Los hermanos y la mujer del monte

Orinoquía · Sikuani (Guahíbo)

Los hermanos y la mujer del monte

Dos hermanos abandonados recuperan la vista, sobreviven a una mujer caníbal y reciben cuatro perros surgidos de su cabeza.

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El relato

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Un viudo vivía con su hijo y su hija. Cuando se volvió a casar, la nueva mujer no quiso a los niños y le insistió al padre hasta que aceptó dejarlos botados en el monte.

La primera vez la niña fue regando granos de maíz por el camino, de trecho en trecho, sin que el padre alcanzara a verla. Cuando los dejó y se devolvió, los hermanos esperaron un rato y después fueron levantando los granos uno por uno, y por ahí llegaron otra vez a la casa. La mujer los vio entrar y no dijo nada.

La segunda vez el padre se aseguró de que no pudieran volver. Les sacó los ojos y los dejó allá. Ciegos y solos, los hermanos oyeron la voz de su madre muerta, que les habló y los fue orientando hasta un pajuil. El ave les dijo dónde encontrar una savia que sirve para eso, y con la savia volvieron a ver. Siguieron juntos.

Un sueño les avisó que se iban a encontrar con una vieja que se comía a la gente. Se prepararon: llevaron plátano frito y un palo. No les alcanzó. La vieja los cogió y en lugar de matarlos los empezó a alimentar bien para engordarlos. Los hermanos comían y miraban. Aprendieron cómo hacía las cosas y esperaron.

El día en que la vieja puso al fuego una vasija grande de agua hirviendo, los hermanos le dieron vuelta a la trampa y la hicieron caer adentro. Así la mataron. Cuando le abrieron la cabeza le salieron cuatro perros. Eran cuatro y se llamaban pantera, tigre, león y onca, y de ahí vienen los tigres de ahora. Los cuatro se quedaron con el muchacho.

Más adelante los seres del monte se llevaron a la hermana. El muchacho no alcanzó a hacer nada por ella. Siguió solo con los cuatro perros, caminó hasta el mar y lo cruzó con ellos, y los dos hermanos no se volvieron a encontrar.

Los hermanos y la mujer del monte: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Dos que no se sueltan encuentran quien los guíe cuando ya nadie los está buscando.”

Territorio

Orinoquía · Sikuani (Guahíbo)

Orinoquía · Sikuani (Guahíbo)

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Orinoquía
Comunidad
Sikuani (Guahíbo)
Referencia
4.2° · -71.4°

Ficha del relato

Contexto histórico

Historia de un viejo la relató Rita Gaitán en 1973. Es la más larga de las siete piezas que Eugenia Villa Posse reprodujo en 1993, en las páginas 285 a 288, remitiendo al corpus que Francisco Ortiz publicó en 1982. El título de archivo nombra al padre, aunque quienes sostienen la acción son los hijos. De las siete piezas que Villa Posse seleccionó, Rita Gaitán narró cuatro y Pedro Martínez tres, en registros fechados entre 1972 y 1980.

El pajuil que los orienta no es un ave cualquiera en el mapa social sikuani. Cuando Francisco Ortiz levantó en Mochuelo, en 1972, la lista de los emblemas de banda regional —el sistema de los momowi, donde el nombre de un animal, una planta o una actitud sirve para nombrar y clasificar a un grupo—, el pajuil figura entre ellos, al lado del venado, la danta, el jaguar, la guacamaya, el ocarro, el zorro y el caribe. Ortiz advierte que la relación entre el emblema y el grupo humano no es de parentesco ni supone filiación: se sitúa en el plano de la metáfora. Que un pajuil sea el que sabe dónde está el remedio, en un relato donde la madre muerta habla y los tigres salen de una cabeza, cae dentro de esa lógica.

De la fórmula final del cuento —cuatro perros que son cuatro felinos y de ahí vienen los tigres de ahora— la fuente no da más. Se conserva como está.

Resonancias con otros mitos

Los paralelos que aquí valen son los que están en el mismo corpus y tienen quién los cuente.

El primero es Sikiriri, el hambriento: un muchacho que va prevenido, que encuentra en los restos de una fogata los pies y las manos de sus hermanitos, que se encarama en un árbol para escapar y que no contesta cuando lo llaman a gritos. Sobrevive por lo mismo que aquí: por mirar antes y por esperar el momento.

El segundo invierte la figura. En La historia de Kusubaüwa, del mismo libro, una anciana vive sola en un lugar apartado, en una tierra poco fértil y sin frutos, y lo que encuentra no es un niño para comérselo sino una raíz con forma de huevo que guarda en una tinaja; de ahí crece un niño que no es suyo y que ella cría, y cuando el muchacho se va a cumplir su destino ella se eleva y se vuelve Luna para seguir alumbrándolo. La vieja del monte y la abuela que se hace Luna son la misma pieza vista por los dos lados.

El tercero es El hombre pájaro: dos mujeres que se esconden dentro del tronco hueco de un árbol y le piden a las matas de yuca que no digan nada. También ahí el monte sirve de escondite y también ahí lo que salva es un objeto puesto encima, la tapa del budare, como aquí sirven el maíz regado y el palo.

