La casa de fiesta petrificada

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La casa de fiesta petrificada

Un niño harapiento pide comida en una fiesta de Uikuet; al ser rechazado, revela ser Santo Tomás y vuelve piedra la casa.

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La casa de fiesta petrificada: la entrada del relato

El relato

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En el punto que llaman Uikuet había una casa que estaba de fiesta.

Había llovido en la mañana y el camino venía embarrado, pero eso no detuvo a nadie. Subieron desde las quebradas y bajaron de los filos, y para la tarde la casa estaba llena. Adentro sonaba la conversación de mucha gente junta. Las ollas grandes iban y venían del fogón. Las mujeres servían la chicha, los perros se metían entre las piernas, y el humo salía por la paja del techo y se quedaba flotando sobre el patio.

Entonces llegó un niño al filo de la puerta.

Venía harapiento. La ropa no le tapaba y estaba embarrado hasta las rodillas, como quien ha caminado un buen trecho. No entró. Se quedó ahí, mirando las ollas, y pidió que le dieran comida.

Una vieja lo vio y rezongó. Habiendo tanta gente, dijo, para qué le iban a dar a ese pequeño.

Nadie la contradijo. Siguieron sirviendo y hablando. El niño esperó un momento más, en la puerta, y después se dio la vuelta y salió al patio.

Desde afuera dijo:

—Yo veo piedra.

Y la casa se volvió piedra. Toda de una vez: las paredes, el techo, el fogón encendido, la gente sentada, la vieja que acababa de hablar, la chicha a medio servir. El ruido se cortó de golpe. Quedó el silencio del monte y el agua goteando de los árboles.

El pequeño creció ahí mismo. Se hizo grande delante de la casa detenida, y se fue.

Todavía se ven las ollas cayéndose. Ahí están, en la piedra, volcadas y sin terminar de caer, en el mismo instante en que iban al suelo. Quien pasa por Uikuet las mira. No hay ruido, no hay humo, no hay fiesta: solo el bulto gris de una casa llena de gente que no alcanzó a darle de comer a un niño.

Aquel pequeño era Santo Tomás.

La casa de fiesta petrificada: lo que quedó del relato

La enseñanza

“La hospitalidad se mide por quien llega sin nada, no por cuántos ya están adentro.”

Territorio

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Pacífico
Comunidad
Nasa - Paeces
Referencia
2.63901° · -76.019°

Ficha del relato

Contexto histórico

La entrada que sostiene esta página es breve —apenas ocho líneas impresas— y la publicó Segundo Bernal Villa en 1953 en la Revista Colombiana de Antropología, dentro de “Mitología y cuentos de la parcialidad de Calderas, Tierradentro”, resultado de su trabajo de campo para el Instituto Etnológico Nacional en la parcialidad de Calderas, municipio de Inzá. La atribuye a Corpus Guagás, a quien en otra entrada del mismo artículo describe como un joven de dieciocho años que sabía castellano, y consigna como intérprete a Avelino Penkue, cosa excepcional: en el resto del corpus ese trabajo aparece casi siempre a nombre de Marco Antonio Penkue. Esa mediación entre nasa yuwe y castellano debe quedar a la vista, porque el texto que hoy se lee es una traducción editada a mediados del siglo XX.

El personaje que petrifica no es local de este episodio. Joanne Rappaport, en “Mesianismo y las transformaciones de símbolos mesiánicos en Tierradentro” (1981), analiza al Santo Tomás páez a partir de este mismo corpus: tiene el poder de convertir a la gente en piedra, es hermano de la Virgen y contraparte del hermano travieso, y lo compara con figuras coloniales que amenazaban con petrificar a los transgresores. Rappaport no comenta la casa de fiesta en particular; sostiene una lectura de la figura y de su poder.

