La mina de oro en el infierno

Caribe · Mestizo

La mina de oro en el infierno

La versión heredada hace que Jaime Restrepo, presentado como hombre de Marinilla, engañe a varios cachacos en el cielo con la noticia de una mina de oro en el infierno.

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La mina de oro en el infierno: la entrada del relato

El relato

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Un antioqueño muerto tocó a la puerta del cielo. Le preguntaron desde dentro quién era y contestó con lo único que llevaba puesto, que eran su nombre y su pueblo: yo soy Jaime Restrepo, de Marinilla. El fallo bajó sin trámite. Para antioqueño no hay cupo.

No discutió. Midió al portero, que tenía la mano en el cerrojo y ninguna gana de moverla, y en vez de rogar le devolvió la puerta convertida en pregunta: ¿qué haría usted conmigo, san Pedro, si le saco del cielo a esos cachacos? Al otro se le aflojó el gesto. Calculó la oferta, calculó el sitio que quedaría libre. En ese caso se queda usted.

Cerrado el trato, el muerto pidió dos cosas de nada: que lo dejaran pasar y que le consiguieran un pedazo de tiza. Se las dieron. Cruzó sin saludar a nadie, escogió con cuidado una pared de las que se ven desde lejos y escribió allí, con letra de pregón, la sola noticia capaz de mover a quien ya lo tiene todo: en el Infierno se ha descubierto un filón de oro.

Luego se hizo a un lado y esperó.

El primero que leyó llamó al segundo. El segundo no acabó de leer. Al tercero ya lo empujaban. Se armó tal tropel contra la salida que la puerta del cielo, que había aguantado siglos de tentaciones, cedió de un golpe y se vino abajo. Salieron los cachacos unos encima de otros, sacando cuentas de cuánto rinde un filón y a cómo se paga el flete. El cielo se quedó ancho, callado y vacío, que era justo lo pactado.

El portero se volvió entonces a buscar al dueño del negocio, para entregarle por fin su lugar. Y lo vio pasar de largo, arremangado, metido en la misma corriente que él mismo había inventado.

Le alcanzó a gritar: oiga, paisa, ¿para dónde va usted?

Y el otro, sin voltear la cara: pues para dónde más. Al Infierno, por si acaso es verdad lo de la mina.

La mina de oro en el infierno: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien inventa una mentira para vaciar una casa acaba creyéndola y saliendo detrás de todos.”

Territorio

Caribe · Mestizo

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
6.178468° · -75.341408°

Ficha del relato

Contexto histórico

Zapata Olivella imprime este chiste en la página 247 de *Tradición oral y conducta en Córdoba*, justo después de «Rambao», el relato largo que abre el género. El contraste de tamaño es parte de lo que el volumen quiere enseñar: en el mismo bloque conviven una historia de ocho páginas y un chiste de doce líneas, salidos de la misma boca campesina.

Al presentar el género, el autor explica por qué un cuento de antioqueños aparece en una recolección hecha en el Sinú. Escribe en la página 238 que los cuentos de entonces dejaban ver «movimientos migratorios tanto del cordobés a otras regiones del país y al exterior» como de «connacionales y extranjeros que se suman a la comunidad: antioqueños, turcos, etc.». El paisa de esta página no es un intruso en el corpus cordobés: es la prueba de que el corpus registraba a quien iba llegando.

El volumen salió en 1972 como estudio para la División de Desarrollo Social Campesino del Incora, con asesoría de los sociólogos Raúl Edmundo y José Gregorio Clavijo Parrado. La página que aquí se cita corresponde a la tercera edición, la de la Universidad del Valle de 2021, dentro de la colección del Año Manuel Zapata Olivella.

Del hablante que soltó el chiste no queda rastro individual. El libro escribe siempre «el informante», sin nombre y sin vereda, y la única datación disponible es la de la campaña entera, levantada con grabadora en el Medio y Bajo Sinú.

Resonancias con otros mitos

El mismo volumen guarda, ocho páginas antes, el otro relato del bloque que transcurre en la puerta del cielo. En «Rambao» (páginas 239 a 246) un pobre porfía con san Pedro y con el Señor, y la discusión termina justo en la palabra que aquí sirve de carnada: el Señor sentencia que «Rambao es del Infierno» y Rambao contesta que no. En los dos casos el cielo es una oficina con portero y el trámite de entrada se negocia.

El bloque trae además «El viaje al Cielo» (páginas 251 y 252), donde la subida se hace en bus por carretera y el viaje se frustra porque se acaba la gasolina. Es la operación que el propio Zapata Olivella describe en la página 238 al hablar de los personajes «adaptados a los cambios introducidos por la técnica: automóviles, escopetas, carreteras, aviones, cohetes, satélites espaciales». El cielo de estos cuentos tiene puertas que se tumban y carreteras que se quedan sin combustible.

