La lámpara de petróleo

Andina · Mestizo

La lámpara de petróleo

Una luz amarillenta baja del Cáscaro hacia La Urgua bajo un aguacero, seguida por perros y observada desde varias casas.

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La lámpara de petróleo: la entrada del relato

El relato

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Desde el Cáscaro, tierra de ríos y montañas de Piedecuesta, bajaba a veces de noche una luz. Era en los años de la violencia entre liberales y conservadores, cuando los pueblos vivían divididos por las banderas políticas y el miedo andaba suelto por los campos.

Una noche de junio cayó sobre la vereda de La Urgua un aguacero de los grandes. Los caminos se volvieron arroyos. Fue entonces cuando la gente de las casas de barro y bahareque vio bajar del Cáscaro aquella claridad. Se parecía a la llamita de una lámpara de petróleo, y avanzaba rápido, derecha, sin que la lluvia pudiera con ella: el agua le caía encima y no la apagaba.

Los perros de la vereda la sintieron y se pusieron a aullar. La gente despertó y se asomó por las rendijas de las puertas de madera pintada.

En una de esas casas, esa misma noche, el agua se coló por el techo y empapó el colchón. La familia tuvo que levantarse. Al abrir la puerta a la tormenta vieron la luz a unos quinientos metros, sobre una casa vecina. Parecía buscar algo. Se detuvo un momento en la esquina de esa casa, y luego se lanzó por el camino hacia el río Umpalá, a una velocidad terrible, mientras los perros ladraban y aullaban bajo el aguacero.

A la mañana siguiente, los campesinos que vivían más abajo contaron que ellos también la habían visto pasar. No era la primera vez. Pero aquella noche la luz se perdió entre la lluvia y la oscuridad, y después de eso nadie volvió a verla.

Desde entonces, en La Urgua se habla de la luz que bajaba del Cáscaro como de una pregunta que quedó sin respuesta: una lámpara que nadie llevaba, que no se apagaba con el agua y que se fue río abajo sin decir qué buscaba.

La lámpara de petróleo: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Lo que un vecindario ve junto en la noche se vuelve memoria aunque nadie sepa explicarlo.”

Territorio

Andina · Mestizo

Andina · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
6° · -73°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este relato no tiene un registro publicado que se pueda consultar. La obra de la que probablemente procede es «Leyendas y cuentos de Santander», de Germán Valenzuela Sánchez, publicada por Sic Editorial en Bucaramanga en 2009 (ISBN 978-958-708-437-5). De ese libro sólo están abiertas la portada y la contraportada, que el propio autor enlazó en su página: la contraportada dice que reúne cuarenta y seis «sagas» y nombra cuatro, entre las que no está ésta. El índice y el cuerpo no se pueden leer, y la otra copia que circula del corpus piedecuestano, la «Literatura folclórica» de Luis Rubén Pérez Pinzón (UNAB, 2016), sólo está en repositorios de subida libre, sin editor. Valenzuela Sánchez (Piedecuesta, 1946-2021), periodista, se presentaba como difusor del folclor piedecuestano «basado en el rescate oral».

Lo que sí está documentado es la luz errante de los campos andinos y la manera de leerla. Misael Devia Morales, en «Folclor tolimense» (1962), dice que la luz de la Candileja «baja por la madre del río, en las grandes crecientes», que se ve sobre la cresta de los cerros y en las casas solitarias, y que los campesinos la distinguen de la llama de una guaca: la de la guaca es blanca o azulita y mansa; la de la Candileja, rojiza, inquieta, aparece y desaparece de repente. Juan de Dios Arias, en «Folclor santandereano» (1954), cuenta una velada en una estancia santandereana en que una luz aparecida en las montañas del horizonte, que crecía hasta parecer una hoguera, se explicaba como el trapiche en llamas de un difunto que penaba. En la misma velada, la luz de la casa era la de una lamparita de petróleo. Los dos textos están reproducidos en el segundo tomo de «Mitos y leyendas de Colombia» de Eugenia Villa Posse (1993).

La violencia política en Piedecuesta también está documentada, aunque en fechas anteriores a las que da el relato. Edwin Jovanny Pizza Uribe (UIS, 2018), trabajando con los procesos del Fondo Judicial de Santander, reconstruye la masacre del 1 de febrero de 1931, día de elecciones, en la plaza del municipio.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano está en la misma región y en el mismo tipo de noche. En «Folclor santandereano» (1954), Juan de Dios Arias cuenta que en una estancia llamada El Volcán, mientras desgranaban maíz en el corredor, vieron una luz en las montañas lejanas que fue creciendo hasta parecer una hoguera. Un vecino la explicó: era el trapiche del difunto Nazario, que se dejaba ver todos los años en esa época. Como en La Urgua, la luz se ve desde una casa campesina, a lo lejos, y la comunidad la mira junta. La diferencia es que en Arias hay una historia que la explica, y en La Urgua no.

