La madre de la sal

Pacífico · Nasa - Paeces

La madre de la sal

Los antiguos veían una anciana cuyos moños eran pelotas de sal y la reconocían como madre de esa sustancia necesaria.

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La madre de la sal: la entrada del relato

El relato

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La sal se guardaba arriba, en terrones, sobre la barbacoa, donde el humo del fogón la mantenía seca. Era casi lo único que había que comprar. El maíz salía de la roza, la leña del monte, el agua de la quebrada; la sal no, la sal tocaba ir a traerla y hacerla durar.

Se bajaba el terrón, se le quebraba un pedazo con el mango del cuchillo, y cada quien batía su grano en el plato antes de comer. Los niños aprendían temprano a medir: un grano, no dos.

El camino al mercado era largo. Se salía oscuro, con la jigra al hombro, subiendo filos y bajando al cañón, cruzando quebradas crecidas si había llovido, pisando con cuidado los tramos donde la ladera se había venido abajo. Se volvía oscuro también, con el terrón bien envuelto y amarrado, cuidándolo del agua, porque la sal mojada se va.

Cerca de allí había un ojo de agua salobre. El agua salía con sabor a sal y dejaba una costra blanca en las piedras del borde, y los animales bajaban a lamerla.

A ella la veían en esos caminos.

Los antiguos la veían. Era una viejita, pequeña, de las que uno alcanza en la subida porque van despacio. Lo primero que se le miraba eran los moños: el pelo recogido arriba, a lado y lado, en dos bolas. Pero no eran pelo. Eran pelotas de sal. Blancas, apretadas, duras, con ese brillo opaco que tiene el terrón recién quebrado, y cargaba ese peso en la cabeza como si nada.

La veían y la reconocían. No hacía falta preguntar nada.

Después, en la casa, con el terrón otra vez sobre la barbacoa y el fogón prendido, alguno se quedaba mirando la sal en el plato y los mayores lo decían:

—Esa es la madre de la sal.

La madre de la sal: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Lo que se compra por puñados y se guarda en un rincón también puede tener madre.”

Territorio

Pacífico · Nasa - Paeces

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Pacífico
Comunidad
Nasa - Paeces
Referencia
2.63901° · -76.019°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este es uno de los textos más breves del artículo de Segundo Bernal Villa publicado en 1953 en la Revista Colombiana de Antropología, “Mitología y cuentos de la parcialidad de Calderas, Tierradentro”: tres frases. Bernal lo atribuye a Justo Muse, con Marco Antonio Penkue como intérprete, y en esa mediación entre nasa yuwe y castellano está buena parte del asunto. Lo que llegó a la página no es la forma en que se contaba en nasa yuwe, sino un castellano traducido, condensado y editado por un investigador del Instituto Etnológico Nacional a mediados del siglo XX. Bernal mismo advierte que los calderunos, preguntados sobre estos temas, solían responder himeto, no sé, y que muchas piezas las recogió tras larga espera: la brevedad puede ser del cuento o del encuentro, y no hay modo de saberlo desde aquí.

La vida material que rodea esa aparición sí está documentada. En “Economía de los Páez” (1954), Bernal registra que la sal es casi el único artículo que la familia compra, que se guarda en terrones sobre las barbacoas y que cada comensal bate su grano en el plato, y menciona un manantial de agua salobre cerca de Calderas. Los moños que eran pelotas de sal tienen, en ese mundo, un referente concreto y cotidiano.

La sal también pesa en otro plano. En “Medicina y magia entre los paeces” (1954), Bernal anota que el Trueno no comía sal, que los médicos la consumen muy poco, que quien quiere serlo la deja durante un mes y que no debe haberla en el sitio de adivinación: una sustancia que marca la distancia entre los humanos y los seres del páramo. Nada de eso aparece en las tres frases de Justo Muse, y por eso el Relato no lo usa; queda aquí como contexto del valor que la sal tenía.

Alrededor hay más historia de sal que narración. José Herinaldy Gómez Valencia (2000) transcribe a un mayor de Tierradentro que cuenta cómo en la iglesia se empezó a bautizar con sal de los españoles, y liga la sal a un topónimo regional; viene de resguardos vecinos, no de Calderas, y ahí la sal es memoria histórica, no madre. Julián Andrés Escobar Tovar (2015) documenta la explotación de fuentes saladas en El Salado, municipio de Páez, por personas esclavizadas llegadas a mediados del siglo XVIII, y la comunidad afrodescendiente que se formó alrededor: una sal real, extraída en el mismo territorio, con otra historia encima. Eugenia Villa Posse reprodujo el corpus en 1993 acreditando su procedencia, sin ser testimonio independiente.

Resonancias con otros mitos

Dentro del corpus de Calderas, el paralelo inmediato es “La candela”: otra sustancia sin la cual no se puede vivir, otra viejita que la tiene. Pero las dos páginas están construidas al revés una de otra. Allí hay conflicto —una niña que pide, un tizón que se apaga, una persecución por el filo— y el cuento termina en un topónimo y en el nombre de un pueblo. Aquí no pasa nada: solo se la ve y se la reconoce, y eso es todo el acontecimiento. Que la brevedad sea el punto no la vuelve menos entrada del mismo mundo.

“Origen de las plantas” completa la serie por otro lado: las semillas vienen de María Santísima, que las sacaba del vientre y las entregaba para que la gente se mantuviera. La resonancia está en el cuerpo que produce el sustento —un vientre que da semillas, unos moños que son sal— y la diferencia, en que allí hay entrega y herencia, mientras que la madre de la sal no da nada que el texto registre; su presencia basta.

