El Señor Caído de Monserrate

Andina · Mestizo

El Señor Caído de Monserrate

La imagen del Señor Caído reúne peregrinaciones, promesas y relatos sobre un peso y un cabello que cambian ante los fieles.

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El relato

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Arriba, en la cumbre del cerro que se levanta al oriente de Las Nieves y de Las Aguas, hubo primero una capilla con una casa pegada. La construyó un particular, don Pedro de Valenzuela, con permiso del presidente Borja en 1620. La puso bajo la advocación de Nuestra Señora de Monserrate, patrona de Cataluña. El nombre llegó al cerro con la costumbre de subir.

Unos monjes recoletos de San Agustín la ocuparon sin las licencias necesarias. Desde Madrid mandaron demoler el edificio; el gobierno colonial reclamó y consiguió que no lo derribaran. El terremoto no admitió reclamo: el 18 de octubre de 1743 se vencieron las más de las iglesias, se cayó la ermita de Monserrate y la de Guadalupe lo mismo.

Antes de eso había llegado el presbítero Bernardino de Rojas, que empezó el convento y en 1656 le encargó al imaginero santafereño Pedro Lugo y Albarracín la talla de un Cristo caído. Esa figura es lo único que ha sobrevivido a todo lo demás. La iglesia que reemplazó a la ermita se autorizó en 1915 y se vino abajo en un temblor en 1917. Otra se terminó en 1925. El santuario que hoy se visita lo levantaron entre 1949 y 1955.

La talla siguió arriba, y alrededor de ella la ciudad fue armando lo que cree.

Dicen que al Señor Caído le crece el cabello. Dicen que cuando lo han bajado pesa más que cuando lo suben, como si la bajada le costara el doble. Dicen que las parejas de novios que visitan el santuario nunca se casan. Y dicen que debajo del santuario hay un volcán dormido, y que el día que despierte va a poner a temblar a todo Bogotá.

Los que suben con una promesa la pagan con el cuerpo: de rodillas hasta la cima, con los ojos vendados por el monte, o los domingos a primera hora, sin fallar uno. Por esos cerros, cuentan, moran espíritus en silencio junto al Señor Caído, los dioses chibchas y muiscas. Y hay un punto entre la ciudad y la cumbre donde sale el sol y marca el camino para llegar a El Dorado.

La prueba que más se repite es de 1895. Ese año el equilibrista Harry Warner tendió un cable entre el santuario de Guadalupe y la cresta de Monserrate y lo cruzó sobre el vacío, con la ciudad entera mirando hacia arriba. Cuando le preguntaron cómo lo había hecho, no habló de entrenamiento ni de balance. Contestó que llevaba colgado al cuello un escapulario con la imagen del Señor Caído, y que fue él quien lo sostuvo con hilos invisibles mientras le decía: dichoso tú que has creído.

El Señor Caído de Monserrate: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Una ciudad encarga una imagen y termina heredando todas las creencias que le crecen encima.”

Territorio

Andina · Mestizo

Andina · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
4.605833° · -74.056389°

Ficha del relato

Contexto histórico

La capa material del cerro está documentada con nombres y fechas. Pedro María Ibáñez, en el primer tomo de sus Crónicas de Bogotá, cuenta que el presidente Borja permitió en 1620 a don Pedro de Valenzuela construir una capilla y casa anexa en la cumbre, que unos recoletos de San Agustín la ocuparon sin licencia, que el gabinete de Madrid mandó demolerla y que el gobierno colonial evitó el derribo; y recoge del diarista José María Caballero el terremoto del 18 de octubre de 1743, que se llevó las ermitas de Monserrate y de Guadalupe.

La ficha de inventario y valoración del santuario, del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, completa la cadena: la advocación es la de la Virgen de Montserrat, patrona de Cataluña; el presbítero Bernardino de Rojas inició el convento y en 1656 encargó la talla del Cristo Caído al imaginero santafereño Pedro Lugo y Albarracín; la sustitución de la ermita por una iglesia mayor se autorizó el 3 de mayo de 1915 y esa obra colapsó en 1917; y el edificio que hoy se recorre lo construyeron entre 1949 y 1955 los arquitectos José María González y Vicente Nasi. La misma ficha, al valorar el bien, se limita a decir que la escultura aviva la fe de quienes creen en su intercesión, sin afirmar prodigio alguno.

