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La candela - Gotze

El mito describe cómo Gotzé distribuyó el fuego universalmente mediante flechas, simbolizando el origen estructurado del fuego en el mundo.

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Ilustración de La candela - Gotze

En los albores del tiempo, cuando el universo aún se encontraba en un susurro inarticulado, el paisaje se hallaba sumido en una penumbra eterna. No existía el sol, y el ocaso y el albor eran apenas ideas susurradas en las conciencias aún no formadas de los habitantes de aquel mundo del origen. En aquel entonces, los montes eran sombras que susurraban bajo el peso de sus propios enigmas, y la única luz era el débil fulgor de piedras tibias, casi abrazadas por el frío. Aquí y allá, los troncos podridos de palo blanco insomnes reflejaban un brillo débil, ilusorio, que de noche simulaba llamas.

Fue entonces cuando Magri, con un incansable ansia creadora, alzándose como madre primordial, dio a luz al sol. Y con su nacimiento, el primer amanecer derramó un manto de pureza dorada sobre el mundo. Los montes respiraron un aliento fresco por primera vez, y los árboles desplegaron sus ramas, alborozados. En este esplendor creciente, Sintana vio la luz del mundo, seguido por Gotzé, compañero de los elementos que caminaban.

Los días fluyeron como un río encantado, y con el correr del tiempo, como si la tierra misma hubiera cobrado vida, los hombres vinieron, esparciéndose por toda la creación. Eran los indios, la gente de todas las gentes, que poblaron la vasta extensión de la tierra recién iluminada. Sintana, hermano de la creación, se volvió vasallo de Magri, quien lo guió con su sabiduría ancestral.

Sintana, deseando servir mejor a su pueblo, acudió a Gotzé, aquel que compartía con el fuego una entrañable camaradería. Con humildad reverente, solicitó del anciano la chispa que pudiera encender el fuego en su mundo, para asar los frutos de la tierra y cocinar las ofrendas que los indios depositaban sobre ella. Fue uno de esos pedidos sinceros que brotan del deseo profundo de alimentar y proteger.

Gotzé escuchó, con la paciencia de un tiempo que no conoce prisa. Tras repetidas súplicas, y convencido del noble propósito de Sintana, Gotzé se dispuso a obrar magia con la destreza que le era innata. De su aljaba surgieron cuatro flechas, y cada una fue lanzada en una dirección diferente: hacia arriba, donde danzan las estrellas; hacia abajo, al corazón palpitante de la tierra; hacia la derecha, donde el sol se acuesta; y hacia la izquierda, donde el viento nace.

Con el vuelo de cada flecha, una llama de candela despertó en esas direcciones, multiplicándose en un océano de luces que descendieron, acariciantes, para morar en cada rincón del mundo. Así, la candela, antes un misterio reservado a las piedras de tibio calor, se hizo omnipresente, una ofrenda de Gotzé al mundo, asegurando que el fuego jamás dejaría de iluminar y calentar.

En aquel tiempo legendario, Gotzé caminó como hombre entre los hombres, y aún, en los ecos de las montañas, puede oírse su voz en el crepitar del fuego. Después de que sus flechas cruzaron el aire, la candela se hizo una aliada fiel de la humanidad, ardiendo en hogares, danzando en rituales y siempre dispuesta a alimentar al cuerpo y al espíritu con su suave calor.

Así se tejió el manto de la creación, con Magri y Sintana, Gotzé y la tierra, en una danza eterna que continúa resonando en cada amanecer, recordándonos que la candela, el fuego sagrado, es más que un regalo; es un testimonio del vínculo ancestral entre todas las cosas visibles e invisibles.

Historia

El mito describe un tiempo primordial cuando aún no había sol ni fuego verdadero, solo piedras de poco calor y madera blanca podrida que parecía candelosa en la oscuridad. En este contexto, Magri dio a luz al sol, permitiendo que amaneciera por primera vez. Luego nacieron Sintana y Gotzé, y posteriormente aparecieron los montes, los árboles y los seres humanos que poblaron la tierra.

Sintana era vasallo de Magri y solicitó a Gotzé fuego para asar y cocinar su comida y la de los indios. Después de múltiples peticiones, Gotzé lanzó cuatro flechas en las direcciones cardinales (arriba, abajo, derecha, izquierda), otorgando así el fuego en todas las partes. Al principio, Sintana tenía fuego proveniente de piedras de calor. La narración concluye diciendo que Gotzé, quien en ese entonces era un hombre, sigue viviendo, y que gracias a sus acciones, el fuego se encuentra en todas partes.

Este mito describe el origen del sol y del fuego en el mundo, realzando las figuras de Magri, Sintana y Gotzé dentro de la creación y distribución del fuego en la tierra.

Versiones

En la versión del mito presentada, no se incluyen variantes explícitas, lo que sugiere que toda la narración probablemente se centra en una sola iteración del relato. Sin embargo, se pueden inferir varias diferencias implícitas en comparación con mitos o relatos similares sobre el origen del fuego y la luz desde una perspectiva mitológica genérica. En esta versión específica, se destaca el papel de Magri como una figura creadora que da origen al sol, en contraste posiblemente con otros relatos donde el sol pudiera ser un fenómeno preexistente o creado por entidades diferentes. También se presenta un mundo inicial sin fuego ni calor, donde el nacimiento del sol constituye el primer acto significativo que introduce luz. Esta parte del relato contrasta con otras versiones posibles donde el fuego precede a la luz solar o se obtiene mediante otras hazañas heroicas o conflictos divinos.

Otro aspecto característico de esta versión del mito es la interacción entre Sintana, Gotzé, y Magri. Sintana, actuando como intermediario, busca el favor de Gotzé para traer el fuego a la tierra, logrando finalmente la distribución universal del fuego a través de las flechas lanzadas por Gotzé en las cuatro direcciones cardinales. Este formato narrativo difiere de otras tradiciones donde el fuego se roba, es guardado celosamente por una divinidad específica, o es propagado a través de métodos distintos, como combates o engaños. La inclusión de esta mediación a través de las flechas parece simbolizar un origen estructurado y deliberado del fuego en todas partes, lo cual resalta la intención y distribución universal del recurso, en contraste con relatos que podrían presentar el fuego como un regalo divino menos metódico o como una consecuencia de un conflicto caótico.

Lección

El fuego es un regalo sagrado y universal.

Similitudes

Se asemeja al mito griego de Prometeo, quien también trajo el fuego a la humanidad, y a los mitos nórdicos sobre la creación del mundo a partir del caos.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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