Los dominios de Juyá

Caribe · Wayúu

Los dominios de Juyá

En el dominio de Juyá, el viajero aprende que personas, animales y cultivos cambian de apariencia; es un episodio del ciclo de Ulépala.

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Ulépala andaba perdido por un desierto vacío, sin saber de dónde venía ni adónde iba. Entonces vio sobre la arena un tropel de huellas de ganado que iban del sur hacia el norte. Un rebaño tan grande tenía que llegar a alguna parte, se dijo, y las siguió sin descanso.

Al atardecer llegó a un lugar de pastizales verdes, manantiales, arboledas y corrales bajo un cielo siempre nublado, donde todo era descomunal. Los moradores corrieron a avisar que un bicho raro se paseaba junto a los corrales. Juyá fue en persona a las talanqueras y vio que era un hombre.

—¿Quién eres tú, que pisas mis dominios sin permiso? ¿De dónde vienes y qué buscas?

Ulépala, temblando, contó lo poco que sabía: había olvidado su vida anterior, una mujer amada lo había abandonado en el desierto y él sólo había seguido unas huellas para no morir. Juyá suavizó el gesto.

—Olvida su rostro y sus palabras. Desde ahora serás mi huésped.

Las criadas le trajeron un banco de madera. Apenas se sentó, el banco se volvió un jabalí furioso; Ulépala saltó de su lomo y Juyá se rio: jugaba con él. Le colgaron un chinchorro tan grande que el joven parecía un muñequito de barro adentro. Juyá era alto, grueso, panzudo, de rostro bellamente feo; la cabellera blanca le caía sobre los hombros como espuma, y en la mano llevaba una vara de bejuco que restallaba contra el suelo. Cada día se comía una vaca entera. A Ulépala le regaló un cabrito, y el joven lo hizo durar diez días: la sangre frita el primero, las patas el segundo, las costillas y el pecho el último.

Un día Juyá llegó con un arco y un haz de flechas: siwa'arrai de punta de hierro para venados y jabalíes, kochompakiirü de bola de cera para pájaros y conejos, kachuweerra de clavo para puercoespines y zorros.

—Ve al monte y tráeme carne de cacería.

En lo más tupido del bosque Ulépala encontró una multitud de jóvenes con penachos que cantaban, jugaban y se cortejaban bajo las arboledas, y volvió sin nada.

—Me has decepcionado —dijo Juyá—. Esos jóvenes son los animales de caza. Vuelve y tráeme un puercoespín.

Los jóvenes ya no estaban; sólo quedaba un campo de parruluwas, cactos erizados, y Juyá lo mandó de regreso: los parruluwas eran los puercoespines. Flechó tres cactos y tres puercoespines cayeron erizados a sus pies. Al día siguiente Juyá quiso diez conejos del salatshi, y Ulépala sólo halló tunas orejonas, hasta que las flechó y las tunas corrieron convertidas en conejos de orejas largas. Luego pidió auyamas de su conuco, y detrás de la loma no había conuco sino mujeres de mantas con solapas verdes, unas de senos recién formados, otras cabezonas, otras de pechos abultados, que murmuraban en una lengua extraña y no respondían.

—¿Tan poco galante eres que no te atreves a rodear con el brazo el cuello de una de esas majayuras? Tuérceles el cuello y verás.

Ulépala sintió lástima, se acordó de sus percances y tomó a una por la cabeza. “¡Tanut teee! ¡Mi cuello!”, gritaron todas, y se volvieron auyamas: las de seno pequeño, auyamas tiernas; las cabezonas, auyamas jechas. Sus voces quedaron como murmullo de viento entre las hojas, y sus labios pálidos fueron las flores amarillas. Cuando Juyá quiso venado, Ulépala encontró jóvenes elegantes y recelosos con casquetes empenachados; flechó al más hermoso, y el joven cayó convertido en venado mientras la manada se desparramaba por los montes.

Desde entonces no vacilaba. Aprendió a enlazar, domar y jinetear, a arrear y pastorear, a tejer sogas y hacer sillas, a cultivar, a recoger miel silvestre, a tocar y cantar jayeechis. Se volvió alegre y emprendedor, y Juyá, feliz con su huésped, lo adoptó como hijo. Todas las tardes Ulépala subía a las colinas calvas y desgranaba en la trompa sonidos que hablaban de amores y de recuerdos.

