El paisa y el gringo

Caribe · Mestizo

El paisa y el gringo

La versión heredada ocurre en Antioquia y construye una broma entre un paisa y un extranjero a partir de expresiones locales durante una fiesta.

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El relato

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Primero la soltó el paisa, sin que nadie se la pidiera, como se sueltan las coplas: en voz alta, midiendo los versos y esperando el efecto.

Una vez en una fiesta

me comí una gurupera

y si más dura la fiesta

me como la silla entera.

La gracia estaba en el disparate y en el remate. Una gurupera es la correa que va por detrás de la montura, cuero duro y sudado, de comerse nada; y el que dice habérsela comido amenaza con seguir por la silla si la fiesta no se acaba. Cuatro versos, una rima que cierra sola, y el gusto de haberla dicho bien.

Había un gringo oyendo. Le hizo repetir la copla una vez. Le pidió que se la repitiera otra. Y otra más, moviendo la boca en silencio detrás de las palabras, hasta que le pareció que ya la tenía completa.

Entonces se plantó y la dijo.

Mí una vez en la fiesta,

mí se come una gurupera

y si dura más la fiesta

mí comerme más la galápago.

Le salió casi. Los cuatro versos estaban, la fiesta estaba, la gurupera estaba en su sitio, y hasta había conservado el orden de las cosas. Pero el último verso, que es donde la copla se juega el todo, se le había desarmado: en vez de cerrar con lo que rimaba, cerró con un galápago.

Le hicieron ver el error con paciencia. Que no se dice galápago, le dijeron, sino gurupera.

Y el gringo, que había entendido la lengua mejor de lo que parecía y el verso mucho peor, contestó con una seguridad que no admitía discusión:

En mi tierra, galápago y gurupera es la misma cosa.

Y tenía razón. Las dos palabras nombran aperos de montar, y en más de un sitio se usan por igual. Lo que no supo es que en una copla las palabras no se escogen por lo que nombran, sino por cómo terminan.

El paisa y el gringo: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Dos palabras pueden nombrar la misma cosa y servir sólo una de ellas para cerrar el verso.”

Territorio

Caribe · Mestizo

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
6.5° · -75.5°

Ficha del relato

Contexto histórico

El cuento ocupa la página 259 y es el único del bloque hecho enteramente de verso: dos coplas de cuatro líneas cada una, con apenas cuatro renglones de prosa entre ellas y dos al final. Zapata Olivella lo imprime dentro de «cuento y leyenda» y no en la sección de copla y décima, que arranca en la página 188, porque tiene personajes y desenlace.

Lo que esta plana aporta es una pieza que se ríe del verso desde dentro. La copla del paisa es de disparate, de las que se lucen en fiesta; la del gringo es la misma con el habla cambiada, y su fallo no está en la pronunciación sino en la rima. El autor transcribe las dos íntegras y sangradas, de modo que el lector puede compararlas verso por verso y localizar la única palabra que se movió.

Las dos voces quedan registradas con su fonética. El paisa habla en copla castiza y el extranjero en un habla de pronombre invariable —«mí una vez», «mí comerme»— que el libro no corrige ni comenta. Es la misma decisión de transcripción que el volumen aplica al habla campesina del Sinú en el resto del bloque, y que sostiene su sección de regionalismos de la página 291.

La pieza está impresa inmediatamente después de «El burro y el policía» y antes de «Las orejas de Tío Conejo».

Resonancias con otros mitos

En la página 266 el volumen imprime «El hijo desobediente», donde madre e hijo se contestan en cuartetas, refrán contra refrán, hasta que uno de los dos se queda sin verso. Es el otro cuento del bloque cuya trama entera se desarrolla en forma versificada, y como éste depende de que el oyente reconozca el molde y note cuándo se rompe.

El segundo paralelo está dentro del propio libro y es de género. Las secciones de copla y décima, en las páginas 188 y 231, recogen el repertorio en verso del Sinú del que esta pieza toma prestada la forma; leídas junto a ella, muestran que la copla de disparate y la copla de desafío eran material corriente y que una burla sobre repetirla mal tenía público asegurado.

El tercer parentesco es con las otras piezas de tipos del bloque. «El costeño y los cachacos», página 255, y «Los tres cachacos y la cántara de ron ñeque», páginas 256 y 257, montan igual el chiste: un forastero queda retratado por una sola cosa que no sabe hacer, y esa cosa pertenece siempre al terreno del que está en su casa.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Las dos coplas de la página 259 son el mismo texto separado por cuatro cambios, y el interés de la pieza está en contarlos. El primero es de pronombre: «Una vez en una fiesta» pasa a «Mí una vez en la fiesta». El segundo es de artículo, de «una fiesta» a «la fiesta». El tercero es de orden, porque «si más dura la fiesta» se convierte en «si dura más la fiesta». El cuarto es el que rompe la copla: «me como la silla entera» pasa a «mí comerme más la galápago».

