Kimaku y la búsqueda de compañía

Caribe · Kogui (Kággaba)

Kimaku y la búsqueda de compañía

Kimaku atraviesa encuentros peligrosos y transformaciones hasta hallar una compañera con quien puede comenzar la vida humana en la Sierra.

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Kimaku y la búsqueda de compañía: la entrada del relato

El relato

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Al principio hubo un hombre, Kimaku. Vio todo el mundo y compuso todos los cultivos.

Entonces vino uno de los padres malos e inventó una mujer, y la puso en el camino por donde Kimaku pasaba todos los días. La mujer estaba desnuda, mostrando toda su belleza, para que Kimaku hiciera cosas con ella. Kimaku la vio, pero no hizo nada; la vio muy bonita, pero no le dijo nada.

Siguió su camino y se dio cuenta de que la mujer lo seguía. Cuando pasó la primera quebrada ya eran dos mujeres, y en cada quebrada que pasaba aparecía otra. Kimaku iba corre que corre, y le costó mucho trabajo no esperarlas.

Entonces encontró al padre Terana, el Tairona, y le avisó lo que pasaba. Terana se quitó la ropa y se la puso a Kimaku, que quedó como si fuera Terana, y le dijo: quédate, que yo sigo puesto tu ropa.

Kimaku se quedó un rato sentado y vio como diez mujeres, que le preguntaron: ¿no viste a un señor que debió pasar por aquí? Él contestó: adelante va. Ellas iban desnudas y provocativas, y Kimaku pensó: qué bonitas están. Ellas regresaron y le dijeron: tú eres el que estás pensando. No, yo no soy, ya pasó adelante, contestó.

Las mujeres alcanzaron a Terana, que llevaba el vestido de Kimaku, en una laguna. Estaba sentado en una piedra grande. Ellas pensaron: ya lo tenemos cogido. Salieron como quince mujeres y lo arrinconaron.

Terana cogió un bastoncito de oro que llevaba bajo el brazo, se frotó las manos, y la candela surgió por todas partes. El siguate hervía como miel, y todas las mujeres se quemaron.

Si Kimaku hubiera accedido a los deseos de las mujeres, habría perdido su órgano viril, porque esas mujeres tenían dientes en el sexo y eran muy malas.

Kimaku y la búsqueda de compañía: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Mirar sin detenerse salvó a quien no podía vencer por la fuerza lo que lo perseguía.”

Territorio

Caribe · Kogui (Kággaba)

Caribe · Kogui (Kággaba)

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Kogui (Kággaba)
Referencia
10.84° · -73.71°

Ficha del relato

Contexto histórico

Es el quinto relato de «Mitología kágaba». Lo narró Seye Ababi Makó, cabo del mama Ignacio Abiguí de Tucurinca, y lo recogió Milcíades Chaves Ch. en noviembre de 1946 en el grupo de San Andrés, en la Sierra Nevada de Santa Marta, durante una estadía que compartió con Gerardo Reichel-Dolmatoff y Alicia Dussán de Reichel-Dolmatoff. Se publicó en 1947 en el Boletín de Arqueología, volumen II, números 5 y 6, bajo el encabezado «Informador: Seye Ababi Makó». Chaves lo cierra, como a casi todos, con un índice de «Personajes de la leyenda» y una «Síntesis de la leyenda» escritos por él, donde llama al protagonista «hombre bueno que cuida sus cultivos», a Terana «padre bondadoso» y a las mujeres «la tentación». Esas tres etiquetas son suyas, y llevan encima la moral de su época; no son palabras del narrador.

Conviene decir qué clase de personaje es Kimaku en el resto del corpus, porque esta página sólo cuenta un episodio suyo. En el primer relato de la serie es quien trae un idioma con palabras para secar la tierra, cuando todo era barro blando, e inventa después el idioma de ahora, con el que se saluda y se pide. En otro relato bajó los cerros, que alcanzaban el azul del cielo, y los reventó por la mitad para hacer planos. Aquí no hace nada de eso: aquí sólo camina, mira y no se detiene.

El título con el que esta página se publicaba, «Kimaku y la búsqueda de compañía», no corresponde a lo que narra la fuente. En el texto de Chaves, Kimaku no busca compañera, no la encuentra, y no funda con nadie una descendencia; huye de unas mujeres fabricadas para perderlo y se salva porque otro ocupa su lugar. Tampoco hay en este relato poblamiento de la Sierra ni comienzo de la gente, que son asunto de otros episodios del mismo corpus. Por eso se propone corregir el título.

Sobre la traducción hay que ser prudente. Chaves advierte que no hablaba kogui y que tuvo que verificar los interrogatorios en castellano, lengua que sus interlocutores no manejaban con destreza, de modo que los conceptos pueden haber quedado deformados. Dos rastros de eso quedan en la página: «hacer cosas», que es el eufemismo con que la transcripción vierte el acto sexual en varios relatos, y «siguate», palabra del desenlace que el volumen no glosa en ninguna parte y que no vuelve a aparecer.