De modo que del conjunto colonial no queda edificio: queda la talla, que es la pieza con continuidad desde el siglo diecisiete y la que ha recibido encima todas las creencias. La capa legendaria —el cabello, el peso, los novios, el volcán, los espíritus de los cerros y el equilibrista— se lee hoy reunida en una página de divulgación infantil del Distrito, de unas seiscientas palabras, sin firma, sin fecha y sin bibliografía, que es el único texto localizado que las junta todas.

Resonancias con otros mitos

El nombre del cerro viene de un paralelo literal que sigue en pie. Santa Maria de Montserrat, en la montaña dentada al noroeste de Barcelona, es una abadía benedictina documentada desde el siglo once que guarda una talla románica de virgen negra, la Moreneta, y recibe peregrinos que suben a pie por caminos señalizados desde la Edad Media. El trasplante fue completo: advocación, altura, camino de subida y promesa cumplida con las piernas. Lo que cambió en el cerro bogotano fue el titular, porque la devoción mariana que dio el nombre acabó desplazada por un Cristo caído encargado a un tallador local, y hoy la mayoría de quienes suben lo hacen por él y no por ella.

El segundo paralelo explica el volcán. En Lima, el Señor de los Milagros es una imagen pintada en un muro que sobrevivió al terremoto de 1655 cuando todo alrededor se vino abajo, y desde entonces la ciudad lo procesiona en octubre como seguro contra los temblores. La lógica es la misma que en el cerro: una capital sentada sobre suelo que se mueve pone en el punto más visible una figura encargada de sostenerlo. Allá la creencia se formula como protección probada por un sismo concreto; aquí, como amenaza dormida bajo el santuario, un volcán que alguien tiene que mantener quieto.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. La fundación de la ermita se cuenta con tres fechas y dos personas. Las crónicas decimonónicas dan 1620 y atribuyen la obra a don Pedro de Valenzuela con permiso del presidente Borja; la ficha patrimonial habla de mediados del siglo diecisiete y acredita la devoción a Pedro Solís y Valenzuela, que es otro nombre. Ninguna de las dos autoriza la fecha intermedia que suele repetirse.

  2. El nombre del imaginero también oscila. La documentación oficial escribe Pedro Lugo y Albarracín y lo llama santafereño; buena parte de la divulgación añade una preposición y lo vuelve Pedro de Lugo. Y al encargo de 1656 suele agregársele una cifra exacta en patacones que procede de libros capitulares de la catedral y que no aparece en la documentación abierta.

  3. La creencia del peso circula al revés en muchos recuentos. El texto que la fija dice que la escultura pesa más cuando la han bajado que cuando la suben; en las versiones difundidas la imagen se vuelve tan pesada que impide su propia bajada, y de ahí se deduce una voluntad de no abandonar el cerro que la formulación original no enuncia.

  4. Sobre el cabello ocurre algo parecido. La creencia enunciada es corta —que le crece— y en los recuentos se le añaden testigos que comparan mechones entre una visita y otra. Y los motivos que la divulgación distrital reúne junto a los anteriores, el volcán dormido, los espíritus de los cerros y el punto que señala El Dorado, no aparecen en la documentación patrimonial del bien: pertenecen a esa capa reciente y se atribuyen a ella.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Bogotá · Andina
Referencias
8
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Conflictos eclesiásticos en torno a la administración del cerro de Monserrate, Nuevo Reino de Granada, siglo XVII

