
Andina · Mestizo
La lámpara de petróleo
Una luz amarillenta baja del Cáscaro hacia La Urgua bajo un aguacero, seguida por perros y observada desde varias casas.
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Desde el Cáscaro, tierra de ríos y montañas de Piedecuesta, bajaba a veces de noche una luz. Era en los años de la violencia entre liberales y conservadores, cuando los pueblos vivían divididos por las banderas políticas y el miedo andaba suelto por los campos.
Una noche de junio cayó sobre la vereda de La Urgua un aguacero de los grandes. Los caminos se volvieron arroyos. Fue entonces cuando la gente de las casas de barro y bahareque vio bajar del Cáscaro aquella claridad. Se parecía a la llamita de una lámpara de petróleo, y avanzaba rápido, derecha, sin que la lluvia pudiera con ella: el agua le caía encima y no la apagaba.
Los perros de la vereda la sintieron y se pusieron a aullar. La gente despertó y se asomó por las rendijas de las puertas de madera pintada.
En una de esas casas, esa misma noche, el agua se coló por el techo y empapó el colchón. La familia tuvo que levantarse. Al abrir la puerta a la tormenta vieron la luz a unos quinientos metros, sobre una casa vecina. Parecía buscar algo. Se detuvo un momento en la esquina de esa casa, y luego se lanzó por el camino hacia el río Umpalá, a una velocidad terrible, mientras los perros ladraban y aullaban bajo el aguacero.
A la mañana siguiente, los campesinos que vivían más abajo contaron que ellos también la habían visto pasar. No era la primera vez. Pero aquella noche la luz se perdió entre la lluvia y la oscuridad, y después de eso nadie volvió a verla.
Desde entonces, en La Urgua se habla de la luz que bajaba del Cáscaro como de una pregunta que quedó sin respuesta: una lámpara que nadie llevaba, que no se apagaba con el agua y que se fue río abajo sin decir qué buscaba.

La enseñanza
“Lo que un vecindario ve junto en la noche se vuelve memoria aunque nadie sepa explicarlo.”
Territorio
Andina · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 6° · -73°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Santander · Andina
- Referencias
- 6
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Leyendas y cuentos de Santander (fragmento de cubiertas publicado por el autor)
drive.google.com
Es la obra de la que con más probabilidad sale la luz de La Urgua: la contraportada presenta cuarenta y seis «sagas» de Santander recogidas por el autor, y fija editorial (Sic, Bucaramanga) e ISBN 978-958-708-437-5.
- Mitos y leyendas de Colombia, tomo II, sección 20: Misael Devia Morales, «Folclor tolimense» (1962), «La Candileja», folio 151
flacso.edu.ec
Es la descripción más completa de la luz errante andina: la Candileja «baja por la madre del río, en las grandes crecientes», se ve en la cresta de los cerros y en las casas solitarias, y los campesinos la distinguen de la luz de una guaca, blanca o azulita y mansa, porque la suya es rojiza, inquieta y aparece y desaparece de repente. Da el marco para leer la luz del Cáscaro que baja hacia el río en noche de aguacero.
- Mitos y leyendas de Colombia, tomo II, sección 19: Juan de Dios Arias, «Folclor santandereano» (1954), «El trapiche ardiendo», folios 134-135
flacso.edu.ec
Es el paralelo santandereano: en una velada en la estancia de El Volcán, la familia ve desde el corredor una luz en las montañas lejanas que crece hasta parecer una hoguera, y un vecino la explica como el trapiche del difunto Nazario, que pena. La misma página cierra con la lamparita de petróleo encendida en la sala, la luz doméstica con que se compara la del relato.
Contraste y contexto · 3 referencias
- Mitos y leyendas de Colombia, tomo II, sección 21: Cesáreo Rocha Castilla, «Prehistoria y folclor del Tolima», «La Candileja», folio 180
flacso.edu.ec
Segunda forma registrada de la luz errante: una luz en llama que sale de la orilla de los pantanos y persigue de noche a los caminantes solos. Sirve para mostrar que la luz de La Urgua, que no persigue a nadie, se aparta del tipo.
- Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano, «La Bola de Fuego», pp. 13-14
archive.org
El relato de la Bola de Fuego ocurre en una noche de tormenta en las sabanas de Arauca: una luz que alumbra y se apaga a lo lejos, los perros que ladran asustados y un caminante que la ve acercarse. Reúne los mismos elementos de escena que la noche de La Urgua: aguacero, perros, luz sin portador.
- Violencia política e impunidad: casos en Santander identificados en los expedientes del Fondo Judicial durante el periodo 1930-1948 (pasantía de investigación), pp. 77-79
noesis.uis.edu.co
Documenta la violencia partidista en Piedecuesta con procesos del Fondo Judicial: la masacre del 1 de febrero de 1931, día de elecciones a la Asamblea Departamental, con muertos y heridos en la plaza principal. Da un anclaje histórico real al fondo de violencia política que el relato asocia con la luz.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«La lámpara de petróleo» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «La lámpara de petróleo» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «La lámpara de petróleo» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








