Erubidá y Siebidá

Andina · Chamí

Erubidá y Siebidá

Gente del valle y gente de la montaña pasan de una emboscada a la represalia, hasta que sus jefes acuerdan detener la guerra.

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Los Erubidá eran la gente del valle y los Siebidá eran los de la montaña. Un día diez hombres de los Siebidá fueron al monte a cazar y a pescar, y allá hicieron unos ranchos. Llevaban bodoquera y miasú. Por la noche se acostaron a dormir. Su jefe era Sikóna.

Al día siguiente fueron río abajo pescando, y allá dos hombres se encontraron de golpe con los Erubidá, sus enemigos. Entonces los dos Siebidá silbaron para avisar a sus compañeros. Cuando vieron que los Erubidá eran quince y ellos sólo dos, regresaron al campamento. Llegaron con mucho afán y dijeron: encontramos a los enemigos. Mentiras, dijeron los otros. Pero uno de ellos no quiso dormir durante la noche, para vigilar. Se disfrazó de Erubidá, y aun así sus compañeros no le hicieron caso.

Entonces, en la noche, vinieron los Erubidá y mataron a todos. Pero el hombre que vigilaba disfrazado se defendió bien, mató a ocho Erubidá con su lanza y por fin se salvó. Entonces los Erubidá se retiraron, y el hombre regresó a su pueblo y le contó todo a su jefe. El jefe dijo: ya lo sabía todo, porque así me soñé.

Pero el hombre que se había salvado era un brujo. Entonces se murió el hijo de él y lo pusieron en un hueco debajo de la casa, pero sin enterrarlo. Allá lo dejaron, y a veces se oyeron ruidos allá.

El jefe dijo: vamos a hacer guerra con los Erubidá. Se fueron al pueblo de los Erubidá, que estaban en fiesta. Los Erubidá cantaban: ni, nina nína, ni-na-ni-na-nína. Los Siebidá los atacaron y quemaron diez de las sesenta casas del pueblo de los Erubidá. Entonces dijeron: los dejamos vivir o morir. Pero el jefe de los Siebidá dijo que había que matarlos. Y el jefe de los Erubidá ofreció amistad.

Los Siebidá se fueron otra vez a sus casas, y desde entonces fueron amigos.

Erubidá y Siebidá: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Una guerra termina cuando el bando atacado ofrece amistad y el vencedor acepta oírla.”

Territorio

Andina · Chamí

Andina · Chamí

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Chamí
Referencia
4.156111° · -76.287778°

Ficha del relato

Contexto histórico

Esta página sigue el relato número 6 de «Algunos mitos de los indios Chamí (Colombia)», de Gerardo Reichel-Dolmatoff, Revista de Folklore, Bogotá, 1953, páginas 148 a 165, recogido en 1945 en la vereda de Corozal, municipio de Río Frío, Valle del Cauca. El recopilador declara que los relatos fueron narrados en castellano por los indios y transcritos «en su texto original, sin cambio alguno», y también que carecía de una perspectiva del contexto cultural del que forman parte. No nombra a ningún narrador. Sus dos notas aquí traducen miasú como lanza y nada más.

El otro registro del mismo viaje de 1945 sí tiene nombre. Milcíades Chaves Ch. publicó «Mitos, tradiciones y cuentos de los indios Chamí» en el Boletín de Arqueología I-3, páginas 133 a 159, y declara en la página 134 que de los nueve cuentos los cuatro primeros se los narró Nicolás Henao, indio chamí de unos treinta años llegado a Calima desde Balboa, en Caldas, hermano del cacique y cuñado del curandero, que tradujo él mismo las palabras que decía en su idioma, y que los cinco últimos se los narró Rafael Bailarín, indio katío. «Erubida y Siebida (Los indios del valle y los indios de la montaña)» es el primero de los nueve: aquí no hay problema de pueblo, el narrador es chamí y está nombrado. Vale anotar que Henao habla desde uno de los dos bandos: su relato empieza diciendo que los indios del valle «eran enemigos de los de acá». Y que los docentes de la comunidad emberá chamí de Argelia glosan en su libro bilingüe de 2015 que chamí quiere decir cordillera, y que los emberá chamí son «la gente de la cordillera».

