El silbador

Andina · Mixto

El silbador

Un pájaro gris que nadie consigue ver emite tres silbidos y anuncia a una familia que una desgracia ya se acerca.

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El relato

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En el sur del Tolima hay un pájaro que muchos han oído y nadie ha visto. Dicen que en su forma es corriente, de color gris terroso, parecido al Trespiés hasta en el canto. Pero su silbido llega siempre de lejos: del llano, del monte, de la madre del río, de la bruma de la noche. Es ave del demonio y compañero de las brujas, y sólo anuncia desgracias. Quien lo oye silbar tres veces, largo y triste, con un rato entre silbo y silbo, ya tiene la desgracia encima o a punto de llegar, casi siempre la muerte de alguien querido.

Una noche de luna, Timoteo Guarnizo fue a visitar a su vecino don Baltasar Cabrera. Se echaron bocarriba en la barbacoa del patio, con los hijos de Baltasar alrededor, fumando tabaco cosechero, y Baltasar contó la única vez que lo había oído.

Fue un martes de febrero, seis años atrás, el tiempo en que Chenche se llenó de tanto pescado que se cogía con la mano. Había sembrado con Baltica, su hijo mayor, un tabloncito de yuca en la vega. Como no tenía más que hacer, aparejó el burro con la silla de horqueta que le había regalado su compadre Nepomuceno Güertas. Cargó bastimento, café, panela, anzuelos, carnada y una botellita de trago para el frío, y se fue a pescar nicuros a Riogrande, a la boca de Totarco. El rucio Donato le había contado que el grueso del pescado había pasado el domingo por Peñones Altos. Maruja, su mujer, se quedó buena y sana en el rancho, tejiendo rejos con las muchachas, y Baltica quedó de hombre de la casa.

Llegó a la orilla entre dos luces y ranchó debajo de un mulato grande, junto a la playa. Hizo café, pescó para un viudo, le dio de comer a la perrita y tendió los anzuelos. La noche estaba clara como el día; sólo ladraban, de vez en cuando, los perros de la vieja Martina. Hacia las once echó el primer lance junto al peñón y sacó más de cuarenta cachudos. Pensó que si la cosa seguía así, al otro día cargaba el burro y se volvía.

Entonces la luna se escondió, el cielo se nubló y un relámpago corto parpadeaba arriba. Hacia la medianoche oyó, por la madre del río, un silbido claro, largo y destemplado. Se le erizaron los pelos y no acertó a moverse. Un soplo fuerte casi le tumba el sombrero. Al rato volvió a silbar, abajo, al pie de la cachaquera. Recogió como pudo y volvió a la ranchería con las corvas temblando. El burro jalaba del palo donde estaba amarrado; la perrita dejó el fogón y se le enroscó en las piernas. Apenas llegó, el pájaro silbó por tercera vez, ahí mismo, en las ramas del mulato.

Ya no quiso más pesca. Recogió los anzuelos y como una arroba de pescado, ensilló y se fue para el rancho. Cuando llegó, a Marujita la estaban velando en mitad de la sala y los muchachitos lloraban al pie. A las dos horas de irse él le había dado un patatús, y hacia las once había muerto. Baltica apenas iba saliendo a avisarle, en una mula vieja prestada.

Timoteo le contestó que a él también le había silbado tres veces, una cuaresma, al oscurecer, mientras cortaba leña junto al rancho viejo de la vieja Rudesinda: un chiflido clarito, como un suspiro, desde lo más cerrado del monte. Y se murió su taita.

El silbador: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Un aviso que llega de lejos no alcanza a cambiar lo que ya está ocurriendo en casa.”

Territorio

Andina · Mixto

Andina · Mixto

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Mixto
Referencia
4° · -74°

Ficha del relato

Contexto histórico

El Silbador llega por Misael Devia Morales, folclorista de Armero, que lo publicó en 1962 en la Revista Colombiana de Folclor (v. 3, n.º 7) dentro de su estudio del folclor tolimense. Ediciones Unibagué reeditó ese texto en 2013 como Folclor Tolimense, con acceso abierto; la entrada ocupa las páginas 77 a 81 del capítulo «Mitos». Eugenia Villa Posse lo había reproducido en 1993 en el segundo tomo de Mitos y leyendas de Colombia (IADAP, Quito, pp. 161-165), con una errata de impresión justo en la frase que dice dónde se cree en él; la edición de 2013 la resuelve: es «creencia y superstición exclusiva del sur del Tolima».

