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La piedra del muerto

La historia del hombre rico y cruel en Mogotes enseña sobre la hospitalidad y las consecuencias de las acciones malvadas.

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Ilustración de La piedra del muerto

En el corazón palpitante de Santander, entre colinas que susurran secretos al viento y ríos que cantan melodías antiguas, se extiende la tierra de Mogotes, un pueblo cautivado entre la furia de los rayos y la dulzura del bocadillo. Desde el Alto de los Cacaos o en el sitio de Palo Cortado, los viajeros pueden admirar un valle en el que los verdes se despliegan como un tapiz mágico. El río, en su curso sinuoso, imprime bendiciones líquidas sobre las tierras, donde el ganado sestea bajo la mirada indulgente del cielo.

Mogotes, tierra de leyendas y cuentos que se deslizan con el viento, guarda en sus entrañas una historia de pecado y redención, de riqueza sin compasión y castigo divino. A unos diez kilómetros del centro del pueblo, la carretera nueva abraza al río, y en medio de su caudal se alza "La piedra del muerto", testigo silente de días olvidados. A los ojos del curioso, la piedra se transfigura en la silueta de un cadáver amortajado, mientras las olas le susurran un eterno "de profundis" y el río amasa guirnaldas de espuma para su descanso.

Esta piedra es la última morada de un tiempo en que un hombre de inabarcable opulencia gobernaba estas tierras. Vivía en una mansión de ensueño, orlada de mastines indomables, bajo la sombra imponente de majestuosos caballos que reposaban en establos forrados de oro y plata. El paisaje no era sino un reflejo de su dominio: las piedras en las lomas eran ganado petrificado bajo su mirada codiciosa, las sementeras verdes susurraban su perpetua riqueza, y sus arcones atesoraban plata, oro y esmeraldas, cual destellos de estrellas atrapadas.

A pesar de la abundancia que le rodeaba, el hombre era implacable y cruel. Nunca se escuchó en su morada el ruego de un viajero encontrado y necesitado de aposento, jamás un pobre halló limosna en su pórtico. Diezmos y primicias eran palabras extranjeras, y de sus graneros no partía un solo grano para el hambriento, ni un guadual para el cansado san Isidro. El mundo para él estaba sellado dentro de su riqueza.

Llegó un día en que un mendigo, agotado y famélico, se detuvo ante su puerta, rogando por un mendrugo y un rincón donde protegerse de la tormenta que acechaba el horizonte. Pero el presagio de los truenos no conmovió al hombre rico, quien, encendido de ira, ordenó que soltaran a los perros. Las bestias dieron rienda suelta a su furor, desgarrando al pobre peregrino. Herido y desangrado, el mendigo se alejó arrastrando sus pies por el sendero, no sin antes volverse para lanzar una maldición a esa casa de corazones petrificados.

Aquella noche, la tempestad se desencadenó como si un enjambre de dioses airados decidiera gritar su descontento desde el cielo. El viento aulló como un lobo salvaje, los truenos sacudieron la tierra y el rayo, convertido en látigo, hizo danzar al mismo cielo en un espectáculo de fuego. Las nubes derramaron su furia en un diluvio rugiente, arrasando sembrados, casas y vidas, igualando todo bajo un único manto de agua y destrucción.

Y allí, en medio de la corriente indomable del río, el hombre rico encontró su juicio. Las aguas lo atraparon en galantería única y eterna, transformándolo en piedra, parte inmortal del río que había testificado su vida de codicia. Los baúles con su fortuna se hicieron roca y sus perros, monturas y muebles reencarnaron en formas que la fantasía común se encarga de señalar.

En este marco de sagrada reverencia, los habitantes de Mogotes han aprendido a no cerrar jamás ni sus puertas ni sus corazones a aquellos cansados viajeros o a mendigos arribados de lugares desconocidos, pues el viento, que huele a bocadillo fresco y leyendas, sigue soplando como un eco del pasado, recordando que la ira de un castigo divino siempre encuentra su camino hacia los corazones fríos y cerrados.

Historia

El mito del pueblo de Mogotes en Santander está relacionado con una leyenda sobre "La piedra del muerto". Esta piedra, que se encuentra en el río cercano a Mogotes, es llamada así debido a su aspecto que recuerda a un cadáver amortajado. La leyenda popular cuenta que en esas tierras vivía un hombre muy rico, codicioso y cruel, que nunca ofrecía hospitalidad ni caridad. Un día, un mendigo que pidió abrigo y un mendrugo de pan fue rechazado y atacado por los perros del rico. Antes de desaparecer herido, el mendigo maldijo al rico. Esa noche, una gran tormenta se desató, destruyendo las posesiones del hombre y llevándose su vida. Se dice que quedó petrificado en medio del río, convirtiéndose en la piedra del muerto. La leyenda refleja una enseñanza sobre hospitalidad y la consecuencia de las acciones malvadas.

Este mito representa la creencia popular de que la retribución divina alcanzará a quienes niegan ayuda y hospitalidad al necesitado.

Versiones

El extracto presenta una única versión del mito de "La piedra del muerto" en Mogotes, Santander, sin variaciones explícitas en la narrativa presentada. Este relato describe un lugar pintoresco y lleno de tradiciones, donde una gran piedra en el río es conocida por semejar un cadáver y está asociada a una leyenda local. La leyenda cuenta la historia de un hombre rico, codicioso y cruel, quien se negó a ayudar a un mendigo, desencadenando la ira divina en forma de una tormenta que lo petrificó en medio del río.

Lo que sobresale en la estructura narrativa es cómo el entorno natural y las características geográficas del lugar se integran al mito, contribuyendo a su verosimilitud y conexión con el paisaje. La descripción del daño causado por la tormenta y los restos simbolizados por las rocas en el río realzan el didactismo del mito, reflejando la moralidad y valores comunitarios de hospitalidad y generosidad del pueblo mogotano. Este enfoque narrativo sugiere que cualquier variación del mito estaría más centrada en interpretaciones o detalles específicos que en eventos estructurales o temáticos radicalmente diferentes.

Lección

La avaricia y la falta de compasión atraen castigos divinos.

Similitudes

Se asemeja al mito griego de Midas, donde la avaricia lleva a la desgracia, y a historias de transformación en la mitología nórdica.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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