Herupotoarra, nacido de la pierna

Andina · Katíos

Herupotoarra, nacido de la pierna

Nacido de una pantorrilla, Herupotoarra sube a la luna, cae en Armucurá y regresa para enfrentar a Ambuima.

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El relato

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Herupotoarra pertenecía, por parte de madre, al linaje de los domicoes. Una mujer de ese linaje estaba pescando cuando concibió de una nutria entre los dedos de un pie. El hijo le nació de la pantorrilla, y ella murió de resultas de aquel parto. El nombre que le quedó al niño decía lo que le había pasado: nacido de la pierna.

Llegado a la mayor edad, Herupotoarra averiguó con insistencia quién había causado la muerte de su madre. Le aseguraron que había sido la luna. Colocó entonces dos palos en forma de escala y empezó a subir por ellos, resuelto a cobrarle el daño a la reina de la noche. A medida que iba pronunciando uariáde, uariáde, que quiere decir sube, sube, la escala se estiraba hacia arriba, hasta que él quedó frente a la luna. Sin darle tiempo a replicar, le descargó en la cara una bofetada tremenda, y las manchas que la luna lleva son todavía la marca de aquel golpe.

Pasó volando un trienené, que es el pájaro carpintero, y con su pico barrenó en poco tiempo la escala encantada hasta dar con ella en tierra. Herupotoarra cayó asido a los palos diciendo por los aires mojopodo, mojopodo, sin peso, sin peso; y como si escala y escalador pesaran menos que una pluma, fueron a caer suavemente en otro mundo que hay debajo de la tierra, llamado Armucurá. Sus habitantes no morían: se alimentaban del vapor del chontaduro y estaban exentos de las necesidades del cuerpo.

Herupotoarra no se olvidó de la tierra. Volvió a armar su escala, la enderezó y subió de nuevo a este mundo. Una vez aquí le aseguraron que el causante de la muerte de su madre no había sido la luna, sino Ambuima, un jaibaná muy temido que vivía en un bohío bellísimo.

Hizo diez flechas para quitarle la vida con ellas. Lo flechó, pero todas le pasaban rozando el brazo sin herirlo. Ambuima, a su vez, le aplicó la mano en el costado, y a la mañana siguiente Herupotoarra apareció muerto. Al mediodía empezaron a salirle de la boca moscas, tábanos y mosquitos inofensivos: en eso se transformó su cuerpo. Murió también Ambuima, y él se convirtió en avispas venenosas.

La pregunta con que había subido al cielo y bajado al mundo de abajo nunca le fue respondida. Primero le señalaron a la luna y después a un jaibaná, y de toda aquella busca sólo quedaron en el aire dos clases de insectos: los que no hacen daño y los que envenenan.

Herupotoarra, nacido de la pierna: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Quien atraviesa el cielo y el mundo de abajo buscando un culpable puede volver sin respuesta.”

Territorio

Andina · Katíos

Andina · Katíos

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Katíos
Referencia
6.75611° · -76.18528°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este ciclo llegó a lo impreso por dos vías misioneras, y ninguna de las dos nombra a quien lo contó. La primera es fray Severino de Santa Teresa, carmelita descalzo y prefecto apostólico de Urabá, que lo publicó en Creencias, ritos, usos y costumbres de los indios catíos de Urabá (Bogotá, Imprenta de San Bernardo, 1924), parte primera, capítulo IV. Esa edición no está en acceso abierto, pero Eugenia Villa Posse la transcribió en Mitos y leyendas de Colombia, volumen III (Quito, IADAP, 1993), con la referencia exacta al pie de página, y por ahí sí puede leerse. Importa saberlo, porque el Libro Primero de Los indios catíos, los indios cunas (Medellín, 1959) es la segunda edición de aquel libro y en este pasaje dice menos: allí desaparecen el linaje domicó de la madre, la situación de Armucurá debajo de la tierra y la inmortalidad de sus habitantes, y el nombre del jaibaná se escribe Ambuima y Ambumiá en un mismo párrafo. El texto de 1924 trae además un dato que 1959 suprime por completo: que Herupotoarra fue el artífice a quien Caragabí buscó para que le construyera la escalera del cielo.

