
Andina · Mestizo
La Monja de las Rosas
Una niña visita la Quinta de Bolívar, sigue a una mujer vestida de negro y encuentra un ramo amarillo donde la figura desaparece.
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Un hombre de mediana edad, con pantalón de paño, saco de lana y cachucha, compra dos boletas y entra a la Quinta de Bolívar llevando de la mano a su hija de seis años. Ella va de vestido amarillo, zapatos de charol negros y el pelo recogido en una cola de caballo sujeta con una cinta. Es día de visita, el jardín está lleno y el guía habla fuerte para que lo oigan los de atrás.
Entre la gente, la niña se fija en una señora vestida de negro. El traje es larguísimo y no le deja ver los pies; encima lleva un sombrero grande. Nadie más parece reparar en ella. La niña la sigue con la mirada mientras el grupo avanza por el sendero, entra a la casa y recorre las habitaciones con olor a madera encerada.
En un pasillo, frente al despacho, una de las secretarias se acerca con un ramo de rosas amarillas y lo pone en un florero de cristal. La niña se queda mirándolo, ensimismada, y se rezaga.
Cuando levanta la cabeza, el papá ya se ha ido con el grupo principal. En ese instante, por la puerta del otro lado, aparece la señora de negro.
El pánico que le entra no la deja hablar, ni gritar, ni siquiera llorar. La mujer no corre ni la amenaza: camina hacia el florero. La niña hace lo único que se le ocurre y se aferra al ramo, que la otra ya sostiene con mano de hierro. Forcejean un segundo, dos. La señora se deshace de ella con un movimiento preciso y sigue su camino hacia el jardín llevándose las rosas amarillas.
Afuera, la figura se desliza sola entre el follaje. Van cayendo pétalos sueltos sobre el pasto y, antes de llegar al fondo del jardín, la mujer desaparece en el aire. En el pasillo quedan el florero vacío y una niña que por fin puede llorar.
El papá vuelve corriendo, la alza y le pregunta qué pasó. Se contesta solo antes de que ella conteste: piensa que llora por el susto de quedarse sola en un sitio desconocido. La niña no insiste. Ya sabe, a los seis años, que nadie va a creerle esta historia; quizás su mamá, y tal vez un poco sus amigos.
Salen de la casa cogidos de la mano. Mientras se alejan por la carrera quinta hacia la estación de Transmilenio, la niña vuelve la cabeza y mira otra vez hacia el jardín.

La enseñanza
“Lo que se lleva la aparición no es el ramo sino el crédito de quien la vio.”
Territorio
Andina · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 4.609555° · -74.068535°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Bogotá · Andina
- Referencias
- 8
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano, «La Monja de las Rosas», pp. 99-100
archive.org
Es el registro de la ficha y su desmentido a la vez. El capítulo, último del volumen antes del «Diccionario básico del horror», no es un relato sino un guion de cine, y su cabecera se lo atribuye a una directora alemana real de paso por Bogotá para un encuentro de cine en 2004. Está escrito por escenas y con precisión de reparto: un padre y una hija de seis años vestida de amarillo que pagan su entrada como cualquier visitante; la aparición que llega primero como una visitante más entre el público del jardín y a la que sólo distingue el vestuario fuera de época, negro, larguísimo hasta taparle los pies, y un sombrero grande; el ramo de rosas amarillas, que no sale del jardín ni del suelo sino que lo trae una secretaria del despacho de la casa museo y lo pone en un florero de cristal en un pasillo, delante de la niña; la escena de terror, que es un mutismo, con la niña sola, la mujer entrando por la puerta contraria y el pánico impidiéndole hablar y hasta llorar; el forcejeo, con la niña agarrada al ramo y la mujer arrancándoselo con un movimiento preciso y sin violencia aparente; la desaparición al aire libre, en el jardín, con la mujer llevándose el ramo y sólo pétalos en el suelo; y el cierre, que es su tesis: el padre atribuye el llanto al susto de quedarse sola y la niña ya sabe que no le van a creer. La escena está fechada en el presente de la ciudad —la salida es por la carrera quinta hacia una estación de Transmilenio—, y dos fichas marginales manuscritas, voz del libro y no del guion, son las que añaden el aparato de prueba: un cofre atribuido a la monja y una fotografía tomada por un fotógrafo con nombre para una revista de arquitectura. La introducción del volumen, en las pp. VI-VII, declara que se sitúa entre lo real y lo imaginario y que no pertenece al terreno de lo histórico.
- Casa Museo Quinta de Bolívar
quintadebolivar.gov.co
Documenta el escenario tal como funciona hoy, que es exactamente el que el guion usa y ningún otro. La casa museo depende del Ministerio de Cultura, está en la calle 21 n.º 4A-30 Este, abre de martes a viernes de nueve de la mañana a cinco de la tarde y organiza su visita con entrada, horarios y servicios educativos. Es decir: hay taquilla, hay público que circula en grupo por habitaciones y jardín, y hay personal administrativo trabajando dentro de la casa mientras eso ocurre. Los tres elementos aparecen en el guion —la entrada pagada, la mujer confundida con una visitante más entre el público del jardín, la secretaria que sale del despacho con el ramo— y ninguno es un detalle de época: son los de una casa museo en funcionamiento. La pieza no está ambientada en el siglo XIX, está ambientada en una visita guiada.
