La monja vidente y el taxista

Andina · Mestizo

La monja vidente y el taxista

Un taxista lleva a una monja hasta una funeraria y entra a cobrar el viaje, pero la pasajera se encuentra dentro del ataúd.

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El relato

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Llovía sobre Bogotá una noche pesada, de viento frío y truenos, cuando una monja hizo señas a un taxi solitario. Su hábito tenía algo de todas las órdenes, de franciscanas, de carmelitas, de clarisas, y nadie habría sabido decir a qué comunidad pertenecía. Llevaba un paraguas de otros tiempos y un bolso.

El conductor, un hombre conversador y curioso, se detuvo enseguida. Apenas ella subió, le preguntó:

—¿Hermanita, se mojó mucho?

—Esto no es nada para lo que he sufrido y visto sufrir —murmuró ella.

Por el camino le fue contando cosas que él no sospechaba: conventos donde la virtud se había cambiado por sufrimientos ocultos, monjas obligadas a callar tragedias que nadie oía. El taxista le preguntó si aquello era cierto. Ella sonrió y le advirtió que el silencio podía pagarse con una desgracia de la que no había cómo escapar.

—Vamos cambiando de tema —dijo.

Y habló de las funerarias.

—Usted sabe bien, señor taxista, sobre el negocio de la muerte.

Le explicó que las funerarias no se quedaban en vender un ataúd: se metían en las decisiones más íntimas sobre la muerte y vendían planes para después de ella. Afuera la tormenta arreció, con relámpagos y una neblina que envolvió el carro como un telón. El taxista, temblando, pidió cambiar otra vez de tema para no llamar más desgracias.

Cuando llegaron a la funeraria ya hablaban de pronósticos de fútbol y de loterías, y ella parecía ver más allá que cualquiera.

—Déjeme entrar a buscar el dinero —pidió.

Él se quedó esperando, con el motor encendido. Pasaron los minutos. Al fin se bajó y entró. Adentro encontró a la misma monja que acababa de llevar, tendida en un ataúd.

El taxista se desplomó. Otros lo auxiliaron, y cuando pudo contar lo que había pasado, sus compañeros corrieron a comprobarlo. El rostro de la muerta tenía una expresión macabra y burlona a la vez.

Esa semana, el número ganador de la Lotería de Bogotá coincidió con las placas del taxi, como un pago que llegaba desde el otro lado. Pero al amanecer empezó a correr otro rumor: aquel taxista ya no existía desde hacía un año, y el taxi del último viaje de la monja había acabado en la chatarra después de un accidente en los alrededores del aeropuerto El Dorado.

La monja vidente y el taxista: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Lo que se calla en vida puede cobrarse en el último viaje.”

Territorio

Andina · Mestizo

Andina · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
4.8° · -74.1°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este relato no tiene un registro publicado que se pueda consultar. La única obra identificada que lo contiene es «Mitos y leyendas de Bogotá», de Asdrúbal López Orozco (Bogotá, Kingkolor, 2008), cuyo índice pone «La monja vidente y el taxista» en las páginas 4 a 11, como capítulo que abre el libro. De ese volumen no se ha encontrado ejemplar digital ni consultable: se buscó en Internet Archive, en el repositorio de la Red Distrital de Bibliotecas Públicas de Bogotá, en la Biblioteca Digital de Bogotá, en el centro de documentación del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural y en el catálogo de la Biblioteca Nacional, y lo único que aparece son registros de catálogo. Lo que aquí se cuenta es, por tanto, la historia tal como circula, no un texto cotejado con el libro.

El motivo sí está documentado. Es el del pasajero que resulta estar muerto, que en su forma de carretera se conoce como la autoestopista fantasma. José Manuel de Prada Samper lo estudió como leyenda moderna y recordó que Gabriel García Márquez contó una de esas apariciones en su columna «Fantasmas de carreteras» (El País, 1981), donde señalaba a los conductores profesionales como los grandes narradores de lo sobrenatural. Jan Harold Brunvand había hecho de esa figura, en 1981, el título de su estudio de las leyendas urbanas de los Estados Unidos.

