Juan Bobo y la Vieja

Caribe · Mestizo

Juan Bobo y la Vieja

Juan Bobo interpreta de forma literal las órdenes de una mujer mayor; sus decisiones encadenan torpeza, pérdida y un desenlace oscuro.

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El relato

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La mazamorra quedó lista antes del mediodía. La madre de Juan Bobo, que andaba por los setenta años, lo había mandado a pilar el maíz, y él pilló como le dijeron, tira para acá el palote, tira para allá, hasta dejar la olla en su punto. «Mae, ya está la mazamorra», avisó. «Sí, mijito», contestó ella desde el rincón.

A la vieja le había dado parálisis y no lograba agarrar la cuchara, de modo que darle de comer le tocaba a él. Juan Bobo sacó la olla del fogón, la volcó en una totuma grande y se acercó con las dos manos. «Mae, abra la boca, que le voy a echar la mazamorra». La vieja abrió la boca y él le empujó adentro toda la totuma, sin esperar a que bajara, sin parar hasta que no quedó nada.

Cuando terminó, la madre se quedó con la boca abierta y los dientes pelados. Juan Bobo la miró un rato. «¡Je!, parece que quiere más», le dijo. Ella no se movió. Él siguió mirándola, y en esa mueca creyó ver otra cosa. «¡Va, mi mamá como que quiere montar a caballo!».

Salió a buscar un caballo, lo trajo, lo ensilló y subió a la vieja encima. La acomodó bien derecha, le amarró una garrocha a la mano y la dejó firme. Tenían una paja al lado de la casa, así que la soltó en ella para que garrochara ganado. Le metió dos lapos al animal y el caballo arrancó.

Por el mismo camino venía un cura en una yegua. El caballo y la yegua estaban alegres, y desde que el uno vio a la otra se le fue detrás sin atender riendas. El cura, que alcanzó a ver a la vieja con la garrocha en alto viniéndosele encima, echó a andar aprisa y después a la carrera, pero el caballo era más ligero. La vieja, tiesa sobre la silla, lo alcanzó y le clavó la garrocha por el cogote. Desde atrás, Juan Bobo lo celebró a gritos: «¡Mierda, mi mamá es que sabe garrochar!».

El caballo brincó detrás de la yegua una vez más y la vieja salió por encima. Cayó al suelo de un lado, sin manos, sin quejido, como cae un bulto. Ahí, parado en la mitad del camino, con el cura ensartado por delante y su madre en el polvo, fue cuando Juan Bobo se dio cuenta de que estaba muerta.

Juan Bobo y la Vieja: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien atiende un cuerpo sin mirarlo puede matarlo y seguir hablándole un rato largo.”

Territorio

Caribe · Mestizo

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
10.6° · -75.3°

Ficha del relato

Contexto histórico

Ésta es la segunda de las dos piezas de Juan Bobo que trae el libro, y va pegada a la primera: empieza en la página 250 de la tercera edición y se acaba en la 251, con el salto de página cayendo en mitad de la escena de la totuma. Manuel Zapata Olivella la tituló «Juan Bobo y la vieja», aunque el primer renglón del relato aclara que la vieja es la madre del muchacho y el último la llama madre otra vez. El título de la pieza es del libro; el parentesco es del texto.

La obra salió en 1972 en el Instituto Nacional de la Reforma Agraria y hoy se consulta en la tercera edición de la Universidad del Valle, de 2021. Todo su repertorio de cuentos viene de un trabajo de campo con grabadora hecho en el departamento de Córdoba a lo largo de dos años, 1969 y 1970, en poblados del Sinú medio y bajo. El antropólogo empírico Benjamín Puche Villadiego figura entre quienes acompañaron esa recolección.

Del cuento se conserva el habla que salió de la cinta: «pilar», «palote», «Mae», «totuma», «garrocha», «lapos», «paja» por el potrero donde se garrochea ganado. Nada de eso está glosado en el libro. Y nada está suavizado: la escena de la mazamorra, el cura ensartado por el cogote y la exclamación final del muchacho están impresos con las palabras que aquí se leen, en una obra que Zapata pensó como estudio de conducta y no como antología para niños.

Resonancias con otros mitos

El primer paralelo está a una página de distancia, dentro del mismo libro. «La muerte de Tío Conejo», en la 249, es también el cuento de alguien que copia mal lo que ha visto: Conejo mira a Tío Gallo dormir con la cabeza bajo el ala, cree que se la corta cada noche, y le entrega una navaja a Tía Coneja para que haga con él lo mismo. Las dos piezas están impresas casi juntas y funcionan con el mismo resorte, la lectura equivocada de un cuerpo ajeno, y las dos acaban en muerte sin que el personaje llegue a entenderlo.

