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La candela

Descubre cómo la Vieja Candela, una figura mítica, influyó en la historia y cultura de Calderas a través de sus relatos de fuego y resistencia.

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Ilustración de La candela

En un tiempo en que la tierra aún se desperezaba de sus sueños primigenios, existía una anciana, cuyas huellas trasvasaban selvas y ríos, conocida entre los pueblos indígenas como la Vieja Candela. No era una vieja cualquiera. En su andar pausado y solemne, llevaba consigo un secreto, un destello imperecedero que marcaba las noches y los días de aquellos que todavía vivían en la penumbra de las entrañas de los montes.

Era una de esas noches con un cielo profundo y estrellas como lágrimas de luz, cuando la niña, pequeña, de ojos grandes, se presentó en la humilde choza de la anciana. Sus pies descalzos y su vestido de retazos hablaban de caminatas largas y de necesidades amontonadas. El frío de esa noche despeinaba incluso a la luna, que se acurrucaba entre las nubes. La Vieja Candela, con su presencia vasta y su cabello de ceniza, alzó apenas una ceja. Sabía a qué venía la niña, como siempre lo había sabido. Se decía que cada vez que un alma necesitada de calor, se presentaba ante sus anchos hombros, ella alzaba un brazo y con un movimiento casi místico, extraía de su axila un fulgor que incendia la vida, el fuego que los protegía de la oscuridad.

La niña, con su voz pequeña, le pidió tizoncitos para calentar su hogar. La anciana la miró con ojos ancestrales, cargados de la memoria de sus abuelos paeces. Con un gesto contenido, entregó a la pequeña unos bagazos prendidos, chispas que se apagarían antes de ver la puerta de la choza. Pero la niña, guiada por su dicha ingenua, regresó cuando el viento le robó la promesa de calor.

Sin embargo, la anciana ya no estaba. La niña, en su ahínco infantil, atisbó una de las ramas incandescentes y se la llevó consigo. Fue entonces que, alertada por el crepitar de las hojas secas bajo las sandalias apresuradas de la niña, la Vieja Candela apareció, como envuelta en un halo de la misma luz que enseñoreaba. La anciana mujer comenzó una persecución con el ímpetu de una llama ardiendo en los campos, corazón y mente en un sólo latido.

La niña corrió, el miedo y la necesidad por igual avivando sus pasos, hasta que, tropezando en una paja "jecha" y buena, el tizón se clavó en la tierra fértil del lugar. El pueblo entero, que se debatía entre sombras, preñado de una espera ardorosa, corrió hacia el humo que ascendía al firmamento como el espíritu de un ancestro. Allí, donde la candela prendió, edificaron sus hogares y lo llamaron Calderas, en honor a la llama que nunca más volvería a apagarse.

Pero en este mismo tiempo, en otras voces y otras memorias, se contaba que la Vieja Candela tenía que huir de los conquistadores españoles, quienes veían en su fuego un hechizo, un sortilegio que debían arrebatar. Vientos del sur hablaban de una persecución implacable, de montes cruzados y cañadas recorridas con el aliento de los enemigos sobre su espalda, aire hirviente que prometía cadenas y hogueras. En un momento de fervor y rabia, su cabellera canosa estalló en llamas, transformando el paisaje en un espectáculo de fuego. Corrió la anciana, alma y cuerpo en llamas, hasta llegar al cauce de un río agitado que recibió su ardor. Las aguas hervían y el vapor rojo se elevaba hasta el cielo, formando nubes que el viento moldeó en un atardecer de candiles y espectros.

Y aquellos que aún miran los cielos en los meses de verano, en ese rincón de Calderas, testimonian que sus ojos pueden encontrar las luces de un crepúsculo sublime, tras el cual la Vieja Candela sigue encendiendo las almas al otro lado de las nubes. Así, la llama nunca se extinguió, y la anciana, en la memoria de los pueblos paeces y pijao, sigue siendo la guardiana del fuego eterno, la que con su candela alumbra las sendas oscuras del corazón humano.

Historia

El origen del mito proviene de la región conocida como Calderas, relacionada con una figura mítica, una vieja que poseía la habilidad de generar fuego y distribuirlo a quienes lo necesitaban. Este mito tiene diversas versiones:

1. En una versión, una mujer mayor poseedora de la candela era avara con el fuego, pero una niña logró obtener un tizón que fue esencial para que un pueblo decidiera su nombre basado en si el fuego se mantenía encendido.

2. En otra versión, una vieja que se identificaba como pijao huía con un palo encendido y lo dejaba atrás cuando era alcanzada, permitiendo a los demás recuperar el fuego perdido.

3. Una tercera versión narra que la introducción de la religión influyó en el mito, donde la candela era sacada del sobaco de la vieja, quien huía de los misioneros que querían bendecir ese fuego. En su huida, la vieja fue envuelta en llamas y desapareció en un río.

4. Otra versión introduce a María Santísima, quien proporciona la candela a una niña con la instrucción de conservarla, ya que era esencial para la vida.

5. Finalmente, una historia describe una figura conocida como la Vieja Candela, de la raza pijao, que ayudaba a la comunidad, y que huyó de los conquistadores españoles, convirtiéndose en un fenómeno natural ligado a los atardeceres de la región de Tierradentro.

La figura central del mito es la vieja que otorga el fuego, con variaciones sobre su naturaleza, sus acciones, y su interacción con la comunidad y elementos externos, como los misioneros o los conquistadores.

Versiones

El análisis de las versiones del mito revela variaciones en los elementos narrativos que resaltan diferentes aspectos culturales y temáticos. En la primera versión, el protagonismo recae en una niña que intenta obtener fuego de una anciana mezquina. Este relato se centra en la idea de la comunidad obteniendo un recurso esencial, con un desenlace que explica el origen del nombre del pueblo Calderas. La segunda versión introduce una trama de persecución de la vieja por los indios, que al final consiguen el tizón, convirtiéndose en una narrativa de resistencia y astucia. Aquí se acentúa la perspectiva indígena y se identifica explícitamente la pertenencia de la anciana a la etnia pijao.

Las últimas versiones introducen elementos sobrenaturales y religiosos. En la tercera y cuarta versiones, se incorpora la figura de María Santísima o los misioneros, quienes interactúan con el poder del fuego de la vieja, una mezcla de creencias nativas y cristianas. La imagen de la vieja como una figura piadosa y generosa con los paeces se desarrolla en la última versión, la cual relata su huida como un fenómeno celestial que transforma el entorno con espléndidos atardeceres, significando una conexión entre la naturaleza y la espiritualidad. Además, mientras que las versiones anteriores se centran en la transmisión de fuego a la comunidad, las últimas destacan su génesis como una figura mítica que se resiste a la colonización española. En conjunto, estas variaciones reflejan el sincretismo cultural y la adaptación de la narrativa indígena al contexto de contacto colonial.

Lección

La comunidad se fortalece al compartir recursos esenciales.

Similitudes

Se asemeja al mito griego de Prometeo, quien también lleva el fuego a la humanidad.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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