Los dominios de Juyá: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Ser acogido en tierra ajena obliga a mirar con ojos que no son los propios.”

Territorio

Caribe · Wayúu

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Wayúu
Referencia
12.207° · -72.185°

Ficha del relato

Contexto histórico

El episodio del huésped en la casa de la lluvia se conoce por dos cadenas escritas que José Enrique Finol transcribe y compara en Mito y cultura guajira (2007): la de Ramón Paz Ipuana, escritor wayuu que publicó sus relatos en Ale'eya con una elaboración literaria propia, y la de Michel Perrin, etnógrafo francés que grabó narraciones en wayuunaiki con informantes nombrados y las tradujo con hablantes bilingües para El camino de los indios muertos (1980). Finol advierte la intervención estética de Paz Ipuana: el diálogo con voseo arcaico, las descripciones y la escena erótica de Jepira son suyas más que de una voz colectiva. El propósito de Finol es estructural: organiza el ciclo en tres espacios, la tierra familiar, Jepira y el dominio de Juyá, y lee las mutaciones de persona a animal y planta como oposiciones semióticas. Esa lectura académica ordena el material, pero no es la explicación que los narradores dieron.

Perrin sostiene, y la reseña de Jacques Lizot (1980) lo resume, que la oposición entre Juyá, la lluvia y su amo, y Pulowi, el ser femenino de los lugares peligrosos, estructura el simbolismo guajiro y en particular el viaje al más allá. Alessandro Mancuso (2025) recoge testimonio de campo de 2005: Juyá es un ser pülashi, lluvia y año a la vez, pariente destacado entre agentes climáticos que son sus hermanos, esposo de todas las Pülowi con quienes riñe y dispara, y quien fecunda a Mma. Carrasquero y Finol (2010) describen su cuerpo tal como lo pinta Paz Ipuana, fuerte, panzudo, de cabellera blanca, con una voz y una vara que aluden al rayo, y lo vinculan a sus hermanos-lluvias. Molina Ríos (2013) documenta que en el rito del encierro Juyá se asocia a la vida, el frío y lo alto, y Pulowi a la muerte, el calor y lo bajo. Brígida Sánchez (2005) lo llama principio masculino de la justicia y usa un vocabulario de dios y deidad que esta ficha evita: Juyá no es un dios de panteón sino un pariente poderoso y móvil de la lluvia.

El territorio del episodio es el de la ganadería wayuu: corrales, talanqueras, rebaños trashumantes, cabritos, yuca y batata, arcos con flechas especializadas y oficios de soga y montura. La investigación de maestría de la Universidad Andina Simón Bolívar sobre abundancia y escasez en los relatos de Paz Ipuana subraya la reciprocidad y la alternancia entre carestía y hartura que rigen la casa de Juyá. Rafael Segundo Mercado Epieyu (2022), autor wayuu, sitúa a Juyá dentro de la ley de origen ale'eya y de una memoria viva que no se agota en los textos publicados.

Dos cautelas de lectura editorial. La primera: el aprendizaje del huésped consiste en flechar figuras humanas que caen convertidas en presas; es un cambio de mirada entre mundos, no una licencia sobre las personas. La segunda: la abundancia del dominio no es un almacén; se accede a ella por hospitalidad, trabajo y obediencia a los límites que Juyá y Pülowi marcan, y Relatos con GPS recuerda que estos lugares son paisajes de memoria, no puntos cartografiables.

Resonancias con otros mitos

“Ulépala” y “El viaje del más allá” son el mismo ciclo visto desde sus dos columnas: allá están el rapto y la dote o el duelo del viudo, el cruce a Jepira y el desenlace; aquí, el tramo de la casa de la lluvia. Leídos juntos muestran que el aprendizaje es el mismo aunque cambien las presas y el guía.

“El indio Jaichuasay” invierte la mirada: un cazador es vuelto venado y estuvo a punto de morir bajo las flechas de los suyos. En el dominio de Juyá el huésped ocupa el lugar contrario y aprende a disparar contra lo que parece gente. Entre ambos se dibuja una misma inquietud sobre la frontera entre quien caza y quien es visto como presa.

