La entundada, el quedado y el espanto

Pacífico · Panán

La entundada, el quedado y el espanto

Entundarse es perder camino y orientación; el quedado y el espanto nombran afectaciones atendidas por medicina propia.

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La entundada, el quedado y el espanto: la entrada del relato

El relato

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En Panán entundar es un verbo. Entundarse es perderse en un campo, dormirse en un monte, en una zanja, en un páramo. El borracho da varias vueltas en el mismo lugar y no encuentra la salida ni el camino de la casa; el que está cuerdo se pierde en un sitio determinado y se desvía, e igual da vueltas y no halla por dónde salir. Después vienen el dolor fuerte de cabeza, el malestar del cuerpo y la fiebre.

Quien entunda tiene cara de mujer. La Vieja se les presenta a los borrachos, los aturde —eso es entundar— y se los quiere llevar adonde ella vive: ríos, puentes, casas abandonadas, chorreras. No hay que internarse lejos para que ocurra; basta el callejón, el pozo, la quebrada, la orilla del cementerio, el matorral de espinas.

Cuando el enfermo llega, el médico tradicional lo mira y dice que está quedado. El espíritu se le quedó en el otro lugar y hay que ir por él. Se conoce en el cuerpo: dolor de cabeza, sueño excesivo, diarrea, adelgazamiento, pérdida de apetito, la piel de color amarillento. Y se distingue del espanto, que viene de una impresión violenta, de un ruido escandaloso o de una caída, y que se diagnostica por el pulso, midiéndole los pies, mirándole la contextura de los ojos y tocándole la cabeza: si está quemando, es fuerte mal aire o fuerte espanto.

Ir por el quedado es un viaje. Cuando el quedado es un niño, se lleva la última prenda que tenía puesta, ruda, trago y peinilla, y se va con la madre hasta el sitio exacto donde se cayó o se asustó. Allí se echa el trago, se golpea duro el suelo y se llama: ¡vení, vení, vení, levanta, levanta, vamos, vamos, a tu casa, a tu casa! Se recoge lo que se halle, con yerbas, con tierra, se envuelve todo con la ruda y se abraza. Y de ahí se sale corriendo sin voltear a ver, porque si se voltea el espíritu se regresa y, como dicen las curanderas, «es más jodido volver a traerlo»; el acompañante viene atrás con la peinilla echando juete. En el camino no se habla, no se saluda a nadie, se pasa no más a la carrera. El saco pesa como si llevara el niño adentro, y uno va sudando, y parece que se lo quisieran quitar. Al llegar se le dice: ¡toma tu quedado!

Después se coge ruda y se le friegan las piernitas, y se dice: le voy a sentar el espíritu. Se le toman los nudos de las piernas hasta sentir el pulso normal, que es la seña de que ya se está sentando. Esa noche el niño duerme, y que duerma es buena señal, porque quiere decir que el espíritu llegó. La traída es una sola vez; las otras dos veces ya es sólo fregarle las piernitas y los bracitos, y así el niño se va mejorando.

También se usan ovillos de lana roja, negra y verde, esencias de plantas, chapil, cigarrillo y ruda. Y quién lo llama entundado, quién quedado y quién espantado, lo decide el que cura.

La entundada, el quedado y el espanto: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Perder el rumbo es aquí un verbo, no una criatura, y tiene diagnóstico propio.”

Territorio

Pacífico · Panán

Pacífico · Panán

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Pacífico
Comunidad
Panán
Referencia
0.85917° · -77.82165°

Ficha del relato

Contexto histórico

El quedado no es una metáfora: tiene registro. Erica Susana Quiroz Malte publicó en 2015 el informe del puesto de salud del resguardo correspondiente a marzo de ese año, firmado por el auxiliar de medicina tradicional Franco Calpa. De cincuenta consultas, las más frecuentes fueron mal aire con veintiocho, espanto con doce, quedado con cinco y cueche con tres. En el mismo trabajo, con entrevistas fechadas, están las definiciones: el espanto por Rosario Ipial, médica tradicional, el 29 de septiembre de 2014, y el quedado, con toda la traída del espíritu, por Herminia Malte, médica tradicional, el 21 de julio de 2014.

Que entundar sea verbo y no criatura lo dejó escrito Byron Danilo Ruiz Puetate en el glosario de su libro de 2015, hecho desde los montes de Panán: «Entundarse: perderse en un campo; dormirse en un monte, una zanja, un páramo». Y quién entunda lo dice Quiroz en su entrada sobre la Vieja: «los aturde (entunda) y les hace perder el conocimiento».

El apartado 4.2.7 de la tesis de 2016 de Ernesto Ramiro Estacio y Luis Ulpiano Tatamués García aporta lo demás: el borracho que da vueltas, el que se pierde estando cuerdo, los síntomas, el momento en que el médico alude que está quedado, la lista de ovillos de lana roja, negra y verde, esencias de plantas, chapil, cigarrillo y ruda, y la advertencia de que cada comunidad tiene síntomas distintos y formas distintas de controlar el malestar.

Andrea Ojeda Guerrero, en 2006, ya había clasificado en Panán «el espanto o quedado» como una sola entrada entre las enfermedades naturales y culturales, las que se contraen al entrar en lugares sagrados, solitarios, con encanto, en quebradas, puentes y bosques.

