La candela

Pacífico · Nasa - Paeces

La candela

Cuatro voces cuentan cómo la candela pasó de una anciana o de María Santísima a las casas y dio nombre a Calderas.

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La candela: la entrada del relato

El relato

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En esas laderas amanece frío y el fogón no puede quedarse sin brasa. Por eso se cuida de noche: se junta el rescoldo, se le arrima leña, se duerme cerca. Y en ese tiempo la candela la tenía una viejita.

La tenía adentro, en tizones gruesos que ardían despacio contra la pared ahumada. La gente iba hasta allá a pedirla.

Una niña fue una tarde. Pidió unos tizoncitos, nada más. La vieja le dio unos bagacitos prendidos, apenas la punta con lumbre. La niña los llevó con las dos manos, soplándolos, tapándolos del viento que subía por la quebrada. Caminaba rápido y despacio a la vez, midiendo el paso para no apagarlos. Se apagaron antes de llegar. Sopló la ceniza tibia, la volvió a soplar, y no quedó nada.

Se devolvió. Esta vez la vieja no estaba. La puerta abierta, el rancho en penumbra y adentro la candela ardiendo en tizones grandes, esos que duran toda la noche. La niña escogió uno grueso, del tamaño de su brazo, y salió con él.

La vieja se dio cuenta. Salió detrás, mezquinándole el tizón, gritándole por el camino que se lo devolviera.

La niña corría. El tizón le soltaba chispas hacia atrás y el humo le iba quedando en la cara. Corría por el filo, con la vieja cada vez más cerca. Cuando sintió que ya la alcanzaba, tiró la candela.

Cayó en un pajonal de paja jecha y buena. La paja prendió de una. El fuego se abrió con el viento, subió por el plan y se quedó ahí, ardiendo largo, echando un humo que se veía desde lejos.

Subieron las gentes que no tenían candela. Llegaron con sus palos, con sus bagazos, con lo que tuvieran a mano, y cada quien sacó su lumbre de ese punto. Bajaron alumbrando los caminos, cada uno con su pedazo de fuego, y esa noche prendieron los fogones de las casas que llevaban tiempo apagadas. Al lugar le quedó el nombre: Ipikué, el plan de la candela.

En esos días estaban haciendo el pueblo. Faltaba ponerle nombre y lo dejaron en eso: si sale la candela, dijeron, se llama Calderas; si no sale, Buktá.

Salió la candela. El pueblo se llamó Calderas.

La candela: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Lo que todos necesitan para vivir no soporta quedarse en manos de una sola persona.”

Territorio

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Pacífico
Comunidad
Nasa - Paeces
Referencia
2.63901° · -76.019°

Ficha del relato

Contexto histórico

Segundo Bernal Villa recogió esta narración en Calderas, municipio de Inzá, y la publicó en 1953 en el primer número de la Revista Colombiana de Antropología, dentro de “Mitología y cuentos de la parcialidad de Calderas, Tierradentro”, escrita desde el Instituto Etnológico Nacional. Es una de las entradas mejor documentadas del artículo por número de voces: la narración principal la atribuye a Victoriano Piñakué, y añade tres modalidades más, contadas por Vicenta Tumbo —de cuarenta años, de quien anota que no sabía castellano—, por Juan Petins y por Agustín Muse, las tres con Marco Antonio Penkue como intérprete. Esa mediación entre nasa yuwe y castellano no es un detalle administrativo: define el texto que hoy se lee, castellano traducido y editado a mediados del siglo XX.

La regla doméstica que sostiene el cuento está documentada por el propio Bernal en “Economía de los Páez” (1954): en la casa páez el fuego se conserva siempre, y en parcialidades frías como Calderas avivar el hogar de noche es fundamental, con la familia durmiendo alrededor del fogón. El libro bilingüe “Ipx kwet peku'j: alrededor de la tulpa, creencias y costumbres de los mayores nasa”, compilado por Luz Eneida Tumbo para la colección Territorios Narrados (2014), muestra esa misma norma viva y exigente: la tulpa no debe apagarse, siempre debe haber brasa, hay un procedimiento con maíz y hierbas antes de volver a encenderla, y la candela maldice cuando no se le da. Ese libro viene del norte del Cauca y no de Calderas, y recoge creencias actuales, no una narración de origen.

