
Andina · Mestizo
El trapiche ardiendo
Mientras una familia desgrana maíz en El Volcán, una luz lejana revive cada año el trapiche desaparecido de don Nazario.
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Esa noche, en El Volcán, estaban todos en el corredor de la casa desgranando maíz sobre un cuero de res, como era costumbre en aquellas estancias. Apenas los alumbraban unos reflejos que llegaban de la cocina. La oscuridad era tan cerrada que el paisaje se había borrado.
De repente vieron una luz. Parecía estar en las montañas lejanas del horizonte. Fue creciendo y creciendo hasta tomar la forma de una hoguera. Los niños no estaban hechos al espectáculo de las quemas y se quedaron pasmados. Como en la negrura no había ningún punto que sirviera de referencia, el fuego parecía colgado del aire.
—¿Qué es aquello? —preguntaron al fin.
—Es el trapiche del difunto Nazario —contestó don Crisanto.
—¿Y están moliendo? —quiso saber la abuela.
—No, señora. Ese trapiche ya no existe. Pero todos los años, por esta época, se deja ver así, como lo estamos viendo.
—¿Es un trapiche encantado? —preguntó uno de los chicos.
—Algo más que encantado, niño. Allí está penando don Nazario.
Y contó. Don Nazario había sido muy rico, con muchas tierras casi todas sembradas de caña. Era muy malo con los pobres, y muy impío. Nunca se arrimaba a la iglesia, y hablaba muy mal de la religión y del señor cura. Cuando resolvía moler, la molienda duraba semanas y semanas sin parar, y a los peones no los dejaba descansar ni los domingos.
Por eso pasaron tantas desgracias en ese trapiche. Un día se cayó un muchacho al fondo de la miel, y lo sacaron hecho una melcocha. Y una noche, entre sábado y domingo, un prensero se quedó dormido pasando caña. De golpe, el prensero del otro lado recibió entre las manos la cabeza de su compañero, vuelta un bagazo sangrante.
Al final el trapiche se quemó. El fuego saltó a la casa de la hacienda, prendió la paja seca de los potreros y corrió por los cañales. El mismo don Nazario, ya viejo y sin nadie que le diera una mano, murió entre las llamas.
—Desde entonces, cada año por este tiempo, se ve arder el trapiche, y entre el fuego se alcanza a divisar la sombra de don Nazario. Fíjense bien: ¿no ven una sombra que de vez en cuando cruza por las llamas?
Los niños soltaron el maíz y aguzaron la vista. Se lo creían todo. Y ya no veían una sombra sino muchas, que bailaban una zarabanda del diablo en medio de la candela.
Seguían comentando entre ellos cuando la abuela los distrajo con otra pregunta:
—Y dígame, don Crisanto, ¿por aquí no anda la Mancarita?
—No, señora. Esto es muy despejado y no tiene dónde meterse. Donde sí la han oído es en las montañas de la vereda de San José. Pregúntele a mi compadre Telmo Chacón, que una noche casi se lo lleva. Si no hubiera sido por los perros…
La luz de la cocina ya se había apagado. Pasaron todos a la sala, donde habían prendido una lamparita de petróleo. Camino de los cuartos, los niños iban asustados, prendidos de las faldas de las mujeres o de la mano de los hombres.
El trapiche de don Nazario se quedó ardiendo toda la noche en su imaginación.

La enseñanza
“Quien no respeta ni el domingo ni a los pobres queda ardiendo solo donde pecó.”
Territorio
Andina · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Andina
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 6.5° · -73.5°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Santander · Andina
- Referencias
- 9
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Folclor santandereano, capítulo de Leyendas: «Veladas campesinas. La Barbacoa · El Trapiche Ardiendo» (Biblioteca Santander, vol. XXIV, tomo II, Bucaramanga, 1954), reproducido en la sección 19 del tomo II de «Mitos y leyendas de Colombia», folios 131-135
flacso.edu.ec
Es el único registro del trapiche de Nazario y lo da dentro de su escena. La pieza abre con las temporadas de Arias niño en estancias campesinas con su abuela materna; el episodio ocurre de noche en El Volcán, desgranando maíz sobre un cuero de res. Don Crisanto nombra la luz lejana como el trapiche del difunto Nazario, que ya no existe y se deja ver cada año por la misma época. Trae la impiedad de Nazario, las moliendas de semanas sin domingo, el muchacho caído al fondo de la miel, el prensero dormido entre sábado y domingo, el incendio que alcanza casa, potreros y cañales, la sombra entre las llamas y el remate con la Mancarita y Telmo Chacón en la vereda de San José. Cierra con la función que Arias le atribuye: explicar quemas y enseñar a los niños.
- Mitos y leyendas de Colombia, tomo II: «Leyendas y cuentos del folclor», sección 19 «Narraciones del folclor. Departamento de Santander»
flacso.edu.ec
Conserva la unidad que Arias le dio al trapiche. La antología publica el capítulo de Leyendas completo y en su orden, de modo que «Veladas campesinas» se lee como una sola pieza con dos leyendas y con su nota al pie que remite a la Mancarita, en vez de un episodio arrancado de su marco. Gracias a eso se ve que el trapiche es la segunda de dos noches y que don Crisanto es el narrador de una escena, no un informante suelto. La nota de cabecera del folio 125 fija la edición de 1954 de la Biblioteca Santander.
