Juma y el raudal de Jidïma

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

Juma y el raudal de Jidïma

Juma recupera un atuendo robado y transforma en piedra a quienes juegan con su poder; el raudal conserva las huellas del recorrido.

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En medio del chorro hay una roca negra que humea. Ahí hay una persona, y hay una mujer que es como diosa de ese lugar. Esos eran los dueños del baile que estaban haciendo allí.

Del Cotué venía un hombre llamado Juma, muy poderoso, como un profeta antiguo de los que viven en la Escritura y hacen milagros. En ese entonces vivía por el lado de Chorrera. Mientras se fue a bañar, o a mirar la nasa de bejuco, dejó afuera su capa, que era como una sotana, y se la robaron y se la llevaron hasta el chorro de Jidïma, donde vivía la tribu Jidïma Ninairaï. Al salir del agua ya no la encontró. Se tapó entonces con hojas de zigobe, que son largas y sirven para cubrirse: ahí fue cuando se inventó el guayuco.

Con eso empezó a andar buscando. En una parte iba en forma de anciano, en otra de joven, en otra de hombre, en otra de mujer y en otra de niño pequeño. Pasó por la tribu de Ezi Ninairaï, que se estaba midiendo disfraces, y al llegar quedó en desorden todo lo que hacían; esa gente quedó maldita, encantada. De ahí pasó a otra tribu que también hacía disfraces y a todos los fue convirtiendo en piedras. Por eso son seres vivientes encantados. Más adelante encontró a una mujer que sacaba camarones con cernidor en una quebrada, y allí la encantó como piedra, en figura de mujer patas arriba.

Al llegar al chorro de Jidïma encontró a unos muchachos bañándose. Apareció ante ellos como un viejo y preguntó qué hacían. Respondieron que estaban probando la sotana de quién sabe qué viejo. Él les dijo que eran muy simpáticos, los llamó, les pintó los pies y las cejas y los maldijo: algún día, cuando naciera la gente, se alimentarían con ellos, porque quedarían convertidos en palomas. Y ahí quedaron cantando como palomas.

Dentro de la maloca había dos hombres lamiendo ambil, Aïmaïdoraï y Jurasefïi. Uno dijo que su corazón sentía un fastidio; el otro, que presentía un peligro. Mientras tanto los demás se ponían la capa bailando en grupos, disfrazándose, jugando con ella. Tan pronto asomó el viejo todo quedó en desorden: ya no quedaron bien en el baile, quedaron descontrolados.

Entró y preguntó qué disfraces estaban probando. Los dos sentados respondieron que probaban para disfraz la capa de un viejo extraño. Él dijo que bueno, y ellos volvieron a bailar prendidos de ella. Les dijo que lo hicieran a ver, y ya no les servía. Entonces le dijeron que a ellos no les lucía pero que a él tal vez sí, que se la probara. Se la puso sin que se dieran cuenta de que era suya, y le quedó a su medida.

Dijo que iban a probar. Comenzó a arrastrar la capa y mandó que todos se prendieran de ella. Los llevó hacia abajo de la maloca, de ahí al coqueadero y luego a un lado y al otro. La tierra se mecía como si fuera temblor y todos bailaban alegres, sin quedar ninguno. Volvió a probar, y la tierra se ablandaba y los que bailaban se iban pegando unos con otros sin poder separarse. Ese es el baile de comer gente: habían traído un venado colorado y las mujeres hacían cauana. Los arrastró otra vez hacia abajo y hacia arriba, hacia el sentadero, los sacó fuera, los llevó por el contorno y entró por última vez. Iban aplaudiendo y gritando, y la tierra ya como que daba vueltas. Finalmente los arrastró de un solo jalón, con un rayo, hacia el río, diciendo que por robar la capa de un viejo quedarían convertidos en piedras, y que las nuevas generaciones solo cantarían su historia por pícaros, y que al llegar allí se oirían las voces que gritaron en otro tiempo.

