CaribeMestizoPedro Chiquillo

Genus irritable vatum

La narrativa resalta la atmósfera colonial española llena de alardes militares y coloridos personajes en una confrontación con los indígenas de El Carbón.

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Ilustración de Genus irritable vatum

En la vasta y ondulante extensión de la provincia de Santa Marta, conocida con el tiempo como "La Perla de América", se alzaban las montañas de la Sierra Nevada, picos tan elevados que se afirmaba que tocaban el umbral de las esferas celestes donde se engendraban las tormentas. Era el año de Nuestro Señor de mil quinientos y noventa, y un aire de intrigante anticipación inundaba la ciudad con la promesa de una nueva campaña.

Don Pedro de Cárcamo y Orozco, hijo del difunto gobernador de dicha provincia, era el nombrado capitán de la expedición, su juventud destacando entre la nobleza cordobesa como una prometedora estrella. A su lado, con su irrebatible reputación de hombre de acción, el capitán Antonio Flórez vigilaba el horizonte vallemediano desde su puerto de operaciones en la ciudad de Nueva Valencia del Nombre de Jesús. Junto a ellos marchaba Pedro Chiquillo, un soldado conocido por su espíritu jovial y quien sangraba travesuras en cada palabra que pronunciaba.

Aquella tarde, Santa Marta se había transformado en una sala de armas. Capitanes y soldados iban y venían, sus uniformes vibraban bajo la luz del sol como ríos de colores que desembocaban en la vasta corriente del océano. Las doncellas asomaban sus rostros desde las rejas de los balcones, adornando la ciudad con sus miradas. La ciudad entera parecía palpar la vibrante energía que emanaba de sus valientes guardianes, quienes estaban listos para lanzarse contra los indios de El Carbón, enemigos que habitaban las faldas de las montañas mirando al poniente.

El bullicio se apaciguó con el alba cuando el contingente comenzó su marcha al ritmo de chiribías y tambores. La vanguardia era conducida por el maestre de campo Christóbal de Almonacid, con cincuenta arcabuceros y rodeleros. En el centro, don Pedro de Cárcamo con su escolta, y en la retaguardia, el brioso capitán Juan de Human cerraba la columna como quien guarda la llave de una fortaleza.

Los días pasaron al ritmo de sus pasos que dejaron atrás los valles de Santa Marta y cruzaron las fértiles tierras de Pocigueica para luego hallar el corazón de la provincia de El Carbón. Gritaron su arenga de guerra: "¡Santiago y Cierra España!" mientras caían sobre el pueblo de Zaraguato, un choque vencedor que maravilló a los carboneros. Sin embargo, la resistencia indígena no era mal predecida. Después de batallar en tierras más adentradas, se enfrentaron a fieros guerreros que desataron un vendaval de conflictos. Y cuando el polvo se asentó y la sangre de la victoria se agotó, quisieron bautizar el suelo conquistado como "El pueblo de los valientes". Pero Pedro Chiquillo, con su aguda lengua, sugirió que se llamara "El pueblo de los valentejos", título tan lúdico que resonó como verdad y burla entre las filas.

Meses de escaramuzas y asedios hicieron que sus cuerpos fueran frágiles armazones de hambre, hollando los oscuros caminos de una tierra que resistía ser conquistada. Y en el extremo del desencanto, mientras las tripas resonaban como tambores de guerra vacíos, un grupo de emisarios llegó con nuevas del capitán Antonio Flórez. Traían consigo un obsequio peculiar: una piedra extraída de las entrañas de Tairona, centelleante con vetas de oro que parecían ser un mapa hacia riquezas inimaginables.

La piedra iba acompañada de un mensaje poético del inefable Flórez: una oda cuyo eco de emoción prometía un camino hacia la prosperidad y la gloria. Al recibirla, don Pedro, no queriendo quedar atrás, se refugió en su tienda, persiguiendo las musas hasta dar con una estrofa que respondió a su camarada. Los soldados, hambrientos hasta el punto de la desesperación, aplaudieron esta batalla lírica con gran entusiasmo, a pesar de que más habrían agradecido un mísero saco de habas o un manojo de ídems.

