
Andina · Mestizo
La piedra del muerto
Una roca del río Mogoticos guarda la leyenda de un propietario que negó refugio a un viajero antes de una gran tormenta.
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A unos diez kilómetros de Mogotes, por la carretera que va a San Gil, el camino se arrima al río. Allí, en medio de la corriente, sobresale del agua una piedra grande. Las olas la han labrado hasta darle la figura de un cadáver amortajado, tendido sobre un bloque de basalto. El agua le canta su de profundis y la espuma le teje guirnaldas que se deshacen enseguida.
Ahora hay una casita entre la carretera y el río, y desde el carro ya no se alcanza a ver. Pero la gente de la región sigue señalando el sitio cuando pasa: aquí está la piedra del muerto.
¿Quién es ese muerto?
En estas tierras vivía un hombre muy rico, codicioso y cruel. Su casa era una mansión cuidada por mastines de raza, de una fiereza sin igual. En las pesebreras tenía los mejores caballos, y sus sillas de montar iban enchapadas en oro y plata. Esas piedras que hoy se ven a montones por las lomas eran entonces su ganado. En las hondonadas verdeaban sus sementeras, y en graneros enormes recogía las cosechas. En arcones guardaba tejos de plata, oro en polvo y esmeraldas de un color que nadie había visto.
En esa casa nunca se dio posada a un viajero. Nunca un pobre recibió limosna. Jamás se pagaron diezmos ni primicias. De allí no salió un grano de maíz para el hospital, ni una caña para el paso de San Isidro Labrador.
Una tarde llegó un mendigo al portalón. Venía desfallecido, y en el horizonte se armaba una tormenta. Pedía, por amor de Dios, un mendrugo de pan y un rincón del corredor para pasar la noche.
—Despachen a ese vagabundo —gritó el señor.
El mendigo siguió rogando, y el dueño mandó soltarle los perros. Los animales se cebaron en él. Herido, desangrándose más que caminando, el pordiosero se fue. En el primer recodo del camino se volvió a mirar la mansión por última vez, y le echó una maldición tremenda.
Esa noche la oscuridad cayó como un paño de luto. El viento se puso a aullar y el trueno retumbó sin parar. Luego se soltó la tempestad. Las nubes vaciaron el agua de golpe, cayó granizo sobre los sembrados y se crecieron las quebradas y el río. El rayo azotaba la noche una y otra vez. Aquello fue un cataclismo. Como en tiempos del diluvio, el agua borró de la tierra el pecado.
La tormenta arrasó casas y sembrados, y la corriente se llevó hombres y animales. Al rico lo dejó convertido en piedra, en medio del río.
Todavía hoy, a quien pasa por allí, le muestran unas piedras rectangulares en mitad del cauce: son los baúles. Más abajo le enseñan la silla de montar, los perros, un armario, pedazos de camas y de mesas. Todo lo que tenía la casa quedó preso en el agua.
Por eso en Mogotes se recibe bien a quien llega. Allá saben que el cielo no perdona al que le cierra la casa, o el corazón, al viajero que va de paso o al mendigo que nadie conoce.

La enseñanza
“La casa que le niega el pan al que llega termina hundida con todo lo que guardaba.”
Territorio
Andina · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 6.4833° · -72.9667°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Santander · Andina
- Referencias
- 9
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Folclor santandereano, capítulo de Leyendas: «La piedra del muerto» (Biblioteca Santander, vol. XXIV, tomo II, Bucaramanga, 1954), reproducido en la sección 19 del tomo II de «Mitos y leyendas de Colombia», folios 129-131
flacso.edu.ec
Es el único registro de la leyenda y lo trae entero. Sitúa la piedra a unos diez kilómetros de Mogotes, sobre la nueva carretera a San Gil, donde la vía se acerca al río hasta la quebrada del Bosque, y la describe como un cadáver amortajado sobre un bloque de basalto. Cuenta la falta completa del rico: ni posada al viajero, ni limosna, ni diezmos ni primicias, ni maíz para el hospital ni caña para el paso de San Isidro Labrador. Trae los perros soltados contra el mendigo, la maldición sin palabras, la tormenta, la petrificación, el ganado que también quedó en piedra y las piedras del cauce que la gente señalaba como baúles, silla, perros y muebles. Añade la casita que en 1954 ya tapaba la vista desde el vehículo y cierra con la hospitalidad mogotana como fruto de esta creencia.
- Mitos y leyendas de Colombia, tomo II: «Leyendas y cuentos del folclor», sección 19 «Narraciones del folclor. Departamento de Santander»
flacso.edu.ec
Fija la procedencia de la piedra del muerto: la nota de cabecera de la sección 19, en el folio 125, identifica la obra de Arias, la Biblioteca Santander, el volumen XXIV, el tomo II y el año 1954, y aclara que de ella se publica el capítulo de Leyendas. Gracias a esa nota la pieza puede leerse en su orden original, entre la Mancarita y las veladas campesinas, y compararse con las demás leyendas del mismo capítulo, entre ellas la del Colmenero de San Gil, que termina también en una piedra.
