En los días en que la bruma del amanecer besaba la tierra con la delicadeza de una madre en sueños, Katetamana era un paraje de misterio y encanto. La gente hablaba de las tierras que yacían más allá, en particular de un pequeño espacio llamado Utta. Se decía que Utta era un lugar donde la realidad se torcía y el tiempo se desvanecía en susurros, como si el viento llevara en su vientre fábulas de mundos olvidados.
Una mañana en que los rayos del sol se columpiaban a través del manto de neblina, dos viajeros de las tierras civilizadas llegaron a Utta. Eran mercaderes de panela, gente con los ojos atiborrados de horizontes urbanos y el alma entregada al clamor de las ciudades. Caminaban con pasos ansiosos, la carga dulce sobre sus hombros y el trajín del mercado eternamente brillando en sus miradas. Pero aquella tierra, Utta, tenía planes diferentes para ellos.
El aire en Utta era distinto; cargaba no solo el frescor del rocío, sino también una sed ancestral. Esa misma sed comenzó a tejer sus hilos a través de ellos, una pulsación invisible que los llamaba hacia las entrañas de la tierra, hacia los secretos aún no contados. A medida que el sol escalaba su trono en el cielo, los viajeros sintieron sus gargantas secarse, como si un invisible dios del desierto hubiera decidido residir dentro de ellos.
En su andar, los civilizados decidieron descansar bajo la sombra de un viejo árbol que, según los habitantes de las cercanías, contenía en su corteza los ecos de incontables historias, y al abrazarlo, decían los sabios, podías oír el palpitar de la tierra. Allí, a la sombra de aquel árbol, la sed se convirtió en un temblor, un murmullo sordo entre las raíces invisibles.
Dos gotas de sudor rodaron por el rostro del primero como un río en miniatura desprovisto de su curso. El segundo, quizás menos acostumbrado a escuchar los vientos del destino, observó el horizonte, apenas consciente de cómo sus miembros se iban tornando pesados, como si el suelo mismo reclamara el retorno de su carne. Se intentaron levantar, desempolvar su cansancio con el ímpetu propio de quienes creen que el mundo siempre continúa. Pero sus cuerpos, convertidos en columnas, no respondieron más.
Y allí, en ese instante suspendido entre la realidad y el mito, una voz se alzó desde la cripta del tiempo. Era Marelwa, el espíritu de la selva, que hablaba con la susurrante autoridad de un río oculto. Marelwa les indicó con una mezcla de compasión y sentencia: “De vuestras ciudades habéis traído el hambre de poseer, pero olvidasteis la esencia del agua, aquella que da vida y no oro. Así, viviréis eternamente con sed, transformados en polvo de piedra, recordatorio silencioso de los que se apartaron de la vida”.
Con cada palabra, el musgo cubría los contornos de sus cuerpos; el viento trazaba mapas en su piel. La metamorfosis se llevó a cabo de forma tan sutil que los caminos del tiempo no supieron detenerse. Se convirtieron en rocas, esculturas vivas que, a pesar de todo, conservaban el resplandor de unos ojos que aún veían, observando el paso de las estaciones con la paciencia eterna de quienes lo han aprendido todo.
Los habitantes del lugar, al pasar junto a esas rocas con forma de Arijuna, narraban la historia a sus niños, enseñándoles la resistencia y el legado de sus ancestros. Aprendieron que la sed verdadera no es aquella que reseca la garganta, sino la que obnubila el espíritu. Así, transcurrieron los siglos en Utta, donde dos sombras eternas miraban al cielo en busca de las estrellas, llevadas por un deseo marchito de agua, mientras sus piedras murmuraban sobre la tierra, la vida y el derecho a la sed.
Historia
El mito se origina en la región cercana a Katetamana, en un lugar llamado Utta. El relato cuenta sobre dos personas "civilizadas" que iban a vender panela pero no pudieron continuar su camino debido a la sed y el cansancio, quedando transformadas en piedra con la figura de un "Arijuna" (civilizado). Esta transformación se utiliza para explicar la creencia de que los "civilizados" no pueden resistir la sed tanto como los indígenas, quienes según el mito, pueden soportar hasta tres días sin agua. Esta narrativa se valida con una declaración de Marelwa, quien les dice a los civilizados que siempre vivirán muertos de sed.
Versiones
Este análisis se centrará en identificar las diferencias entre las versiones del mito sobre los "civilizados" convertidos en piedra en Utta, cerca de Katetamana. Si bien la versión proporcionada es única, se pueden inferir posibles modificaciones o variaciones al compararla con relatos similares de otras mitologías o tradiciones orales. Una posible variante del mito podría centrarse en el motivo y el contexto detrás de la transformación en piedra de los dos personajes. En la versión proporcionada, el énfasis está en la incapacidad de los "civilizados" para resistir la sed, contrastando con la resistencia del "indio". Otra versión podría narrar que la transformación fue resultado de una ira divina o un castigo por una transgresión moral, como desobedecer un precepto cultural o natural, dándole así un enfoque más moralista o punitivo al acto.
Otra diferencia potencial podría residir en las características y consecuencias de la conversión en piedra. Mientras que la versión inicial subraya la debilidad física de los "civilizados" respecto a la sed y lo presenta como un destino inalterable decretado por Marelwa, otras versiones podrían narrar que este estado de petrificación es reversible mediante acciones específicas, simbolizando una forma de expiación o redención. Además, el simbolismo asociado a la figura del Arijuna en las piedras podría variar, representando en algunas versiones no solo la debilidad física, sino también una reflexión sobre la pérdida de conexión con la naturaleza o la cultura ancestral. Estas variaciones influirían en la enseñanza transmitida por la historia, alterando su enfoque desde una observación cultural a una lección moral o espiritual.
Lección
La desconexión con la naturaleza lleva a la perdición.
Similitudes
Se parece al mito griego de Medusa, donde la transformación en piedra es un castigo divino.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



