AndinaMestizoLa Colmillona

La vieja colmillona

Explora la dualidad de La Colmillona y La Muelona, figuras del folclore colombiano, en las historias de Aguadas y el Viejo Caldas.

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Ilustración de La vieja colmillona

En el poblado recóndito de Aguadas, resguardado entre brumas que encubren secretos tan antiguos como las montañas mismas, el tiempo se deslizaba con la calma de un río en verano. Era allí donde Agustín Moreno, un escritor en busca de reposo y maravilla, se instaló, atraído por historias que pintaban un lienzo entre lo real y lo fantástico, donde el más común de los días podía mutar en leyenda.

Fue al caer el sol de un agosto que, de la mano de Justino, un joven campesino, se adentró en los senderos que conducen a la Hacienda de "El Oro". Allí, bajo la luz dorada que se despide al caer otro día, se reunió con los campesinos alrededor de improvisados fogones. Encendieron el fuego no solo para calentarse, sino para avivar las historias que los aguardaban, como las brasas que susurran secretos al ascender en espirales danzantes. En medio de coplas y canciones, el aire se llenó de leyendas, nombres conocidos en susurros: Pedro Rimales, Cosiaca, Sebastián de las Gracias.

A medida que avanzaba la noche, el ambiente se cargó de ese particular magnetismo que el cansancio y la penumbra confieren. En uno de esos momentos, Agustín divisó formas deformes sobre la tierra, huellas resistentes a ser ignoradas. Los campesinos, al escucharlo, rieron con la risa suave y segura de quien deja que las historias los cuiden; ellos sabían, desde sus abuelos, que eran las de La Colmillona, la vieja de colmillos extraordinarios que se arrimaba sin decir palabra, uxurando comida de los fogones sin molestar ni quemarse.

Entre esos mismos contornos oscuros de la noche, había otra trama tejida: la de una mujer que algunos confundían con La Colmillona, pero que solo los iniciados reconocían como La Muelona. Aquella, en tiempos de la colonia, fue una gitana de belleza fascinante, dueña de una casa de juegos y perdición. Tras su muerte bajo circunstancias misteriosas, su espectro vagaba mostrando su delicada, pero espeluznante sonrisa, devorando hombres con el canto en batalla de su dentadura resplandeciente.

Aquella noche en los Andes, cuando Agustín fingió dormir para observar a La Colmillona hacerse al fogón, la visión de la vieja se tejió en su mente con las narraciones escuchadas, las dos mujeres eran de algún modo una danza eterna de la misma dualidad. La Colmillona, con su silencioso intercambio de comida, sin daño, sin diálogo; y La Muelona, esa otra sombra vengativa que devoraba sin remordimiento, cada una recorriendo los caminos del mito en un ciclo eterno.

A medida que las brasas se hundían en su lamento a la noche y las sombras se espesaban, Agustín comprendió que en aquel pueblo, entre los anhelantes cantos y el crujir de las hojas, albergaba dos revelaciones: la de una tierra donde lo sobrenatural se anidaba en la cotidianeidad, y la de su propia inmersión en un mundo donde lo mágico no busca explicaciones, sino que simplemente es.

Así, entre el día y la noche, entre el canto y el silencio, las historias seguían contando su verdad, tejiendo un tapiz que los abrazaba a cada uno, eternizándolos, porque incluso el miedo y lo sobrenatural se vuelven más llevaderos cuando se comparten, y no hay mejor archivo que el tiempo mismo, o el viejo hidráulico murmullo de las leyendas.

Historia

El mito de La Colmillona tiene su origen en la región de Antioquia y el Viejo Caldas, en Colombia. Este mito aparece en lugares donde los campesinos se reúnen para comer, como las haciendas, y específicamente en la Hacienda de "El Oro" en Aguadas y cerca del río Arma que desemboca en el río Cauca en La Pintada. Relatado por los campesinos de la región, La Colmillona es descrita como una vieja con colmillos largos, cabello hasta la cintura y manos peludas. Se le ve acercarse a los fogones sin hacer daño a las personas, para tomar café y comer plátanos asados. Aunque tiene un aspecto terrorífico, no representa una amenaza directa, por lo cual los campesinos prefieren evitarla pero no le temen demasiado.

Se distingue de otro mito similar, La Muelona, que es visto como más peligroso, lo que demuestra que dentro de las comunidades locales existe una clara diferenciación entre estos seres, aunque algunos puedan confundirlos. La narrativa de La Colmillona parece estar enraizada en el folclore de la región, con un enfoque en la vida cotidiana de los campesinos y sus interacciones con lo sobrenatural durante sus momentos de descanso después de largas jornadas de trabajo.

Versiones

Las tres versiones presentan la figura de la Colmillona, pero con variaciones significativas en sus características y el contexto de su aparición. En la primera versión, encontramos un relato más personal y detallado a través del diario de Agustín Moreno, quien describe su encuentro con la Colmillona como una experiencia ominosa y directa. La Colmillona es representada con un aspecto amenazante, capaz de intimidar al narrador, que percibe su presencia como peligrosa, aunque finalmente no sufren daño alguno. Aquí se enfatiza una atmósfera de misterio y terror personal, destacando sus atributos físicos insólitos, como los colmillos y la saliva espesa.

La segunda versión es más impersonal y folclórica, enfocada en los relatos populares de los campesinos en la región de Antioquia y el Viejo Caldas. La Colmillona es presentada de manera menos intimidante y más como un elemento de las costumbres nocturnas de los campesinos: una figura que, aunque perturba, no inflige daño, manifestándose principalmente como una ladrona de comida que se va sin interactuar ni causar pánico severo. En la tercera versión, se hace una distinción clara entre la Colmillona y la Muelona, sugiriendo que son entidades diferentes. La Colmillona sigue siendo una figura inofensiva, mientras que la Muelona se convierte en un ser vengativo, tras un origen trágico y de engaño en el contexto de la colonización, agregando una dimensión de justicia retributiva y terror mediante su capacidad de atraer y devorar a sus víctimas, contraria a las otras versiones. Esta tercera versión, por tanto, presenta una dualidad entre ambas figuras, con implicaciones sociales y morales.

Lección

Lo sobrenatural puede coexistir pacíficamente con lo cotidiano.

Similitudes

Se asemeja a los mitos de criaturas nocturnas como los yokai japoneses, que también interactúan con los humanos de manera ambigua.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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