El toro en el ascensor

Andina · Mestizo

El toro en el ascensor

Una res escapa en el centro de Bogotá, entra a un edificio y encuentra a un hombre cuando se abren las puertas del ascensor.

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El relato

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A las siete y media de la mañana, un camión de placas SW1012 bajaba por la carrera 10 con cinco novillos en el platón, camino del matadero. Era un jueves de octubre de 1985 y el centro estaba en su hora más llena: buses parados en doble fila, carretas, tinteros, gente que llegaba a trabajar con el saco todavía húmedo del sereno. A la altura de la calle Primera, en el sector de La Hortúa, el camión se volcó.

Lo que vino después lo vio media ciudad. Los animales salieron del cajón tumbado y se repartieron por la calzada. Un novillo suelto en una avenida no ataca a nadie: corre, y el correr se contagia. Los tenderos bajaron las rejas de golpe. El que alcanzó se trepó a un andén, a un capó, a la escala de un zaguán. Un grito llamó a otro y la alarma subió cuadra por cuadra hacia el norte, por delante de los animales, mucho más rápido que ellos.

Dos personas quedaron heridas en esa desbandada.

Uno de los astados siguió subiendo hasta la carrera 8.ª y se metió por la puerta de un edificio de oficinas. Ahí dentro había piso pulido, techo bajo, columnas y ninguna salida. Es el peor sitio posible para media tonelada de animal asustado con las pezuñas resbalando: dio vueltas en el vestíbulo, chocó contra lo que había, buscó por dónde.

En ese momento se abrieron las puertas del ascensor.

Un hombre salía. No entraba huyendo ni venía a mirar: salía del ascensor como sale cualquiera a las siete y media de la mañana, con el día por delante y la cabeza en otra parte. El animal lo corneó a un paso del umbral metálico. El hombre murió ahí.

De la esquina volcada al vestíbulo habían pasado unos minutos. Afuera se juntó el gentío que se junta siempre, a esa distancia prudente desde la cual todo se ve mejor, y la mañana siguió su curso con el camión de costado en la calzada y los otros novillos arriados de vuelta.

Nadie tomó el nombre del muerto. Quedó un hombre sin nombre, dos heridos, cinco reses que iban al matadero y un animal acorralado en un vestíbulo al que había entrado por la puerta principal, como un visitante más.

El toro en el ascensor: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Un hecho con fecha y placa también se deforma cuando nadie anotó el nombre del muerto.”

Territorio

Andina · Mestizo

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mestizo
Referencia
4.570868° · -74.297333°

Ficha del relato

Contexto histórico

El episodio dejó de ser rumor el día en que alguien buscó los periódicos. La crónica «Muerte fuera del ruedo», de Lizeth León, ganó el Premio Distrital de Crónica Ciudad de Bogotá en 2014 y se recogió al año siguiente en el volumen «Seis historias para ser contadas» (Bogotá, Ícono Editorial, 2015). Se escribió entre enero y mayo de 2014 y su hallazgo central es documental: el registro noticioso del hecho en El Tiempo y El Espectador del viernes 18 de octubre de 1985. El Espectador titulaba «Toro que llevaban al matadero escapó: mató a ciudadano e hirió a dos»; El Tiempo, con menos ruido, «Estampida de 5 novillos ayer en pleno centro».

De esas notas salen los datos duros que hoy sostienen el relato: la hora, las siete y media de la mañana; la placa del camión, SW1012; el número y la clase de los animales, cinco novillos que iban al matadero; el lugar del vuelco, carrera 10 con calle Primera, en La Hortúa; y la escena de la muerte, un astado que entra a un edificio de la carrera 8.ª y cornea a un hombre que abandonaba en ese instante el ascensor.

Hay un segundo documento, anterior a la crónica, escrito lejos y por otro motivo. En noviembre de 1996 la revista «tres», de Montevideo, publicó en su número 42 una entrevista con dos periodistas colombianos; en la página 57, Héctor Mario Rodríguez, que en 1985 trabajaba en Caracol Radio en Bogotá, cuenta el episodio de memoria como ejemplo de lo insólito del país. No es reportaje ni pretende serlo: es una anécdota dentro de una conversación sobre narcotráfico y lavado de dólares.

La autora de la crónica no funde a sus testigos: los enfrenta. Entrevista a quienes dicen haberlo visto y a quienes lo oyeron contar, con nombre propio cada uno, y usa la divergencia entre ellos como materia del texto en vez de escoger una versión y limarle los bordes.

Conviene recordar, entre tanta contabilidad de reses y edificios, lo que el titular de 1985 puso primero: murió un hombre y otros dos resultaron heridos. Ninguno de los registros conocidos da el nombre del muerto.

Resonancias con otros mitos

El primer paralelo lo trajo un testigo, y por eso se puede citar con fecha: en la revista «tres» de Montevideo, en noviembre de 1996, Héctor Mario Rodríguez describe la estampida del centro como «un pequeño San Fermín». La comparación con el encierro pamplonés explica por qué el episodio se contagió tan rápido de vocabulario taurino: existe un molde reconocible en el que reses sueltas corren por una calle urbana, y ese molde trae incorporados la casta, la fiesta y el riesgo aceptado. Nada de eso estaba en el camión volcado de La Hortúa, donde los animales iban al matadero y quien murió no había ido a correr delante de nadie.

