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El silbador

El mito del Silbador es una superstición del sur del Toma, donde su canto presagia desgracias, especialmente la muerte de seres queridos.

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Ilustración de El silbador

Bajo el manto traslúcido de una luna que resplandecía como un hechizo suspendido en el aire, en el remoto sur del Toma, las supersticiones tejen sus hilos invisibles sobre las almas de sus habitantes. En este rincón del mundo, el sino se anuncia con el lúgubre canto de un pájaro, conocido por los lugareños como el Silbador. Su presencia, aunque inasible, se percibe en el eco prolongado y lastimero de un silbido que atraviesa la amplitud del llano, las profundidades de las montañas, y el murmullo de los ríos.

La forma del Silbador es la incógnita que esconde la noche. Dicen que es un ave gris, similar al Trespiés, pero su verdadera esencia es incorpórea, escondida en la bruma lejana o entre las tinieblas, donde solo es visible para los demonios y las brujas con quienes comparte su destino de mal augurio. Quienes han oído su llamado no han vivido para contarlo, pues siempre es el anuncio de desgracia, un presagio que prefiere la muerte, casi siempre de algún ser amado. El canto es un aviso inapelable: tres silbidos prolongados, seguidos de un sutil silencio que parece negociar con el destino.

Don Baltasar Cabrera, un campesino de manos curtidas y alma sencilla, experimentó la presencia del Silbador una fatídica noche de febrero. Recostado boca arriba en la barbacoa de su patio y bañado por la plata de aquella luna hechicera, contaba la historia con el humo del tabaco escapando de sus labios, mientras toda su prole lo rodeaba y el cielo parecía detener el tiempo solo para él. Timoteo Guarnizo, su vecino y confidente en aquel encantado rincón de la noche, lo escuchaba con la atención de quien comprende que algunas historias son ciertas aunque absurdas.

Recordó don Baltasar aquel día con una claridad profética, la mañana en que había cargado su burro orejigacho con anzuelos y provisiones, emprendiendo un camino hacia Riogrande con la promesa de una gran pesca. La subienda, esa corriente vigorosa y promisoria, había colmado de peces el cielo del río, y Baltasar, atraído por la promesa de una cosecha abundante, se fue solo con Dios y la Virgen, dejando a su esposa Maruja en casa, tejiendo con sus hijas para la próxima venta en el mercado.

La jornada transcurrió con una normalidad apacible, mientras el burro reposaba bajo un gran mulato a la orilla del río y Baltasar preparaba su café antes de empezar el ritual de la pesca. La noche se había ido asentando con su azul profundo, un velo de estrellas observando silenciosamente desde arriba. Baltasar, contento con los peces capturados, mantenía su concentración en el agua, ajeno a la sinfonía nocturna que empezaba a tejerse a su alrededor.

Y fue entonces, cuando la luna decidió ocultar su rostro tras nubes caprichosas, cuando un silbido errado y lúgubre cruzó el aire sobre el río. El sonido que escuchó marcó su ser, una nota clara y destemplada que cegó sus sentidos con un miedo terrible. Sintió un soplo frío en el aire, como el aliento del mismísimo mandinga, y por un instante, su corazón se detuvo, pero el mundo siguió girando alrededor de él, ajeno a su miedo. Fue en ese vacío que el Silbador cantó por segunda vez, más cercano, más ineludible, y Baltasar, ahogado en su propio espanto, solo encontró fuerza para huir.

La manta y la murrala quedaron recogidas de cualquier forma en el burro, quien nervioso tironeaba de la mate a la que había atado. La pequeña perra mea también presentía la fatídica presencia y buscaba refugio cerca de las piernas de su amo. En un reflujo de ansiedad, Baltasar se apresuró a regresar a casa, donde se enfrentaría con el toque final de aquel anunciador nocturno. Lo alcanzó el tercer silbido justo en el mulato junto al rancho, y una inmensidad de pánico le hizo apresurarse aún más.

Emprendió el regreso al hogar, solo para encontrar lo que temía: Maruja, su querida compañera, yacía tendida en la sala, envuelta en un halo de luz apagada, vigilada por sus hijos, que lloraban a los pies de la escena. Había abandonado esta vida en las horas oscuras de su soledad, cumpliendo la profecía del Silbador, quien no había hecho sino golpear con su manto de presagio el destino de don Baltasar.

Timoteo escuchaba el relato sin pronunciar palabra, conocedor ya del pájaro de mal agüero, pues él también había sido marcado por su canto durante la cuaresma pasada, cuando su padre dio su último suspiro. Nuestros antepasados, como un pez que brilla fugazmente bajo la superficie del río, dejan una estela de memorias y supersticiones que perduran más allá del tiempo. En el sur del Toma, el Silbador sigue surcando el aire con sus silbidos, invisible, pero siempre presente, delineando el destino de quienes habitan bajo la eternidad de su fatídico canto.

Historia

El mito del silbador es una creencia y superstición exclusiva del sur del Toma. Se trata de un espíritu maligno representado por el canto de un pájaro de mal agüero, el cual es considerado un ave del demonio y compañero de las brujas. Este pájaro predice desgracias, especialmente la muerte de algún ser querido, a través de su silbido largo, lastimero y lúgubre. Aunque se describe como un pájaro corriente de color gris terroso, los que han escuchado su aviso nunca lo han visto, ya que su canto es distante y misterioso, resonando en lugares como llanuras, montañas o ríos en la noche. El mito es narrado por un campesino, don Baltasar Cabrera, quien comparte su experiencia de haber escuchado al silbador, lo que precedió la muerte de su esposa. La creencia es tan arraigada que se menciona que otro personaje, Timoteo, también experimentó el mismo aviso con la muerte de su padre.

Versiones

El mito del Silbador es presentado en una narrativa que recoge la tradición oral del sur del Toma. En esta versión, el Silbador es descrito como un pájaro espectral de color gris que emite un silbido largo y lúgubre, asociado a desgracias y muerte, especialmente la pérdida de seres queridos. Se narra desde la perspectiva de un campesino llamado Baltasar, quien relata su propia experiencia aterradora tras escuchar el siniestro canto, precedido por la muerte de su esposa. Esta versión destaca por su enfoque en el contexto cultural específico y los detalles íntimos de la vida rural, reflejando autenticidad a través del diálogo coloquial y el uso de modismos locales que enriquecen el relato.

En comparación, otra versión del mito podría introducir variaciones significativas en la caracterización del Silbador o en la naturaleza de los eventos que cataliza. Por ejemplo, podría acentuar más su asociación con fuerzas sobrenaturales o de índole ominosa más que centrarse en fenómenos naturales. Además, en lugar de presentar un relato lineal a través de una narración personal, una versión alternativa podría explorar el mito desde una perspectiva más amplia, abarcando múltiples testimonios o elaboraciones sobre cómo el Silbador afecta a diferentes comunidades, pudiendo alterar los hechos específicos, la reacción de los personajes o incluso el desenlace personal. Las diferencias en el contexto regional, las influencias culturales y las variaciones en la trama reflejarán las múltiples interpretaciones y las capas de significado que adquiere este mito en diversas localidades.

Lección

El destino es ineludible y trae consigo la pérdida.

Similitudes

Se asemeja al mito griego de las sirenas, que también utilizan el canto para atraer y presagiar desgracias.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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