El segundo lo declara Zapata en la página 237, cuando presenta el género. Ahí escribe que el sadismo de muchos de estos cuentos podría explicarse como la proyección velada de impulsos agresivos nacidos de una situación social dada, y coloca a Juan Bobo entre los personajes que sirven para eso, en la línea del pícaro peninsular al que compara con Sancho Panza. La violencia de este relato no es un accidente del narrador: el propio recopilador la había previsto como rasgo del conjunto.

Hay un tercer eco menor y de oficio. En esta sección los curas aparecen una y otra vez en aprietos ridículos o carnales —los tres curas enamorados, el desayuno del indio, la confesión, la misa del testamento—, y aquí uno de ellos muere de una garrochada mientras persigue una yegua. El anticlericalismo festivo es una constante medible del bloque, no un rasgo de esta pieza sola.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El primer renglón del libro fija el parentesco: la vieja de unos setenta años es la madre del muchacho, y el último lo repite al decir que la madre estaba muerta. Entre los dos extremos la narración la llama «la vieja» y él la llama «Mae», de modo que el título de la pieza y el trato del hijo usan palabras distintas para la misma persona. Ese desajuste viene del impreso y no se ha corregido.

  2. Órdenes hay una sola, y está en la segunda línea: pilar el maíz para hacer mazamorra. Juan Bobo la cumple sin equivocarse. Lo que el argumento pone a prueba no es su obediencia sino su lectura de un cuerpo, la boca abierta, los dientes pelados y la quietud. El registro tampoco esconde la consecuencia, que son dos muertos, ni el detalle que hace posible la escena, que es la parálisis de la madre y la razón por la que él tiene que darle de beber.

  3. El libro imprime esta pieza una sola vez y no la marca como variante de ninguna otra, a diferencia de los cuentos de animales del mismo género, donde Zapata numeró segundas y terceras versiones. Tampoco aparece entre los veintiún relatos que George List grabó en el departamento de Bolívar en 1964 y 1965: los tres títulos que los dos fondos comparten son de animales y no de tontos. Este relato tiene un solo registro y ninguna voz con la que contrastarlo.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Córdoba · Caribe
Referencias
10
Última revisión
21 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Tradición oral y conducta en Córdoba

    zapataolivella.univalle.edu.co

    Imprime el cuento entre las páginas 250 y 251 de la tercera edición, inmediatamente después del otro relato de Juan Bobo, el de los hermanos y los ladrones. Es la única fuente y la que corrige de raíz la ficha heredada: la primera línea dice que «la vieja» del título es su madre y que tiene unos setenta años; el texto precisa que le había dado parálisis y no podía agarrar la cuchara, que es la bisagra de todo; que la única orden que ella da en el cuento —pilar el maíz para la mazamorra— Juan Bobo la cumple sin error; y que él le empuja la mazamorra hirviendo en una totuma grande después de mandarle abrir la boca. De aquí salen también los dientes pelados que él interpreta como ganas de montar a caballo, la garrocha amarrada a la mano de la muerta, el cura ensartado por el cogote mientras pasa en su yegua, y el momento exacto en que Juan Bobo entiende, que es cuando el caballo la tira al suelo. En el preámbulo del género, página 237, Zapata había escrito ya que el sadismo de muchos de estos relatos podría explicarse como proyección velada de impulsos agresivos nacidos de una situación social, y había puesto a Juan Bobo en la línea del pícaro peninsular, «al igual que Sancho Panza».

  2. What Should I Have Said (or Done)? Folktales of Aarne-Thompson-Uther Type 1696

    sites.pitt.edu

    Es la fila europea a la que el propio Zapata adscribe a este personaje, con sus textos delante. Reúne diez versiones del ciclo del tonto de nombre que hace literalmente lo que se le dijo o copia mal lo que vio, y varias de ellas son exactamente esta escena: «Jock and His Mother», de Escocia, es el hijo tonto y su madre; «Silly Matt», de Noruega, «Lazy Jack» y «Stupid's Mistaken Cries», de Inglaterra, e «I'll Be Wiser the Next Time», de Irlanda, repiten el mecanismo de la instrucción bien cumplida en el momento equivocado. Puesto al lado, el cuento cordobés deja ver su vuelta de tuerca: aquí el tonto no falla en la orden —pila el maíz y hace la mazamorra sin error— sino en la lectura de un cuerpo, y el resultado no es una torpeza cómica sino un cadáver y un cura ensartado.