El viejo sacó su capa y se fue nuevamente a donde vivía.

Juma y el raudal de Jidïma: lo que quedó del relato

La enseñanza

“El paisaje puede conservar la forma exacta que tomó el castigo de un robo antiguo.”

Territorio

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

Amazonas · Huitoto / Murui-Muina

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Amazonas
Comunidad
Huitoto / Murui-Muina
Referencia
-1.24° · -72.82°

Ficha del relato

Contexto histórico

Quien narró esto fue Juvenal Flaviano Castilla, del clan Monanizaï, gente de cielo, que llegó a ser capitán de los uitotos de El Encanto. La escena del registro está fechada: El Encanto, río Caraparaná, 1979. Fernando Urbina Rangel lo oyó durante una partida de caza de ocho hombres que salió una mañana de neblina desde El Encanto hacia el primer raudal del quebradón Jidïma, precedida por la oración del Abuelo Belisario Hichamón, que la noche anterior había pedido a los dueños de los animales las presas necesarias y había advertido que no se podía asechar en ningún salado. El relato forma parte de una crónica larga de Juvenal, «La copa de los espíritus del bosque», que sigue inédita. Urbina cuenta en el mismo introito que el Abuelo murió años después por una mina antipersonal mientras limpiaba de malezas el aeropuerto con su comunidad, y lo repite en un artículo de 2007 donde sitúa aquella cacería en el raudal del Jidïma en 1979 y nombra a Juan de la Cruz Hichamón al frente de la banda de cazadores.

El texto se publicó como capítulo doce de Las palabras del origen (2010), bajo el título «Juma. Historia del raudal de Jidïma», sin línea de traductor: es castellano dictado. Urbina anota al pie que la prenda se dice abeï ïgï, atuendo, y que la palabra «sotana» es de Juvenal y hace evidente el carácter ritual de la pieza; y conjetura que ese atuendo pudo ser de plumas de garza blanca, como metáfora de las espumas del raudal. Esa conjetura es suya.

Otras fuentes sostienen lo que el relato deja implícito. Pedro Tulio Marín Silva y Eudocio Becerra Bigidima registran en la nomenclatura de peces del alto Caraparaná que jidima es el dormilón, Hoplias malabaricus, un pez de escamas negras que «cuida el recinto», y describen el mundo subacuático murui, el anabaïno y los buinai urukï, que es adonde van a parar los hundidos en otras versiones. Fany Kuiru Castro recoge en una nota al pie, como narrativa local de La Chorrera, la misma secuencia: las piedras eran personas que bailaban en una maloca, a Juma le robaron la túnica cuando se sumergió en el chorro, y por eso maldijo a los danzantes y los convirtió en piedras.

Lo que falta. No hay transcripción bilingüe del dictado de Juvenal Castilla: esta versión solo existe en castellano. Y el relato no aparece en el corpus que Preuss recogió en 1914, cosa que Becerra y Marín señalan expresamente al publicar la suya, de modo que no hay registro anterior con el que cotejarlo.

Resonancias con otros mitos

Los propios editores de la versión bilingüe marcan dos comparaciones y las dos son útiles aquí. La primera es con los koreguaje, vecinos amazónicos de los uitoto, que fundieron el arca de Noé con su propia cosmogonía y cuentan de un hombre que repuebla la tierra después de la inundación con los seres que se habían refugiado en una gran canoa. Es el mismo tipo de mezcla que se oye en el relato de Juma, donde el narrador compara al héroe con un profeta de la Escritura y donde el Abuelo Pablo Bigïdïma lo describía como un hombre blanco, barbado y de túnica, no lejos de Bochica, el héroe cultural chibcha. La diferencia está en el alcance: en los koreguaje lo prestado es la trama, mientras que aquí lo prestado es el vocabulario con que un narrador de 1979 explica a un poder que ya estaba en su relato.

