
Andina · Mixto
La patasola
Una fiesta de San Juan, una aparición junto al naranjo y una oración componen el relato atribuido a Ñor Mica en el Tolima.
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Nicolás Caicedo era un hombre negro, alto y delgado, de pelo escaso y sin canas, que a los setenta y cinco años labraba una parcela pequeña en heredad ajena. Nadie lo llamaba por su nombre de pila: para todos era Ñor Mica. Antes de trabajar rezaba el rosario con su hija sobreviviente y regaba maíz en el solar para las gallinas. Sólo en San Juan y San Pedro se daba a la fiesta, y entonces, con unos tragos encima, rasgueaba en el tiple la caña, la guabina y el bambuco.
El hijo del dueño de la heredad subía a la labranza a oírlo hablar de la esclavitud, de la guerra de Mosquera, del Duende. Una vez, sentados en un banco rústico, le preguntó qué era eso de la Patasola con que asustan a los niños.
—Por las llagas del Criador —contestó el viejo—. Esa mujer sí es hermosota.
Tenía un cabello como el del Señor en el huerto que sacan en Semana Santa, unos ojazos que brillaban más que la luna, y cantaba de lo más bueno. Pero para los maleficios no había otra. Le decían así porque no tenía sino una pata; renqueaba, y aun así corría como un conejo. Él la había visto.
Sacó de la burjaca el recado de sacar candela, estregó el eslabón contra el pedernal, prendió la yesca y encendió un tabaco.
Siendo muchacho, su taita tenía una chagrita cerca de la quebrada de los Jabalcones, con maíz, plátano, yuca y arroz, casita, horno y gallinero. Con escopeta y perritos borugueros cazaban pavas, guacharacas y guaguas.
Era día de San Juan. De madrugada el taita soltó voladores en el solar; hubo aguardiente, horneado, bizcochuelo y arepa, y con los compadres de convite se armó el fandango con tambora, tiple y carrasca. Al sentir la aurora, el taita gritó: «¡San Juan! ¡A la lavada al chorro de los Jabalcones!». Las mujeres tomaron sus anacos, los hombres sus capisayos, y salieron tocando música.
En el filo de una lomita todos le gritaron a San Juan, y se oyó el zumbido de un viento. La mama, muerta de miedo, invocó a Jesús Nazareno y nombró a la Patasola. Ya aclaraba: la vieron en otra loma, cantando que vivía sola en el monte y que nadie se le resistía.
La mama se persignó y mandó volver corriendo. El taita quería seguir, pero ganó ella. Regresaron sin música, y al llegar sudando la encontraron debajo de un naranjo junto a la casa. Cantó otra vez: en el camino, la casa, el monte, el río, el aire y las nubes, todo era suyo.
Echaron llave y se encerraron. El taita no aparecía. Al rato sonaron un tiple y una voz: era Juanito, amigazo del muchacho, a quien llamaban el diablo suelto. La mama se alegró, porque ése sí espantaba a la Patasola. Afuera estaban Juanito y el taita. Juanito pidió silencio y las manos en el pecho, y rezó la oración del monte desde el «Señora» hasta el amén. Ella se fue sin dejar ni el polvo, y nadie quedó con sapos en la barriga ni grillos en los oídos.
—Todos la sabemos —dijo Ñor Mica—, pero cuando toca rezarla se le olvida a uno.
La fiesta siguió hasta la medianoche, con lechona debajo del mango. El joven confesó que jamás había topado una Patasola en libros ni periódicos. El viejo respondió que los blancos sólo creen en papeles, los mismos que hacen las guerras: en la de Mosquera a él le dieron cien palos, y aún recordaba las horcas de Piendamó. Ya de noche, el joven le regaló una pipa para su tabaco.

La enseñanza
“Una oración sabida de memoria de nada sirve si el miedo la borra en el momento de decirla.”
Territorio
Andina · Mixto
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mixto
- Referencia
- 4.570868° · -74.297333°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mixto · Tolima · Andina
- Referencias
- 8
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Mitos y leyendas de Colombia, tomo II
flacso.edu.ec
Único texto abierto del relato de Rocha Castilla (1968): Ñor Mica —Nicolás Caicedo— y la Patasola que irrumpe en la fiesta de San Juan, con la línea «Relator: Ricardo Rocha G.» (pp. 174-179), y «La oración del monte» (p. 180).
- Folclor tolimense
repositorio.unibague.edu.co
Registro paralelo de la Patasola en el sur del Tolima (pp. 67-69) y del Cazador de Viernes Santo (pp. 69-71) que Similitudes compara con la fiesta de Ñor Mica.
- Colombia país de regiones, tomo 3: Región del Alto Magdalena
babel.banrepcultural.org
Describe a la Patasola del Tolima Grande y la oración del monte que la aleja, la misma que en el relato se olvida (pp. 96-101).
Contraste y contexto · 5 referencias
- Coyaimas y Natagaimas
babel.banrepcultural.org
Sitúa a la Patasola en la cosmología pijao como castigo de los cazadores que no respetan los días sagrados (pp. 134-137).
- Patrimonio cultural: un estudio integral de las leyendas del Tolima en la ciudad de Ibagué
dialnet.unirioja.es
Registra a la Patasola como una de las leyendas que hoy reconocen los habitantes de Ibagué.
- Cómo se formó nuestra mitología en el departamento del Tolima
eltiempo.com
Pone a la Patasola en el repertorio tolimense de espantos junto al Mohán, la Candileja y el Tunjo.
- Aprendamos más de lo nuestro
eltiempo.com
Fecha la circulación de la Patasola en la prensa nacional en 1995.
- Los cuentos de Pascual: mitos y leyendas del piedemonte llanero
babel.banrepcultural.org
Nombra a la Patasola entre los mitos andinos que la migración llevó al piedemonte llanero (pp. 22-23).
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«La patasola» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «La patasola» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «La patasola» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








