En tiempos antiguos, cuando la región que hoy conocemos como Tres Esquinas y la Punta de la Mesa apenas era un camino de herradura, la magia y la realidad se entrelazaban en la cotidianidad de sus tierras. Allí, entre las sombras del Blanquiscal, vivían los Indios Guanes, testigos de la danza invariable de los soles y las lunas. Era una tierra de encuentros furtivos, donde contrabandistas de aguardiente mataburros o chirrinche arriesgaban sus vidas contra los intrépidos senderos y los susurros del viento, cargando historias que se contaban a media voz bajo la palidez de un cielo estrellado.
A lo largo de este camino serpenteante existía una cueva, vasta e imponente, escondida como un secreto susurrado en el viento. Esta cueva era más que roca y oscuridad; contenía en su seno la esencia de lo inexplicable. Dicen que, cuando la luna se deslizaba lentamente sobre el firmamento y alcanzaba su apogeo, se desplegaba un espectáculo singular: de las entrañas de la cueva emergía una pisca, ese mítico ser de la región, seguida de una estela de pisquitos amarillos. Como sombras doradas, aparecían para pastar en la medianoche, espectadores de un mundo que se detenía ante su presencia.
A los arrieros y peregrinos que transitaban desde Piedecuesta hacia Bogotá, a cumplir sus promesas a la Virgen de Chiquinquirá, o aquellos que se dirigían a Los Santos, La Purnia y otras veredas vecinas, se les erizaba la piel al presenciar tal esencia vital, viendo a la pisca y a sus dorados polluelos desaparecer tan súbitamente como llegaban. No deseando alterar tan trascendental momento, siempre desviaban sus pasos, temerosos del poder que emanaba del misterio despuntando en la noche.
Era un secreto asociado no sólo al temor, sino también a la codicia. Pues, aunque inalcanzable a primera vista, resonaba entre los habitantes de la región la certeza de que un tesoro yacía oculto en la profundidad de la cueva, un relicario de riquezas clandestinas acumuladas en tiempos en que no existían bancos ni cajas de seguridad. Durante generaciones, el rumor de estas riquezas alimentó la imaginación de los aldeanos y viajeros, su canto atravesando fronteras y tiempos.
El destino, sin embargo, tenía reservado un momento de revelación. Un campesino, sencillo a la vista, pero intrépido en espíritu, armado de la ambición que sólo la contemplación silenciosa de una luna llena puede inspirar, decidió confrontar el mito. En lugar de desviarse del camino, ingresó a la gruta, impulsado por el deseo inmarcesible de obtener lo que otros apenas soñaban. Las sombras lo abrazaron y, según cuentan aquellos cuyas palabras han sido transmitidas sin diluirse en el tiempo, logró extraer el tesoro, llevándose consigo no sólo una fortuna, sino también la esencia de la pisca y su camada dorada.
Desde entonces, la pisca desapareció de la vista, convirtiéndose de carne en leyenda, eco de historias murmuradas en las noches de vigilia. Aunque la modernidad intentó borrar los caminos y los vestigios de otro tiempo, la voz de la historia permaneció entre los recovecos de Piedecuesta, vibrando en los cantares de quienes la han vivido y dejado; un susurro en medio del ruido y el polvo del presente.
Así, la Cueva de la Pisca se asentó indeleble en la memoria de quienes aún la narran, legado invisible de una identidad sumergida en el fluir del tiempo. Los niños aún la escuchan, absorbiendo cada palabra, cada misterio cifrado en el lenguaje de los ancianos, sabiendo que entre la frontera de lo visible y lo inimaginable, la historia de su tierra sigue siendo contada. Y en cada rincón, en cada corazón que anida la promesa del mito, la pisca continúa su danza eterna bajo la luna que sigue guiándola, demostrando que, por más que se intente esconder la magia de la realidad, siempre encontrará el camino para regresar.
Historia
El mito de La Cueva de la Pisca tiene su origen en la región comprendida entre Tres Esquinas y la Punta de la Mesa, cerca de Blanquiscal. En tiempos pasados, esta área era un camino transitado por los indígenas Guanes y por contrabandistas de aguardiente. Se dice que durante las noches de luna llena, arrieros y peregrinos que recorrían el lugar afirmaban ver una pisca y sus pisquitos amarillos salir de una cueva para pastar, escena que generaba temor entre los caminantes. Esta cueva albergaba un tesoro, presuntamente escondido debido a la ausencia de bancos o cajas de seguridad en la época. Eventualmente, un campesino logró extraer el tesoro y desaparecer, tras lo cual la pisca dejó de aparecer. La leyenda de este evento se ha mantenido viva en la comunidad local, transmitida de generación en generación como parte de la historia de Piedecuesta.
Versiones
La narrativa del mito de La Cueva de la Pisca presentada aquí se centra en la experiencia de los habitantes locales y viajeros en una región históricamente transitada por contrabandistas y arrieros, donde se dice que existe una cueva misteriosa que era vigilada por una pisca y sus crías doradas. Una característica clave de esta versión es su énfasis en elementos históricos concretos, como los caminos de herradura usados por los indígenas Guanes y los contrabandistas, así como la figura histórica de Simón Bolívar, lo que ancla el mito en un contexto cultural y social específico que conecta el folclore con la historia regional. La leyenda describe un evento específico donde un campesino logra extraer un tesoro, incentivando tanto el miedo como la curiosidad entre quienes transitaban por el área.
Esta versión resalta la permanencia de la leyenda en la cultura local, a pesar de la modernización que ha borrado físicamente las rutas tradicionales asociadas con el mito. Asimismo, muestra cómo las historias orales perduran y se adaptan para mantener vivo el sentido de identidad regional, reflejado en la transmisión generacional del mito. La diferencia más notoria en esta versión podría ser la mezcla de historia y folclore, en contraposición a versiones más míticas que podrían centrarse exclusivamente en los elementos sobrenaturales sin el contexto histórico. Esto indica una rica capa cultural que enmarca la leyenda en su entorno socio-histórico, reforzando su relevancia a través del tiempo.
Lección
El deseo de riqueza puede llevar a la pérdida de lo mágico.
Similitudes
Se asemeja a mitos como el del dragón que guarda un tesoro en la mitología nórdica o los yokai japoneses que aparecen en lugares específicos.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