La segunda vía son las Nociones sobre creencias, usos y costumbres de los catíos del occidente de Antioquia, aparecidas en el Journal de la Société des Américanistes, tomo 21, París, 1929, páginas 71 a 105. Paul Rivet aclara en su nota inicial que esas notas las reunieron las Hermanas misioneras de la Inmaculada Concepción y Santa Catalina de Sena, de Santa Rosa de Osos; Henri Rochereau se las remitió, no las recogió, y parte de ese mismo material ya se había aprovechado para el libro de 1924. No son dos testimonios independientes, de modo que coincidir entre ellos no corrobora nada. Allí el título es Gerú-potó-uarra, el hijo de la pantorrilla, y lo que se cuenta es muy distinto.

Milcíades Chaves citó ese pasaje bajo el nombre de Rochereau en la nota comparativa de Mitos, tradiciones y cuentos de los indios chamí (Boletín de Arqueología I-3, Bogotá, 1945), y por esa cita circulan la grafía Geru-poto-uarra y la forma Armucará. Chaves declara en su página 134 que cinco de sus nueve narraciones se las dio Rafael Bailarín, jaibaná katío que aprendió de su abuela y tradujo él mismo del katío: el hijo de la pantorrilla no está entre esas cinco.

Mauricio Pardo desglosa el nombre en La escalera de cristal (Maguaré, 1986): jerúpotó es pantorrilla y oarra es hijo, y llama a este uno de los mitos más populares emberá, conservado en casi todas las zonas. Simone Ferrari reúne en 2023 y 2024 las versiones publicadas y deslinda los subgrupos. Sandra Turbay y José Joaquín Domicó, en Chungará (2021), explican con material de Murindó y Mutatá recogido entre julio y diciembre de 2018 que el nombre eyábida describe una circunstancia observada, que es exactamente lo que este nombre hace. Ninguno de los tres transcribe una narración katía nueva.

Resonancias con otros mitos

El ciclo se cruza con otros relatos que tocan el mismo mundo sin ano, y conviene ver dónde se separan. En el corpus chamí que recogió Reichel-Dolmatoff en Río Frío hay una narración breve, la número trece, donde el hijo de Karagabí baja al estado de los aramúko dohurá, que comen sólo jugo y no defecan, les corta las nalgas a cada uno para que puedan comer de todo, y todos se mueren. Es la misma operación que aquí ejecuta el nacido de la pierna, pero el que la hace no es un huérfano en busca de venganza sino el hijo del dios, y no lo expulsan: simplemente fracasa. En el relato chamí de Arrumía, que Nicolás Henao le narró a Milcíades Chaves en 1945, el visitante del mundo de abajo sí acierta con la operación, enseña a comer de a poquitos, se casa allá y se lleva a su madre a vivir con la gente de Aremuko.

En el mismo corpus chamí aparece además el nombre suelto de este ciclo aplicado a otra cosa: Reichel registra que una generación fracasada de gente, cuyas mujeres criaban a sus hijos en la pantorrilla y no en el vientre, se llamaba por eso híno-pota uára. El nombre viaja separado de la historia.

Fuera del área emberá, Chaves apuntó en 1945 que el viaje al mundo de abajo donde la gente se alimenta del vapor de los alimentos cocidos está muy difundido entre pueblos de América y se encuentra también entre los polinesios. Esa observación es hipótesis suya, de etnólogo de 1945, y no dice nada sobre el origen de la narración katía: lo que la fija no es el motivo del mundo sin ano, sino la nutria entre los dedos del pie, la palabra que quita el peso y las dos clases de insectos del desenlace.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Dentro de la misma obra misionera hay dos textos que no dicen lo mismo. El de 1924 hace nacer al héroe de una mujer del linaje domicó, lo presenta como el artífice de la escalera del cielo, sitúa Armucurá debajo de la tierra y llama inmortales a sus habitantes. El de 1959 borra las cuatro cosas: la madre es sólo una india, el héroe no construye nada, Armucurá es otro planeta sin situar y de sus habitantes sólo se dice que estaban libres de necesidades naturales. Cambia también la grafía del lugar, que en 1959 pierde la tilde final.

  2. Las notas de 1929 no traen una variante de detalle sino otra narración. Ahí quien concibe es un hombre, no una mujer: la nutria se le prende de la pantorrilla mientras está en el agua y el niño le sale por entre el pulgar y el índice del mismo pie, y el padre muere poco después. El niño no se alimenta sino de sangre menstrual. Las acusaciones son tres y no dos: una ballena que se lo traga y lo expulsa al cabo de dos días, un animal marino llamado ancumia al que va a ver y descarta, y por último la luna. Sube por un sauce que crece a su voz cada vez que le ordena crecer. El carpintero derriba el sauce porque quiere favorecer a la luna, y el árbol al caer lo deja en la parte opuesta del mundo, en las tierras de Tutruicá, que allí se llaman Armucurá: planas, sembradas sólo de chontaduros, con piedras azules de amolar. Come, provoca en los que no tienen ano un asco enorme y lo acosan para que salga; regresa por el mismo tronco tendido, guiado por una culebra. Y los mosquitos, moscas y tábanos no salen de él, sino del padre, que revienta al morir por haber sido gran jaibaná. No hay Ambuima ni avispas.