Resonancias con otros mitos

El motivo de los dientes tiene un testimonio vecino y casi contemporáneo. En «La India Worunka», que Chaves recogió en la Guajira y publicó en 1946, un año antes que el corpus de la Sierra, se cuenta que «en tiempos antiguos las mujeres tenían dientes en la vulva», y que por eso el hombre no podía hacer el coito por miedo a que se lo mordiera y se lo cortara; para tener hijos se hacía por el ombligo. Mareiwa le tiró una piedra a Worunka, le rompió los dientes y dijo que por allí nacerían los hijos. La diferencia decide el sentido de cada relato: en la Guajira los dientes son una condición del principio del mundo que una divinidad corrige de una vez y para todas, y desde entonces las relaciones son normales; en la Sierra no son una condición sino un arma, puesta a propósito por un padre malo en un cuerpo fabricado para un solo hombre, y al final nada queda corregido, porque lo que arde son las mujeres y no los dientes.

Entre los chamí, en el material que el mismo Chaves publicó en 1945, «La india Pixaawina» pone la trampa en forma de invitación. Una india se acercaba a los hombres que iban de pesca y los convidaba, y cuando ya estaban solos los mataba o los llevaba donde su gente, que los amarraba, los engordaba «como a marranitos», los castraba y se los comía. La coincidencia con Kimaku es exacta en el peligro —la pérdida del órgano— y opuesta en la salida: allí el muchacho sobrevive porque la propia captora se cansa, se fuga con él y termina cazando para la casa que formaron, mientras que aquí el hombre se salva sin hablarle a ninguna y sin que ninguna sobreviva.

Los tres relatos los publicó el mismo etnólogo en tres años seguidos y en tres pueblos distintos, lo que explica en parte el aire de familia y aconseja no leerlo como prueba de un fondo común.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. De este episodio existe un solo testimonio: el de Seye Ababi Makó, tal como Chaves lo escribió en noviembre de 1946. No hay una segunda versión narrada por Benito Sontinkama, como sí la hay para otros episodios del mismo corpus, y el nombre Kimaku no aparece ni una sola vez en el tomo I de Los Kogi que Reichel-Dolmatoff publicó en 1950, mientras que en Chaves aparece más de cincuenta veces. Eso significa algo concreto: todo lo que esta página cuenta descansa en una conversación, sostenida en castellano, con un hombre de veinticinco años, hace casi ochenta años. Si el relato tenía otras formas, no quedaron escritas aquí, y esta página no puede decir cuáles eran.

  2. Lo que sí tiene otros testimonios es el motivo, no el relato. En el corpus kogui que Reichel-Dolmatoff publicó en el tomo II, Fabio Gómez Cardona identifica en 2020 «la Madre terrible de la vagina dentada, cuya sexualidad castradora es un peligro constante para los héroes en su viaje por la ruta del sol», y la localiza en cuatro relatos numerados de ese volumen. Uno de ellos es el de Teimú y Andu: allí la mujer persigue al héroe hasta un árbol que él hace crecer cuatro veces con un bastón mágico y que ella derriba otras tantas con ayuda de varios roedores, hasta que él escapa hacia arriba llevado por el gallinazo. Coinciden los dientes y el bastón; se separan el desenlace y el salvador, porque allí el héroe huye hacia arriba y aquí lo salva un padre que se cambia de ropa con él y quema a las perseguidoras.

  3. Las grafías de este relato también se mueven. El propio Chaves escribe Terana y lo glosa «Tairona», pero en una línea de la misma página la composición tipográfica lo vuelve «Terena». La reimpresión de «Mitos y leyendas de Colombia», compilada por Eugenia Villa Posse y publicada en 1993, conserva el texto y al relator, y encabeza el relato KIMAKU como Chaves; pero en su índice el mismo relato aparece como «Kimayu», con una ye que no está en ninguna parte del texto. En ese índice «El Sol – Mama» se convierte además en «El sol Mana» y «La enfermedad – Hiwihá» en «Hiwika». Quien llegue al relato por el índice buscará un nombre que no existe.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Kogui (Kággaba) · Magdalena · Caribe
Referencias
10
Última revisión
18 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitología kágaba

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica veintidós relatos kággaba y acredita el narrador de cada uno: «Informador:» aparece veintidós veces, una por mito. Es la fuente de la que salen las grafías del sitio —Kashindukwe, Seiskwisbuche, Naowa, Susabanka— y presenta a los dos narradores con edad, cargo y comunidad: Benito Sontinkama, cabo del mama Julián en el grupo de San Andrés, y Seye Ababi Makó, cabo del mama Ignacio Abiguí de Tucurinca.