Chaves añade dos cosas que Reichel-Dolmatoff no trae. La primera es Aribadá, el muchacho muerto y revivido con baños de la yerba beké, que mata al murciélago inká y obtiene el poder de dormir a la gente, se disfraza de Erubidá, canta como ellos y los va sacando uno a uno al patio. La segunda es el cierre: «el viejo Erubidá regaló a los Siebidá un cacique de oro como señal de amistad». En su nota comparativa Chaves llama a todo esto «una tradición, al parecer reciente, de cuando los indios de la montaña eran enemigos de los que poblaban el valle».

Ese episodio del oro reaparece cuarenta años después. Luis Guillermo Vasco Uribe, en «El oro y la plata entre los embera y waunaan», Boletín Museo del Oro 48 (2001), lo cuenta casi con las mismas palabras, pero sin citar de dónde lo toma: Chaves no está en su bibliografía. El mismo artículo explica por qué el oro cabe ahí, al sostener «el carácter originario del oro y su lugar natural» en los mundos de arriba y de abajo, con sus tronos de oro, el bohío de oro del trueno y los primeros jaibanás con banco, bastón y tambor de oro.

Dos trabajos más sostienen la ficha. Mario Ogarí, autoridad tradicional emberá chamí, y David Marulanda publicaron en 2018 «Historia del Aribada» y allí registran que «Chávez (1945) escuchó otra historia en la que el aribada pelea del lado de los indios de montaña, los siebidá, en la guerra contra los indios del llano, los erubidá». Y Patricia Vargas, en Boletín Museo del Oro 29 (1991), defiende leer juntas la historia oral y la documental, porque «las historias que tradicionalmente se han conocido como mitos, refieren según convenciones culturales acontecimientos y procesos históricos». Lo que ninguna fuente permite es fechar esta guerra ni localizar a Erubidá y Siebidá en un mapa.

Resonancias con otros mitos

Dentro del propio corpus chamí de 1945 la comparación obligada es entre las dos transcripciones, y ya está hecha arriba: la de Nicolás Henao trae a Aribadá y el cacique de oro, la de Río Frío trae a Sikóna y las sesenta casas.

Un segundo paralelo, documentado y emberá, está en la memoria de otras guerras. Patricia Vargas recoge que «los emberas recuerdan la guerra con los carautas y/o callos, los distinguen por ser los dueños del oro, por vivir en árboles inmensos y por tener reglas de parentesco flexibles», y cita la versión que Constancio Pinto registró entre los katíos, según la cual los carautas fueron castigados y convertidos en animales. Sven-Erik Isacsson documenta lo mismo con los burumiá, enemigos antropófagos y ricos en oro que vivían en los huecos de los árboles jenené y que acabaron quemados dentro de ellos. El parecido es el enemigo dueño del oro; la diferencia es el desenlace, porque allá el enemigo desaparece o se vuelve animal, y aquí los dos bandos se apaciguan y quedan de amigos.

Un tercero está en el mismo personaje que Chaves añade. Mario Ogarí y David Marulanda registran que Dogiramá y Pardo recogieron en 1985 un aribada que pelea en la guerra contra los juras, enemigos de los embera, y que Vasco recogió el de un niño hecho aribada por un brujo «para matar a soldados y capitanes que intentan robar la tierra». El aribada como arma de guerra circula, entonces, entre relatos distintos y contra enemigos distintos: unos internos, otros españoles. En el relato de Henao el enemigo no es ni animal ni extranjero, sino gente con jefe, casas, fiesta y chicha, con quien al final se pacta.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Hay dos transcripciones de 1945, recogidas en el mismo viaje y publicadas por separado, y no dicen lo mismo.