Luis Gerardo Franco, en “Una arqueología de las piedras: estatuas y ancestros en el suroccidente colombiano” (2021), reproduce el texto de 1953 junto a los otros dos episodios de piedras de Calderas y documenta que en el resguardo se sigue contando la historia del pueblo de piedra, y que los mayores se preocupan por retener esas memorias. Su argumento es arqueológico y decolonial, no mitográfico.

Queda una cautela de método. Elías Sevilla Casas, en “«Los animales mágicos de Tierradentro», ¿magia de quién?” (2007), concluye que el corpus de Calderas no es una mitología cerrada sino un conjunto de narraciones sueltas en las que aparecen figuras de origen cristiano o mestizo. Un santo católico que petrifica y una vieja que niega comida en una fiesta pertenecen a ese tejido mezclado, y la mezcla no se depura aquí: el propio Bernal anota que en Calderas Chautéh y Santo Tomás se identifican y forman un solo ser. El texto tampoco identifica ninguna estructura arqueológica ni da coordenadas de Uikuet, de modo que el detalle de las ollas visibles queda como lo que es: la explicación de algo observado o recordado en el lugar. Eugenia Villa Posse reprodujo el corpus en 1993 acreditando su procedencia, sin ser testimonio independiente.

Resonancias con otros mitos

“Las piedras de Chaikin” es el paralelo exacto dentro del corpus: dos mujeres llevan caña, alguien les pide que le regalen y, ante la negativa, quedan convertidas en piedra. El mecanismo es el mismo —una petición mínima, un no, una palabra que endurece—, pero allí el que pide es Chautéh y lo que queda en el paisaje son dos piedras, no una casa entera con su fiesta adentro. “Santo Tomás” sitúa el episodio en su ciclo: el mismo personaje castiga con piedra la murmuración, deja tantos riscos y peñas que su hermana lo amonesta porque de seguir así acabará con el mundo, y termina encerrado. Leídas juntas, las tres páginas muestran que en Calderas la piedra es la forma en que el territorio guarda lo que se dijo o se negó.

“Piedra Alta” conviene como contraste: la peña se levanta cuando uno de los hermanos Dimales señala un sitio donde no había peñas, sin que medie falta alguna. Allí la piedra crea paisaje; aquí lo detiene.

Fuera del corpus, Ovidio narra en las Metamorfosis a Baucis y Filemón, la pareja pobre que recibe a los visitantes que el resto del pueblo rechaza, y en ese poema la suerte de las casas depende de cómo trataron al que llegaba. La resonancia está en la prueba de hospitalidad al forastero. La diferencia invierte los papeles: en Uikuet el que llega no es un dios disfrazado de mendigo sino un niño de verdad harapiento, es él mismo quien pronuncia la petrificación, no hay pareja justa recompensada ni diluvio, y el resultado se queda en el territorio como un punto con nombre donde las ollas siguen cayéndose. No hay evidencia de contacto ni de préstamo entre las dos historias.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Bernal publica una sola narración, sin modalidades numeradas, a diferencia de lo que ocurre en otras entradas del mismo artículo, donde recoge dos o tres voces para un mismo cuento. Todo lo que hay es esto: el punto llamado Uikuet, la casa de fiesta, el niño harapiento que pide comida, la vieja que rezonga, la frase “Yo veo piedra”, la petrificación, el crecimiento del pequeño, las ollas que todavía se ven cayéndose y la identificación final con Santo Tomás. No se dice qué se celebraba, ni la edad de la mujer, ni si alguien quedó afuera. El Relato conserva esos límites y despliega en escena lo que sí está, sin añadir arrepentimientos, sobrevivientes ni destrucción posterior del sitio.

  2. Hay, en cambio, una variante posterior y de otra mano. Luis Gerardo Franco recogió hacia 2016 en el resguardo una narración sobre cuatro piedras que fueron señoras que no quisieron compartir chicha con un niño. Comparte el motivo —una negativa a dar de lo que sobra en una fiesta, y la piedra como resultado—, pero cambia el número, cambia lo que se niega y cambia el desenlace: allí son las mujeres las petrificadas, no la casa entera. Franco no indica fecha exacta ni nombre de quien se la contó, y su publicación es un artículo arqueológico, no una edición de literatura oral. Por eso aquí las dos se mantienen separadas y no se funden en una sola narración.