En Colombia, la versión con monja y funeraria tiene un registro fechado en otro lugar. El 21 de octubre de 2021, RTVC Play publicó en la página de Radio Nacional de Colombia la historia de un taxista de Tuluá, en el Valle del Cauca, que recogió a una religiosa camino de una funeraria; ella le pidió que la esperara porque adentro le darían el dinero, y cuando él entró a buscarla le dijeron que la única monja que había allí era la que estaban velando. La nota la presenta como una historia que trascendió hasta volverse mito urbano, junto a relatos de taxistas reunidos para un pódcast. Lo que el relato bogotano añade —las denuncias sobre los conventos, la charla de funerarias, el fútbol, la lotería y el taxista que ya no existía— no se ha podido leer en ninguna obra.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano está en el mismo país. En Tuluá, según la nota de Radio Nacional de Colombia de 2021, una religiosa toma un taxi hasta una funeraria, pide que la esperen para pagar y aparece después en el ataúd que están velando. Monja, taxi, funeraria y deuda coinciden punto por punto con la historia bogotana; lo que falta allí es la conversación y el desenlace de la lotería.

El segundo es la autoestopista fantasma, la joven que para a los viajeros de noche, sube al vehículo y desaparece en marcha. Jan Harold Brunvand la estudió como la leyenda urbana por excelencia en «The Vanishing Hitchhiker» (1981), y José Manuel de Prada Samper recogió su versión española, en la que la muchacha avisa a los conductores de una curva peligrosa. Como la monja, es una muerta que necesita que alguien la lleve y que se revela después del viaje.

La diferencia es el oficio. En la carretera el conductor es cualquiera; en la versión colombiana es un taxista, y el cuento circula entre taxistas. García Márquez ya lo había notado en 1981: los conductores profesionales, como los arrieros de antes, son una fuente inagotable de relatos fantásticos.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. La forma común del motivo tiene tres tiempos: alguien sube a un vehículo, hace el viaje y desaparece, y después el conductor descubre que llevaba a una muerta. Las versiones cambian en lo que la muerta quiere y en cómo se descubre.

  2. En la de Tuluá que publicó Radio Nacional, la monja no conversa de nada en particular: pide que la esperen para pagar, entra a la funeraria y no sale. El taxista la encuentra en el ataúd. La deuda es el mecanismo que lo lleva hasta el cadáver, y la historia termina ahí. En la versión bogotana la deuda se paga: la lotería premia el número de las placas. Y luego se da vuelta, porque el que resulta muerto también es el taxista.

  3. La misma nota de Radio Nacional trae una variante sin cadáver, la de un taxista llamado Guillermo que lleva a un pasajero hacia Chía y, al pedirle las últimas indicaciones, descubre que no hay nadie en el asiento. Ahí el viaje no paga nada: el conductor tiene que pedir prestado para cumplirle al dueño del carro.

  4. En la autoestopista de carretera que estudia Prada Samper, la aparición tiene un propósito, advertir del punto negro donde murió, y en la versión de García Márquez son cuatro jóvenes en un Renault 5 quienes recogen a una mujer de blanco que viaja en silencio. La prueba de la muerte suele llegar después, cuando el viajero se entera de que la mujer había muerto de forma trágica. En la monja bogotana la prueba está a la vista, en el mismo edificio donde ella pidió entrar.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Bogotá · Andina
Referencias
4
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Transportar a una monja que estaban velando en una funeraria, la historia de un taxista

    radionacional.co

    La versión de Tuluá: la religiosa que toma un taxi hasta una funeraria, pide que la esperen porque adentro le darán el dinero y resulta ser la monja que están velando. Añade la variante del pasajero que desaparece camino de Chía y deja al taxista sin la carrera.

  2. Las leyendas modernas y la transmisión de valores

    dialnet.unirioja.es

    Analiza la autoestopista fantasma como leyenda moderna, con la versión de García Márquez en «Fantasmas de carreteras» (1981) y su observación de que los conductores profesionales difunden estos relatos: el marco del pasajero muerto que la monja del taxi comparte.

  3. The Vanishing Hitchhiker: American Urban Legends and Their Meanings

    archive.org

    El estudio clásico del pasajero que desaparece y resulta estar muerto, la estructura sobre la que se monta el viaje de la monja hasta la funeraria.

Contraste y contexto · 1 referencia

  1. Autoestopista fantasma

    es.wikipedia.org

    Resume la forma básica del motivo y cómo el viajero se entera después de que la mujer había muerto, contraste útil con la monja que se descubre en el ataúd del mismo edificio.

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Conversación

¿Así te la contaron?

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«La monja vidente y el taxista» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La monja vidente y el taxista» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La monja vidente y el taxista» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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