Propio de esta versión es lo demás: los ojos restituidos con savia, el ave que indica dónde está, los cuatro perros y el mar cruzado al final.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Pantera, tigre, león y onca son las palabras de la traducción publicada. No se corrigen a especies modernas ni se convierten en taxonomía sikuani, porque los nombres sikuani de los felinos son otros y están documentados en otra parte: el rezo del pescado que transcribió Ortiz nombra al cunaguaro, al tigre awakana, al tigre tumatsina y a kuliwako, el tigre de la luna, abuelo de los felinos. Cuatro nombres castellanos en una traducción no equivalen a cuatro especies ni a esos cuatro nombres.

  2. La figura que engorda a los niños para comérselos tiene nombre propio en el corpus sikuani, y no es el mismo personaje. En Sikiriri, el hambriento, que publicaron los docentes de Awariba y Domoplanas, el antropófago es un hombre, tío materno de sus víctimas, y no las engorda: se las lleva de cacería y las asa en la hoguera. En este cuento es una vieja, la reclusión es larga, la comida es abundante y el arma es una vasija hirviendo. Son dos tratamientos distintos de lo mismo y la ficha no los funde.

  3. Tampoco se presenta esta pieza como una versión sikuani de Hansel y Gretel. El abandono de dos hermanos y una captora que pretende comérselos se parecen; la voz de la madre muerta, el pajuil, los ojos sacados y devueltos con savia, los cuatro perros nacidos de una cabeza y la travesía del mar no tienen equivalente en aquel cuento, y una coincidencia de armazón no demuestra derivación.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Sikuani (Guahíbo) · Llanos Orientales · Orinoquía
Referencias
7
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitos y leyendas de Colombia, sección sikuani

    biblioteca.casadelacultura.gob.ec

    Editorial IADAP, Quito, 1993, dos tomos. En las pp. 279-288 reproduce siete piezas del corpus de Ortiz, registradas en sikuani y en español: Pedro Martínez narró tres y Rita Gaitán cuatro, entre 1972 y 1980. El enlace es el registro catalográfico de la Biblioteca de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.

  2. Literatura oral sikuani

    cvc.cervantes.es

    Centro Cultural Jorge Eliécer Gaitán y Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, Ediciones La Rana y el Águila, Tunja, 223 pp. Reúne 58 relatos y es la fuente primera de los siete cuentos que Villa Posse reprodujo después. El enlace es la reseña del Instituto Caro y Cuervo en Thesaurus XXXVIII (1983), en el Centro Virtual Cervantes.

  3. Sikuani pe-liwaisianü. Relatos de la tradición sikuani

    colombiaaprende.edu.co

    Ministerio de Educación Nacional, serie Río de Letras / Territorios Narrados, Bogotá, febrero de 2015. Diez relatos bilingües de la Institución Educativa Indígena Unuma, en el Meta, escritos por los docentes bilingües con el apoyo de los ancianos y los médicos tradicionales. Es la única obra del juego firmada por los propios sikuani.

Contraste y contexto · 4 referencias

  1. Taxonomía de los grupos guahibo

    revistas.icanh.gov.co

    Revista Colombiana de Antropología 20, pp. 282-293. Información recogida en 1972 en Mochuelo, bajo Casanare. Describe el sistema de emblemas momowi de las bandas regionales, que es lo que permite leer los nombres de animales de los relatos como nombres de grupo.

  2. El rezo del pescado, ritual de pubertad femenina entre los sikuani y cuiba

    revistas.unal.edu.co

    Maguaré 6-7, Departamento de Antropología, Universidad Nacional de Colombia. Observaciones en la comunidad cuiba de Mochuelo y en comunidades sikuani del Casanare, con el rezo transcrito a don Pedro Antonio en Getsemaní. Es la fuente del vocabulario ritual y de la relación entre el rezo, la comida y el cuerpo.

  3. El simbolismo de la cestería sikuani

    publicaciones.banrepcultural.org

    Boletín Museo del Oro 21, pp. 25-37. Lee los diseños del cesto como una escritura del mundo sikuani y da los nombres de objetos, técnicas y figuras que aparecen en los relatos.

  4. Conocimiento, trayectoria y habitar en la transformación del mundo sikuani

    hdl.handle.net

    Departamento de Antropología, Universidad de los Andes, Bogotá, 2017; acceso abierto. Resuelve la duda que la ficha deja abierta sobre el pajuil: en el anexo de los 51 momowi que dictó don Clemente en 2015 figura «Ütjübürü (paují): Son pajuil (sic. Paujil), un pájaro. Son gente que cantan, los invitaban mucho a las fiestas» (p. 312), y en la misma lista Awiri, el perro (p. 310). Describe además, con el relato de Hernando que recogieron Queixalós y Jiménez, a los yajewi, los antropófagos que habitan «en cantidades en los montes» y que, si uno va al bosque, «nos persiguen, nos matan y nos comen», entre ellos Jirujiru, que «se alimenta de los ojos de las personas» (p. 114): la clase de ser a la que pertenece la vieja del monte y los que al final se llevan a la hermana.

Voces de la comunidad

Conversación

¿Así te la contaron?

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«Los hermanos y la mujer del monte» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Los hermanos y la mujer del monte» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Los hermanos y la mujer del monte» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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