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Furatena

Explora la historia de origen de Fura y Tena, donde el amor y la tragedia se entrelazan con la creación de esmeraldas y leyendas.

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Ilustración de Furatena

En los tiempos remotos, cuando la tierra aún suspiraba bajo el manto de la creación y los dioses moldeaban el destino de sus hijos con manos omnipotentes, el dios Are decidió otorgar a la humanidad nuevos padres. Así surgieron Fura y Tena, uniendo en su existencia los secretos del mundo y el florecimiento de la vida. Ellos, con su amor inquebrantable, enseñaron a los muzos los misterios de la agricultura, el arte de la alfarería y las técnicas despiadadas de los guerreros. De su unión nació una tierra de promesas verdes: la región de las esmeraldas.

En el corazón del mundo muzo, donde las sombras de los cerros Fura y Tena se extendían sobre el valle, ocurrió una historia que fusionaría para siempre la tragedia con la belleza. Fura, poseedora de una belleza que deslumbraba incluso a las mariposas de múltiples colores que la rodeaban, se encontró un día con Zarbi. Este hombre, cuya apariencia inusual hechizaba con ojos azules y barba rubia, provenía con la sola misión de hallar la planta de la eterna juventud.

Fura y Zarbi, dos almas atraídas como el río al mar, peregrinaron juntos hacia las cimas de las montañas. Pero esta infidelidad selló su destino en tinta de muerte. Tena, quien había sido testigo invisible del desliz, se enfrentó al dolor con feroz venganza. Mandó a degollar a Zarbi y entregó el cuerpo inerte a su esposa, quien lo llevó a cuestas mientras el tiempo y el calor convertían su carga en putrefacción.

La desesperación alcanzó su clímax cuando Tena, abrumado por la traición y el peso de lo irreversible, decidió seguir el mismo destino que su amor ahora perdido. Mató a Fura y, en un acto de devoción desesperada, también a sí mismo, sellándose bajo los mismos cielos que alguna vez iluminaron sus días felices. Las montañas entonces dieron forma a sus cuerpos transformados en piedra, separados por el río que el difunto amante Zarbi había llevado en su nombre.

Itoco, el hijo de esta historia trágica, también fue convertido en peñasco, el más rico de los filones esmeraldíferos, como si la sangre de su linaje se convirtiera en las piedras que adornan su tierra. Los lloros interminables de Fura emanaron esmeraldas que se esparcieron por las cordilleras, y las lágrimas tornáronse mariposas brillantes que aún tiñen de color el aire sobre Muzo.

Aquella tierra, adoratorio de los muiscas, era venerada en secreto. Las peregrinaciones se realizaban con sigilo, pues el peligro acechaba en manos de los belicosos muzos. Estos fieros pobladores, dispuestos a derramar sangre por cada mota de territorio, veían en los muiscas rivales y a menudo se enfrentaban. Sin embargo, los muiscas, aunque expulsados, nunca olvidaron rendir homenaje a las deidades que les ofrecieron un hogar fértil.

Más allá de sus mitos, las esmeraldas de Muzo se alzaban como testigos silenciosos de una historia repetida en el murmullo del viento. En las culturas ancestrales se decía que las esmeraldas poseían cualidades místicas: surgidas de la bilis del rey de los Dañabas, robadas por el monarca de las serpientes y dispersadas en la montaña por manos perseguidores. A través de tiempos y continentes, desde Egipto hasta la Europa medieval, estas piedras verdes relucían en la devoción de pueblos que reconocieron en ellas algo más que el destino mineral: la esencia de un amor eterno y una tierra hecha de sueños y desventuras multicolores.

Así, el mito de Fura y Tena se establece no solo como una historia de origen, sino como un recordatorio perpetuo de la pasión y el sacrificio, la creación y la destrucción, grabados para siempre en los veneros de Muzo y su bendita morada de hermosura surcada por el río Zarbi.

Historia

El mito de Fura y Tena tiene varios elementos que explican su origen. Según las tradiciones mitológicas de los muzos, el dios Are creó a Fura y Tena, los padres de la humanidad, quienes enseñaron a los muzos técnicas agrícolas, alfarería y tácticas guerreras. La historia narra una serie de eventos que culminan en la transformación de Fura y Tena en cerros separados por el río Zarbi o Minero, después de un episodio de infidelidad y tragedia. Además, Itoco, el hijo de Fura y Tena, también se convierte en un peñasco relacionado con ricos filones de esmeraldas. Las lágrimas de Fura se transforman en esmeraldas, que llenan las cordilleras de la región, y sus gritos se convierten en mariposas.

En otra versión, los muiscas, al buscar un lugar para establecerse, fueron guiados por una figura femenina conocida como Fura Tena, que sostenía un niño, señalándoles un fértil valle para asentarse. En agradecimiento, los muiscas ofrecieron esmeraldas al lugar de adoración, aunque más tarde fueron expulsados por los muzos, un pueblo guerrero.

Ambas versiones ubican el origen del mito en la región esmeraldífera de Muzo y Boyacá, destacando la importancia espiritual y material de las esmeraldas en la cultura muzo y muisca. La relación entre los cerros, las esmeraldas y las tradiciones alrededor de Fura y Tena consolidan el mito en la geografía y prácticas culturales de la región.

Versiones

Las dos versiones del mito de Fura y Tena presentan diferencias significativas en el enfoque y desarrollo de la narrativa. La primera versión describe un mito detallado de origen y traición, donde Fura y Tena son los padres míticos de la humanidad muzo, enseñando técnicas agrícolas y guerreras antes de vivir un drama de amor y celos. Aquí, el enfoque está en la creación de elementos naturales, como las esmeraldas y mariposas, derivadas del dolor de los personajes. Este relato tiene un tono trágico que culmina en violencia y transformación física de los personajes en formaciones rocosas, vinculando profundamente la geografía y los recursos naturales (esmeraldas) con las tradiciones y creencias muzo.

Por otro lado, la segunda versión presenta una imagen más simplificada y simbólica del mito. Fura Tena se describe como una figura maternal y benévola que invita a los muiscas a habitar el valle fértil y ofrece recompensas en forma de esmeraldas. Este relato omite el conflicto y la traición, y en cambio se centra en la acción benéfica de Fura Tena como un lugar de adoración. La relación entre los muiscas y muzos se muestra principalmente en términos de adoración y hostilidad, con los muiscas continuando su homenaje a pesar de ser expulsados por los muzos. En conjunto, esta versión resalta una conexión más directa con la tierra e implica una influencia más simbólica y menos personal que el drama humano en la primera.

Lección

El amor y la traición pueden llevar a la transformación y la creación de belleza eterna.

Similitudes

Se asemeja al mito de Orfeo y Eurídice en la mitología griega, donde el amor y la tragedia llevan a una transformación eterna.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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