  2. Los Kogi: una tribu de la Sierra Nevada de Santa Marta, tomo I

    publicaciones.icanh.gov.co

    El volumen que ninguna ficha citaba, en acceso abierto y con el texto legible. Documenta el territorio, los linajes, la casa ceremonial —que llama «cansamaría», es decir «casa de María»— y nombra a la Madre Gaulchováng, de la que descendían los cuatro Padres del Mundo.

  3. Visita a los indígenas Kágaba de la Sierra Nevada de Santa Marta

    openlibrary.org

    Reúne textos en lengua Kogui, traducciones y observaciones tempranas sobre creación, ritual, máscaras, jaguares y personajes que reaparecen en el corpus posterior.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. The Great Mother and the Kogi Universe: A Concise Overview

    ehrafworldcultures.yale.edu

    Describe a la Gran Madre, la estructura de nueve mundos, los siete puntos del universo, el templo como modelo cósmico y varias versiones de la creación.

  2. Plan Especial de Salvaguardia del Sistema de Conocimiento Ancestral de los cuatro pueblos de la Sierra Nevada

    mincultura.gov.co

    Expone la responsabilidad Kággaba sobre espacios sagrados, gobierno propio, Ley de Origen y equilibrio territorial desde voces de autoridades de la Sierra.

  3. La concepción del fuego como principio femenino en la cosmogonía kaggaba de la Sierra Nevada de Santa Marta

    premionalcritica.uniandes.edu.co

    Sitúa a Kimáku por su nombre dentro de la cosmogonía: al formarse el octavo mundo nacen 36 Padres y Dueños del Mundo, cuatro veces nueve, y los primeros nueve son 'Seihukúkui, Seyankua, Sintána, Kimáku, Kuncha-vitauéya, Alkíndue, Jantána y Duesángui'. Confirma que Kimáku no es un personaje menor de un episodio suelto sino uno de los Padres primordiales, lo que sostiene la afirmación de la ficha de que su búsqueda tiene consecuencias colectivas.

  4. Linajes y circuitos de matrimonio en tres grupos chibcha: u'wa, kogui y muisca (Boletín Museo del Oro 38-39)

    humanas.unal.edu.co

    Da el modelo que el relato de Kimáku dramatiza. Muestra los cuatro túxe con sus animales ancestrales y los dáke con los que forman grupos endógamos, y explica que el matrimonio kogui se concibe como la unión de un predador con su presa favorita: hombre jaguar con mujer venado, hombre búho con mujer culebra. La compañera de un primer hombre no puede ser cualquiera: hay una sola categoría correcta, y toda otra unión es peligrosa o estéril. Eso sostiene, sin sensacionalismo, por qué cada encuentro de Kimáku encierra un riesgo.

  5. El jaguar en la literatura Kogi: análisis del complejo simbiótico asociado con el jaguar, el chamanismo y lo masculino

    doi.org

    Documenta el motivo de la mujer con dientes en los genitales con nombre propio y sin morbo: 'Teimu, la dueña de los pescados, que tenía dientes en la vagina y comía hombres', dentro de una serie de diosas evaluadas negativamente (Haba Nabobá, las Kumigua, Semangaya). Y precisa el lugar estructural del motivo: la Madre terrible de la vagina dentada es 'un peligro constante para los héroes en su viaje'. Confirma que la imagen de la ficha pertenece al repertorio kogui documentado y que es un obstáculo de trayecto heroico, no un juicio sobre las mujeres.

  6. Creación y pensamiento en la Sierra Nevada de Santa Marta. Aproximaciones filosóficas a los poporos

    revistas.unilibre.edu.co

    Explica por qué en las genealogías koguis la entrega del poporo y el matrimonio de Kimáku se cuentan juntos: el poporo (sugi) se entrega en un ritual de cuatro días al joven de 13 a 18 años y marca la entrada en la vida reproductiva; el mamo instruye al joven para que dialogue con el poporo sobre lo que espera de la vida. La búsqueda de compañera aparece entonces como un paso institucional y no como romance.

  7. Reseña: Mitos Kogi, de Manuela Fischer y Konrad Theodor Preuss

    publicaciones.banrepcultural.org

    Justifica la cautela de la ficha ante las versiones divergentes. Señala que el corpus disponible son en realidad tres —Preuss (1915), Fischer (1986-87) y Reichel (1985)—, recogidos con un lapso generacional entre cada uno, lo que permite ver cambios internos de la mitología; y cita a Fischer diciendo que los mitos recogidos sesenta años después de Preuss habían mantenido su función, su integridad y su complejidad narrativa. Es el argumento para conservar variantes en vez de fundirlas en una versión única.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

0 publicadas0 en revisión

«Kimaku y la búsqueda de compañía» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Kimaku y la búsqueda de compañía» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Kimaku y la búsqueda de compañía» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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