“El armadillo de mina” sirve de contraste útil. También es un ser que se aparece en el camino o en la quebrada, también condensa en su cuerpo una sustancia deseada, pero el oro exige condiciones: plata alistada, un pañuelo nuevo, un baúl con maíz. Quien no cumple lo ve y no lo puede coger. La sal, en cambio, se compra en el mercado, se guarda sobre la barbacoa y se reparte en el plato; lo que tiene madre es lo que todos los días entra a la casa. Comparar estas tres páginas ayuda a ver una manera de pensar los bienes, no a convertir unos personajes en otros.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. No hay otra. Bernal publica tres frases atribuidas a Justo Muse, con Marco Antonio Penkue como intérprete, y no añade modalidades, cosa que sí hace en otras entradas del mismo artículo: “La candela” reúne cuatro narradores, “Santo Tomás” dos. Aquí no se documentan nombre propio, lugar del encuentro, hora, petición, entrega ni transformación. Todo lo que se afirma es que los antiguos la veían, que era una viejita cuyos moños eran pelotas de sal, y que los antiguos decían que esa era la madre de la sal.

  2. Ese límite gobierna la reescritura. El Relato no inventa un viaje para buscarla, una conversación ni un don: despliega en escena lo único que hay —el ver y el reconocer— y lo rodea con la vida material que Bernal documentó un año después en “Economía de los Páez”, es decir, el terrón sobre la barbacoa, el grano batido en el plato, el viaje al mercado y el manantial salobre cercano. Aun así el texto se queda cerca del mínimo, y así debe leerse: una página corta porque su base es corta.

  3. Tampoco son variantes de esta página las otras sales que circulan en la bibliografía. La narración que José Herinaldy Gómez Valencia transcribe en 2000, sobre el bautizo con sal traída por los españoles, viene de resguardos vecinos y no menciona ninguna dueña; la sal de El Salado que documenta Julián Andrés Escobar Tovar en 2015 es una historia de explotación colonial y de comunidad afrodescendiente en el municipio de Páez. Son contextos, no otras voces del mismo cuento.

  4. Y dentro del corpus, la viejita que guarda la candela y María Santísima que saca las semillas del vientre son figuras distintas, con sus propios narradores. Se parecen en el oficio, no en la identidad, y aquí no se funden. Villa Posse reprodujo el conjunto en 1993 sin recoger nada nuevo: la cadena documental es una sola.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Nasa - Paeces · Cauca · Pacífico
Referencias
11
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitología y cuentos de la parcialidad de Calderas, Tierradentro

    revistas.icanh.gov.co

    Publica veintiséis relatos recogidos en Calderas con nombres de informantes, intérpretes y variantes diferenciadas.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo I

    flacso.edu.ec

    Reproduce el corpus de Bernal, acredita su procedencia y advierte que contiene varias versiones y modalidades de una misma narración.

  3. Lenguas nasa yuwe y namtrik

    mng.mincultura.gov.co

    Describe lengua, territorio, organización, héroes, trabajo de la tierra y cosmogonía desde bibliografía y procesos educativos contemporáneos.

Contraste y contexto · 8 referencias
  1. Somos el pueblo nasa de la Çxhab Wala Kiwe

    nasaacin.org

    Perfil del pueblo nasa escrito por su propia organización: ley de origen, territorio, lengua nasa yuwe, cabildos y los tejidos de educación, salud, justicia y comunicación, con los hitos del proceso organizativo.

  2. Plan de Vida de la Asociación de Autoridades Ancestrales Indígenas Nasa Çxhãçxha

    tierradentro.co

    Voz organizativa de los diecisiete resguardos nasa del municipio de Páez, en Tierradentro, que define su plan de vida como un proceso colectivo de reflexión y acción fundado en el pensamiento propio.

  3. Territorio ancestral del pueblo Nasa entre el riesgo y la resistencia

    cric-colombia.org

    Sitúa Tierradentro como territorio ancestral Nasa y vincula memoria, autonomía, Juan Tama y defensa comunitaria.

  4. Nidos de lengua y revitalización del nasa yuwe

    scielo.org.co

    Explica la relación entre lengua, territorio, señales, sueños, naturaleza y los tres espacios del mundo Nasa en procesos educativos actuales.

  5. Economía de los Páez

    revistas.icanh.gov.co

    Registra que la sal es casi el único artículo que la familia compra, que se guarda en terrones sobre las barbacoas y que cada comensal bate su grano en el plato, y menciona un manantial de agua salobre cerca de Calderas: el cuerpo material de los moños que parecían pelotas de sal.

  6. Medicina y magia entre los paeces

    revistas.icanh.gov.co

    Registra que el Trueno no comía sal, que los médicos la consumen muy poco, que quien quiere serlo la deja durante un mes y que no debe haberla en el sitio de adivinación: la sal como sustancia que separa a los humanos de los seres del páramo.

  7. Lugares y sentidos de la memoria indígena páez

    redalyc.org

    Transcribe la narración de un mayor de Tierradentro según la cual en la iglesia se empezó a bautizar con sal de los españoles y de ahí nació la idea del bautizo, y liga la sal con un topónimo de la región.

  8. La comunidad negra de Páez: un acercamiento arqueo-histórico al poblamiento, la explotación de la sal y la vida de los afrodescendientes entre los siglos XVIII y XIX en El Salado, municipio de Páez, Cauca

    hdl.handle.net

    Documenta la explotación de fuentes de sal en El Salado, en el mismo municipio, por personas esclavizadas llegadas a mediados del siglo XVIII, y la comunidad que se formó alrededor: una fuente real de sal en el territorio del relato.

Voces de la comunidad

Conversación

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«La madre de la sal» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La madre de la sal» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La madre de la sal» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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