  2. La de Reichel-Dolmatoff es corta y nombra al jefe: Sikóna. Diez cazadores salen, dos se topan con quince enemigos, nadie les cree, el vigilante disfrazado mata a ocho Erubidá y se salva, el jefe dice que ya lo había soñado, el hijo del brujo muerto queda en un hueco bajo la casa haciendo ruidos, los Siebidá atacan una fiesta y queman diez de sesenta casas, el jefe Erubidá ofrece amistad y desde entonces fueron amigos.

  3. La de Nicolás Henao en Chaves es mucho más larga y no coincide casi en ninguna cifra. Allí van diez personas pero con mujeres y niños, y los matan a todos menos a uno que brinca al río; los Siebidá disfrazados con majagua blanca matan como diez Erubidá; el viejo sueña con sangre antes de que llegue la noticia; un muchacho enfermo muere, lo dejan bajo un cajón, a los ocho días está volteado boca abajo y lo reviven con baños de la yerba beké y le ponen el nombre de Aribadá. Después bajan como cincuenta en cinco canoas, entierran a sus muertos, y Aribadá, vestido y pintado como los Erubidá, entra a la bebeta, bebe chicha, toca tambor y va sacando enemigos al patio para que los maten afuera. Matan también a la vieja que lo reconoce, y a tres de cuatro muchachas. Sólo entonces dos muchachas Erubidá proponen hablar con el mandón, y los dos viejos beben juntos, y el viejo Erubidá regala un cacique de oro. El relato sigue todavía con una segunda parte en que Aribadá preña dormidas a las muchachas del propio pueblo y terminan matándolo con agua hirviendo, y sus hijos Fronchí y Pononó cantan que son hijos de Aribadá.

  4. No hay que fundirlas. Reichel-Dolmatoff no nombra a Aribadá ni menciona el oro; Chaves no nombra a Sikóna ni cuenta la quema de diez de sesenta casas. El sueño del jefe está en las dos, pero en una llega después del ataque y en la otra antes de la noticia.

  5. Las grafías varían: Erubida y Siebida sin tilde en el título de Chaves, Erubidá y Siebidá con tilde en el cuerpo de ambos textos; Aribadá en Chaves, Aripadá en la lectura que él mismo cita de Wassén, Aribamia en la de Rochereau. Ogarí y Marulanda llaman a los Erubidá «los indios del llano» donde Chaves y Reichel-Dolmatoff dicen valle.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Chamí · Valle del Cauca · Andina
Referencias
11
Última revisión
17 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Algunos mitos de los indios Chamí (Colombia)

    redaprende.colombiaaprende.edu.co

    Transcribe catorce relatos narrados en castellano por integrantes de un grupo Chamí asentado en Corozal, municipio de Río Frío, Valle del Cauca, durante el reconocimiento de 1945.

  2. Ficha de Algunos mitos de los indios chamí

    redaprende.colombiaaprende.edu.co

    Acredita autoría, rango de páginas, procedencia en Río Frío y licencia del facsímil conservado por la Biblioteca Nacional.

  3. Mitos, tradiciones y cuentos de los indios Chamí

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica nueve relatos de la expedición de 1945 e identifica por separado cuatro narraciones de Nicolás Henao, Chamí de Balboa, y cinco de Rafael Bailarín, narrador Katío.

Contraste y contexto · 8 referencias
  1. Tejidos de transformación: oraliteratura y oralitegrafía en la memoria emberá chamí

    revistas.udea.edu.co

    Analiza relatos Chamí del Eje Cafetero y explica la transformación como principio relacional, además de rastrear mediaciones coloniales, cristianas y patriarcales.

  2. Algunos relatos de los embera chamí de Risaralda, contados por Clemente Nengarabe Siágama

    luguiva.net

    Relatos que Vasco recogió de Clemente Nengarabe en el Chamí y que se publicaron en 1978 sin su nombre. Al republicarlos, Vasco explica que su papel fue el de simple recolector y devuelve la autoría al narrador, porque en aquel momento fue impensable que un indígena figurara como autor.

