AndinaMixtoLa Muelona

La muelona

La Muelona, espíritu vengativo, castiga a hombres infieles y viciosos, reflejando críticas morales hacia comportamientos de la época colonial.

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Ilustración de La muelona

En las tierras donde el viento susurrante contaba secretos al oído de los incautos y las sombras de los árboles danzaban con las luces del atardecer, moraba una presencia que convertía la tranquilidad en un amasijo de temor. Allí, entre caminos polvorientos y espesuras abisales, surgía la figura de una mujer a quien todos temían nombrar: la Muelona.

Su historia se tejió a lo largo del tiempo, entremezclando leyendas de épocas remotas con la realidad de los albores coloniales. Fue conocida entre la gente como una hechicera prodigiosa, "la Maga", quien supo encantar o aterrorizarlas almas de quienes se cruzaban con ella. En sus manos, el destino se hilaba con los hilos invisibles del poder y la magia, y su fama creció hasta convertirse en una leyenda viva. Instaló su morada en una casa que llegó a ser el epicentro de intrigas y quimeras, un lugar donde se resolvían consultas amorosas y se desmenuzaban matrimonios como si se tratase de figurillas de barro. Allí, con naipes y líneas de la mano, despojaba a los crédulos de toda seguridad.

Pero tras esa fachada de astucia y encanto, la Maga era percibida por muchos como la encarnación de antiguas perversidades. Se decía que las murmuraciones de ruinas familiares y fortunas agotadas, las sombras de niñas despojadas de su candor, todo ello era obra suya. La casa que una vez reinara en glorias sombrías pronto adquirió un aire fúnebre, un olor desperdigado de moral corrosiva, cuando la Maga exhaló su último aliento. Los rumores aseguraban que incluso en su muerte, su voz resonaba dentro de esas paredes maltrechas, jurando venganza a los infieles y promiscuos, esparciendo su maldición en un eco que no encontraba todavía descanso.

No fueron pocos quienes atestiguaron que, instantes antes de que abrieran las puertas de su residencia a las llamas purificadoras, una desesperada discípula había intentado recoger las joyas y vestidos que constituían su herencia. Pero esa noche con el cese de la última luz, la casa fue espectadora de fenómenos insólitos. Las sombras se tornaron zancudas al compás del tamborileo certero de los murciélagos y una voz cavernosa proclamó, en su furia inextinguible, su sentencia: "¡Soy la Muelona! ¡Aplastadora de hombres disolutos y mujeres desvergonzadas! ¡Mi venganza perpetua será contra ellos, los acompañaré al infierno!"

El fuego no solo consumió la casa sino que liberó a la leyenda que, a medida que se extendía, cobraba vida propia en el crepúsculo, entre caminos solitarios y los corazones de los errantes. La transformación de la Maga en la Muelona fue completa. En su apariencia actual, exhibía un mórbido contraste: de largos cabellos ondeantes y ojos electrizantes que invitaban con ardor a los viajeros a acercarse, hasta revelar una sonrisa espeluznante, armada con colmillos que rivalizaban con las de las bestias más feroces. Era como si la muerte misma se riera de los vivos con una carcajada que hacía temblar el bosque y los pueblos cercanos.

Se decía que de seis a nueve de la noche, la Muelona rondaba los senderos con un deleite particular por ciertos hombres: los afligidos por el vicio del juego, aquellos que traicionaban a sus esposas, los embriagados en vida, todos atrapados invariablemente entre sus brazos para ser triturados sin compasión. Los hombres caían en su ­embrujo, siempre obcecados por su semblante inicialmente atractivo, sin sospechar que el abrazo cálido cuya promesa ella les brindaba escondía la condena de sus destinos.

Los campesinos, siempre atentos a las señales de mal agüero, afirmaban que solo los hogares acogidos por el calor de niños recién nacidos o donde las mujeres se hallaban en la sagrada espera de la maternidad gozaban de cierta inmunidad contra ella. Pero todos los demás vivían con la inclemente advertencia en los oídos: imaginar la dentadura triturando, el sonido que, grave como un presagio, salía del bosque como un canto inmisericorde que desgarraba el alma.

Así es como la Muelona continúa su periplo, oscura y etérea, entre los velos de la noche, cazando a aquellos cuyo corazón palpita con infidelidades o arrastrado por los deseos más bajos. No hay hombre ni mujer que atraviese los caminos sin percibir el escalofrío en la espalda, un recordatorio tácito del precio de la corrupción. Ella sigue allí, una advertencia de lo que ocurre cuando el deseo deviene en condena, y cuando los fantasmas del pasado resucitan para saldar cuentas pendientes.

Historia

El mito de La Muelona se origina en relatos de la época colonial, donde se menciona a una mujer española conocida como "la Maga". Esta mujer era famosa por sus artimañas y negocios relacionados con la adivinación y la resolución (o desbaratamiento) de asuntos amorosos. La Maga tuvo un estilo de vida disoluto, engañando a personas inocentes y causando la ruina de muchas familias a través de sus prácticas y el manejo de un establecimiento de diversión que frecuentaban importantes representantes del rey de España y adinerados criollos. Al morir, su casa se llenó de un olor nauseabundo, y tras un episodio aterrador con murciélagos y una voz cavernosa proclamando venganza, el lugar fue incendiado. Desde entonces, el espíritu de La Muelona vaga buscando castigar a hombres infieles y viciosos, así como a mujeres despreocupadas. Estos elementos conforman la base de la leyenda, donde La Muelona se manifiesta como un espíritu vengativo con una dentadura aterradora.

Versiones

Las dos primeras versiones del mito de La Muelona presentan un enfoque bastante similar en cuanto a sus características y comportamiento, destacando su apariencia seductora y su enorme dentadura con la que devora a sus víctimas, generalmente hombres que se aventuran en caminos solitarios. Sin embargo, la segunda versión introduce un origen específico para La Muelona, al describirla como el espíritu vengativo de "la Maga", una mujer que en vida adivinaba el futuro y castigaba a hombres infieles. Este detalle añade una dimensión de origen y razón de ser a la figura de La Muelona, enfocando su venganza en hombres infieles, borrachos y viciosos, lo que alinea su comportamiento con su vida anterior.

La tercera versión amplía significativamente la historia detrás de La Muelona, ofreciendo un contexto histórico y social más elaborado. Se describe a "la Maga" como una figura de la época colonial, dedicada a prácticas corruptoras que descomponían la moral de la sociedad. La versión explora sus atroces acciones y las consecuencias de estas, añadiendo una narrativa de ruina y corrupción que sigue a su muerte. Además, introduce el elemento sobrenatural de su resurgir como La Muelona a través de eventos terroríficos en una casa maldita. Esta detallada historia de origen no solo modifica la percepción de La Muelona dando profundidad a su motivación, sino que también refleja críticas morales hacia ciertos comportamientos de la época, ampliando el impacto cultural del mito.

Lección

La corrupción y la infidelidad llevan a consecuencias fatales.

Similitudes

Se asemeja a los mitos de sirenas y súcubos en la mitología griega y medieval, que también utilizan la seducción para castigar a los hombres.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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