El tercer parentesco es de forma: la estampida provocada por un rumor falso que su propio autor termina creyendo circula en repertorios muy diversos, y aquí se resuelve con la economía de un chiste de doce líneas.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El texto ha pasado por tres ediciones y ninguna coincide con la anterior en la numeración. La primera es de Incora, Bogotá, 1972; la segunda, del mismo instituto, de 1989; la tercera, de la Universidad del Valle, en 2021, con 310 páginas y licencia abierta. Cualquier cita antigua que dé otra página está señalando el mismo chiste en otro molde tipográfico, no otra versión.

  2. Dentro del relato hay una oscilación que conviene no planchar. El muerto se presenta como antioqueño y de Marinilla, el portero lo rechaza por antioqueño, y al final lo despide llamándolo «paisa». Las dos palabras nombran al mismo personaje en dieciséis líneas, y la pieza se apoya en que el oyente las tome por equivalentes. Lo mismo ocurre, en dirección contraria, en «El costeño y los cachacos», donde el libro llama cachacos a dos forasteros y luego «paisas» a uno de ellos.

  3. También conviene separar dos procedencias que se confunden con facilidad. Marinilla es de dónde dice ser el personaje; el Sinú es donde se grabó el chiste. La primera es un dato interno del relato y la segunda un dato de campo, y no se estorban: una burla sobre antioqueños contada en Córdoba sigue siendo cordobesa.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Córdoba · Caribe
Referencias
10
Última revisión
21 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Tradición oral y conducta en Córdoba

    zapataolivella.univalle.edu.co

    Es el registro que fija este chiste. Lo imprime en la página 247 de la tercera edición, dentro del género «cuento y leyenda», inmediatamente después de «Rambao» y como primera de las piezas breves del bloque. Ahí están textualmente la presentación del muerto —«Yo soy Jaime Restrepo, de Marinilla»—, el rechazo de san Pedro —«Para antioqueño no hay cupo»—, el trato de sacar a los cachacos a cambio del puesto, la tiza, el letrero sobre el filón del Infierno y la estampida que tumba la puerta del cielo. El libro también aporta, en la página 238, la razón de que un cuento de antioqueños aparezca en una recolección del Sinú: el autor sostiene allí que estos relatos registran «movimientos migratorios» y la llegada de «connacionales y extranjeros que se suman a la comunidad: antioqueños, turcos, etc.».

  2. La economía del departamento de Córdoba: ganadería y minería como sectores clave (Documentos de Trabajo sobre Economía Regional, n.º 51)

    banrep.gov.co

    Da el fondo real del oro que este chiste usa de carnada, y lo da en el propio departamento donde se recogió. El apartado de anotaciones históricas documenta que el territorio del Gran Zenú estaba dividido en Finzenú, Panzenú y Zenufana, que los buscadores de oro del Zenufana abastecían el intercambio regional, y que los españoles llegaron persiguiendo el «Dorado Sinú» con el dicho «Pobre del Perú si se descubre el Sinú» —hasta que el oro se agotó en los primeros años de la conquista y la región pasó a valer por su madera y su ganado. Un cuento cordobés en que una mina inventada vacía el cielo se apoya en una comarca que lleva cuatro siglos oyendo hablar de un filón que nunca apareció.

  3. La historia de Antioquia, entre lo real y lo imaginario. Un acercamiento a la versión de las élites intelectuales del siglo XIX (Revista Universidad EAFIT, vol. 40, n.º 134, pp. 51-79)

    publicaciones.eafit.edu.co

    Explica de dónde sale el personaje de este chiste. El artículo reconstruye cómo las élites intelectuales antioqueñas del siglo XIX fabricaron un «imaginario identitario regional» y acuñaron la idea de «raza antioqueña» de «casta limpia española», distinta y superior al resto del país, difundida por la geografía escolar, la historiografía conservadora y la prensa. El hombre que en el relato se presenta sólo con su nombre y su pueblo —Marinilla, una de las dos cabeceras del oriente antioqueño que el artículo ilustra— y al que san Pedro rechaza por serlo, es el reverso popular de esa construcción: la burla que la Costa hacía del tipo que el interior había convertido en modelo nacional.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Lorica, una colonia árabe a orillas del río Sinú (Cuadernos de Historia Económica y Empresarial, n.º 10)

    banrep.gov.co

    Documenta la migración que Zapata Olivella invoca en la página 238 para justificar un cuento de antioqueños dentro de un corpus cordobés. El trabajo reconstruye, con estudios de caso, cómo entre 1880 y 1930 se instaló en Lorica y en la región sinuana un número considerable de inmigrantes sirios, libaneses y palestinos —los «turcos» de la frase de Zapata—, cómo prosperaron en el comercio del puerto fluvial y cómo la sedimentación del río y las carreteras los empujaron después hacia Montería, Barranquilla y Cartagena. Que el Medio y Bajo Sinú fuera un sitio de llegada de forasteros es el hecho que vuelve normal, y no anómala, la presencia de un paisa en esta página.

