La danta y el terecay

Orinoquía · Sikuani (Guahíbo)

La danta y el terecay

Tras la muerte de una anciana, un terecay sigue durante años el rastro de la danta hasta encontrar una forma de vengarla.

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El relato

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Una anciana cuidaba animales. Un día, conversando, comentó delante de todos que el hígado de danta era sabroso. La danta la oyó.

No dijo nada entonces. Al cabo de un tiempo se le acostó de un modo que la mujer creyera que podía alcanzarle el hígado metiendo el brazo por una abertura del cuerpo. La anciana metió el brazo. El animal la agarró ahí mismo, la mató y se la llevó.

Un terecay se quedó sin abuela. Empezó a buscarla. Preguntaba por ella donde llegaba y seguía los indicios que iba encontrando por el territorio, y así fue andando de un lado a otro. Lo que le dijo la verdad fue un excremento: por ahí supo que la danta había sido.

Saberlo no le sirvió de mucho al principio, porque no la encontraba. Pasaron años y el terecay siguió detrás del rastro. La búsqueda le llevó más tiempo del que le habría llevado cualquier respuesta rápida, y no la soltó.

Cuando por fin estuvo cerca de la danta no se le fue encima. Se le acercó despacio y le pidió orina, para beber y para calentarse el caparazón. La danta accedió. Con esa petición la distancia entre los dos quedó en nada, y fue ahí, con el animal quieto, cuando el terecay le mordió los genitales y no soltó.

La danta salió corriendo para el agua. Se tiró con la tortuga todavía prendida y trató de zafarse por debajo de la superficie, dando vueltas. En una de esas metió la cabeza entre una horqueta que estaba sumergida y quedó trancada ahí. No pudo sacarla y se ahogó. El terecay se soltó y salió.

Después se fue a donde los nietos humanos de la anciana. Les contó que había encontrado al que la mató y que ya había cobrado por ella.

La danta y el terecay: lo que quedó del relato

La enseñanza

“La paciencia de años convierte un cuerpo pequeño en la trampa de un cuerpo grande.”

Territorio

Orinoquía · Sikuani (Guahíbo)

Orinoquía · Sikuani (Guahíbo)

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Orinoquía
Comunidad
Sikuani (Guahíbo)
Referencia
4.2° · -71.4°

Ficha del relato

Contexto histórico

La danta y el terecay la relató Rita Gaitán en 1973. Eugenia Villa Posse la reproduce en las páginas 284 y 285, remitiendo al corpus que Francisco Ortiz publicó en 1982.

El terecay es una presencia cotidiana y también una figura de pensamiento entre los sikuani. Ortiz describe el calendario: durante el verano, que es la época de mayor abundancia, se recogen huevos de tortuga terecay y charapa, se pesca con barbasco y con trampas en las lagunas y los caños, y la cacería de animales mayores como la danta y el venado se facilita porque el agua se reduce a pocos puntos. Terecay y danta no son dos animales cualesquiera: son las dos presas de la misma estación.

La tortuga también está escrita. En la cestería sikuani cada «pinta» tiene nombre y es un ícono con valor convencional; los propios sikuani traducen el término itane como «letra». Entre los diseños que Ortiz recogió figura ikuli juma itane, «pinta pecho de terecay», y la Cruz del Sur es, en la astronomía sikuani, la Cruz de la tortuga charapa. El diseño del terecay se lo indicaron a Ortiz los amorúa de Agua Clara; el amorúa, según el trabajo que el mismo Ortiz firmó con Francisco Queixalós, es el habla de los hamorúa-momowi, «nietos del oso perezoso», una banda regional guahibo sin diferenciación lingüística notable. Es decir: vecinos de dentro de la misma familia, y se anota como tal.

La danta, por su parte, es uno de los emblemas de banda que Ortiz registró en Mochuelo en 1972, y sigue siendo uno de los clanes que los docentes de Awariba y Domoplanas enumeran en 2015.

Resonancias con otros mitos

Que un animal pequeño derrote a uno grande con astucia es un motivo de toda la cuenca, y la comparación sólo sirve contra relatos que existan y tengan dueño. En el corpus sikuani hay tres que la sostienen, y los tres se ganan lo mismo: acercarse antes de golpear.

El primero es la lapa del ciclo del árbol de los alimentos. En todas las versiones que están en disco —la de Corocito, la de Kotsipa de 1972, la del Instituto Lingüístico de Verano de 1974, la del resguardo Wakoyo y la de Awariba y Domoplanas— la lapa no le disputa nada al mico de noche: lo sigue callada toda la noche, por debajo, y sólo actúa cuando la piña ya está cayendo.

El segundo es Tsamani en el mismo ciclo: para sacarle las hachas al dueño que se las había tragado no se las pide ni se las quita, sino que se sopla el cuerpo, se vuelve mosquito y se mete dentro del yopo que el viejo va a sorber, de modo que el otro las expulse estornudando. La cercanía es el arma.

El tercero es el desquite de las cuñadas en La historia de Lekonaiwa, que publicaron los docentes de Awariba y Domoplanas: la vecina que puede volverse zorra mata a Lekonaiwa ofreciéndose a sacarle los piojos, y las cuñadas la descubren y la matan cambiándole por zumo de ají el agua que ella tomaba. El gesto de confianza, en los dos casos, es el que abre el cuerpo del otro.