  3. Gerardo Reichel-Dolmatoff recogió en 1945, entre chamíes de la vereda Corozal, municipio de Río Frío, Valle del Cauca, otra narración del mismo ciclo: la escalera es de guadua amarrada, la palabra que el héroe dice al caer es mofódda, que significa pluma, el mundo de abajo lo habitan indios muy bajitos que sólo comen humo, él les abre el ano con un palo de chontaduro y muchos mueren, lo expulsan montado en un animal y con los ojos cerrados, un venado lo devuelve a su casa y al final lo mata la picadura de una avispa grande, tras lo cual su cuerpo desaparece. Es el mismo ciclo y no la misma historia.

  4. Las grafías publicadas del nombre son Herupotoarra, Gerú-potó-uarra, Geru-poto-uarra, jerúpotó oarra, Jinu Potó y Jinopotabar. Y hay un error de fecha que conviene no repetir: Ferrari cita el artículo de las religiosas como Rochereau 1933, tomo XXV, con las mismas páginas 71 a 105 que Persée fecha en 1929, tomo 21.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Katíos · Andina
Referencias
9
Última revisión
17 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Creencias, ritos, usos y costumbres de los indios Catíos de la Prefectura Apostólica de Urabá

    archive.org

    Reúne el corpus histórico más amplio consultado sobre Caragabí, Genené, Antomiá, Séver, los Domicó, la escalera, Herupotoarra, Baha, Aribamia y Dabeiba. La primera edición de 1924 no está en acceso abierto; el Libro Primero de «Los indios catíos, los indios cunas» (Medellín, 1959) es esa obra, según declara el propio autor en su razón de la segunda edición.

  2. Nociones sobre creencias, usos y costumbres de los Catíos del occidente de Antioquia

    persee.fr

    Publica notas reunidas por religiosas entre grupos del occidente antioqueño y conserva variantes de Caragabí, Genené, Antomiá, Costé, Séver, Herupotoarra, la escalera, Aribamia y el cerro Musinga. La nota inicial de Rivet aclara quién recogió el material: Rochereau lo remitió, no lo recogió.

  3. Jinu Potó, ¿mito o historia? Desplazamientos del saber y cuestionamientos epistémicos

    dialnet.unirioja.es

    Compara versiones regionales del ciclo del nacido de la pierna y muestra cambios en nacimiento, adversarios, viajes y desenlaces.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Mitos y leyendas de Colombia, volumen III

    flacso.edu.ec

    Facilita una transcripción consultable de capítulos de Severino 1924 y distingue el relato Chamí de Surranabe del conjunto atribuido a los antiguos Catíos de Urabá.

  2. La escalera de cristal: términos y conceptos cosmológicos de los indígenas Emberá

    revistas.unal.edu.co

    Da la etimología desglosada que la ficha sólo enuncia: «el hijo de la pierna /jerúpotó oarra/ (/jerúpotó/: pantorrilla; /oarra/: hijo)», y lo llama «uno de los mitos más populares entre los emberá y uno de los que se conserva en casi todas las zonas». Corrige además el nombre del mundo inferior: el lugar al que cae el héroe es /atau aramora/ (/atau/: ano; /aramora/: tapado), y Pardo propone que /aramora/ es la variante dialectal del /armacurá/ de Severino, con las formas /aramuko/ en Chaves 1945 y /aremuko/ en Reichel 1953; siguiendo a Pinto (1978:124) identifica ese mundo con el de Tutruiká. Registra también que en algunas variantes el héroe trae semillas del mundo de abajo (chontaduro, caimito, ají, flores de adorno), lo que enlaza este ciclo con los mitos de origen de los cultivos. Es la fuente que permite decir que «Armucurá» no es un topónimo opaco sino, con toda probabilidad, una descripción: «el ano tapado».

