PacíficoNasa - PaecesSanto Tomás

La casa de fiesta petrificada

La transformación mágica en Uikuet destaca las consecuencias de la mezquindad, donde la falta de hospitalidad convierte la alegría en piedra.

Compartir
Ilustración de La casa de fiesta petrificada

En un rincón remoto, donde el viento traía murmullos antiguos de antiguos secretos, se erguía el punto denominado Uikuet, un lugar que parecía atemporal y al mismo tiempo tan tangible como cualquier rincón olvidado de la tierra. La región tenía un susurro propio y decía que una casa solía animarse con el repiqueteo de tamboriles y flautas, resonando con un jolgorio que tentaba hasta a las estrellas a unirse a la danza.

Era la época de las fiestas, donde el tiempo se disolvía entre carcajadas y canciones que se encendían como las luciérnagas en la noche. Los aldeanos habían reunido lo mejor de sus cosechas, colmado de colores el interior de la casa con guirnaldas florales y perfumes dulzones. Los sonidos se escapaban por las ventanas, felices de ser libres, mientras las sombras jugaban a deslizarse entre las llamas titilantes de las velas.

En medio de toda aquella algarabía, se presentó un niño cuya presencia pasó inadvertida al principio, pues su apariencia era la de un pequeño envuelto en harapos que parecían más pesados que su propio cuerpo. Sus ojos, sin embargo, brillaban con una sabiduría que no correspondía a su edad, como si atrajera el peso de mil atardeceres en su mirada.

El niño se acercó, y con una voz temblorosa, que a duras penas superaba el bullicio, pidió un poco de comida. Los asistentes, sumidos en su despreocupación festiva, apenas le dedicaron un desvío de la mirada. Una anciana, con gesto ceñudo y manos marcadas por el tiempo, le regañó: "¿Por qué habríamos de darte algo, siendo tanta la gente y las delicias escasas para nuestros propios invitados?"

El niño, sin alterar su paz innata, sonrió con la serenidad de quien conoce los secretos escondidos tras el velo del mundo. Sus palabras resonaron como el eco de un campanario distante cuando murmuró: "Yo veo piedra". Y con esas palabras, todo se transformó.

Las risas se congelaron en su último suspiro. La música cesó, reverberando en el aire como el último acorde de un violín que se desvanece en el viento. La casa misma contuvo la respiración, y en un abrir y cerrar de ojos, todo se tornó en una escultura inerte. Las risas, los perfumes, la danza, se fundieron en la roca, transformando la alegría en un silencio sepulcral, duro y frío.

Los moradores, ahora estatuas, eran testigos eternos del momento en que un pequeño, sin más juicio que el de su corazón, había visto más allá de las apariencias. El niño, por su parte, no permaneció igual. Creció en un parpadeo, su cuerpo harapiento se ajustó y se transformó, revelando a un ser de imponencia serena, cuya presencia hablaba de un poder inexplicablemente enraizado en la compasión y la justicia. Aquel pequeño no era otro que Santo Tomás, cuyo paso por el lugar habría de convertirse en leyenda.

Los lugareños cuentan que todavía, si uno afina el oído al susurro del viento sobre Uikuet, puede escuchar el tenue tintineo de las ollas que, incesantes, caen en un ciclo eterno. Una advertencia silenciosa, un recordatorio pétreo de la generosidad negada, donde el tiempo se volvió piedra bajo la mirada de un niño que veía más allá de lo visible. Así, en las sombras del pasado, Uikuet sigue confesando su historia a todo aquel que quiera escuchar, uniendo lo fantástico y lo tangible en un susurro que atraviesa la eternidad.

Historia

El origen del mito se basa en un relato sobre un evento sucedido en un lugar llamado Uikuet, donde había una casa celebrando una fiesta. Durante la fiesta, un niño harapiento pidió comida, pero fue rechazado por una anciana que comentó la inutilidad de darle algo debido a la cantidad de gente presente. Al retirarse, el niño exclamó "Yo veo piedra", y fue entonces cuando toda la casa se convirtió en piedra. Este niño se reveló como Santo Tomás, y es posible que aún se vean referencias a este evento, como ollas cayéndose. El mito parece centrarse en la transformación milagrosa como una advertencia contra la falta de caridad.

Versiones

En esta versión del mito del niño harapiento, se observa un relato sobre una casa en Uikuet donde se celebraba una fiesta. La historia presenta una transformación mágica debido a la esencia divina del niño, quien es en realidad Santo Tomás disfrazado. La narrativa se centra en la interacción del niño con los ocupantes de la casa y el acto de negarle comida, lo que desencadena la transformación de la casa en piedra. Este punto clave subraya la naturaleza moral del mito, haciendo hincapié en las consecuencias de la mezquindad y la falta de hospitalidad.

Las variaciones en este tipo de mitos suelen radicar en la identidad del niño (a veces representado como otra entidad religiosa o mística) y en la naturaleza de la transformación (diferentes objetos o personas que se convierten en piedra). Sin embargo, en esta versión, todos estos elementos se mantienen constantes para resaltar el mensaje moral implícito, dejando visible solo un aspecto sobrenatural con la visión de las ollas "cayéndose", sugiriendo un remanente del mundo animado en un estado petrificado. El mito enfatiza la prueba de fe y bondad a través de una figura reconocida, y en este caso, el uso de Santo Tomás como personaje central establece una conexión directa con temas religiosos profundamente arraigados en la cultura local.

Lección

La falta de generosidad puede llevar a consecuencias inesperadas.

Similitudes

Este mito se asemeja al mito griego de Filemón y Baucis, donde la hospitalidad es recompensada por los dioses.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

Ver mapa completo
Compartir

Mitos relacionados

Pacífico

El trueno

Exploramos cómo el Trueno, figura poderosa, transforma tierras en lagunas, creando un conflicto entre humanos y naturaleza.

Leer mito
Pacífico

La visita del joven desconocido

El mito de Calderas revela una historia de amor sobrenatural y sacrificio, donde lo humano y lo místico se entrelazan en un desenlace inesperado.

Leer mito
Pacífico

Llíban, El Hijo del Trueno

Explora las versiones del mito de Llíban, el hijo del Trueno, un ser poderoso que enfrenta a los Pijaos con una boleadora mágica.

Leer mito

Comunidad

Comentarios

Comparte tu mirada sobre el mito. Cuidamos el espacio: solo se publican comentarios aprobados.

Cargando comentarios...

Deja un comentario

Nombre obligatorio. Email opcional (solo para contacto directo, no se publica).

Tu comentario será revisado antes de ser publicado.