  3. Censorship in Folklore

    sites.pitt.edu

    Explica por qué la violencia de este cuento tenía que volver a la ficha y no suavizarse en «un desenlace oscuro». Ashliman documenta cómo los recopiladores del XIX y comienzos del XX suprimieron o rebajaron el material que les resultaba inasumible —el prólogo de los Grimm de 1819 dice literalmente que se ha eliminado toda expresión inapropiada para los niños— y cómo los catalogadores del índice Aarne-Thompson despachaban con una etiqueta lo que no querían describir. El volumen de Zapata hace lo contrario: imprime la mazamorra hirviendo, los dientes pelados y la garrochada por el cogote sin una nota de disculpa, porque el sadismo del repertorio era uno de los objetos declarados de su encuesta. La ficha que borraba eso estaba reescribiendo el cuento, no resumiéndolo.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Prólogo y epílogo a Tradición oral y conducta en Córdoba (3.ª ed.)

    drive.google.com

    Da la clave de lectura con la que Zapata había anunciado un cuento como éste antes de imprimirlo. Garcés González resume las conclusiones de la encuesta sobre los cuatro patrones que el libro quería medir —moralizante, individualista, sexual y de apreciación del trabajo— y describe la situación social de la que el propio recopilador hacía derivar la agresividad del repertorio: un Córdoba con 55,36 % de analfabetismo, agitación estudiantil e invasiones de tierras entre 1969 y 1971. Es lo que permite escribir en la ficha que la violencia de este relato no es un exceso del narrador sino un rasgo que el registro había previsto para el conjunto.

  2. Manuel Zapata Olivella (Enciclopedia)

    enciclopedia.banrepcultural.org

    Importa aquí por una razón concreta: quien decidió imprimir sin suavizar un cuento en que un hijo mata a su madre con mazamorra hirviendo era médico de formación y loriquero de nacimiento, y trabajaba por encargo de un instituto estatal de reforma agraria. El perfil permite sostener que la crudeza del texto no es descuido de un compilador ajeno ni gusto por lo truculento, sino la posición de un investigador que había declarado el sadismo del repertorio como objeto de estudio y no quiso quitarle la prueba a su propia tesis.

  3. Cuentos de hadas campesinos de Colombia: topologías literarias de Cupido y Psique

    revistas.udea.edu.co

    Da el marco para decir que este Juan Bobo es a la vez el tonto de los cuentos peninsulares y una figura del Sinú, sin que la ficha tenga que elegir. El artículo muestra cómo un relato grecolatino se reescribe en la tradición oral campesina colombiana hasta divergir del original, y llama «topologías literarias» a esa dependencia entre la versión local y el territorio: aquí la escena europea del tonto y su madre se rehace con maíz pilado, mazamorra en totuma, una garrocha de garrochar ganado y un cura montado en yegua, que son los materiales de un corregimiento cordobés y no los de una aldea escocesa.

  4. Algunos comentarios socioeconómicos sobre los habitantes de los humedales de los ríos San Jorge y Sinú

    publicaciones.banrepcultural.org

    Documenta el mundo material que el cuento usa como utilería y que la ficha necesita para no inventar: la economía campesina y ganadera de las planicies del Sinú y el San Jorge, donde la garrocha es una herramienta de trabajo con ganado y no un arma, donde hay caballos y yeguas de silla en los caminos, y donde el maíz pilado y la mazamorra son la comida diaria de una casa pobre. Ese fondo es lo que hace que el disparate funcione: cada objeto con el que Juan Bobo mata y remata está en su sitio y sirve para otra cosa.

  5. Conjurar el olvido: campesinos y política en las llanuras del Caribe colombiano en los años 70

    redalyc.org

    Fecha la «situación social dada» a la que el propio Zapata atribuía, en la página 237, los impulsos agresivos que asoman en cuentos como éste. El ensayo reconstruye desde el archivo de la Fundación del Sinú, en Montería, la organización campesina de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos y los Baluartes de Autogestión en Córdoba y Sucre a finales de los sesenta y en los setenta: el mismo departamento y los mismos años en que se grabó esta pieza. Permite situar la hipótesis del recopilador sin suscribirla ni ampliarla.

  6. George List Colombia Collections

    libraries.indiana.edu

    Describe la situación en que se contaban estos relatos y que explica el tono de éste: más de ciento veinte cintas grabadas en el Caribe colombiano entre 1964 y 1970, con los cuentos dichos de noche en velorios y patios, junto a chistes y juegos cantados. Un cuento que termina con una madre muerta a caballo y un cura ensartado se contaba, según ese contexto, en un velorio y delante de los deudos, lo que dice más sobre su registro que cualquier comentario. La página establece además que List trabajó con Winston Caballero y con Manuel y Delia Zapata Olivella, y Caballero es quien dirigió la búsqueda de géneros de la campaña cordobesa en la que se recogió esta pieza.

  7. Animal Tales from the Caribbean — índice del volumen

    toc.library.ethz.ch

    Es lo que sostiene que de este cuento hay un solo registro y ninguna segunda voz. El índice enumera con narrador y paginación los veintiún relatos que George List grabó en el departamento de Bolívar entre noviembre de 1964 y marzo de 1965, y se cotejó título por título: los veintiuno son de animales, y no hay entre ellos ninguno de Juan Bobo ni ninguno protagonizado por una madre y un hijo. Zapata tampoco numeró esta pieza como segunda o tercera versión, cosa que sí hizo con varios cuentos de animales del mismo bloque.

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«Juan Bobo y la Vieja» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Juan Bobo y la Vieja» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Juan Bobo y la Vieja» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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