El segundo paralelo es la Candileja de Misael Devia (1962), que baja por la madre del río en las grandes crecientes y se aparece en las casas solitarias. Es la luz que sigue el agua, como la del Cáscaro. Pero la Candileja es rojiza y echa chispas, mientras que la de La Urgua se parece a la llama quieta de una lámpara.

El tercero es la Bola de Fuego de «Cuentos de espantos» (2004): una luz que aparece de lejos en plena tormenta, alumbrando y apagándose, mientras los perros ladran asustados. En los tres casos la noche, el agua y los animales anuncian lo mismo: algo que alumbra sin que nadie lo lleve.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. La luz que viaja de noche sin que nadie la lleve tiene en la tradición registrada varias formas, y casi todas tienen dueño y propósito.

  2. En Devia (1962) la Candileja es el alma de una anciana condenada por alcahueta, que vaga con un hachón encendido; a veces se ven tres luces en fila, la de ella y las de sus dos nietos. Persigue a los que andan en malos pasos, se monta en la grupa de los jinetes y se espanta con insultos. En Rocha es una llama que sale de la orilla de los pantanos. En «Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano» (2004), un libro de ficción de autor, la Bola de Fuego se aparece en una noche de tormenta en las sabanas de Arauca, mientras los perros ladran asustados, y termina convertida en una mujer que llama al caminante. En Arias (1954), la luz del horizonte es un trapiche que ardió con su dueño adentro, y el que la explica sabe de quién es y por qué pena.

  3. La luz de La Urgua comparte con ellas casi todos los rasgos exteriores: baja de lo alto, sigue el río, aparece en noche de aguacero, alborota a los perros, se detiene junto a una casa. Lo que no tiene es historia. No se sabe de quién es ni qué busca; no persigue a nadie ni castiga nada; no se transforma. Los testigos sólo pueden compararla con lo que conocen, la llama de una lámpara de petróleo, y dejarla asociada a los años de la violencia política, sin nombre ni crimen preciso.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Santander · Andina
Referencias
6
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Leyendas y cuentos de Santander (fragmento de cubiertas publicado por el autor)

    drive.google.com

    Es la obra de la que con más probabilidad sale la luz de La Urgua: la contraportada presenta cuarenta y seis «sagas» de Santander recogidas por el autor, y fija editorial (Sic, Bucaramanga) e ISBN 978-958-708-437-5.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II, sección 20: Misael Devia Morales, «Folclor tolimense» (1962), «La Candileja», folio 151

    flacso.edu.ec

    Es la descripción más completa de la luz errante andina: la Candileja «baja por la madre del río, en las grandes crecientes», se ve en la cresta de los cerros y en las casas solitarias, y los campesinos la distinguen de la luz de una guaca, blanca o azulita y mansa, porque la suya es rojiza, inquieta y aparece y desaparece de repente. Da el marco para leer la luz del Cáscaro que baja hacia el río en noche de aguacero.

  3. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II, sección 19: Juan de Dios Arias, «Folclor santandereano» (1954), «El trapiche ardiendo», folios 134-135

    flacso.edu.ec

    Es el paralelo santandereano: en una velada en la estancia de El Volcán, la familia ve desde el corredor una luz en las montañas lejanas que crece hasta parecer una hoguera, y un vecino la explica como el trapiche del difunto Nazario, que pena. La misma página cierra con la lamparita de petróleo encendida en la sala, la luz doméstica con que se compara la del relato.

Contraste y contexto · 3 referencias

  1. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II, sección 21: Cesáreo Rocha Castilla, «Prehistoria y folclor del Tolima», «La Candileja», folio 180

    flacso.edu.ec

    Segunda forma registrada de la luz errante: una luz en llama que sale de la orilla de los pantanos y persigue de noche a los caminantes solos. Sirve para mostrar que la luz de La Urgua, que no persigue a nadie, se aparta del tipo.

  2. Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano, «La Bola de Fuego», pp. 13-14

    archive.org

    El relato de la Bola de Fuego ocurre en una noche de tormenta en las sabanas de Arauca: una luz que alumbra y se apaga a lo lejos, los perros que ladran asustados y un caminante que la ve acercarse. Reúne los mismos elementos de escena que la noche de La Urgua: aguacero, perros, luz sin portador.

  3. Violencia política e impunidad: casos en Santander identificados en los expedientes del Fondo Judicial durante el periodo 1930-1948 (pasantía de investigación), pp. 77-79

    noesis.uis.edu.co

    Documenta la violencia partidista en Piedecuesta con procesos del Fondo Judicial: la masacre del 1 de febrero de 1931, día de elecciones a la Asamblea Departamental, con muertos y heridos en la plaza principal. Da un anclaje histórico real al fondo de violencia política que el relato asocia con la luz.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

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«La lámpara de petróleo» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La lámpara de petróleo» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La lámpara de petróleo» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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