- Fantasmas de ciudad: fantasmas en La Candelaria (colección «Memorias de la Ciudad», n.º 1)
repositorio.biblored.gov.co
Sostiene el segundo paralelo, el de patrimonio, y de paso mide por contraste lo que a esta pieza le falta. Reúne dieciocho espantos del centro histórico y cada ficha lleva impresa su dirección: la casa de la calle 13 n.º 5-33 donde están los brevos de Baltazar, la carrera 1.ª entre calles 9.ª y 10 de la Calle del Fantasma, la carrera 2.ª de Russi, la sede de la Fundación Gilberto Álzate Avendaño donde el cuidandero don Ángel vio la Casaca Verde. Eso demuestra la regla que la ficha enuncia: los edificios con visita, placa y horario atraen apariciones porque ofrecen a la vez un pasado datado, un público que circula por sus habitaciones y un personal que las cuida. Una casa museo del siglo XIX es un escenario ya montado. Y marca la diferencia de los finales: esos espantos se cuentan para que alguien los crea, y el guion de la Quinta se cierra al revés, con una niña que ya sabe que no le van a creer.
Contraste y contexto · 5 referencias
- Fantasmagorías bogotanas: invención y producción de fantasmas en la Candelaria
colombianistas.org
Da el marco para explicar cómo un guion firmado acabó circulando como leyenda de una casa museo. Estudia el mapa fantasmal de la ciudad como una construcción hecha de inclusiones y exclusiones, con relatos que se recortan y se completan según lo que el circuito necesita, y trata a los fantasmas como representaciones capturadas y puestas a producir antes que como supervivencias. Aplicado aquí, explica el mecanismo completo: una pieza publicada en 2004 con firma ajena y advertencia de artificio pierde ambas cosas al circular, se pega a un inmueble patrimonial que ya recibe visitantes, y en veinte años se vuelve parte de lo que se cuenta del lugar. El circuito no pide procedencia: pide que el relato funcione en el recorrido.
- Ficha de inventario y valoración de bienes culturales inmuebles: Santuario de Monserrate (código 101405000041)
sisbic.idpc.gov.co
Se cita como muestra del otro modo de hablar del mismo tipo de inmueble, y sirve de vara de medir. Es una ficha de inventario de un bien patrimonial bogotano del mismo circuito de visita que la Quinta: describe el conjunto edificio por edificio, fecha cada intervención con año y arquitecto, distingue lo que se conserva de lo que no —«de la ermita original no se conserva nada»— y, en su apartado de significación cultural, reconoce que el recorrido del lugar «es objeto de innumerables mitos y relatos que permanecen en la historia popular de la Bogotá» sin suscribir ninguno. Ese es el registro que un inmueble patrimonial produce sobre sí mismo: fechas, autores, materiales y una mención neutra de los relatos. Poner al lado el guion de 2004 hace evidente lo que éste no tiene, que es cualquier anclaje de ese tipo en la casa que usa de escenario.
- La Candelaria: el centro histórico de Santafé de Bogotá
idpc.gov.co
Documenta el tipo de casa que el guion recorre y que da forma a cada escena. Dedica capítulos a los edificios simbólicos y a los espacios domésticos del centro histórico, y describe la arquitectura de patio, zaguán, corredor y habitaciones enfiladas que caracteriza a las casas señoriales bogotanas de los siglos XVIII y XIX. Esa planta es la que hace posible la mecánica del terror de la pieza: la niña que se queda sola en una habitación, la mujer que entra por la puerta contraria, el pasillo con el florero, la salida al jardín. No es una casa cualquiera ni un decorado genérico: es una tipología concreta, y el guion la aprovecha habitación por habitación. La obra también documenta la relación entre el centro histórico y su público visitante, que es el otro ingrediente de la escena.
- Calles de Santafé de Bogotá: homenaje en su IV centenario, 1938
babel.banrepcultural.org
Se cita por lo que su ausencia demuestra. Es la obra que recorre la ciudad calle por calle y que registra, para cada tramo del casco antiguo, el nombre viejo, el edificio notable y la historia que se le asocia: de aquí salen la Calle de Russi, la Calle del Divorcio, la calle de Piedra Ancha y la fuente del Mono. Si en 1938 hubiera circulado en Bogotá un relato de una monja aparecida en la casa de la quinta, esta obra sería el lugar donde constaría, y no consta. Con eso se puede afirmar que la pieza de 2004 no recogió una tradición del lugar: la inventó para él. Y de paso la obra sitúa el barrio oriental y el camino de subida donde la casa se levanta.
- Reminiscencias de Santafé y Bogotá, Serie primera (3.ª ed. corregida y aumentada)
babel.banrepcultural.org
Aporta el único relato bogotano de época que pone a una mujer de convento en el centro de una historia de aparecidos, y que sirve para medir la distancia con esta pieza. Es «Custodia o La Emparedada», que abre en la p. 203 dentro del bloque de «Crímenes célebres»: el relato santafereño de la mujer tapiada viva en el muro de una casa, con su nombre, su encierro y su castigo. Ahí se ve cuál era el molde real del motivo conventual en la ciudad —encierro, muro, crimen y culpa— y hasta qué punto la monja del jardín que arranca un ramo de rosas amarillas a una niña no pertenece a esa familia. La comparación no descalifica la pieza de 2004: muestra que su parentesco no está en la tradición bogotana sino en el cine.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«La Monja de las Rosas» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «La Monja de las Rosas» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «La Monja de las Rosas» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