La segunda comparación es con los tatuyo del Vaupés y sus mitos de los hijos de la Anaconda celeste, donde el animal ancestral se detiene en cada cachivera y de él descienden seres que erigen malocas y fundan lugares de habitación. La gramática es la misma, los raudales como puntos donde se decide quién vive dónde, y la diferencia es exacta y opuesta: allí el raudal es donde se deposita gente para que funde casa, y en Juma es donde se hunde gente que perdió el derecho a tenerla.

Una tercera, del mismo Vaupés: Reichel-Dolmatoff recogió entre los desana que los raudales son los úteros donde viven los animales del monte y sus pozos profundos úteros subacuáticos donde moran los peces. Becerra y Marín citan esa lectura para explicar por qué el sufijo que nombra el raudal nombra también la maloca y la cadera. En Juma ese lugar fértil es al mismo tiempo una tumba.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Hay por lo menos tres testimonios de este relato, con tres narradores distintos, y no cuentan lo mismo.

  2. El de Juvenal Flaviano Castilla, registrado en 1979, es el que sigue esta página: el robo de la capa, el recorrido del viejo cambiando de forma, la gente convertida en piedra, y sobre todo el final, que es un baile. Juma se prueba la capa dentro de la maloca, manda que todos se prendan de ella, ablanda la tierra y los arrastra con un rayo hacia el río convertidos en piedras.

  3. El de don Jacinto Bigïdïma, del clan jidorueni, hijo del Abuelo Pablo Bigïdïma, grabado en San José en las cabeceras del Caraparaná y publicado en 1997 por Eudocio Becerra y Pedro Marín como «Juma Yuema Ikakï», es bilingüe y termina de otra manera. Juma había emergido del inframundo erguido como la garza real; Jidïma le roba los atuendos mientras él revisa sus trampas de pesca, y él sigue las huellas río arriba castigando pueblo por pueblo. A los que tallaban la gallineta, a los de la avispa conga, a los del carrizo, a los hombres caimán, a los del pájaro rojizo, a los del pez carnero, a los del venado colorado: a todos los hunde, y cada hundimiento deja un raudal con su nombre. Al hallar por fin sus ropas donde los Jidïmafo, se las prueba fuera de la maloca y se hunde con ayuda del trueno, hundiendo con él a esa tribu; los de assaí quedan de palma, los de cananguchillo de cananguche y los de dorokuení de piña de monte. Aquí no hay baile petrificado, sino tribus enteras que se van al mundo acuático y raudales que quedan en su lugar. El artículo da además las etimologías: Jidïma viene de jidï, el pez dormilón, y Juma Yuema quiere decir hombre con plumaje de garza blanca.

  4. El tercero es una noticia breve de La Chorrera que recoge Fany Kuiru Castro: allí las piedras son los que bailaban en una maloca, y Juma los maldijo al salir del chorro sin su túnica. Coincide con la versión de 1979 en el baile y con la de 1997 en el lugar, porque el petroglifo con la huella del pie del héroe y las piedras que en verano dibujan el ruedo de los danzantes están en el raudal de La Chorrera, no en Jidïma.

  5. Las dos primeras coinciden en un detalle menor que vale la pena: los muchachos que se bañaban no quedan de piedra, quedan de aves, palomas en una y torcazas en la otra, y en las dos el viejo les pinta antes los ojos o las cejas.

  6. Los dos textos publicados son de la misma zona y de gente emparentada, pero eso no autoriza a fundirlos: un final es un baile que petrifica y el otro es un hundimiento que crea raudales.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Huitoto / Murui-Muina · Caquetá y Putumayo · Amazonas
Referencias
9
Última revisión
17 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Las palabras del origen: breve compendio de la mitología de los uitotos

    babel.banrepcultural.org

    Publica dieciséis relatos con introitos, créditos de narración o traducción y notas comparativas. Es la fuente directa de Nofïdeño, Uuikï, los ciclos de Jitoma, Dïïjoma, Nofïzazima, Buinaima, Yiida Buinama, Yarokamena, Juma, Kanifaido, Kugï y Nokuerai, Guyataiba y Konago.