Sin embargo, el espíritu burlón de Pedro Chiquillo no pudo ser silenciado, y su respuesta desmascaró aquellas grandiosas palabras. Compuso una copla que desplumó la noble poesía, sugiriendo que lata de un único corazón en el hambre presente era la solución para llevar el día a buen fin.

Mas si las palabras fueron celebradas con risas y voces, no ocurrió lo mismo en los corazones de los capitanes. La agria crítica a sus talentos poéticos se tornó difícil de soportar, más grave que cualquier herida de batalla. Y mientras la reprimenda caía sobre Chiquillo, éste, irónicamente victorioso, dejó la expedición para luego partir hacia un destino más afortunado. En Chile, sus hazañas y sus talentos le ganaron el reconocimiento y el grado de capitán, forjando un camino que ni los versos ni las piedras podrían predecir.

Así, las olas del tiempo enterraron aquella historia en las entrañas de una tierra que nunca dejó de ser un enigma, mientras los ecos de una campaña se disiparon como el tenue y dulce aroma del almizcle en el aire vespertino.

Historia

El mito tiene origen en la expedición liderada por don Pedro de Cárcamo en 1590 contra los indígenas de la provincia de El Carbón, en la región de Santa Marta, conocida como "La Perla de América". Durante la expedición, los conquistadores españoles, al triunfar en sus enfrentamientos, decidieron nombrar un lugar con el epíteto de "pueblo de los valientes". Sin embargo, un soldado llamado Pedro Chiquillo comentó en tono burlesco que el nombre apropiado debía ser "pueblo de los valentejos," refiriéndose despectivamente a los indígenas. Esta ocurrencia fue adoptada por los soldados y cayó en gracia, dando origen al nombre.

Además, otro elemento del mito se relaciona con la comunicación entre los capitanes Antonio Flórez y don Pedro de Cárcamo, quienes intercambiaron composiciones poéticas acerca de una piedra preciosa, supuestamente procedente de la región de Tairona. Las interacciones en forma poética entre los capitanes y las burlas de Pedro Chiquillo acerca de la poca valía de las piedras y los versos, añadieron un elemento humorístico al relato, que culminó en la expulsión de Pedro Chiquillo debido a su irreverencia hacia los talentos poéticos de sus superiores. Estos eventos reflejan aspectos culturales y sociales de la época colonial en la región.

Versiones

En esta representación singular del mito, la historia principal gira en torno a una expedición militar en la provincia de Santa Marta, liderada por don Pedro de Cárcamo. La versión resalta la atmósfera colonial española llena de alardes militares y coloridos personajes en el contexto de una confrontación con los indígenas de El Carbón. Los personajes, con un claro sentido de jerarquía y roles bien definidos, como el prudente don Pedro de Cárcamo y el soldado cómico Pedro Chiquillo, añaden profundidad y carácter a la narrativa. No obstante, la historia también incorpora un toque de humor y sátira, especialmente a través de las interacciones y versos entre los personajes. Esta mezcla de eventos históricos, relaciones humanas y un sentido poético revela un enfoque casi festivo de lo que habrían sido serias operaciones coloniales.

Un aspecto notable de esta versión del mito es la inclusión de contenido literario en forma de coplas, lo cual no es común en narraciones más tradicionales. La competencia poética entre el capitán don Pedro y Pedro Chiquillo subraya una tensión no solo bélica, sino también artística, que se extiende más allá de la lucha militar directa para incluir la lucha por el reconocimiento literario. Esta innovación sirve tanto para intensificar la crítica social al poder colonial y su hambre de riquezas (simbolizadas por la pretendida prosperidad en Tairona), como para humanizar a los personajes al presentar sus vientres hambrientos y el valor de la sátira sobre la destreza poética. La narrativa culmina destacando la habilidad de Pedro Chiquillo para recuperarse, pese a las constantes advertencias y castigos, mostrando su resiliencia y éxito final en un nuevo mundo, lejos de la asfixiante autoridad de sus superiores.

Lección

La sátira y el ingenio pueden desafiar la autoridad.

Similitudes

Se asemeja a mitos griegos sobre héroes que desafían la autoridad con ingenio, como las historias de Odiseo.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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