- Folclor santandereano, capítulo de Leyendas: «La Mancarita», en el tomo II de «Mitos y leyendas de Colombia», folios 127-129
flacso.edu.ec
Es la leyenda a la que el trapiche remite en su última pregunta, y la nota 7 de Arias manda ahí al lector. El capítulo describe a la Mancarita como la oían de niño a los campesinos de Guanentá: una mujer salvaje, peluda, de pies vueltos, que grita de noche en las selvas; unos la creían tímida y dicen que huye apenas oye gente o perros, otros que roba niños y aun hombres. Esas dos opiniones son las que junta don Crisanto cuando dice que a su compadre Telmo Chacón casi se lo lleva una noche y que lo salvaron los perros.
Contraste y contexto · 6 referencias
- Folclor santandereano, capítulo de Leyendas: «Lo que enseñan las cuevas» (la leyenda de El Colmenero, San Gil), en el tomo II de «Mitos y leyendas de Colombia», folios 138-140
flacso.edu.ec
Da, en el mismo libro, otra pena por trabajar en día santo. El muchacho que sube a sacar miel de una colmena en la escarpa del Fonce justo cuando en el pueblo empiezan los oficios del Viernes Santo queda preso en la roca, y su lamento se oye en las noches de invierno a lo largo de la hondonada. Como el trapiche de Nazario, es una culpa contra el calendario sagrado que se vuelve señal visible y repetida para quien pasa por allí, y como él tiene su fecha en el año litúrgico.
- Evangelio según san Lucas 16, 19-31 (el rico y Lázaro), versión Reina-Valera 1960
biblegateway.com
Es la matriz cristiana más cercana a la figura de Nazario, rico y malo con los pobres. En la parábola, el hombre que se vestía de púrpura y banqueteaba cada día mientras el mendigo Lázaro, lleno de llagas, esperaba las migajas a su puerta, aparece después de muerto diciendo que está atormentado en esta llama. Pide que alguien vuelva a avisar a sus cinco hermanos y se le niega. La leyenda santandereana hace lo contrario: al rico condenado se le permite dejarse ver cada año entre las llamas, y su aparición funciona como el aviso que la parábola rehúsa.
- Un alma en pena aparece entre los vivos: purgatorio y devoción en la segunda mitad del siglo XIX en Colombia (Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, vol. 50, n.º 2, pp. 51-78)
revistas.unal.edu.co
Explica qué significa, en la Colombia católica rural, que don Crisanto diga que allí está penando don Nazario. El artículo reconstruye el informe que el cura de Jamundí, Juan de la Cruz Saavedra, envió a la diócesis de Popayán en octubre de 1900: su hermano Alfonso, un niño de doce años, veía en la sacristía al antiguo párroco León Sardi, ya difunto, que pedía limosnas y misas para salir del purgatorio. Como en El Volcán, el que ve es un niño y el adulto registra lo que el niño cuenta. La autora concluye que estas apariciones servían para inculcar normas y principios cristianos, la misma función que Arias atribuye a la leyenda del trapiche.
- Voces y relatos desde el trapiche. Tradición oral hecha historia en un ejercicio de museografía digital (Santander. Estudios de Patrimonio, n.º 8, DOI 10.22429/Euc2025.sep.08.17)
santanderestudiospatrimonio.unican.es
Da nombre y oficio a la gente que la leyenda pone en peligro. El trabajo de campo en los trapiches de Piedecuesta describe la molienda como la etapa en que se juntan el prensero, que mete la caña al molino y extrae el jugo, el hornillero, que alimenta el fuego con bagazo, los relimpiadores y el tolinchero. Es exactamente el puesto del prensero que en la leyenda se duerme pasando caña, y el fuego de la hornilla es el que termina alcanzando la casa y los cañales. El artículo menciona además los riesgos de accidentalidad de estos trapiches, que siguen funcionando.
- Tipificación técnica y socioeconómica de trapiches paneleros en el municipio de Ocamonte, Santander: una aplicación de análisis multivariado (Revista Lebret, n.º 8, pp. 243-261)
revistas.ustabuca.edu.co
Mide en un municipio del sur de Santander lo que en la leyenda es exceso. Sobre 43 trapiches de Ocamonte, el estudio usa como variables las semanas de molienda al año, la mano de obra familiar no remunerada, la ocasional pagada y la fuerza animal. Encuentra que el 65 % de los trapiches trabaja en un sistema marginal y que la producción panelera del municipio descansa en una tecnología intensiva en mano de obra y fuerza animal. Permite leer las moliendas de semanas y semanas de Nazario como una medida real de la economía panelera de la región, en la que el ritmo lo impone la caña, y no el calendario.
- Ley 57 de 1926, por la cual se establece el descanso dominical y se dictan otras disposiciones sobre legislación obrera
funcionpublica.gov.co
Fecha el momento en que el domingo que Nazario negaba a sus peones pasó de precepto religioso a obligación de ley. Su artículo 1 declara obligatorio un día de descanso cada seis de trabajo para todo obrero de un establecimiento industrial o comercial, con una duración mínima de veinticuatro horas, y manda que se dé el domingo. La leyenda, contada a Arias en su niñez, castiga como impiedad lo que en su tiempo empezaba a ser también una falta legal.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«El trapiche ardiendo» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «El trapiche ardiendo» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «El trapiche ardiendo» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