El segundo paralelo va en dirección contraria y ocurre en la misma ciudad. En «Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano» (Casa Editorial El Tiempo, 2004), la Monja de las Rosas se publica en las páginas 99 y 100 como un guion de cine atribuido a una directora alemana, y la Bruja del Tranvía, en las páginas 41 y 42, como una carta mecanografiada con nombre y fecha de desaparición. En los dos casos una pieza de autor perdió la firma al circular y empezó a leerse como testimonio.

Aquí pasó lo inverso: un hecho con placa, hora y esquina perdió sus papeles y ganó autores. Un accidente registrado por dos diarios se convirtió en columna, en monólogo literario y en anécdota de sobremesa, y cada una de esas manos le dejó encima un edificio distinto.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Las diferencias empiezan por el ganado. El testigo de 1996 recuerda seis toros de lidia y una avenida convertida en «un pequeño San Fermín»; las notas de prensa del día siguiente hablan de cinco novillos que iban al matadero. La distancia entre las dos cifras no es un descuido de memoria sin consecuencias: toda la carga taurina que el relato arrastra hoy —la casta, el ruedo, la plaza— se le añadió después a un accidente de transporte de ganado de carne.

  2. Luego está el edificio, que es lo único realmente abierto. El registro de 1985 dice «un edificio de la carrera 8.ª» y no da número. El Hotel Tequendama y la Torre Colpatria, que circulan como escenarios, quedan descartados por esa sola línea: no están en la carrera 8.ª. El edificio Henry Faux, que es hoy la atribución más repetida, aparece de pasada y sin fuente en una columna de divulgación de Guillermo Romero Salamanca publicada en Eje21 el 27 de diciembre de 2017, treinta y dos años después de los hechos, y está además en la carrera 7.ª con avenida Jiménez.

  3. La otra localización de peso es literatura firmada. El 29 de enero de 2011, Fernando Araújo Vélez publicó en la sección Bogotá de El Espectador «Afuera del ruedo», un monólogo en primera persona puesto en boca de un celador. Ahí aparecen el piso de mármol, las puertas que se abren, el señor de corbata que no entendió nada y el logotipo del Banco Ganadero en una esquina del vestíbulo. De ese mismo texto viene la causa del vuelco que la prensa no dio: una piedra saltada de otro camión que rompe el eje. Es un recurso de personaje, no un dato de investigación, y conviene devolvérselo a su autor.

  4. Queda una lectura declarada, y no es la del castigo ni la de la fatalidad. El testigo de 1996 cuenta el episodio para sostener que Colombia es «un gran Macondo», un país donde uno puede toparse con un toro entrando a un ascensor. Esa interpretación tiene dueño, fecha y página; las demás que circulan, no.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Bogotá · Andina
Referencias
8
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Muerte fuera del ruedo (crónica ganadora del Premio Distrital de Crónica Ciudad de Bogotá 2014, recogida en «Seis historias para ser contadas», Ícono Editorial, 2015)

    cucharitadepalo.co

    Es la pieza que devuelve el hecho a su expediente y cierra la discusión sobre si ocurrió. Localiza las notas de El Espectador y El Tiempo del viernes 18 de octubre de 1985 y las transcribe: a las siete y media de la mañana del jueves 17, un camión con placas SW1012 que llevaba cinco novillos se volcó en la carrera 10 con calle Primera, en el sector de La Hortúa; los animales se dispersaron por las vías del centro; uno entró a un edificio de la carrera 8.ª y corneó a un hombre en el instante en que éste salía del ascensor. No eran toros de lidia camino de una plaza: iban al matadero, y el muerto salía, no entraba. La autora entrevista además a testigos y oidores con nombre —Ernesto Alfaro, que dice haberlo visto, Luisa Luquerna, Rafael Noguera, Francisco Celis, el editor Gonzalo Guillén— y en vez de fundir sus versiones las enfrenta, que es lo que convierte la crónica en la fuente de método de esta ficha.

  2. «Un toro en el ascensor», en «Los dramas y las alegrías de Macondo. Colombia mirada por dos periodistas», revista tres, n.º 42, Montevideo, viernes 15 de noviembre de 1996, p. 57

    anaforas.fic.edu.uy

    Es el registro más antiguo y más atribuible del episodio, y estaba en el módulo sin que se le reconociera ese peso. Un periodista bogotano, entrevistado en Montevideo once años después de los hechos, lo cuenta con su nombre y por escrito: «En 1985 yo trabajaba para la radio Caracol en Bogotá. Y muy cerca de la radio, un camión que transportaba seis toros de lidia volcó en pleno centro de Bogotá. Los seis toros salieron corriendo por una de las principales avenidas […] Asustado, un toro entró a un edificio de oficinas. En ese momento se abrieron las puertas del ascensor y el toro entró al ascensor, matando con sus cuernos a una persona que iba a salir.» Coincide con la prensa en el año, en el centro de la ciudad y en la muerte junto al ascensor, y discrepa en dos cifras —seis toros de lidia donde el registro dice cinco novillos camino del matadero—, que es exactamente el tipo de deriva que la ficha documenta. Es también donde el propio testigo compara la escena con «un pequeño San Fermín», y con eso da la clave del contagio taurino de todo el relato.