  3. El oro y la plata entre los embera y waunaan

    publicaciones.banrepcultural.org

    Es el hallazgo que más cambia esta ficha. Vasco resume una versión del mismo conflicto —«Una historia sobre la guerra entre los embera del valle y los de la montaña, Erubidá y Siebidá»— y añade un episodio que ni Reichel ni el resumen de la ficha registran: después de la victoria «hicieron una fiesta para pactar la paz. En ella, el viejo Erubidá regaló a los Siebidá un cacique de oro como señal de amistad y, entonces, se apaciguaron y dijeron que no hay más guerra entre nosotros». La paz deja de ser sólo palabra entre jefes y pasa a sellarse con un objeto: una figura de oro que cambia de manos.

  4. Gentilicios y desplazamientos de la población aborigen en el noroeste colombiano (1500-1700)

    journals.iai.spk-berlin.de

    Demuestra que los relatos emberá de guerra entre pueblos conservan memoria histórica verificable. Reconstruye con documentación española del siglo XVII la enemistad entre los citará (emberá) y los burumiá, «cuya ferocidad y canibalismo dieron origen a varias leyendas que se mantienen vivas entre los emberá hasta hoy día», y señala que en todos esos relatos los temas comunes son el engorde de los prisioneros y «la aniquilación de éstos en las llamas». La quema de las casas enemigas por los Siebidá deja de ser un detalle de color y pasa a ser el motivo estable con que los emberá cierran una guerra.

  5. Historia del Aribada

    pairevistaetnografia.wordpress.com

    Explica el episodio más oscuro de la ficha: el hijo del sobreviviente, brujo, que no se entierra sino que se deja en un hueco bajo la casa, del que a veces salen ruidos. El artículo describe el aribada como un muerto —típicamente un jaibaná— que «no se muere, sino que se transforma, se revive», y precisa que para que eso ocurra se requiere que «el muerto haya sido enterrado bajo tierra cerca de las viviendas», desde donde cava con uñas enormes hasta salir. El hueco bajo la casa deja de ser un dato inexplicado y pasa a ser la condición del aribada.

  6. Chi jaibana aribada ome / El jaibaná y el mohán

    colombiaaprende.edu.co

    Es el aribada contado y escrito por chamís, en lengua y en castellano. La presentación del libro define que «El mohán emberá chamí es conocido como el terrorífico aribada, un animal mitad hombre mitad» jaguar, y desarrolla la relación entre el jaibaná y ese ser, incluido el poder de enviar plagas al territorio de otro jaibaná. Permite escribir sobre el brujo muerto bajo la casa con vocabulario chamí propio y no con el de la brujería castellana, y respalda el nombre Aribadá que Chaves conserva en su versión extensa.

  7. Los emberas y los cunas en frontera con el imperio español. Una propuesta para el trabajo complementario de la historia oral y de la historia documental

    publicaciones.banrepcultural.org

    Es el método que esta ficha necesita para tratar una guerra contada como mito. Vargas sostiene que la historia oral y la documental construyen ambas representaciones del pasado y que «cada sociedad que se relaciona con otra conserva memoria de ella según su propia concepción cultural», y trabaja con relatos emberá y cuna sobre la ocupación española de los siglos XVI y XVII mostrando cómo los relatos míticos remiten a hechos y territorios concretos. Autoriza a leer Erubidá y Siebidá como memoria de un conflicto real sin convertirla en crónica.

  8. Algunas notas sobre historia chamí

    luguiva.net

    Documenta que la guerra no es sólo un tema de los relatos chamí sino de su historia: sublevaciones, destrucción de fundaciones españolas y huidas masivas a las cabeceras de los ríos, y una memoria oral chamí sobre el ataque y la destrucción del pueblo de San Juan de Chamí hacia 1798, con muchos muertos atrapados en la capilla durante una reunión religiosa. Ofrece el precedente exacto del episodio en que los Siebidá caen sobre los Erubidá mientras están de fiesta cantando, y quema parte de las casas.

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«Erubidá y Siebidá» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Erubidá y Siebidá» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Erubidá y Siebidá» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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