En las profundidades de las montañas vírgenes de Colombia, donde la selva permanece incorrupta y el susurro del viento es interrumpido solo por el eco de las fieras, se habla con terror de un ser conocido como la Patasola. Esta criatura, envuelta en el misterio y el temor de las leyendas rurales, emerge como una amalgama de historias cargadas de advertencias.
La Patasola, una figura enigmática desde tiempos ancestrales, es un híbrido de naturaleza y lamento, un ser nacido del choque entre el avance inclemente del hombre y la defensa furiosa de la selva. Se dice que, en el corazón de las montañas, ella cobra vida de los árboles, aquellos gigantes silenciosos que una vez fueron considerados dioses protectores de sus dominios. Julián Bueno la contempla como la personificación del árbol, erguida sobre una sola pierna, unida al tronco que a menudo cae bajo el filo del hombre.
Los cuentos campesinos narran que la Patasola una vez fue una mujer de belleza sobrenatural, deseada por todos pero devota a la perdición, vagando por los límites de los pueblos entre los murmullos de los ríos y el sombrío resguardo de los abetos y guaduas. Su vida disoluta fue marcada por la infidelidad y el desenfreno, hasta que el furor de una maldición –lanzada por un esposo traicionado o una madre desesperada– selló su destino. Cuentan que, como castigo por sus hechizos de carne y engaño, su pierna fue amputada con un hacha y arrojada a una hoguera alimentada por tusas de maíz, simbolizando el dolor y el desprecio de la comunidad.
Sin embargo, en otra variación de la leyenda, esta amputación no fue sino parte de su naturaleza misma; nacida con una sola pierna que le confería una apariencia única y temible. Con cada gran salto, la flora y fauna eran sus cómplices, aliadas en una causa que más que humana era natural: la preservación de lo silvestre frente a la devastación.
La Patasola se convierte entonces en una figura dual de la mitología, una personificación del engaño y un guardián furibundo de la selva. Sus ojos, brillantes y desorbitados como los de una tigresa, hipnotizan y confunden a los cazadores imprudentes. Su cabellera, enmarañada y densa como las ramas de los árboles, conmueve los sueños de los incautos exploradores hasta transformarlos en pesadillas interminables. A veces emerge como un espíritu femenino de labios sensuales y manos con garras, otras, como una fiera de enormes colmillos listos para desgarrar a los desprevenidos que osan adentrarse en sus dominios.
En las noches, su lamento resuena en el viento, atrayendo a los hombres hacia la espesura con la promesa de ayuda o deseo, y ahí, embelesados por su canto, son devorados o dejados sin un sendero de retorno. Los niños, en especial, le parecen un manjar exquisito, y con frecuencia se cuenta cómo bajo la forma de una mariposa, su esencia vaporosa los roba de las cunas, desvaneciéndose luego con el aliento vital de los infantes.
Su metamorfosis es parte integral de su poder, oscila entre la belleza y el horror, el deseo y el castigo, según quien la invoque o la vea. En ocasiones es una mujer hercúlea alta y alargada, con una sola pata que se extiende en pasos descomunales, brazos velludos y manos que se cierran como garfios. Otros días aparece como una perra grande, negra, o una vaca de mayor tamaño que desafía a los colonos en su eterno combate por la tierra.
El enfrentamiento con la Patasola es un ritual de miedo y desafío al que pocos sobreviven sin la protección de una oración, un lamento que parece más abstracto que real en los labios del que implora misericordia. En el instante crucial, las palabras de protección se pierden en el aire, reemplazadas por súplicas frenéticas de "¡El hacha!... Has tres tusas... y la candela!", llamadas desesperadas a los objetos que una vez sellaron su destino.
Y así, persiste, alimentando su leyenda en el vaivén de los días, en la transición de la noche a la noche y el reclamo del bosque a los hombres que intentan doblegarlo. La selva continúa erigiéndose como el genio tutelar de los hombres, y en sus secretos más impenetrables, la Patasola sigue esperando, un testamento de todo lo que la humanidad intenta y falla en dominar.
Historia
El mito de la Patasola tiene sus orígenes en varias narrativas y elementos de la mitología popular. Una versión sugiere que la Patasola era una mujer bella pero cruel, que debido a su libertinaje fue castigada con la amputación de una pierna. Su pierna amputada fue quemada en una hoguera y ella murió a consecuencia de esa mutilación. Desde entonces, su espíritu vaga por las montañas, aterrorizando a aquellos que se atreven a entrar en sus dominios, especialmente a quienes exploran la selva o amenazan con dañarla. Esta idea se relaciona con la personificación del bosque, donde la Patasola representa un espíritu tutelar que protege la selva de los humanos intrusos.
Otra versión popular dice que ella era una mujer infiel que fue castigada por su esposo, quien, al descubrir su infidelidad, le cortó una pierna. Su espíritu entonces vaga en busca de consuelo y venganza. Además, hay narraciones que vinculan el mito con una madre que maldice a su hija por su vida disipada y su alma, después de su muerte, se ve condenada a penar. La creencia en la Patasola se encuentra especialmente en las regiones andinas y selváticas de Colombia.
Versiones
Las versiones del mito de la Patasola difieren en su origen, apariencia, y simbolismo. En la primera versión, la Patasola es descrita como una figura demoníaca que habita en las montañas vírgenes, un castigo viviente para una mujer cruel y libertina que sufre la amputación de una pierna tras una vida inmoral. La leyenda enfatiza su naturaleza vengativa y su aversión a la penetración del hombre en sus dominios boscosos. La Patasola, aquí, es una fuerza protectora de la naturaleza, enemiga de las actividades humanas que buscan explotar el entorno natural.
En cambio, la segunda versión la presenta como una entidad ligada a los bosques y simboliza la resistencia de la selva ante la intervención humana. Esta versión incorpora elementos de animismo, proyectando al árbol como una deidad viviente en forma de la Patasola y despojada de cualidades humanas perdiendo la amputación como causa de su condición.
La tercera versión localiza el origen de la Patasola en un contexto más urbano y específico, reduciéndola a un espanto asociado con la leyenda de una mujer maldecida por su madre, cuyo espíritu penante se materializa en las noches de Riosucio. Esta interpretación carece del vínculo ecológico de las demás variaciones y se centra más en una historia moralista de castigo y maldición familiar. Aquí, la figura de la Patasola parece más un relato de advertencia social que una manifestación mítica de la naturaleza, reconfigurándose en un mito local de horror con un escenario y una narrativa más limitados. Las diferencias entre las versiones reflejan cómo un mito puede adaptarse para transmitir distintos mensajes en función del contexto cultural y ambiental, desde una personificación de la selva hasta una advertencia moral.
Lección
El respeto a la naturaleza y la moralidad son esenciales.
Similitudes
Se asemeja a las leyendas de sirenas que atraen a los hombres hacia su perdición, y a las historias de banshees en la mitología celta que anuncian la muerte.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