Hay dos elementos de época que conviene no alisar. El primero es la presencia pijao: en sus notas introductorias Bernal anota que el recuerdo de ese pueblo seguía fresco entre los calderunos y que aparecía en su memoria como fenómenos de fuerzas descomunales que sacaban la candela de las axilas. Dos de las modalidades atribuyen a la dueña del fuego esa condición. El segundo es la Iglesia: Bernal señala que los misioneros lazaristas actuaban en la zona desde 1905, lo que sitúa en un tiempo concreto la escena en que llegan a bendecir una candela que llaman bruja.

La mezcla de María Santísima con seres nasa recorre todo el corpus y aquí aparece a plena luz. No se depura. Eugenia Villa Posse reprodujo el conjunto en 1993 acreditando su procedencia y advirtiendo que contiene varias versiones y modalidades de una misma narración, pero no es un testimonio independiente. Y Tierradentro, donde todo esto se cuenta, es territorio ancestral nasa, como sostiene el Consejo Regional Indígena del Cauca (2010).

Resonancias con otros mitos

Hesíodo cuenta que el fuego llega a los humanos por una disputa sobre quién puede tenerlo, y que esa entrega tiene consecuencias. La resonancia con Calderas es real: en ambos casos alguien mezquina la llama y alguien la saca de donde estaba guardada. Las diferencias son mayores que el parecido. Aquí no hay dioses ni castigo posterior a la humanidad; quien carga el tizón es una niña que ya había vuelto con las manos frías, el fuego no se roba del cielo sino de un rancho vecino, y el punto de llegada no es una edad del mundo sino un lugar con nombre, Ipikué, y un pueblo que se llama Calderas porque la candela salió. No hay evidencia de contacto ni de préstamo entre las dos historias.

Dentro del corpus de Calderas, “La madre de la sal” es el paralelo más directo: otra sustancia indispensable, otra viejita, la misma forma de pensar los bienes que sostienen la comida como algo que tiene cuerpo y dueña. La diferencia es que allí no hay conflicto ni persecución, solo reconocimiento. “Origen de las plantas” completa la serie: las semillas vienen de María Santísima, que las sacaba del vientre y las entregaba para que la gente se mantuviera, igual que en una de las modalidades de esta página entrega la candela.

Y “El armadillo de mina” funciona como contraste: allí también un ser alumbra en la noche, pero lo que ofrece es oro, y solo se deja coger si quien lo encuentra llevaba la plata alistada y un pañuelo nuevo. El fuego se reparte hasta que todas las casas lo tienen; la riqueza exige condiciones y se queda con uno. Son dos maneras distintas de contar lo que circula y lo que no.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Cuatro voces, cuatro relatos que no se dejan encadenar. Victoriano Piñakué cuenta la niña, los bagacitos que se apagan, el tizón grande tomado en ausencia de la dueña, la persecución, la paja jecha, el nombre Ipikué y la apuesta entre Calderas y Buktá. Es la única modalidad que explica un topónimo y el nombre del pueblo, y es la que sigue el Relato, por ser la entrada principal y la más completa en acción.