Resonancias con otros mitos

El paralelo mejor documentado viene del resguardo de Yaramal, en el municipio de Ipiales. Robinson Escobar Morillo y Nelson Mejía Putacuar dedicaron allí, en 2009, secciones al entundamiento dentro del capítulo del duende y dentro del capítulo de la viuda, y su glosario define el entunde como el desequilibrio de quien fue tocado por cualquier espíritu, con una precisión que aquí hace falta: «el entunde puede pegar en los sitios huacas o pesados». Eso ata esta categoría con la de las huacas, y explica por qué en Panán la pérdida del camino ocurre en callejones, pozos, quebradas y orillas de cementerio, que son exactamente los sitios que se llaman pesados.

El segundo paralelo es de consulta. En Túquerres, otro resguardo pasto, los diecinueve médicos tradicionales que entrevistaron Portilla, Madroñero y Getial en 2016 encabezan su lista de enfermedades espirituales con el espanto y el mal viento, los mismos dos que encabezan el informe del puesto de salud de Panán, y sostienen que la medicina occidental no puede sanarlas. Dos resguardos distintos, el mismo orden de frecuencia.

Al otro lado de la frontera, en el Carchi, el verbo cambia de raíz: allí dicen enduendar. Es vecindad, no Panán.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Tres desacuerdos, y ninguno es menor.

  2. El primero es quién entunda. En Quiroz es la Vieja, con nombre y definición. En el corpus de 2016 la Vieja entunda a los borrachos, pero la Viuda produce el mismo efecto sin que se use la palabra: «a medida que avanza en el camino se va perdiendo el conocimiento hasta que se olvida todo». En un resguardo pasto vecino, Nelson Mejía Putacuar recogió en 2014 un tercer culpable: el duende, que «con el poder de sus ojos entunda a los que tumban el monte y queman la paja».

  3. El segundo es si hace falta que haya alguien. En Yaramal, resguardo pasto del municipio de Ipiales, Robinson Escobar Morillo y Nelson Mejía Putacuar glosaron en 2009 el entunde como «señal de desequilibrio y trastorno tanto físico como mental que presenta la victima que ha sido tocada por cualquier espíritu sobrenatural», y agregaron que «el entunde puede pegar en los sitios huacas o pesados». Allí no se necesita figura: basta el lugar.

  4. El tercero es si son tres nombres o uno. Ojeda, en 2006, escribe «el espanto o quedado» como una sola cosa. Quiroz, en 2015, los separa con síntomas y curaciones distintas, y en la tabla del puesto de salud son dos renglones. El corpus de 2016 se queda en el medio y deja la decisión donde está de hecho: depende del médico, y depende de la comunidad.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Panán · Nariño · Pacífico
Referencias
8
Última revisión
19 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. La memoria territorial y el encanto de la palabra de los indígenas de Panán

    sired.udenar.edu.co

    Corpus principal construido con testimonios de comuneros. Dedica apartados propios a los dieciséis lugares, seres y experiencias que forman esta colección.

  2. La mujer y la medicina tradicional en el resguardo de Panán: el rostro detrás de la historia

    sired.udenar.edu.co

    Entrevistas fechadas a las médicas y parteras de Panán y el informe del puesto de salud de marzo de 2015, donde de cincuenta consultas las más frecuentes fueron mal aire, espanto, quedado y cueche. Define la Vieja y la Viuda, y registra que la Vieja «los aturde (entunda)».

  3. Nostalgia de chutún. Heterogeneidad y filosofía desde los montes de María Panana

    sired.udenar.edu.co

    Trabajo de campo en Panán con narraciones de Herminia Malte y de Carlos y José Chalparizán, y un glosario de términos locales: Cuaichala «monte oscuro», enguacarse, entundarse, el cueche con cabeza de buey. Trae la Moledora de Panán y el relato del leñador y el árbol que sangra.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Espiral andino

    revistas.udenar.edu.co

    El duende músico cuyo tambor es el agua, que «con el poder de sus ojos entunda a los que tumban el monte y queman la paja», narrado por Magdalena Pinchao. Es de Yaramal: pasto vecino, no Panán.

  2. El poder del mito en la dinámica del territorio del resguardo indígena de Yaramal

    sired.udenar.edu.co

    Monografía de los seres del territorio pasto capítulo por capítulo —el duende, el chutún, el cueche, la viuda, la vieja del monte— con narradores nombrados por vereda y fecha. Es de Yaramal, en Ipiales: resguardo pasto vecino, no Panán.

  3. Medicina tradicional en el Resguardo Indígena de Panán, municipio de Cumbal

    sired.udenar.edu.co

    Investigación de campo aprobada por autoridades del resguardo. Sitúa a Panán dentro del pueblo Pastos y documenta medicina propia, plantas y categorías comunitarias de enfermedad.

  4. Sistema médico tradicional-ancestral en el territorio de los Pastos, Resguardo Indígena de Túquerres

    camjol.info

    Con diecinueve médicos tradicionales de Túquerres. Describe el «miado del cueche» y distingue el negro, que se pega en quebradas, del blanco de los ríos pequeños, que tiene por el más peligroso. Es otro resguardo pasto, no Panán.

  5. Los Pastos

    babel.banrepcultural.org

    La monografía de referencia sobre los Pastos. Registra los tres caciques de Panán —Nasate, Juaspuezán y Puenayán— bajo la figura de tres dragones que viven en la Tuta, los linajes del resguardo, el chutún como dueño del barbecho y el lugar de María Panana entre los fundadores.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

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«La entundada, el quedado y el espanto» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La entundada, el quedado y el espanto» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La entundada, el quedado y el espanto» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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