“Waleker, el origen del tejido” comparte con la salida de Perrin la figura de la araña que ayuda con su hilo; en Paz Ipuana la guía es una vieja con un ovillo que permite volver por el mismo camino. La semejanza es de motivo, no de identidad: las ortografías y las funciones difieren y ninguna de las dos historias exige que sea el mismo ser.

El Popol Vuh, en la edición de Allen J. Christenson (2007), ofrece la resonancia externa más precisa. Cuando Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú bajan a Xibalbá, los señores los reciben con maniquíes de madera y les ofrecen un banco que es una piedra ardiente; los gemelos que vienen después vencen las casas de prueba porque aprenden a ver la trampa detrás de cada gesto. Juyá también recibe al recién llegado con un asiento que no es lo que parece y con encargos que sólo se cumplen cambiando de mirada. La diferencia es de fondo: en Xibalbá los anfitriones son enemigos y la prueba busca la muerte del visitante; en la casa de la lluvia el banco es una broma, las tareas son un aprendizaje y el anfitrión termina adoptando al huésped. La comparación sirve para ver la función del banco y de la prueba, no para afirmar contacto ni influencia entre el mundo k'iche' y el wayuu.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Este episodio no tiene testimonio propio: es el tercer tramo de dos narraciones largas que Finol transcribe y compara, y los glosarios y reediciones que lo citan dependen de ellas.

  2. En la de Paz Ipuana, el viajero es Ulépala, que llega al dominio siguiendo huellas de ganado tras despertar en un desierto. El banco que le ofrecen se vuelve jabalí; recibe un cabrito, un arco y seis clases de flechas; caza puercoespines que eran jóvenes con penachos, conejos que eran tunas, auyamas que eran majayuras y venados que eran mozos elegantes, y aprende oficios de caballería, soga, cultivo, miel y jayeechi. Luego llega Maleiwa, cuñado de Juyá, y pide comerse al muchacho; Juyá se resiste dos noches, cede ante un tesoro de joyas que desprecia y lanza al cielo, donde forman las constelaciones; una vieja saca a Ulépala vendado, con un ovillo de hilo, y le ordena callar dos inviernos. Él cuenta antes de tiempo y muere de un flechazo de Maleiwa; de su corazón nace Isho, el cardenal que anuncia las lluvias. Ese desenlace pertenece a la ficha “Ulépala”.

  3. En la de Perrin, el viajero es un viudo que vuelve de Jepira y toma el camino equivocado; una vaca vieja lo conduce agarrado de la cola. Juyá lo llama nieto; el banco es una boa; una tajada de patilla lo sacia. Los corzos son un indio kusina con corona de cují, el venado un indio rico de cinturón rojo, los conejos gente que juega con lianas, las patillas gente de piel negra, las auyamas ventrudos, el maíz gente de pubis peludo y los melones alijuna. Juyá sale a llover con botellas para la sangre que lleva a Pulowi, su esposa, y prohíbe acercarse a su enramada; el hombre mira, cae como muerto, y la araña Alekerü lo devuelve por su hilo con la orden de no contar. Ese tramo se narra en “El viaje del más allá”.

  4. El Relato sigue a Paz Ipuana porque el título de la ficha es el suyo, porque su tramo de aprendizaje es el más extenso y porque la ficha anterior fundía la boa y la prohibición de Pulowi, que son de Perrin, con las flechas y los oficios, que son de Paz Ipuana. Aquí se separan. El Relato se detiene antes de la llegada de Maleiwa para no repetir “Ulépala”. La ficha se distingue de “Creación Wayuu”, donde Juyá aparece sólo como la lluvia que fecunda a Mma, y de “Los mellizos transformadores”, donde preside una fiesta que no es suya sino de su hermano Simirriuu.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Wayúu · Guajira · Caribe
Referencias
15
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mito y cultura guajira

    joseenriquefinol.com

    Transcribe y compara versiones de Paz Ipuana y Michel Perrin sobre el fuego, Maleiwa, Ulépala, Jepira y los dominios de Juyá.