  2. Los tres primeros no hacen daño. La copla aguanta el pronombre raro, el artículo cambiado y la inversión, y sigue siendo reconocible. El cuarto la desarma, porque «gurupera» rimaba con «entera» y «galápago» no rima con nada.

  3. Hay además una discrepancia declarada dentro del propio texto, y es el remate. Quien corrige sostiene que la palabra debe ser gurupera; el extranjero responde que en su tierra las dos nombran lo mismo. El libro no arbitra, y las dos posiciones son defendibles en su terreno: como nombres de apero pueden solaparse, y como palabras de copla no son intercambiables en absoluto. La pieza termina en ese desacuerdo, sin que nadie ceda.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Córdoba · Caribe
Referencias
10
Última revisión
21 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Tradición oral y conducta en Córdoba

    zapataolivella.univalle.edu.co

    Es el registro que fija la pieza, y de la cantera es la única que la contiene. Cabe entera en la página 259, entre «El burro y el policía» y «Las orejas de Tío Conejo», y es el único texto del bloque hecho casi todo de verso: dos coplas de cuatro líneas transcritas sangradas, con apenas cuatro renglones de prosa entre ellas. De aquí salen literalmente la copla de disparate del paisa —la gurupera comida en la fiesta y la amenaza de seguir por la silla entera— y la repetición fallida del extranjero, «Mí una vez en la fiesta, / mí se come una gurupera», que conserva los cuatro versos y pierde la rima al cambiar «silla» por «galápago». El desacuerdo final también es del texto: a quien lo corrige le responden que en su tierra las dos palabras nombran lo mismo, y el libro no arbitra. Zapata lo imprime dentro de «cuento y leyenda» y no en su sección de copla y décima de la página 188, porque tiene personajes y desenlace.

  2. Respirando el Caribe. Memorias de la Cátedra del Caribe Colombiano, vol. I

    biblioteca-repositorio.clacso.edu.ar

    Sostiene el género del que esta pieza se ríe. En la ponencia «Animales y versos de la tradición oral en la Depresión Momposina» (p. 197), Consuelo Posada Giraldo examina la influencia de la tradición oral española en la métrica, las rimas, los temas y las situaciones de la poesía oral latinoamericana, y sostiene que la población afroamericana, por encima de la indígena, se apropió primero de romances, coplas, villancicos, retahílas y adivinanzas españolas y luego los rehízo con vocablos, situaciones y lugares propios, vinculados a bodas, fiestas y ceremonias colectivas; advierte además que la mengua de esas celebraciones ha ido borrando la memoria de los cantadores de vaquería y de la copla popular. Un chiste cuya gracia depende de que el oyente note qué verso se rompió supone exactamente ese público entrenado.

  3. La historia de Antioquia, entre lo real y lo imaginario. Un acercamiento a la versión de las élites intelectuales del siglo XIX (Revista Universidad EAFIT, vol. 40, n.º 134, pp. 51-79)

    publicaciones.eafit.edu.co

    Explica por qué el que suelta la copla en esta página tiene que ser un paisa y no cualquiera. El artículo reconstruye cómo las élites intelectuales antioqueñas del siglo XIX fabricaron un imaginario identitario regional y acuñaron la idea de «raza antioqueña» de «casta limpia española», difundida por la geografía escolar, la historiografía conservadora y la prensa hasta volverse modelo nacional. La copla de disparate que el personaje lanza sin que nadie se la pida —comerse una gurupera y amenazar con la silla entera— es la versión popular y costeña de esa seguridad en sí mismo: el antioqueño llega, se luce, y el chiste consiste en que quien lo imita mal deja al descubierto que era sólo una fórmula.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. La economía del departamento de Córdoba: ganadería y minería como sectores clave (Documentos de Trabajo sobre Economía Regional, n.º 51)

    banrep.gov.co

    Da el mundo de montura y apero sin el cual las dos palabras del chiste no significan nada. El documento establece que el sector agropecuario sigue siendo el de mayor peso en el producto del departamento y la ganadería bovina su principal actividad, y reconstruye además cómo desde mediados del siglo XIX se instalaron en el Alto Sinú compañías y concesiones extranjeras, empezando por una francesa en la década de 1840, que explotaron el río y sus bosques. Gurupera y galápago son piezas del arnés de un caballo de trabajo en una comarca ganadera, y el extranjero que confunde una con otra es, en esa misma comarca, un personaje con antecedentes.

