La vieja colmillona

Andina · Mestizo

La vieja colmillona

Una vieja de largos colmillos toma comida de las brasas sin quemarse; el diario que la narra es un marco literario, no un archivo probado.

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El relato

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En las haciendas de Aguadas, después del trabajo duro del día, los peones se arriman a los fogones a asar plátanos y a tomar el café de la noche en tazas grandes. Es la hora de los cantos, las coplas, las trovas y los cuentos de Pedro Rimales, Cosiaca y Sebastián de las Gracias. Y los aguadeños de la hacienda El Oro, cerca del río Arma, recuerdan que varias veces llegó hasta allí una vieja de pelo largo hasta la cintura, manos peludas y uñas y colmillos largos.

Otros la describen como una anciana pálida, de mirada perdida, con dos colmillos largos como de morsa en la mandíbula de arriba, bata negra de tela burda de esparto o de palma, un cinturón de bejuco rojo y botas amarillas hasta la rodilla.

Le gusta arrimarse a los fogones. Entra a la cocina de las casas campesinas y del fogón de leña coge con las manos las brasas encendidas, remueve el rescoldo con las uñas sin quemarse, se arrodilla a avivar el fuego y sopla la ceniza. Después pone la parrilla sobre tres piedras, saca de su mochila unos plátanos maduros y los asa; de su costal saca una chocolatera y un molinillo de madera y se prepara el chocolate.

A veces las amas de casa y las cocineras le dejan en la tapia de la hornilla arepas de maíz, mazorcas asadas y carne frita, y ella envuelve el fiambre en hojas de plátano y lo guarda en su tula. Cuando termina de comer, se va sin despedirse, callada, con la cabeza baja y el costal terciado, hacia el cafetal, el cañaveral, el maizal o el potrero, donde duerme a la intemperie como un animal.

Llega y se va sin hablar. No le hace mal a la gente hospitalaria. Pero si alguien la ataca, se revuelve furiosa y salvaje contra el que la agrede.

La vieja colmillona: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien comparte el fuego con un extraño hambriento no tiene nada que temer de él.”

Territorio

Andina · Mestizo

Andina · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
5.61472° · -75.4597°

Ficha del relato

Contexto histórico

La Vieja Colmillona está en Mitos, espantos y leyendas de Caldas, de Fabio Vélez Correa (1.ª ed., Imprenta Departamental de Caldas, Manizales, 1997; se lee la edición ampliada, posterior a 2007, en El Libro Total), en un capítulo propio. Vélez cuenta que se la relataron a Javier Ocampo López unos peones de la hacienda El Oro, en Aguadas, cerca del río Arma, y la sitúa en el mundo de las haciendas cafeteras del norte de Caldas: el fogón de la noche, el café en tazas grandes, las coplas y los cuentos de Pedro Rimales y Cosiaca.

El capítulo junta dos descripciones. La primera, de los aguadeños de El Oro, es la de una vieja de pelo largo, manos peludas y colmillos que come plátanos asados y se va sin hacer daño. La segunda, más detallada, la viste con bata de esparto, cinturón de bejuco rojo y botas amarillas, y la muestra preparando su propio chocolate con chocolatera y molinillo.

La prensa la registró antes que el libro. Un recorte de 1982 conservado en el archivo de prensa del CINEP, en la Biblioteca Digital de Bogotá, la cuenta entre los espantos regionales que se nombraban en tertulias de relatos. Es, en el libro de Vélez, uno de los pocos espantos que se definen por lo que hacen en la cocina y no por el miedo que dan en el camino.

Resonancias con otros mitos

La Rodillona, que Vélez recoge en el mismo libro y el SENA registra en Manzanares, comparte con la Colmillona la regla de no atacar a las mujeres embarazadas ni entrar en casas con recién nacidos, según la descripción que Vélez copia del libro de 2004, y el rasgo corporal desmedido: rodillas en un caso, colmillos en el otro. Pero la Rodillona se burla y ataca a los hombres de noche, y la Colmillona sólo quiere el calor del fogón.

Los Rescoldaos, en el mismo libro de Vélez, son diablillos del tamaño de un dedo que viven en las brasas de los fogones de los arrieros y roban carne asada. Como la Colmillona, se alimentan del fuego ajeno y caminan sobre las brasas sin quemarse; la diferencia es que la vieja no roba, sino que recibe lo que le dejan.

En Boyacá, el Cucacuy de Javier Ocampo López es un hombre desnudo que sale de noche a calentarse en las parrillas donde todavía queda brasa. Los tres espantos rondan el mismo lugar de la casa campesina, el fogón, y lo hacen en la hora en que la familia ya se retiró.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. En Vélez la Colmillona es inofensiva con quien la trata bien y sólo se defiende si la atacan. El libro de 2004 Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano, que se declara «recopilación de documentos imaginarios», la vuelve peligrosa: en su ficha técnica, que el propio Vélez copia, vaga por caminos y orillas de ríos, a veces se presenta como mujer hermosa para atraer a infieles y borrachos y morderlos, no ataca a embarazadas ni a casas con recién nacidos y es inmune al fuego; la sitúa en Antioquia, el Viejo Caldas, el Tolima Grande y los Llanos.

  2. La pieza narrativa del mismo libro es un diario inventado de un escritor que llega a Aguadas, se aloja en una pensión, va a la hacienda y ve de noche a la Colmillona saltar sobre los que duermen, pararse en el fuego sin quemarse y llevarse los plátanos. Los personajes son composición del libro; lo que conserva de la tradición es la hacienda, el fogón, los plátanos y la vieja que no se quema.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Andina
Referencias
5
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Mitos, espantos y leyendas de Caldas

    ellibrototal.com

    Capítulo «La Vieja Colmillona»: los peones de la hacienda El Oro en Aguadas, el fogón, las brasas sin quemarse, el chocolate y el costal, y la descripción de la bata de esparto y las botas amarillas; en el mismo libro, la Rodillona y los Rescoldaos de Similitudes.

  2. Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano

    archive.org

    Trae a la Colmillona en sus pp. 57-58: ficha técnica y diario inventado en Aguadas.

  3. Archivo de prensa sobre cuentos de espantos regionales

    biblioarchivo.bogota.gov.co

    Recorte de prensa de 1982 que cuenta a la Vieja Colmillona entre los espantos regionales nombrados en tertulias de relatos.

Contraste y contexto · 2 referencias

  1. Remembranzas de mis abuelos: memoria oral y ambiental del alto oriente caldense

    repositorio.sena.edu.co

    Registra la Rodillona en Manzanares (p. 83), la vieja de rasgo desmedido que compara Similitudes.

  2. El pueblo boyacense y su folclor

    babel.banrepcultural.org

    Describe al Cucacuy de Boyacá, que sale de noche a calentarse en las parrillas, el paralelo del fogón.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

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«La vieja colmillona» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La vieja colmillona» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La vieja colmillona» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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