  2. Ale'eya: conceptos y descripciones de la cultura wayuu, tomo II

    kimera.com

    Reúne conceptos, relatos y explicaciones de un investigador y escritor wayuu atento a la lengua y a la tradición de su pueblo.

  3. El camino de los indios muertos: mitos y símbolos guajiros

    si.edu

    Registra relatos en wayuunaiki con traducción asistida por hablantes bilingües y estudia Jepira, Juyá, Pülowi, yoluja y el viaje de los muertos.

Contraste y contexto · 12 referencias
  1. Representaciones de abundancia y escasez en relatos wayuu

    repositorio.uasb.edu.ec

    Analiza relatos de Juyá, Ulépala y Jamú y documenta procedencia, narradores, reciprocidad y alternancia entre abundancia y escasez.

  2. Sükuaitpa wayuu: los guajiros, la palabra y el vivir

    persee.fr

    La reseña académica describe una edición en wayuunaiki, español y francés de veintisiete mitos y relatos tradicionales.

  3. Relatos con GPS: una geografía mítica e histórica de La Guajira

    geografiasmiticasguajira.com

    Relaciona lugares, fotografías, voces y relatos; presenta Jepira como espacio de memoria donde se encuentran vida y muerte.

  4. Popol Vuh: Sacred Book of the Quiché Maya People

    mesoweb.com

    Conserva relatos de creación, pruebas, gemelos transformadores, muerte y recomposición del mundo k’iche’.

  5. Ale'eya conformación de todo lo que existe: la ley de origen de la cultura wayuu

    revistas.unal.edu.co

    Autor wayuu expone la ley de origen ale'eya y los relatos sagrados donde figuran Juyá, la lluvia y la conformación del mundo.

  6. Soberanía móvil: la nación wayuu entre los sueños, el comercio y la política

    revistas.icanh.gov.co

    Etnografía de la nación wayuu donde aparecen Maleiwa, la lluvia y la relación con el territorio.

  7. Cien años de soledad en el espejo wayuu

    revistas.unimagdalena.edu.co

    Rastrea la influencia de la cosmovisión wayuu (incluida la lluvia) en la obra de García Márquez.

  8. Mito, concepciones del cuerpo y yonna wayuu

    redalyc.org

    Analiza el cuerpo de Juya tal como lo describe La historia de Ulépala de Paz Ipuana (fuerte, panzudo, cabellera blanca, voz que alude al rayo), lo vincula al cuerpo estelar y a sus hermanos-lluvias, y lee las mutaciones persona, animal y planta como expiaciones dentro del orden de las generaciones Maleiwa.

  9. “Convertirse en alijuna”: los wayuu frente al cambio climático y la expoliación territorial

    revistas.ucm.es

    Dedica una sección a Juyá como ser pülashi: lluvia y año, pariente destacado entre agentes climáticos hermanos, esposo de todas las Pülowi con quienes riñe y dispara, y dador de vida que fecunda a Mma; recoge testimonio de campo de 2005 sobre esas peleas y la compensación que ellas le exigen.

  10. Filosofía mítica wayúu

    redalyc.org

    Presenta a Juyá como principio masculino de la justicia, cita el relato de Perrin en que Juyá desdeña las joyas con que Maleiwa lo tienta y las convierte en constelaciones, y define a Juyá y Pulowi como los dos principios personificados que condensan el pensamiento guajiro.

  11. Reseña de Le Chemin des Indiens morts: mythes et symboles goajiro, de Michel Perrin

    persee.fr

    Resume la tesis de Perrin de que la oposición Juya, la lluvia y su amo, frente a Pulowi, ser femenino de los lugares peligrosos, es fundamental en el simbolismo guajiro: el eje que estructura el ciclo del viaje al más allá.

  12. Venganza y encierro como funciones restauradoras del orden social: un enfoque simbólico-ritual del crimen en la cultura Wayuu

    revistas.ucm.es

    Explica pasos del rito del encierro por referencia a Juyá (vida, frío, lo alto, el cielo) frente a Pulowi (muerte, calor, lo bajo, la tierra) y cita a Pinzón sobre el dominio de Juyá sobre Pulowi como antagonismo vida y muerte.

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«Los dominios de Juyá» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «Los dominios de Juyá» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «Los dominios de Juyá» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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