    revistes.ub.edu

    Es lo único que documenta con archivo el hecho central de la ficha: cómo y cuándo apareció la talla, y por qué la montaña se llama de una virgen y se sube por un Cristo. Trabajando sobre el Archivo General de la Nación, el Archivo Histórico Javeriano y el de la Provincia de la Candelaria, establece que el padre Bernardino de Rojas, siendo administrador de la ermita, encargó al escultor santafereño Pedro de Lugo Albarracín un Cristo y un Señor Caído, y que pagó por las dos tallas 105 patacones, «tal como consta en el certificado que se expidió el 15 de febrero de 1656». Añade lo que ninguna divulgación dice: que al principio las imágenes ocuparon un lugar secundario de la ermita, y que la del Señor Caído sólo con el tiempo desplazó del patronazgo a la Virgen de Montserrat —en 1693 aparece nombrada por primera vez la ermita como del Señor, y todavía en 1858 se la vuelve a llamar Santa María de la Cruz—. Explica el desplazamiento por la competencia de la iglesia jesuita de la ciudad, que desde 1657 promovía la misma advocación mariana con acceso mucho más fácil. Y describe la técnica del tallador —cabellos artificiales, ojos de pasta vítrea, sangre que mana—, que es el sustrato material de la creencia del cabello que crece. Registra también la hipótesis, tomada de la historiografía previa, de que las ermitas de Santafé se levantaron sobre antiguos santuarios indígenas.

  2. Ficha de inventario y valoración de bienes culturales inmuebles: Santuario de Monserrate (código 101405000041)

    sisbic.idpc.gov.co

    Es el documento que impide contar el santuario como una construcción colonial, porque dice con todas las letras que del edificio antiguo no queda nada. Su reseña histórica traza la cadena entera: en 1650 el lugar lo ocupaba la ermita dedicada a la Virgen de Montserrat, patrona de Cataluña, levantada por la devoción de Pedro Solís y Valenzuela; un año después llegó el presbítero Bernardino de Rojas, que inició el convento y en 1656 encargó la talla del Cristo Caído al imaginero santafereño Pedro Lugo y Albarracín; el 3 de mayo de 1915 se autorizó al padre Gregorio Nacianceno sustituir la ermita por una iglesia mayor; esa obra colapsó en 1917 por un terremoto; Arturo Jaramillo Concha terminó otra en 1925; y entre 1949 y 1955 monseñor Carlos Vargas Umaña la reformó del todo hasta dejar la que hoy se ve, obra de los arquitectos José María González y Vicente Nasi. En su apartado de valor histórico lo declara sin rodeos: «de la ermita original, como lo narra su reseña histórica, no se conserva nada». Y su valoración simbólica reconoce la función de intercesión atribuida a la escultura sin afirmar ni un solo prodigio.

  3. Crónicas de Bogotá, tomo I

    babel.banrepcultural.org

    Da el arranque institucional del cerro y la fecha que nadie más da. En la p. 92 sitúa en 1620 el permiso para la capilla de la cumbre, concedido a un particular con nombre bajo un presidente con nombre, y narra el episodio que explica por qué la ermita estuvo a punto de no existir: los recoletos agustinos la ocuparon sin licencia, Madrid ordenó demolerla y el gobierno colonial consiguió que no se derribara. Y consigna el final de aquel edificio citando al cronista José María Caballero: la ermita original se vino abajo con el terremoto del 18 de octubre de 1743, igual que la de Guadalupe. Esas tres cosas —permiso, litigio y ruina— son el esqueleto histórico contra el que se mide todo lo que la divulgación cuenta del cerro.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Leyenda del Santuario de Monserrate (Bogotanitos · Cuenta la leyenda)

    culturarecreacionydeporte.gov.co

    Es el único texto localizado que reúne en un solo lugar todas las creencias que la ficha trata, y por eso hay que citarlo aunque no sea un registro: el cabello que le crece a la imagen, el peso que aumenta cuando intentan bajarla, las parejas de novios que después no se casan, los espíritus chibchas y muiscas que habitan los cerros orientales, el punto por donde sale el sol marcando el camino de El Dorado y el volcán dormido bajo el santuario que causará terremotos. Enumera además las promesas de los peregrinos como formas de esfuerzo del cuerpo a cambio de sanación —subir de rodillas, subir con los ojos vendados, subir temprano el domingo— y cierra con el equilibrista: Harry Warner, que en 1895 tendió una cuerda entre Guadalupe y Monserrate y atribuyó su hazaña a un escapulario del Señor Caído que lo sostenía «con hilos invisibles». Fija, en suma, la versión que el Estado difunde hoy.