  2. Algunos comentarios socioeconómicos sobre los habitantes de los humedales de los ríos San Jorge y Sinú

    publicaciones.banrepcultural.org

    Documenta que en esta comarca el caballo ensillado es herramienta de trabajo y no ornamento, que es lo que vuelve cotidiana —y por tanto graciosa— una copla sobre comerse la gurupera. El artículo describe la economía de los habitantes de las ciénagas y humedales del San Jorge y el Sinú, con su ganadería, sus caminos y sus caballos y yeguas de silla, y el calendario de crecientes y bajantes que la organiza. Quien oye la copla en un velorio del Sinú sabe exactamente qué correa es la que el fanfarrón dice haberse comido y lo dura que es.

  3. Estereotipos y prejuicios entre costeños y cachacos, y su impacto en la toma de decisiones en el ámbito de recursos humanos

    repository.cesa.edu.co

    Documenta que el mecanismo de esta página —juzgar a alguien por cómo habla— es un prejuicio medible y no una ocurrencia. El trabajo parte de que en la costa Caribe los términos costeño y cachaco cargan connotaciones opuestas y prueba con medidas explícitas e implícitas la existencia de prejuicios entre los dos grupos y su peso en decisiones de contratación. La pieza cordobesa hace en clave de chiste lo mismo que el estudio mide en clave de encuesta: fija el valor de una persona en una sola marca verbal, aquí un verso mal rimado, y la deja retratada para siempre en cuatro líneas.

  4. Lorica, una colonia árabe a orillas del río Sinú (Cuadernos de Historia Económica y Empresarial, n.º 10)

    banrep.gov.co

    Es lo que impide leer al extranjero de esta copla como una figura exótica traída de la nada. El trabajo reconstruye cómo entre 1880 y 1930 se estableció en Lorica y en la región sinuana una de las comunidades árabes más numerosas de Colombia, cómo sus miembros llegaron hablando otra lengua y aprendieron el castellano en el mostrador, y cómo ascendieron y fueron aceptados socialmente en el Caribe colombiano hasta que la decadencia del puerto los empujó a Montería, Barranquilla y Cartagena. En un pueblo acostumbrado a oír castellano con acento de fuera, un chiste sobre el forastero que repite mal una copla tenía público de sobra.

  5. Prólogo y epílogo a Tradición oral y conducta en Córdoba (3.ª ed.)

    drive.google.com

    Deja escrito, de mano de un monteriano, qué clase de archivo es aquel del que sale una pieza en verso clasificada como cuento. El prólogo enumera los géneros que la recolección levantó —refrán, expresión, copla y décima, adivinanza, cuento y leyenda, fórmula, apodo, toponimia, regionalismo— y confirma que el trabajo se hizo en el Medio y el Bajo Sinú en dos etapas, la primera de 1969 a 1970. Es el dato que explica la rareza de esta plana: el mismo equipo estaba recogiendo coplas en una sección y cuentos en otra, y esta pieza, que es las dos cosas, acabó en la segunda.

  6. Manuel Zapata Olivella Collections — tema «cuentos», Jean and Alexander Heard Library

    mzo.library.vanderbilt.edu

    Recuerda que esta pieza se cantó antes de imprimirse, y que de esa voz no queda nada. El archivo publica las grabaciones de cuentos de Zapata Olivella con número de registro, fecha, lugar y entrevistado nombrado —Bayron Antonio Zapata y Marco Aurelio Correa en Santa Fe de Antioquia el 7 de septiembre de 1974, Jacinto Mena Robledo en Quibdó el 1 de diciembre de 1974, una serie en Barrancas, La Guajira, el 16 de octubre de 1985—. En un chiste que se juega entero en la pronunciación, tener la cinta valdría más que la página, y la cinta del Sinú no está.

  7. Manuel Zapata Olivella — Obras completas y archivo digital

    zapataolivella.univalle.edu.co

    Hizo posible comparar las dos coplas verso por verso, que es lo único que esta ficha necesitaba. El portal reúne en edición digital abierta la obra completa de Zapata Olivella, sus materiales autobiográficos y los 46 números de la revista Letras Nacionales (1965-1985), respaldado por el Ministerio de Cultura y cuatro universidades, entre ellas la de Córdoba. Gracias a esa edición se pudo contar que entre la copla del paisa y la del extranjero hay cuatro cambios y que sólo el último —«galápago» por «silla entera»— rompe la rima; sin el texto delante, la ficha habría tenido que creerle a un resumen.

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«El paisa y el gringo» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El paisa y el gringo» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El paisa y el gringo» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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