  3. Afuera del ruedo

    elespectador.com

    Es una de las dos versiones de peso que compiten con la prensa, y su interés está en que se puede fechar y firmar. Publicada el 29 de enero de 2011, es un monólogo en primera persona de un celador que describe la escena dentro del Banco Ganadero: las patas descompuestas del animal sobre el mármol, el logo del banco, la gente enloquecida, las puertas del ascensor que se abren, el hombre de corbata corneado, los gritos, la sangre. Aporta además una causa del vuelco que la prensa de 1985 no da —una piedra lanzada por otro camión que rompe el eje—, y la pone en boca del personaje. Permite mostrar con nombre y fecha cómo un accidente registrado se convierte en escena literaria, y cómo de esa escena sale un edificio concreto que después circula como dato.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. El centro de Bogotá: curioso e histórico

    eje21.com.co

    Es el origen rastreable de la versión del edificio Henry Faux, y se cita para poder decir de dónde viene. Publicada el 27 de diciembre de 2017, treinta y dos años después de los hechos, recorre rarezas del centro bogotano —la numeración del edificio de la calle 13, San Victorino, las esquinas con historia— y en ese recorrido menciona de pasada el episodio del toro y lo sitúa en un edificio concreto, sin fecha, sin testigo y sin fuente. Con esta pieza a la vista, la atribución del Henry Faux deja de ser una tradición y pasa a ser una afirmación con autor y año, que es lo que la ficha necesita para ponerla en «versiones» en lugar de fundirla con el resto.

  2. Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano

    archive.org

    Sostiene el paralelo invertido que cierra la ficha. En este volumen dos relatos bogotanos se publican con su forma de autor a la vista: la Monja de las Rosas en las pp. 99-100, presentada como un guion de cine atribuido a una directora alemana, y la Bruja del Tranvía en las pp. 41-42, presentada como una carta mecanografiada con nombre y fecha de desaparición. Es decir, dos piezas escritas que al circular perdieron la firma y empezaron a leerse como testimonio. Con el toro pasó lo contrario y por eso el contraste sirve: un hecho con placa, hora y esquina perdió sus papeles y fue ganando autores —una columna, un monólogo literario, una anécdota de sobremesa—, y cada mano le dejó encima un edificio distinto.

  3. Calles de Santafé de Bogotá: homenaje en su IV centenario, 1938

    babel.banrepcultural.org

    Sirve para lo único que en esta ficha está de verdad en disputa, que es la geografía. El relato se juega entre tres direcciones que compiten —la carrera 8.ª de la prensa, la carrera 10.ª de algunas versiones y el edificio que la columna de 2017 nombra—, y esta obra es la que reconstruye el casco antiguo calle por calle con sus nombres viejos y su trama: Catedral p. 33, Palacio 137, Las Nieves oriental 163, San Victorino 245. Permite medir qué distancia hay entre el punto del vuelco, en el sur del centro, y las manzanas donde cada versión pone el edificio, y comprobar que unas cuadras de diferencia en ese plano son barrios distintos. Es la herramienta con que se puede decir que las versiones no son variantes de matiz.

  4. El anfiteatro de la Facultad de Medicina. Una visita guiada

    revistas.unal.edu.co

    Se cita por el punto del plano donde empieza todo y que ninguna otra fuente explica: La Hortúa. El vuelco del camión ocurrió en la carrera 10 con calle Primera, es decir, en el barrio del hospital y de la Facultad de Medicina, y este ensayo describe desde dentro ese sector y sus instituciones —el anfiteatro, el hospital, la relación cotidiana del barrio con los cuerpos y con el Cementerio Central—. Permite entender por qué un camión de ganado pasaba por allí a las siete y media de la mañana: es la puerta sur del centro, el eje por donde entraba a la ciudad lo que venía del matadero y de la sabana, y no una avenida de oficinas. El contraste entre ese punto de partida y el edificio de la carrera 8.ª es la distancia real que los animales recorrieron.

  5. Fantasmagorías bogotanas: invención y producción de fantasmas en la Candelaria

    colombianistas.org

    Da el marco teórico de lo que esta ficha describe caso por caso. Estudia cómo el repertorio de relatos sobrenaturales de la ciudad se construye por inclusiones y exclusiones —qué entra en el circuito, qué se cae, qué se le añade a cada historia para que funcione en un recorrido— y trata esos relatos como representaciones capturadas y puestas a producir, no como supervivencias. Es lo que permite afirmar que la conversión de un accidente de tránsito de 1985 en leyenda urbana no fue un olvido sino un trabajo: alguien le puso el edificio, alguien le puso los toros de lidia y alguien le puso el celador, y cada capa responde a una necesidad narrativa distinta. La ficha usa ese marco para ordenar sus versiones en lugar de fundirlas.

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«El toro en el ascensor» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El toro en el ascensor» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El toro en el ascensor» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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