  2. Harry Warner, el equilibrista que «caminó» sobre Bogotá

    eltiempo.com

    Saca al equilibrista del terreno de la leyenda y lo devuelve al de la crónica fechada. Reconstruye la travesía del 20 de diciembre de 1895 sobre la cuerda tendida entre Monserrate y Guadalupe —más de ochocientos noventa metros, con banda de música tocando mientras el funámbulo avanzaba con los ojos vendados— citando la nota que El Correo Nacional publicó al día siguiente: «en medio de ese mundo de abismos […] se detiene, se sienta […] Warner continúa, se arrodilla y de pronto se levanta y cruza la cuerda caminando hacia atrás». Cita también a El Sol del 29 de noviembre de 1895, que lo presentaba como alguien que llevaba más de veinte años en el oficio de romperse el cuello de todas las maneras imaginables, y da su origen —Toronto, 3 de enero de 1860— y su desaparición posterior sin rastro. Permite separar el hecho, que está documentado en la prensa de la semana, de la explicación devota que la versión distrital le añade.

  3. La Mare de Déu de Montserrat (santuario de Santa Maria de Montserrat)

    abadiamontserrat.cat

    Documenta el original del que el cerro bogotano tomó el nombre y sostiene el paralelo entero. La abadía describe la Moreneta como una talla románica de finales del siglo XII, en madera de álamo, de unos noventa y cinco centímetros, que representa a la Virgen con el Niño sentado en su regazo, y explica que el color oscuro del rostro y las manos procede de la transformación del barniz con el tiempo y no del humo de las velas. Da también la cadena de la devoción desde el hallazgo de la imagen en la montaña y la declaración de la Virgen como patrona de Cataluña por León XIII en 1881, y describe el santuario como destino de peregrinación por caminos de subida a pie. Es exactamente el trasplante que Santafé hizo: advocación, altura, camino y promesa cumplida con las piernas; y hace visible lo único que cambió, que allá la titular sigue siendo la virgen.

  4. Señor de los Milagros (glosario de Estudios Indianos)

    estudiosindianos.up.edu.pe

    Sostiene el segundo paralelo, el que explica el volcán. Da el origen de la devoción limeña: un Cristo crucificado pintado hacia 1651 por un esclavizado de casta angoleña sobre un muro de adobe del barrio de Pachacamilla, y la razón por la que la ciudad lo adoptó: el muro quedó en pie cuando el terremoto de 1655 derribó cuanto había alrededor, y desde entonces los milagros que se le atribuyen son sísmicos. Documenta que en el terremoto de 1746, el más destructivo de la historia de Lima, la réplica salió en procesión, y que de ahí viene la salida anual de octubre. Es la misma lógica que en el cerro bogotano —una capital sobre suelo que se mueve pone en el punto más visible una figura encargada de sostenerlo—, con la diferencia que la ficha señala: allá la creencia se formula como protección ya probada por un sismo concreto, y aquí como amenaza dormida.

  5. Calles de Santafé de Bogotá: homenaje en su IV centenario, 1938

    babel.banrepcultural.org

    Se cita aquí por lo que obliga a no decir, que en esta ficha vale tanto como lo que documenta. Es la obra que fija la ciudad a los pies del cerro barrio por barrio —Las Nieves oriental en la p. 163 y occidental en la 211, que es el faldón desde el que se sube—, y con eso permite situar el camino de peregrinación en la trama urbana de la primera mitad del siglo XX. Pero sus siete menciones del «Señor Caído» no hablan del cerro ni de la imagen: nombran una calle de Las Nieves. Quien busque en esta obra la devoción de la cumbre encontrará una vía pública, y quien la cite sin abrirla le atribuirá lo que no dice. El cerro, en De la Rosa, es un borde del plano y no un santuario.

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«El Señor Caído de Monserrate» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El Señor Caído de Monserrate» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El Señor Caído de Monserrate» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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