AndinaMestizoluz

La lámpara de petróleo

La luz de La Urgua, un fenómeno sobrenatural que desafía la lluvia, representa el sufrimiento y la memoria colectiva de las décadas de violencia en...

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Ilustración de La lámpara de petróleo

En la región encantada del Cáscaro, donde los ríos cantan secretos a quien quiera escucharlos, y las montañas susurran leyendas que se disuelven en el eco del tiempo, se cuenta un relato encendido con la luz crepuscular de las lámparas de petróleo que acompañan a los espíritus errantes.

Corría la época oscura donde los pueblos eran peones de un ajedrez infernal de banderas políticas, enfrentándose en guerras intestinas que tatuaron las últimas tres décadas del último siglo con cicatrices de miedo y tragedia. La violencia no era solo de los hombres, sino que parecía haber nacido de la misma tierra, que, enfurecida, paría espectros a la sombra de sus montañas.

El mito comenzó en una tempestuosa noche de un junio cualquiera en la vereda de La Urgua, cuando el aguacero rompió el cielo, inundando los senderos con un río fugaz de agua y memoria. En aquella noche, se dice, fue cuando los ojos de los que habitan bajo techos de barro y bahareque atisbaron por primera vez la misteriosa luz descendiendo desde el Cáscaro. Aquella luz, reminiscentemente similar a la llamita de una lámpara de petróleo, avanzaba celera y decidida, desafiando las leyes naturales de la lluvia, pues las gotas desventuradas, que intentaban opacarla, desfilaban sobre ella sin lograr extinguirla.

Los perros de la vereda, dotados de una visión más allá del velo del mundo tangible, aullaban con un lamento premonitorio, percibiendo el dolor contenido en la claridad errante. Los habitantes despertaron, se erizaron sus pieles y observaron, a través de las rendijas de sus puertas de madera pintada con colores que intentaban, en vano, mantener la oscuridad a raya.

Una familia, en esa misma noche, se alzó de su cama cuando las gotas traspasaron el techo de su humilde vivienda, haciendo del colchón un mar de hielo líquido, obligándolos a refugiarse en el cobertizo de sus sueños. Y fue en ese instante, al abrir la puerta a la tormenta, que divisaron la fulgurante luz, una centella melancólica y obstinada, danzando a unos quinientos metros sobre una casa vecina. El resplandor parecía tener un propósito, una búsqueda desesperada, como si perteneciera a una entidad atrapada entre los mundos, condenada a repetir su incesante acto de aparición noche tras noche sin hallar nunca respuesta ni descanso.

La luz, sin detenerse, sin preguntar por el permiso de los cielos o la tierra, se inclinó en la esquina de la casa vecina antes de lanzarse al camino del río, iluminando apenas las sombras que la rodeaban. Los perros, esos guardianes del velado umbral, ladraron y aullaron, sus voces sumergidas en el rugido de la lluvia, mientras la luz avanzaba a una velocidad terrible hacia los rincones más oscuros y húmedos de la vereda.

A la mañana siguiente, los campesinos que vivían más abajo hablaron de ella también. La relataron como si fuera un sueño común nacido de su colección de pesadillas colectivas. No era la primera vez que la veían, pero cada encuentro tenía la misma carga de misterio, como una letanía nunca revelada, un secreto que se renueva con cada generación.

La luz, como muchas almas que se pierden entre senderos no marcados en mapas, desapareció aquella noche entre la lluvia y la oscuridad, dejando tras de sí no más que un susurro, una sensación de pérdida, una pregunta sin respuesta que resonaba con cada latido del río.

Y así, el mito de la luz de La Urgua se fundió con la tierra misma, uniendo el dolor de los que fueron y los que aún caminan por sendas de polvo y sombras, en un ciclo interminable bajo el cielo teñido de mitos y la voz eterna de las montañas. La luz no volvió a ser contemplada, pero sigue viviendo en las historias murmuradas entre el viento y la hierba, esperando el día en que su propósito, al fin, encuentre su culminación.

Historia

El mito parece originarse en la época de la violencia en Colombia, entre las décadas de los 50, 60 y 70, en un contexto donde se vivían situaciones de violencia política entre liberales y conservadores. Durante este periodo oscuro, se habla de la aparición de una luz que era atribuida a fenómenos sobrenaturales. La luz, que semejaba la de una lámpara de petróleo, recorría ciertos lugares alrededor del río Umpalá en el municipio de Piedecuesta. Los relatos de los habitantes describen cómo la luz se movía rápidamente, provocando aullidos de perros y miedo entre quienes la presenciaban. Las narraciones incluyen episodios en los que la luz aparece durante la noche, incluso en condiciones meteorológicas adversas como fuertes lluvias, para luego desaparecer misteriosamente, dejando una sensación de inquietud entre los pobladores.

Versiones

La narración del mito brinda una única versión que se enfoca en la aparición de una luz inquietante que transita por la región de Piedecuesta, en Colombia, durante las décadas del 50, 60 y 70, años marcados por la violencia bipartidista entre liberales y conservadores. No obstante, al explorar cómo podría variar esta historia en diferentes contextos, podemos imaginar diferencias significativas en función del enfoque y los detalles culturales específicos. Por ejemplo, una variación podría incluir cómo la luz es interpretada como una manifestación de los espíritus de las víctimas de la violencia política de esa época: el mito entonces adoptaría un tono más sobrenatural y de justicia histórica, buscando representar la memoria colectiva y el sufrimiento de esos años. Otro enfoque podría resaltar la luz como un presagio de infortunio o una advertencia, enfocándose menos en los aspectos políticos y más en lo sobrenatural.

Las diferencias notables entre versiones potenciales podrían incluir la atmósfera creada alrededor del fenómeno. Mientras que en esta narrativa la luz se describe con intensidad visual y auditiva, con énfasis en su interacción con el entorno (como la reacción de los perros y las gotas de agua), una variante podría enfocarse en el impacto humano y social del mito, como la forma en que influye en la cohesión comunitaria o en la percepción del entorno natural. Además, el contexto urbano o rural podría alterar radicalmente las características del mito: en un escenario más urbano, el foco podría moverse hacia la alteración del espacio humano y moderno, mientras que en el contexto rural original, resalta más la conexión del ser humano con lo desconocido y natural. Por último, el elemento de la lluvia y cómo la luz interactúa con el agua podría ser omitido o reinterpretado, cambiando la naturaleza de la aparición de un símbolo persistente a uno más efímero.

Lección

La memoria de los eventos pasados persiste a través de símbolos y relatos.

Similitudes

Se asemeja a los mitos de luces errantes como el 'Will-o'-the-wisp' de la mitología europea, que también representan almas perdidas o advertencias sobrenaturales.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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