  2. Religión y mitología de los uitotos, primera parte

    repositorio.unal.edu.co

    Aporta contexto histórico sobre religión, fiestas, palabra, territorio y organización narrativa uitoto.

  3. Religión y mitología de los uitotos, segunda parte

    repositorio.unal.edu.co

    Ofrece textos en lengua uitoto con traducción y un repertorio léxico para comparar nombres sin tratar grafías distintas como personajes nuevos.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Muina Murui

    onic.org.co

    Sitúa las variedades mika, minika, búe y nipode, la dispersión causada por la Casa Arana y la recuperación territorial y cultural.

  2. Mito y ética: una lectura del pensamiento mítico de los Uitoto y Muinane

    dialnet.unirioja.es

    Explica cómo relatos amazónicos relacionan perspectiva, dueños de animales, cuidado y consecuencias sin reducirlos a moralejas universales.

  3. Oralidad y territorio en la cultura Uitoto

    revistas.unal.edu.co

    Publica «Juma Yuema Ikakï», una versión bilingüe completa del mismo relato con otro narrador: don Jacinto Bigïdïma, clan jidorueni, grabado en San José del Encanto. Confirma y precisa lo que la ficha resume: Jidïma roba los atuendos —ïniroi, la «sotana» de plumas de garza— mientras Juma atiende sus objetos de pesca; Juma, que había emergido del inframundo erguido como la garza real, castiga a los pobladores que encuentra convirtiéndolos en raudales y hundiéndolos; al hallar sus vestidos donde los Jidïmafo, se los prueba fuera de la maloca y se hunde con ayuda del trueno, hundiendo con él a la tribu. Da las etimologías (Jidïma = jidï, pez dormilón, + ma; Juma Yuema = hombre con plumaje de garza blanca) y cita expresamente la versión de Urbina narrada por Juvenal Castillo sobre el robo en el chorro de Jidïma.

  4. La fuerza de la manicuera. Resistencia de las mujeres uitoto en la época del caucho

    mincultura.gov.co

    En nota al pie recoge, como narrativa local de La Chorrera, la misma secuencia que la ficha atribuye a Jidïma: «las piedras eran personas que estaban bailando en una maloca. Mientras bailaban, el dios mitológico Juma bajó a bañarse al chorro y, cuando se sumergió en el agua, le robaron la túnica. Por eso maldijo a los que estaban bailando y los convirtió en piedras». Prueba que el relato no está atado a un solo raudal ni a un solo relator.

  5. Las mariposas amarillas y el banco de contar historias

    revistas.javeriana.edu.co

    Documenta el lugar y la persona de los que depende la procedencia declarada de esta ficha. Urbina cuenta que estuvo en 1979 en la primera raudalera del quebradón Jidïma —tributario del Caraparaná, afluente del Putumayo— con una banda de cazadores uitotos comandada por Juan de la Cruz Hichamón, y que allí estaba «el inolvidable Juvenal Flaviano Castilla», el mismo relator del que procede la versión de Juma, muerto un año antes del artículo por una mina antipersona. Sitúa el raudal, el año y al narrador con nombre propio.

  6. Los habitantes del mundo sub-acuático. Ritual y mítica Murui Iye Fia Rafue

    revistas.unal.edu.co

    Describe el mundo acuático murui al que van a parar, en la versión de Juma Yuema, los pobladores hundidos: el anabaïno o inframundo y los buinai urukï, seres que habitan el agua. Registra además, en la nomenclatura de peces del alto Caraparaná, jidima como el dormilón (Hoplias malabaricus) y lo menciona entre los que «cuidan el recinto», lo que apoya la etimología del topónimo del raudal.

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«Juma y el raudal de Jidïma» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Juma y el raudal de Jidïma» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Juma y el raudal de Jidïma» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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