La mano peluda

Andina · Mixto

La mano peluda

Una mano incorpórea ronda La Candelaria y Tunja; en otra versión, es la garra del Viejo del Costal que amenaza a los niños.

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El relato

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En Tunja, en el convento de los agustinos de la Candelaria y en algunas casas viejas y solariegas de la ciudad, se cree que en cierta habitación se aparece la mano peluda, la mano verde, muy velluda y de uñas grandes y puntiagudas. Sale en las noches oscuras y solitarias, y se mueve por las ventanas y las paredes del cuarto.

En Antioquia y el Viejo Caldas vivía en los subterráneos de las casas,, y se le tenía tanto miedo como a los espantos de los despoblados. Tenía una hermana, la Mano Negra, y las dos eran manazas negras y velludas, de uñas grandes y puntiagudas, que en las noches oscuras y las tardes solitarias se alargaban por las ventanas, las rendijas de las paredes, los postigos, las troneras de los bahareques y los boquetes de los muros.

Era un espanto de la casa. Las madres la usaban para asustar a los niños traviesos, malcriados y callejeros y llamarlos al orden. Hasta hace algunos años bastaba con nombrarla para que un niño se quedara quieto.

La mano peluda: lo que quedó del relato

La enseñanza

“El miedo que los mayores usan para gobernar la casa termina viviendo en sus rincones más oscuros.”

Territorio

Andina · Mixto

Andina · Mixto

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mixto
Referencia
5.5° · -73.5°

Ficha del relato

Contexto histórico

La Mano Peluda tiene dos registros que se leen abiertos. El primero es un texto firmado por Javier Ocampo López, «El espanto de la Mano Peluda», publicado en el sitio cultural Tunja Ciudad de Tesoros Escondidos, que la sitúa en el convento de los agustinos de la Candelaria y en casas viejas de Tunja. Ocampo la cuenta entre los espantos de la ciudad de los siglos sin alumbrado eléctrico, cuando la oscuridad marcaba la vida nocturna, y dice que con la iluminación del siglo XX esos espantos se retiraron a la memoria de los viejos tunjanos.

El segundo está en Mitos, espantos y leyendas de Caldas, de Fabio Vélez Correa (1.ª ed., Imprenta Departamental de Caldas, Manizales, 1997; ampliada después de 2007), en el capítulo «La Mano Peluda». Vélez la describe con su gemela, la Mano Negra, como espanto doméstico con que las madres asustaban a los niños, y cita a Arturo Escobar Uribe (Mitos de Antioquia, 1950, p. 179), según el cual su ancestro es muy antiguo y su leyenda se conoce en toda Antioquia y el Viejo Caldas.

En el mismo libro de Vélez, Julián Bueno describe la Mano Peluda del occidente caldense como la mano en garra que el Viejo del Costal lleva escondida. Es, por eso, un espanto con dos domicilios: la celda del convento tunjano y el sótano de la casa campesina antioqueña.

Resonancias con otros mitos

El pariente más cercano es el Viejo del Costal del libro de Vélez, que lleva escondida la Mano Peluda y se lleva a los niños llorones en su costal. Allí la mano es parte de un cuerpo; en Tunja y en el capítulo propio de Vélez, anda suelta por las paredes.

El Coco, al que Vélez llama «Mito de la Desobediencia», y el Chucho de Octavio Hernández Jiménez, que vive detrás de las puertas y debajo de las camas, cumplen el mismo oficio de crianza: son espantos que las madres invocan para que los niños obedezcan. Escobar Uribe, citado por Vélez, pone al chucho, la mano peluda y la vieja Inés entre los «cocos inofensivos» de la infancia.

En Tunja, Ocampo pone la Mano Peluda junto a otros espantos coloniales de la ciudad, como el perro de piedra del convento de San Francisco que aullaba y arrastraba cadenas de noche. Son espantos atados a un edificio, que según Ocampo se fueron con la luz eléctrica.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Ocampo y Vélez describen la misma mano en dos lugares y con dos colores. En Tunja es verde, se aparece en una habitación concreta de un convento o de una casa vieja, y pertenece a la historia de la ciudad colonial; en Antioquia y Caldas es negra, vive en los subterráneos de cualquier casa y sirve a las madres para disciplinar a los niños.

  2. En el occidente caldense, según Julián Bueno, no anda sola: es la mano escondida del Viejo del Costal, el limosnero que se lleva a los niños llorones.

  3. El libro de 2004 Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano, que se declara «recopilación de documentos imaginarios», la hace protagonista de un testimonio inventado: una mujer cuenta que de niña su madre la amenazaba con la mano peluda, que la mano se deslizaba por las paredes dejando un rastro pegajoso y le buscaba los pies bajo las cobijas, y que de adulta vela junto a su hija con una pistola de ácido bendito. Son composición del libro.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mixto · Andina
Referencias
4
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. El Espanto de La Mano Peluda

    tunjatesorosescondidos.com

    Texto firmado por Javier Ocampo López: la mano peluda o mano verde del convento de los agustinos de la Candelaria y las casas viejas de Tunja.

  2. Mitos, espantos y leyendas de Caldas

    ellibrototal.com

    Capítulo «La Mano Peluda», con la Mano Negra y la cita de Escobar Uribe (p. 179), y en «El Viejo del Costal» la mano escondida del limosnero según Julián Bueno.

  3. Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano

    archive.org

    Testimonio inventado de una mujer amenazada de niña con la mano peluda, que de adulta vela con una pistola de ácido bendito (pp. 27-28).

Contraste y contexto · 1 referencia

  1. El pueblo boyacense y su folclor

    babel.banrepcultural.org

    Recoge en Tunja el espanto del perro de piedra del convento de San Francisco, otro espanto colonial atado a un edificio, que compara Similitudes.

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«La mano peluda» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La mano peluda» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La mano peluda» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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