- Folclor santandereano, capítulo de Leyendas: «Lo que enseñan las cuevas» (la leyenda de El Colmenero, San Gil), en el tomo II de «Mitos y leyendas de Colombia», folios 138-140
flacso.edu.ec
Es el paralelo más cercano de la piedra del muerto y está en el mismo libro. Arias transcribe, tal como se la refirió un maestro de escuela, la leyenda de un muchacho que fue a robar una colmena en la escarpa del Fonce a la hora de los oficios del Viernes Santo, ayudado por Satanás según los campesinos, y quedó inmovilizado en la roca para siempre. Una piedra blanquecina en la hendedura se muestra como su espalda a quienes transitan por la vía de enfrente. Es el mismo mecanismo que en Mogotes: una falta contra lo sagrado, un castigo que petrifica y una roca que la gente enseña desde el camino.
Contraste y contexto · 6 referencias
- Folclor santandereano, capítulo de Leyendas: «Lagunas encantadas», en el tomo II de «Mitos y leyendas de Colombia», folios 135-137
flacso.edu.ec
Muestra que en la comarca de Mogotes la tormenta se leía como respuesta a una ofensa, que es la lógica de la piedra del muerto. En el pasaje sobre Mogotes, Arias anota que la quema de cohetes en los días de fiesta provocaba un aguacero copioso y que la gente lo atribuía a la cólera de las lagunas bravas de la comarca; en otro lugar del mismo capítulo las lagunas irritadas hacen llover y se desbordan contra quien intenta llevarse sus tesoros. Junto con la nota de la piedra sobre Mogotes como tierra de los rayos, sitúa la tempestad de la leyenda en un clima de creencias local y no sólo bíblico.
- Génesis, capítulo 7 (el diluvio), versión Reina-Valera 1960
biblegateway.com
Es el paralelo que la propia leyenda invoca. En la descripción de la tormenta Arias escribe que, como en la época del diluvio bíblico, las aguas borraron el pecado de la tierra, y el capítulo 7 del Génesis cuenta justamente cómo se rompieron las fuentes del abismo y se abrieron las cataratas de los cielos para acabar con toda carne. La piedra del muerto reduce ese diluvio universal a una sola casa: arrasa hombres, animales y sembrados de una hacienda y deja al culpable en medio de la corriente.
- Génesis, capítulo 19 (Sodoma y la mujer de Lot), versión Reina-Valera 1960
biblegateway.com
Reúne en un solo capítulo las dos cosas que hacen la piedra del muerto: una ciudad que maltrata a unos forasteros llegados al anochecer y un castigo que baja del cielo, y un cuerpo que queda convertido en materia mineral, la mujer de Lot vuelta estatua de sal. Permite ver que la leyenda de Mogotes pone en el mismo personaje lo que el Génesis reparte entre Sodoma y la mujer que mira atrás: aquí es el propio inhospitalario quien queda petrificado.
- Metamorphoses, libro VIII (Baucis y Filemón), traducción de Brookes More
perseus.tufts.edu
Es el antecedente clásico del castigo por negar posada. Júpiter y Mercurio recorren la tierra como caminantes cansados pidiendo comida y cama, encuentran cerradas las puertas de mil casas y sólo los reciben dos viejos pobres; al subir con ellos al monte, los viejos ven los campos del vecindario tragados por un pantano mientras su choza se vuelve templo. El cierre se parece al de Mogotes: el narrador asegura que la gente de Tiana todavía muestra los dos árboles en que se convirtieron los ancianos, igual que los mogotanos muestran las piedras del cauce.
- Administrar la fe: administración parroquial y régimen de obvenciones en el Nuevo Reino de Granada (villas de San Gil y Socorro, 1780), en Mejía, Danwerth y Albani (eds.), «Normatividades e instituciones eclesiásticas en el Nuevo Reino de Granada, siglos XVI-XIX» (Global Perspectives on Legal History 13)
lhlt.mpg.de
Explica qué deja de pagar el rico de la leyenda y por qué eso pesaba en esa comarca. El capítulo estudia las relaciones de rentas parroquiales que se levantaron hacia 1780 en las villas de San Gil y Socorro, la región a la que pertenece Mogotes, y muestra que los curatos vivían de los novenos de los diezmos, de las primicias, de las fiestas, las cofradías y las limosnas. Define las primicias como una renta suplementaria del diezmo formada por los primeros frutos de las cosechas. Negarse a pagarlas no era sólo tacañería: era dejar sin sustento la parroquia de todos.
- Cientos de campesinos boyacenses rinden tributo a San Isidro Labrador con comida, animales y dinero
eltiempo.com
Ilustra, en el departamento vecino, la costumbre que el rico de Mogotes se negaba a cumplir cuando no daba ni una caña para el paso de San Isidro Labrador. La crónica describe la procesión de labriegos del municipio de Boyacá que llevan al santo lo mejor de sus cosechas, las huertas armadas en la plaza con lo que aporta cada vereda y el remate que hace el sacerdote al final de la tarde, con destino a las necesidades de la parroquia. Es la ofrenda de primeros frutos convertida en fiesta colectiva.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«La piedra del muerto» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «La piedra del muerto» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «La piedra del muerto» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








