Fu y el primer tejo

Andina · Muiscas

Fu y el primer tejo

Fu debe cerrar el boquerón de Tausa, pero el sonido de una piedra lo distrae: del tropiezo nace una chispa y, sin buscarlo, el primer tejo.

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Fu y el primer tejo: la entrada del relato

El relato

Fu, el dios de la torpeza, vivía bajo las aguas de Fúquene y solo salía de noche.

De día dormía entre raíces y peces, porque la luz lo confundía y todo lo que tocaba a plena luz se le caía de las manos. Una tarde, sin embargo, los ruidos de la orilla no lo dejaron cerrar el ojo. Voces, pasos, golpes de madera: habían llegado gentes de varios poblados, y todas hablaban del mismo peligro. Por el boquerón de Tausa podía pasar una guerra y quedarse con los caminos del altiplano.

—Fu —lo llamaron desde la orilla—, tú que mueves las piedras. Cierra el paso antes del amanecer.

Fu sintió que el encargo le quedaba grande. Se levantó del fondo, sacudió el agua y salió a buscar una roca. Encontró una que apenas le cabía en los brazos y la cargó sobre los hombros.

Caminó toda la noche por el frío del altiplano.

En un trecho del camino pisó una piedra redonda. Salió disparada, golpeó otra y las dos rodaron hasta detenerse con un sonido seco. Fu se detuvo. Bajó la roca grande al suelo y se agachó a recoger una piedra plana.

La lanzó hacia un círculo que marcó en la tierra. Cayó en el centro.

Lo intentó de nuevo. La segunda rebotó, la tercera se fue de largo, la cuarta chocó contra una laja y de allí saltó una chispa diminuta que se apagó en el pasto seco. Fu se quedó mirando el punto donde había nacido el fuego. Volvió a lanzar. Pronto había olvidado el boquerón, la roca y la guerra.

Detrás de las montañas empezó a clarear.

Fu se sobresaltó, levantó la piedra y corrió. Llegó al paso con el aliento corto y empujó la roca con lo que le quedaba de fuerza. Quedó atravesada, pero la abertura siguió abierta por un costado.

Se sentó a esperar el regaño.

La gente miró el paso, luego la roca, luego las piedras planas que Fu todavía tenía entre los dedos.

—No cerraste el boquerón —dijo una anciana.

—No —admitió Fu.

—Pero ¿qué es eso que hiciste con las piedras? Enséñanos.

Al anochecer marcaron un círculo en la tierra. Fu mostró cómo sostener la piedra, cómo medir el esfuerzo y cómo un acierto no garantiza el siguiente. Las piedras volaban, chocaban contra la laja y de cada choque saltaba una chispa que se apagaba en el pasto. El juego se repitió noche tras noche.

El boquerón se protegió con gente que hacía turnos y con fogatas. Ningún juego reemplazó esa tarea.

Pero cuando el trabajo terminaba, las piedras volaban contra el círculo, y hasta quien acababa de perder reía.

Fu nunca aprendió a no distraerse.

Aprendió a regresar a tiempo y a responder por lo que había dejado a medias. Cada noche, antes de volver al agua, se quedaba en la orilla mirando el círculo, las piedras quietas y la chispa que nacía del choque: una luz pequeña que nadie había pedido y que todos esperaban.

Fu y el primer tejo: lo que quedó del relato

La enseñanza

Del paso en falso nace una chispa, y el mundo se ordena de nuevo en lo que no se planeó.

Territorio

Andina · Muiscas

Andina · Muiscas

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Muiscas
Referencia
5.4671° · -73.7383°

Contexto histórico

El cuento de Fu y el primer tejo no procede de una crónica colonial ni de una tradición oral documentada: nace de Érase una vez entre los chibchas, obra juvenil de Alfredo García Giraldo, que presenta a Fu como un ser cómico de Fúquene, encargado de bloquear el boquerón de Tausa y distraído por el golpe de las piedras. El registro bibliográfico del libro y la revisión crítica de Diego Gómez Aldana —que rastrea pasajes atribuidos a los muiscas hasta su antecedente literal en esa obra— obligan a tratarlo como relato moderno, no como mito antiguo.

Eugenia Villa Posse registra de manera breve nombres como Fu, asociado a Fúquene, y Fo, usado para Nencatacoa, pero no ofrece esta aventura. La semejanza de los nombres no basta para convertir la escena en tradición prehispánica, y el rótulo de "demonio amistoso" heredado de páginas anteriores pertenece al vocabulario colonial cristiano.

El ancla cultural verificable es el tejo. El Ministerio de Cultura lo documenta como práctica viva con memoria de origen en el altiplano y asociación popular con los muiscas. Esa continuidad respalda la relación general entre el juego y la región, no la escena sobrenatural.

La lectura del error creador sostiene la narración: Fu no triunfa al acertar, sino al tropezar y repetir el gesto; el valor que otros encuentran en su descuido nace de mirar de otro modo algo que salió distinto. La reescritura conserva el humor y el accidente que produce lo valioso, retira caricaturas sobre pueblos enemigos, órdenes de Chiminigagua que la fuente no confirma y una salvación divina completa, y cierra con Fu asumiendo lo inacabado mientras la comunidad protege el paso por sí misma.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales para quien quiera profundizar.

Procedencia

Recopilado de la tradición oral de Muiscas, Andina · Andina > Varios > Muiscas.

Cómo documentamos cada relato

Fuentes y revisión editorial

Esta ficha cuenta con referencias de contraste publicadas. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Última revisión: 19 de agosto de 2026Aportar o corregir una fuente

Voces de la comunidad

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