  2. Respirando el Caribe. Memorias de la Cátedra del Caribe Colombiano, vol. I

    biblioteca-repositorio.clacso.edu.ar

    Pone el marco institucional en que hoy se lee un chiste que reparte el cielo entre antioqueños y cachacos. El volumen declara en su prólogo que una de las tareas de la Cátedra fue «mostrar las dotes intelectuales, el talento y las riquezas culturales de los habitantes de la región, para contribuir a desterrar los falsos estereotipos sobre su identidad», y abre con la conferencia de Eduardo Posada Carbó «Rafael Núñez, el Caribe colombiano y el orden nacional», que examina desde la Costa la relación entre región e interior andino. Es el contrapeso letrado de lo que esta página hace en clave de burla: el pulso entre la Costa y el centro del país, contado por unos con argumentos y por otros con un letrero de tiza.

  3. Introducción: Orlando Fals Borda y la Historia doble de la Costa (Tabula Rasa, n.º 23)

    revistatabularasa.org

    Fecha y sitúa el momento exacto en que este chiste se grabó. Documenta que a lo largo de los años setenta Fals Borda trabajó con la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos en los departamentos de Sucre y Córdoba y con colectivos locales de investigación, «el más conocido de los cuales fue la Fundación del Caribe en Montería», produciendo historietas, manuales y crónicas para los dirigentes campesinos. Que Montería fuera a la vez el centro de la encuesta de Zapata Olivella y el laboratorio de la investigación-acción participativa explica por qué en esos años alguien anduvo con grabadora por el Sinú recogiendo hasta los chistes.

  4. Tierra, conflicto y violencia en la reforma agraria: la zona bananera del Magdalena, Colombia (1961-1977) (Historia Agraria, n.º 92)

    historiaagraria.com

    Describe por dentro la institución que pagó el libro donde vive este chiste. El artículo reconstruye cómo operó el Incora en el Caribe colombiano entre 1961 y 1977 —compras de tierra, adjudicación por familias, empresas comunitarias fracasadas, movilización de la ANUC, endeudamiento y repliegue del Estado— y cómo hacia mediados de los setenta la ambición redistributiva se convirtió en política de modernización. La encuesta de tradición oral del Sinú se encargó desde la División de Desarrollo Social Campesino de ese mismo instituto y en esos mismos años: el relato del paisa que vacía el cielo con un letrero se transcribió con presupuesto de reforma agraria.

  5. Manuel Zapata Olivella Collections — tema «cuentos», Jean and Alexander Heard Library

    mzo.library.vanderbilt.edu

    Es la prueba, por contraste, de que el anonimato de esta página es una decisión del libro y no un límite del autor. El archivo publica fichas de las grabaciones de cuentos de Zapata Olivella con número de registro, fecha, lugar y entrevistado con nombre y apellido —Bayron Antonio Zapata y Marco Aurelio Correa en Santa Fe de Antioquia el 7 de septiembre de 1974, Jacinto Mena Robledo en Quibdó el 1 de diciembre de 1974, una serie en Barrancas, La Guajira, el 16 de octubre de 1985—. Cuando quiso, Zapata Olivella nombró a quien contaba; en la página 247 de su libro cordobés no lo hizo, y por eso el hombre que soltó este chiste no tiene nombre.

  6. Manuel Zapata Olivella — Obras completas y archivo digital

    zapataolivella.univalle.edu.co

    Da cuenta del marco editorial que puso este chiste otra vez en circulación. El portal reúne la obra completa de Zapata Olivella en edición digital abierta, materiales autobiográficos, los 46 números de la revista Letras Nacionales (1965-1985) que él fundó para amplificar voces indígenas, mestizas y afrocolombianas, documentales y encuentros académicos, con el respaldo de cinco instituciones entre las que están las universidades de Córdoba y de Cartagena. La tercera edición de 2021 de la que salen las páginas de esta ficha pertenece a ese esfuerzo, y es la razón de que un chiste de doce líneas recogido en 1969 sea hoy consultable en línea.

  7. Estereotipos y prejuicios entre costeños y cachacos, y su impacto en la toma de decisiones en el ámbito de recursos humanos

    repository.cesa.edu.co

    Mide hoy el prejuicio que este chiste da por supuesto. El trabajo parte de que en la costa Caribe los términos costeño y cachaco se usan con connotación negativa en un caso y positiva en el otro, y prueba con medidas explícitas e implícitas si existen prejuicios entre los dos grupos, cuál de ellos los sostiene con más fuerza y cómo pesan en decisiones de contratación. Sirve para declarar lo que la página 247 hace sin declararlo: que los cachacos expulsados del cielo por codicia y el antioqueño al que se le niega la entrada pertenecen a un reparto de etiquetas regionales que sigue operando y que hoy se puede medir.

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«La mina de oro en el infierno» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La mina de oro en el infierno» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La mina de oro en el infierno» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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