  3. Mitos, tradiciones y cuentos de los indios Chamí

    publicaciones.icanh.gov.co

    Es el eslabón que conecta la versión katía con la chamí y el único lugar donde se lee citada la versión del padre Rochereau bajo su nombre propio: «El Padre Rochereau, en su relato GERU-POTO-UARRA (El hijo de la Pantorrilla), dice lo siguiente: 'El árbol al caer dio con el muchacho en la otra parte que hay, opuesta a la nuestra… Son esas tierras perfectamente planas, sembradas de chonta-duros… las gentes no morían ni comían. Se alimentaban del vapor que despedían los chonta-duros cocidos… Esas tierras se llaman Armucará'». Sirve para dos cosas: fija la grafía Geru-poto-uarra frente a Herupotoarra, y muestra que el episodio de Armucará circulaba ya como pieza citable y comparable. Además, Chaves declara en p. 134 el reparto de narradores que su título esconde: los cuatro primeros cuentos son de Nicolás Henao, chamí de Balboa, y los cinco últimos de Rafael Bailarín, jaibaná katío que aprendió los relatos de su abuela y tradujo del katío. Ese reparto es la prueba documental de que material publicado como «chamí» es en buena parte katío.

  4. Jinu Potó, mito o storia? Migrazioni del sapere e inquietudini metanarrative nella letteratura orale embera, Illuminazioni 67, pp. 49-101

    rivistailluminazioni.it

    Es el artículo hermano del de Cultura Latinoamericana que ya cita la ficha, pero no el mismo, y es el que hace explícita la geografía del ciclo: «Le avventure di Jinu Potó, Jeru Poto Oarra, Jinu-Poto-Wuarra o Jinopotabar –a seconda delle diverse trascrizioni e dell'area linguistico-culturale di riferimento– integrano le cosmogonie delle culture embera dóbida, embera catío ed embera chamí». En nota separa los subgrupos con precisión: dóbida es «gente del río» del occidente del Chocó; eyabida es «gente de la montaña» y se subdivide en catío (oriente del Chocó, Urabá antioqueño y Córdoba) y chamí (eje cafetero, suroeste antioqueño, Valle). Reúne además la lista de versiones publicadas del ciclo (Santa Teresa 1924, Rochereau 1933, Reichel-Dolmatoff 1953, Betania 1964, Pinto García 1974, Urbina Rangel 1978, Nengarabe y Vasco Uribe 1978, Vélez Vélez 1990, Domicó-Hoyos-Turbay 2002, Vasco Uribe 2002, Rocha Vivas 2010) y registra que el padre del héroe varía según la versión: Picario, el primer jaibaná, o una nutria, un murciélago, un espíritu o la luna. Eso convierte la nutria de la versión katía en una opción dentro de un abanico documentado, no en un dato aislado.

  5. Mitología Embera. Principales mitos, características y funciones

    bioetnia.iiap.org.co

    Confirma que el ciclo sigue vivo y no es sólo un registro de archivo: al listar lo que hoy se cuenta dice que «los mitos y leyendas más populares y vivos son: origen del hombre, las historias de Jinú-Potó-Warra, las de Jé, o Jepá, la serpiente gigante, las historias de Ventura…». Aporta también la pieza cosmológica que la ficha deja suelta: «Tutruika creó el mundo de los inmortales, los sin culo, llamado Armukurá», es decir, el lugar donde cae Herupotoarra tiene creador y dueño. Y trae un dato de deslinde entre pueblos que vale la pena citar: en las comunidades del Pacífico donde trabajaron, Karagabí y Tutruika «tienen poco peso, si bien se les conoce, algunos llegan a afirmar que Karagabí es un dios de los katíos».

  6. Notas sobre los nombres personales embera, Chungará (Arica) 53(1), pp. 131-142

    scielo.cl

    Explica cómo funciona el nombre propio entre los embera eyábida (el subgrupo que incluye a los katío), que es justamente lo que el relato hace con Herupotoarra: el nombre no clasifica, describe una circunstancia. Documenta que la selección del nombre se hace observando «las características físicas o de comportamiento del niño para seleccionar un nombre que las refleje», o retomando el nombre de un difunto, y que los nombres incorporan lexemas que remiten a entidades naturales, seres espirituales y rasgos del entorno. Sirve para sostener, con base lingüística y no sólo mitográfica, por qué «nacido de la pierna» es un nombre y no un epíteto, y por qué el propio relato se detiene a explicarlo. El coautor Domicó pertenece al mismo apellido-linaje que la versión katía nombra como el de la madre.

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«Herupotoarra, nacido de la pierna» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Herupotoarra, nacido de la pierna» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Herupotoarra, nacido de la pierna» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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