Devia hace primero la ficha del pájaro —gris terroso, parecido al Trespiés, invisible, tres silbidos con intervalo— y luego cede la palabra a un campesino, don Baltasar Cabrera, que conversa de noche con su vecino Timoteo Guarnizo. Dice darlo «en sus mismas palabras y con todas las vueltas y revueltas» del habla: el texto conserva la pronunciación del llano («jue», «yegué», «mhijo») y el vocabulario de la pesca de río. Es, por tanto, un diálogo transcrito y compuesto por el folclorista, no una grabación.

La geografía es la del llano de Purificación, Coyaima y Natagaima: Totarco, Chenche —un río que baja al Magdalena— y Riogrande. La noche de Baltasar ocurre «seis años» antes de la conversación, que a su vez es anterior a 1962. Devia no atribuye la creencia a ningún pueblo indígena: la presenta como campesina, con su demonio y sus brujas de molde cristiano.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más citado es el Silbón llanero, y sirve sobre todo para marcar la diferencia. En Cuentos, mitos y leyendas del llano (1996), Getulio Vargas Barón cuenta «La leyenda del silbón» como la historia de un llanero ambicioso, Secundino Quanay, cuyo «tétrico silbo» es ya en vida «presagio de venganza» (p. 58); el Silbón es un condenado con biografía. El Silbador tolimense no tiene historia propia: es sólo el aviso, y no persigue a nadie.

Más cerca en la forma está el mal agüero amazónico que se oye y no se ve. En Las palabras del origen (2010), Fernando Urbina reúne relatos uitotos donde Jitoma oye cantar a Nokaido, al que creía muerto, busca al pájaro y no encuentra ninguno; en ese momento sabe que es mal agüero y que su muerte vendrá pronto (pp. 103-104). Como en el sur del Tolima, el canto sin cuerpo visible es lo que anuncia. En los dos casos el oyente entiende el mensaje antes de saber qué ha pasado.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El texto de Devia ya contiene dos avisos distintos. El de Baltasar es un silbido que se acerca: primero lejos, por la madre del río; después abajo, al pie de la cachaquera; al final en las ramas del árbol donde había ranchado, y el aviso llega a la misma hora en que muere su mujer. El de Timoteo son tres silbidos seguidos desde el monte cerrado, en cuaresma, antes de la muerte de su padre. La ficha general del pájaro, en cambio, dice que en su forma es un ave corriente pero que nadie de quienes lo oyeron lo ha visto.

  2. El libro Cuentos de espantos y otros seres fantásticos del folclor colombiano (Casa Editorial El Tiempo y Universidad Autónoma de Colombia, 2004) se presenta a sí mismo como «material de ficción» hecho de «documentos imaginarios», y así hay que leerlo. Toma de Devia el «ave del demonio» y «compañero de las brujas», pero lo vuelve invisible y sin forma física, y le da el poder de provocar visiones. Su escena es composición del libro: dos pueblos inventados, Dodó y Río Bello, un campesino llamado Edilberto Triana, un diario y una reunión de paz en 1950 que el graznido convierte en matanza. Nada de eso tiene respaldo fuera del libro.

  3. El Silbón de los Llanos se parece sólo en el sonido: allá el que silba es un hombre condenado, no un pájaro que avisa.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mixto · Tolima · Andina
Referencias
5
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Folclor tolimense

    repositorio.unibague.edu.co

    Registro del relato en voz de don Baltasar Cabrera, que conversa con su vecino Timoteo Guarnizo: el pájaro invisible del sur del Tolima cuyo silbo anuncia una muerte (pp. 77-81 de la edición de 2013).

  2. Mitos y leyendas de Colombia, tomo II

    flacso.edu.ec

    Segundo registro de Devia en la sección 20 (pp. 161-165).

  3. Patrimonio cultural: un estudio integral de las leyendas del Tolima en la ciudad de Ibagué

    dialnet.unirioja.es

    Registra al Silbador en Ibagué como pájaro invisible cuyo canto presagia desgracias.

Contraste y contexto · 2 referencias

  1. Cuentos, mitos y leyendas del llano

    babel.banrepcultural.org

    Cuenta «La leyenda del silbón», el llanero Secundino Quanay cuyo silbo es presagio de venganza (p. 58), el paralelo que nombra Similitudes.

  2. Las palabras del origen: breve compendio de la mitología de los uitoto

    babel.banrepcultural.org

    Reúne relatos uitotos donde Jitoma oye cantar a Nokaido, busca al pájaro, no lo encuentra y sabe que es mal agüero (pp. 103-104).

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«El silbador» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El silbador» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El silbador» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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