  3. Dentro del corpus de 1953, la pieza más cercana es “Las piedras de Chaikin”, contada por Victoriano Piñakué, donde Chautéh convierte en piedra a dos mujeres que no le regalaron caña. Y “Santo Tomás”, contado por Agustín Muse con una modalidad añadida del propio Corpus Guagás, explica el resto del ciclo: el santo feo y sarnoso que petrifica a quien murmura, el reproche de María Santísima, el encierro en cajones de bronce. “Piedra Alta” pertenece a otra familia: allí la peña se levanta por un señalamiento entre hermanos, no por una negativa. Villa Posse reprodujo el conjunto en 1993 sin recoger testimonios nuevos.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Nasa - Paeces · Cauca · Pacífico
Referencias
10
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitología y cuentos de la parcialidad de Calderas, Tierradentro

    revistas.icanh.gov.co

    Publica veintiséis relatos recogidos en Calderas con nombres de informantes, intérpretes y variantes diferenciadas.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo I

    flacso.edu.ec

    Reproduce el corpus de Bernal, acredita su procedencia y advierte que contiene varias versiones y modalidades de una misma narración.

  3. Lenguas nasa yuwe y namtrik

    mng.mincultura.gov.co

    Describe lengua, territorio, organización, héroes, trabajo de la tierra y cosmogonía desde bibliografía y procesos educativos contemporáneos.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Somos el pueblo nasa de la Çxhab Wala Kiwe

    nasaacin.org

    Perfil del pueblo nasa escrito por su propia organización: ley de origen, territorio, lengua nasa yuwe, cabildos y los tejidos de educación, salud, justicia y comunicación, con los hitos del proceso organizativo.

  2. Plan de Vida de la Asociación de Autoridades Ancestrales Indígenas Nasa Çxhãçxha

    tierradentro.co

    Voz organizativa de los diecisiete resguardos nasa del municipio de Páez, en Tierradentro, que define su plan de vida como un proceso colectivo de reflexión y acción fundado en el pensamiento propio.

  3. Territorio ancestral del pueblo Nasa entre el riesgo y la resistencia

    cric-colombia.org

    Sitúa Tierradentro como territorio ancestral Nasa y vincula memoria, autonomía, Juan Tama y defensa comunitaria.

  4. Nidos de lengua y revitalización del nasa yuwe

    scielo.org.co

    Explica la relación entre lengua, territorio, señales, sueños, naturaleza y los tres espacios del mundo Nasa en procesos educativos actuales.

  5. Una arqueología de las piedras: estatuas y ancestros en el suroccidente colombiano. Una perspectiva decolonial

    revistas.unimagdalena.edu.co

    Reproduce el texto de 1953 sobre la casa de fiesta petrificada junto a los otros dos relatos de piedras de Calderas, y añade una variante recogida en el resguardo hacia 2016: cuatro piedras que fueron señoras que no quisieron compartir chicha con un niño.

  6. Mesianismo y las transformaciones de símbolos mesiánicos en Tierradentro

    revistas.icanh.gov.co

    Analiza al Santo Tomás páez a partir del corpus de Calderas: tiene el poder de convertir a la gente en piedra, es hermano de la Virgen y contraparte del hermano travieso, y lo compara con figuras coloniales que amenazaban con petrificar a los transgresores.

  7. «Los animales mágicos de Tierradentro», ¿magia de quién?

    socioeconomia.univalle.edu.co

    Concluye que el corpus de Calderas no es una mitología cerrada sino relatos sueltos en los que aparecen figuras de origen cristiano o mestizo, lo que respalda tratar esta petrificación como pieza de un ciclo sincrético.

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«La casa de fiesta petrificada» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La casa de fiesta petrificada» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La casa de fiesta petrificada» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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