  2. Vicenta Tumbo, con Marco Antonio Penkue como intérprete, cuenta otra cosa: la vieja repartía candela, un día no quiso dar más y la apagó para dejar a todos sin ella, huyó con un solo palo encendido, lo abandonó al lado del camino cuando la alcanzaban y se escondió en un río; por el humo encontraron la candela y desde entonces no se volvió a apagar. Ahí la vieja dizque era pijao. Juan Petins sitúa el episodio cuando recién entró la religión: la vieja se sacaba la candela del sobaco, llegaron los misioneros diciendo que era bruja y que había que bendecirla, ella huyó para no dejarse quitar el fuego ni dejarse coger de lo bendito, se encendió entera en la carrera y se arrojó a un río crecido; la describe como un fenómeno de cara muy grande, pelo como crin y bastante cana. Agustín Muse cuenta una escena distinta por completo: a una niña que nada poseía se le apareció María Santísima, le pidió que soplara la candela porque hasta ella tenía frío, le mandó buscar unas chamicitas, sacó el fuego del sobaco, le advirtió que lo conservara porque sin él no podían vivir, y se perdió.

  3. Cambian la dueña, la receptora, el modo de obtener la llama, el papel del río y hasta el sentido del final: en dos modalidades el fuego se salva de quien lo mezquina, en otra lo entrega una aparición. Coinciden en que la candela no puede quedar en una sola casa y en que, una vez conseguida, hay que conservarla. Villa Posse reprodujo las cuatro en 1993 sin añadir testimonios nuevos, de modo que la cadena documental sigue siendo una sola. Conviene no confundir esta página con “Los animales”, donde un bagazo prendido sirve para espantar bestias invisibles, ni con “Origen de las plantas”, donde María Santísima saca del vientre las semillas y no el fuego.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Nasa - Paeces · Cauca · Pacífico
Referencias
9
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitología y cuentos de la parcialidad de Calderas, Tierradentro

    revistas.icanh.gov.co

    Publica veintiséis relatos recogidos en Calderas con nombres de informantes, intérpretes y variantes diferenciadas.

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo I

    flacso.edu.ec

    Reproduce el corpus de Bernal, acredita su procedencia y advierte que contiene varias versiones y modalidades de una misma narración.

  3. Lenguas nasa yuwe y namtrik

    mng.mincultura.gov.co

    Describe lengua, territorio, organización, héroes, trabajo de la tierra y cosmogonía desde bibliografía y procesos educativos contemporáneos.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Somos el pueblo nasa de la Çxhab Wala Kiwe

    nasaacin.org

    Perfil del pueblo nasa escrito por su propia organización: ley de origen, territorio, lengua nasa yuwe, cabildos y los tejidos de educación, salud, justicia y comunicación, con los hitos del proceso organizativo.

  2. Plan de Vida de la Asociación de Autoridades Ancestrales Indígenas Nasa Çxhãçxha

    tierradentro.co

    Voz organizativa de los diecisiete resguardos nasa del municipio de Páez, en Tierradentro, que define su plan de vida como un proceso colectivo de reflexión y acción fundado en el pensamiento propio.

  3. Territorio ancestral del pueblo Nasa entre el riesgo y la resistencia

    cric-colombia.org

    Sitúa Tierradentro como territorio ancestral Nasa y vincula memoria, autonomía, Juan Tama y defensa comunitaria.

  4. Nidos de lengua y revitalización del nasa yuwe

    scielo.org.co

    Explica la relación entre lengua, territorio, señales, sueños, naturaleza y los tres espacios del mundo Nasa en procesos educativos actuales.

  5. Economía de los Páez

    revistas.icanh.gov.co

    Describe la casa páez como el lugar donde el fuego se conserva siempre y anota que en parcialidades frías como Calderas avivar el hogar de noche es fundamental y la familia duerme alrededor del fogón: la base material de la regla de que la candela no puede apagarse.

  6. Ipx kwet peku'j: alrededor de la tulpa, creencias y costumbres de los mayores nasa

    colombiaaprende.edu.co

    Recoge normas vivas sobre la candela: en una casa nunca debe apagarse la tulpa y siempre debe haber brasa, hay un ritual con maíz y hierbas antes de volver a encenderla, y la candela maldice cuando no se le da, lo que muestra al fuego como un ser con exigencias.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

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«La candela» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «La candela» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «La candela» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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