
Andina · Mestizo
La monja vidente y el taxista
Un taxista lleva a una monja hasta una funeraria y entra a cobrar el viaje, pero la pasajera se encuentra dentro del ataúd.
Leer el relato
El relato
Escuchar el relato · 2 min
Llovía sobre Bogotá una noche pesada, de viento frío y truenos, cuando una monja hizo señas a un taxi solitario. Su hábito tenía algo de todas las órdenes, de franciscanas, de carmelitas, de clarisas, y nadie habría sabido decir a qué comunidad pertenecía. Llevaba un paraguas de otros tiempos y un bolso.
El conductor, un hombre conversador y curioso, se detuvo enseguida. Apenas ella subió, le preguntó:
—¿Hermanita, se mojó mucho?
—Esto no es nada para lo que he sufrido y visto sufrir —murmuró ella.
Por el camino le fue contando cosas que él no sospechaba: conventos donde la virtud se había cambiado por sufrimientos ocultos, monjas obligadas a callar tragedias que nadie oía. El taxista le preguntó si aquello era cierto. Ella sonrió y le advirtió que el silencio podía pagarse con una desgracia de la que no había cómo escapar.
—Vamos cambiando de tema —dijo.
Y habló de las funerarias.
—Usted sabe bien, señor taxista, sobre el negocio de la muerte.
Le explicó que las funerarias no se quedaban en vender un ataúd: se metían en las decisiones más íntimas sobre la muerte y vendían planes para después de ella. Afuera la tormenta arreció, con relámpagos y una neblina que envolvió el carro como un telón. El taxista, temblando, pidió cambiar otra vez de tema para no llamar más desgracias.
Cuando llegaron a la funeraria ya hablaban de pronósticos de fútbol y de loterías, y ella parecía ver más allá que cualquiera.
—Déjeme entrar a buscar el dinero —pidió.
Él se quedó esperando, con el motor encendido. Pasaron los minutos. Al fin se bajó y entró. Adentro encontró a la misma monja que acababa de llevar, tendida en un ataúd.
El taxista se desplomó. Otros lo auxiliaron, y cuando pudo contar lo que había pasado, sus compañeros corrieron a comprobarlo. El rostro de la muerta tenía una expresión macabra y burlona a la vez.
Esa semana, el número ganador de la Lotería de Bogotá coincidió con las placas del taxi, como un pago que llegaba desde el otro lado. Pero al amanecer empezó a correr otro rumor: aquel taxista ya no existía desde hacía un año, y el taxi del último viaje de la monja había acabado en la chatarra después de un accidente en los alrededores del aeropuerto El Dorado.

La enseñanza
“Lo que se calla en vida puede cobrarse en el último viaje.”
Territorio
Andina · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 4.8° · -74.1°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Bogotá · Andina
- Referencias
- 4
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Transportar a una monja que estaban velando en una funeraria, la historia de un taxista
radionacional.co
La versión de Tuluá: la religiosa que toma un taxi hasta una funeraria, pide que la esperen porque adentro le darán el dinero y resulta ser la monja que están velando. Añade la variante del pasajero que desaparece camino de Chía y deja al taxista sin la carrera.
- Las leyendas modernas y la transmisión de valores
dialnet.unirioja.es
Analiza la autoestopista fantasma como leyenda moderna, con la versión de García Márquez en «Fantasmas de carreteras» (1981) y su observación de que los conductores profesionales difunden estos relatos: el marco del pasajero muerto que la monja del taxi comparte.
- The Vanishing Hitchhiker: American Urban Legends and Their Meanings
archive.org
El estudio clásico del pasajero que desaparece y resulta estar muerto, la estructura sobre la que se monta el viaje de la monja hasta la funeraria.
Contraste y contexto · 1 referencia
- Autoestopista fantasma
es.wikipedia.org
Resume la forma básica del motivo y cómo el viajero se entera después de que la mujer había muerto, contraste útil con la monja que se descubre en el ataúd del mismo edificio.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«La monja vidente y el taxista» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «La monja vidente y el taxista» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «La monja vidente y el taxista» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