Propio de esta versión es el resto: el hígado nombrado en voz alta, el cuerpo tendido como cebo, el excremento que informa, la orina pedida para calentar el caparazón y la horqueta sumergida.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. La fuente no explica si el parentesco entre la anciana y el terecay debe leerse como filiación literal, como tratamiento afectivo o como una relación entre especies, y la ficha no lo decide. Lo que sí se puede decir es que en el corpus sikuani el trato de abuelo cruza la frontera de la especie con toda naturalidad: el rezo del pescado que transcribió Ortiz invoca uno tras otro al «abuelo de danta», al abuelo de la nutria, al abuelo de las garzas, al abuelo de los caimanes, y llama a Tsawaliwali «abuelo principal de los animales». Llamar abuela a una mujer y vengarla no es, en ese vocabulario, una licencia poética.

  2. Del episodio en sí no hay otra versión en el material en disco con la cual cotejarlo, y por eso la página conserva la secuencia de esta transcripción entera y no la mezcla con otros relatos de tortugas astutas.

  3. Sí hay otro registro sikuani sobre la danta, en otro género y con otra voz: Carmen Enciso Jilguero narra una cacería de danta en la colección De agua, viento y verdor de la Audioteca Digital del ICBF. Es una pieza distinta —una cacería, no un ajuste de cuentas entre animales— y se nombra aquí para que no se confundan.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Sikuani (Guahíbo) · Llanos Orientales · Orinoquía
Referencias
8
Última revisión
22 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Mitos y leyendas de Colombia, sección sikuani

    biblioteca.casadelacultura.gob.ec

    Editorial IADAP, Quito, 1993, dos tomos. En las pp. 279-288 reproduce siete piezas del corpus de Ortiz, registradas en sikuani y en español: Pedro Martínez narró tres y Rita Gaitán cuatro, entre 1972 y 1980. El enlace es el registro catalográfico de la Biblioteca de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.

  2. Literatura oral sikuani

    cvc.cervantes.es

    Centro Cultural Jorge Eliécer Gaitán y Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, Ediciones La Rana y el Águila, Tunja, 223 pp. Reúne 58 relatos y es la fuente primera de los siete cuentos que Villa Posse reprodujo después. El enlace es la reseña del Instituto Caro y Cuervo en Thesaurus XXXVIII (1983), en el Centro Virtual Cervantes.

  3. El simbolismo de la cestería sikuani

    publicaciones.banrepcultural.org

    Boletín Museo del Oro 21, pp. 25-37. Lee los diseños del cesto como una escritura del mundo sikuani y da los nombres de objetos, técnicas y figuras que aparecen en los relatos.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. El rezo del pescado, ritual de pubertad femenina entre los sikuani y cuiba

    revistas.unal.edu.co

    Maguaré 6-7, Departamento de Antropología, Universidad Nacional de Colombia. Observaciones en la comunidad cuiba de Mochuelo y en comunidades sikuani del Casanare, con el rezo transcrito a don Pedro Antonio en Getsemaní. Es la fuente del vocabulario ritual y de la relación entre el rezo, la comida y el cuerpo.

  2. Ornitología cuiva-guahibo

    amerindia.cnrs.fr

    Amerindia 6. Vocablos cuiba y guahibo de Kurkoto y Tsamani, en el bajo Casanare, con términos macaguane y de los llamados guahibos playeros del alto Arauca. Discute la frontera dialectal dentro de la familia guahibo y es lo que permite nombrar bien a los animales de los relatos.

  3. Taxonomía de los grupos guahibo

    revistas.icanh.gov.co

    Revista Colombiana de Antropología 20, pp. 282-293. Información recogida en 1972 en Mochuelo, bajo Casanare. Describe el sistema de emblemas momowi de las bandas regionales, que es lo que permite leer los nombres de animales de los relatos como nombres de grupo.

  4. Sikuani pe-liwaisianü. Relatos de la tradición sikuani

    colombiaaprende.edu.co

    Ministerio de Educación Nacional, serie Río de Letras / Territorios Narrados, Bogotá, febrero de 2015. Diez relatos bilingües de la Institución Educativa Indígena Unuma, en el Meta, escritos por los docentes bilingües con el apoyo de los ancianos y los médicos tradicionales. Es la única obra del juego firmada por los propios sikuani.

  5. Cuando cazábamos una danta (Wakena peliwaisi)

    audiotecadigital.icbf.gov.co

    Audioteca Digital del ICBF, colección De agua, viento y verdor, resguardo Caño Negro, Guaviare. En sikuani y en español, Carmen Enciso Jilguero recuerda la costumbre de invitar a toda la comunidad cuando se cazaba una danta grande: se la cortaba por partes, se repartía, y se volvía en fila, con quien cargaba la cabeza adelante y quien cargaba la cola atrás. Es la pieza que la sección Versiones de la ficha nombra expresamente para que no se confunda con este relato; con este enlace esa mención queda sostenida.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

0 publicadas0 en revisión

«La danta y el terecay» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La danta y el terecay» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La danta y el terecay» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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