de las dos bases de la campaña de la que salió esta pieza, y ejerció de médico y de investigador de cultura popular antes y después de escribir novela. El perfil sirve para pesar la única decisión editorial que se le puede atribuir en esta pieza —imprimirla tal cual, sin nota ni glosa, entre un cuento de animales y un chiste de regiones—: no es el descuido de un compilador ajeno, sino la elección de alguien de la casa que trabajaba sobre el comportamiento sexual del grupo.
- Algunos comentarios socioeconómicos sobre los habitantes de los humedales de los ríos San Jorge y Sinú
publicaciones.banrepcultural.org
Documenta el paisaje humano que el chiste da por sabido y no describe: los caseríos dispersos de las planicies inundables del Sinú y el San Jorge, la economía campesina de subsistencia con animales de carga y de corral, y la distancia corta pero real entre un poblado y el siguiente, que es todo el escenario del relato. Permite que la ficha diga qué es «un caserío de una hectárea» y por qué una mujer cruza a pie de uno a otro llevando cuatro huevos en las manos, sin cesta y sin bestia, y por qué se encuentra en el camino con un burro suelto.
- Conjurar el olvido: campesinos y política en las llanuras del Caribe colombiano en los años 70
redalyc.org
Sirve para fechar el mundo del chiste sin inventarle nada. El ensayo trabaja con el archivo de dibujos de Ulianov Chalarka de la Fundación del Sinú, en Montería, y con la memoria de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos en Córdoba y Sucre entre finales de los sesenta y los setenta: los mismos años y las mismas veredas en que se grabó esta pieza. Es la prueba de que los caseríos anónimos por los que pasa la vieja con sus huevos eran, en el momento de la grabación, lugares con vida política intensa, aunque el chiste no diga una palabra de ello y aquí no se le atribuya ninguna.
- George List Colombia Collections
libraries.indiana.edu
Describe la otra gran campaña de grabación de narrativa oral del Caribe colombiano —más de ciento veinte cintas en cuatro viajes entre 1964 y 1970— y con ella el marco en que se contaban piezas como ésta: relatos dichos de noche, en velorios y en patios, mezclados con chistes, juegos cantados y rezo. Es el dato que explica por qué un chiste sexual de diez renglones cabe en el mismo repertorio que un cuento de animales de siete páginas y por qué Zapata lo recogió sin separarlo. Y establece el puente entre los dos fondos: List trabajó con el sociólogo Winston Caballero y con Manuel y Delia Zapata Olivella para acceder a las comunidades, y Caballero es quien dirigió la búsqueda de géneros de la campaña cordobesa de la que salió esta pieza.
- Animal Tales from the Caribbean — índice del volumen
toc.library.ethz.ch
Es lo que permite escribir en la ficha que de este chiste hay un solo registro. El índice lista los veintiún cuentos que George List grabó en el departamento de Bolívar entre noviembre de 1964 y marzo de 1965, con narrador y paginación, y se cotejó título por título: ninguno es éste, ni ninguno pone un burro y una burra en un camino. Los veintiuno son cuentos de animales protagonizados por Conejo, Tigre, Zorra y compañía, no chistes de humanos. No hay, por tanto, una segunda voz que cuente lo mismo de otro modo, y eso se sostiene sobre un índice verificado y no sobre una suposición.
- Espacio Cultural de San Basilio de Palenque · Plan Especial de Salvaguardia
patrimonio.mincultura.gov.co
Es el único documento oficial consultado que describe de qué hablan realmente los cuentos y chistes que se cuentan de noche en el Caribe colombiano, y la lista coincide con lo que hace esta pieza: enumera la comida, el licor, la fiesta, el noviazgo, la infidelidad, los celos, la picardía y la ingenuidad entre los asuntos de los relatos más populares, y sitúa su circulación en el velorio, que menciona veintitrés veces. Sirve para sostener que un chiste sexual de tres líneas no es una rareza dentro de un repertorio de tradición oral caribeña, sino uno de sus géneros corrientes, y para que la ficha no tenga que disculparse por el registro del original.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«La vieja, el burro y los huevos» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «La vieja, el burro y los huevos» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «La vieja, el burro y los huevos» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








