
Andina · Mestizo
La mancarita
Una figura de larga cabellera cruza los caminos de San Francisco y desaparece tras una puerta abierta en una gran peña.
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La Mancarita es una mujer salvaje que vive en las selvas. Los campesinos de la provincia de Guanentá la pintan con la cabellera larga y desgreñada, el cuerpo peludo como el de los animales del monte, una sola mama en la mitad del pecho y los pies vueltos hacia atrás. Casi nadie la ha visto. Lo que se conoce de ella es el grito.
De noche se la oye gritar, en tono lúgubre y prolongado. A veces se acerca a las casas. Unos dicen que es tímida y que huye apenas siente ruido de gente o de perros. Otros aseguran que se roba a los niños, y aun a los hombres.
En los páramos de Santander la conocen por otra maña. Imita la voz del hombre, los gritos de la mujer y el llanto de los niños, y así engaña a la gente y la atrae. Después se la lleva adonde nadie puede saberlo, porque anda de noche y por lo más espeso del bosque. Hay allá una laguna que llaman encantada, y hay quien dice que es porque la Mancarita se baña en ella. Un viejo que vivió en esos montes desde mozo, y los trajinó mucho, decía que nunca se había topado con ella ni había oído voces.
En los valles del Río Frío saben de dónde salió. Hubo allí una mujer manca, llamada Rita, que llegó no se sabe de dónde ni cómo. No tenía oficio conocido, pero aparecía en todas las faenas: el tabaco, el desgrane del maíz, el cacao. Ayudaba más con la lengua que con las manos, porque tenía un repertorio inagotable de cuentos y fábulas, y con ellos divertía a chicos y grandes.
Con el tiempo, a los cuentos para los niños les sumó otros para los mayores. Eran chismes. Atizaba discordias, propalaba calumnias, inventaba sospechas. El caudal creció hasta que dos familias se declararon guerra a muerte, y las armas y el fuego acabaron con las personas y los bienes de ambas en un solo día.
Cuando se calmó el ambiente, vecinos y compadres concluyeron que la causa de toda aquella tragedia era la lengua de la manca Rita. Por sentencia patriarcal la condenaron a quedar abandonada de todos los moradores de la comarca. Así la manca Rita quedó convertida en la Mancarita.
Sin dónde recogerse ni con quién tratar, se dio a vagar sola por los montes. El cabello y las uñas le crecieron de un modo extraordinario. Comía raíces y frutas silvestres, y huía veloz. Su voz se volvió una extraña mezcla de llanto de mujer y aullido de perro en pena. En las noches más cerradas se hizo el terror de los caminos desolados: con su grito le helaba la sangre al viajero.
Muchos aseguran haber oído ese grito. Nadie en su sano juicio la ha encontrado, y nadie ha confesado nunca que ella se lo llevara.

La enseñanza
“Un grito en el monte de noche puede cargar con la memoria de una culpa del pueblo.”
Territorio
Andina · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 5.5° · -73.5°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Santander · Andina
- Referencias
- 6
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Mitos y leyendas de Colombia, tomo II, sección 19: Juan de Dios Arias, «Folclor santandereano» (1954), «La Mancarita», pp. 127-129 y notas de la p. 143
flacso.edu.ec
Es el texto de donde sale el relato. Arias describe a la Mancarita como la oyó de niño en Guanentá (una sola mama, pelaje, pies al revés, grito nocturno), copia el diálogo de Ancízar con el viejo del páramo que la hace imitar voces, transcribe completa la historia de la manca Rita del Río Frío según Samuel Ortiz y la juzga reciente y literaria, y discute el mochuelo, la Ciguapa y los monos de Gómara.
- Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano, lámina 16, «La Mancarita», pp. 31-32
archive.org
Reelabora a la Mancarita como un encuentro nocturno cerca de Toca (Boyacá) en tiempos de la Independencia: un soldado manchego ve a una mujer desnuda, con un solo seno, pelaje, uñas larguísimas y pies al revés, y la reconoce como el espíritu de una celestina chismosa que huyó a los montes y rapta niños y hombres. Junta en una sola figura el cuerpo de Guanentá y la chismosa del Río Frío.
- Peregrinación de Alpha (exposición documental de la Biblioteca Virtual Colombiana)
humanas.unal.edu.co
Fecha el registro más antiguo de la Mancarita: la Peregrinación de Ancízar, donde el viejo del páramo describe a la Mancarita que imita voces, se publicó por entregas en El Neo-Granadino entre 1850 y 1851, escrita sobre la marcha de la Comisión Corográfica, y se reunió en libro en 1853.
Contraste y contexto · 3 referencias
- Folclor santandereano (ficha de la obra en la biblioteca digital)
ellibrototal.com
Sitúa el método del autor que fija la Mancarita: una recopilación hecha con ayuda del magisterio de todo el departamento, atenta a lo propio de cada provincia. Explica por qué Arias pudo juntar su recuerdo de Guanentá con registros de Bucaramanga (Ortiz, García) y del páramo (Ancízar).
- Ciguapa
es.wikipedia.org
Documenta el paralelo dominicano que Arias propone: mujer de pies vueltos al revés y cabellera larga que sale de noche junto a las corrientes de agua, grita y embruja a los hombres; primera referencia literaria de Francisco Javier Angulo Guridi (1866) y registro de fray Cipriano de Utrera (1911).
- Caipora
pt.wikipedia.org
Documenta el paralelo brasileño que Antolínez, citado por Arias, emparenta con la Mancarita: guardiana tupí de los animales del monte, descrita a veces con los pies vueltos hacia atrás, que extravía a los cazadores simulando sonidos y silbando.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«La mancarita» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «La mancarita» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «La mancarita» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








