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El mono de la pila

La expresión popular 'quejarse al Mono de la Pila' refleja el papel cultural de esta figura en Bogotá.

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Ilustración de El mono de la pila

En el año de 1583, cuando Santa Fe de Bogotá apenas aprendía a pronunciar su nombre entre el murmullo de su gente, se erigió en la Plaza Mayor una fuente peculiarmente encantadora que llegaría a ser conocida con el nombre popular de "El Mono de la Pila". Alrededor de esta fuente, la vida y los sueños de los bogotanos comenzarían a tejerse con hebras invisibles de historia, mito y realidad, un tapiz tan diverso y vibrante como la ciudad misma.

Las calles empedradas de la antigua ciudad resonaban con el bullicio de mercaderes, pregoneros y el discurrir apresurado de transeúntes, quienes, al igual que el agua clara y brillante que la fuente ofrecía cada día, fluían por sus caminos en busca de fortuna o simplemente de un respiro del agitado capricho de la vida cotidiana. El Mono de la Pila, sin embargo, vigilaba estos aconteceres desde su pedestal con una inusitada serenidad. La figura que coronaba la fuente, aunque representando al santo Juan Bautista, había sido afectuosamente por el pueblo llamada "El Mono", debido a su semblante peculiar y casi burlón, que parecía guiñar un ojo al mundo que lo rodeaba.

En aquellos tiempos, las amas de casa enviaban a sus hijos pequeños a recoger agua al Mono de la Pila, cargando con cántaros que, a su regreso, siempre parecían más pesados de lo que confesaban. Los niños, con el peso de la faena en sus brazos y un aire de queja en los labios, recibían de sus madres un consejo antaño útil: "Vaya a quejarse al Mono de la Pila". Era una invitación inusitada, pues significaba liberar sus lamentos a una figura muda, cargada de historias y misterios que absorbía en su piedra. Curiosamente, regresaban con sus mentes ligeras y sin rastro de refunfuños, como si el espíritu del Mono de la Pila hubiese bebido de sus penas, dejando a los niños renovados.

Conforme pasaban los años, y la población crecía como la hiedra que bordeaba las construcciones coloniales, el Mono de la Pila no sólo proporcionaba agua. Con su enigmática presencia, fue testigo de amores furtivos, tratos de mercado, conspiraciones y revoluciones que templaron a Bogotá. Fue en el año 1846 que la Plaza Mayor sufrió una significativa metamorfosis. En un gesto que simbolizaba a la par cambio y continuidad, la fuente fue retirada para dar espacio a la figura heroica de Simón Bolívar. El Mono fue entonces trasladado a la plazoleta de San Victorino, asegurándose en cada movimiento que su esencia permaneciera intacta y enraizada en cada esquina de historia que tocaba.

Con el paso del tiempo, la figura del Mono viajó por distintas plazas, desde San Victorino hasta San Carlos, presenciando desde sus silenciosos parajes la transición de una ciudad que se reinventaba con cada alba. En 1890, en un acto casi ceremonial de respeto a su historia, el Mono de la Pila fue acogido por el Museo Nacional, dónde su presencia continuó cautivando. Allí, susurros de antiguas vociferaciones urbanas seguían resonando por los corredores, narrando en perpetua danza las leyendas e historias de un Bogotá casi olvidado.

Así, el Mono de la Pila, en lo recóndito de una inmutabilidad aparente, continua siendo un guardián de recuerdos que se niegan a desvanecerse. Rodeado de las sombras y luces atrapadas en las vitrinas del museo, sigue absorbiendo el fluir de las palabras y vivencias de los curiosos visitantes. Si se presta oído con atención, se podría jurar que las antiguas quejas de los niños todavía brincan traviesamente a su alrededor, rebotando en un eco etéreo que parece estar siempre presente, susurrando las historias de la ciudad, que el Mono silenciosamente guarda.

Historia

El mito del "Mono de la Pila" se originó alrededor de una fuente construida en 1583 en la Plaza Mayor de Santa Fe de Bogotá, conocida hoy como la Plaza de Bolívar. La fuente, que era un epicentro de la vida cotidiana y ayudaba a acortar el viaje de los habitantes para obtener agua, tenía una escultura en su cúspide que representaba a San Juan Bautista, aunque popularmente se le llamaba "El Mono" debido a su apariencia.

La expresión "vaya a quejarse al Mono de la Pila" surgió de la práctica común en la que las madres enviaban a sus hijos a buscar agua en la fuente, y cuando estos se quejaban, las madres les instaban a que se quejaran ante el Mono de la Pila. Así, este dicho se convirtió en una forma popular de desestimar las quejas.

El Mono de la Pila estuvo presente en la Plaza Mayor hasta 1846, cuando fue reemplazado por la estatua de Simón Bolívar y trasladado a diferentes ubicaciones hasta llegar al Museo Nacional en 1890. El mito y el dicho se mantuvieron en el imaginario popular, ligados a la historia y transformaciones urbanas de Bogotá.

Versiones

Ambas versiones del mito de "El Mono de la Pila" coinciden en muchos aspectos, como la ubicación original de la fuente en la Plaza Mayor de Bogotá en 1583, así como su papel central en la vida cotidiana de los habitantes de la ciudad. Sin embargo, existen varias diferencias notables entre las narrativas. La primera versión detalla más exhaustivamente el aspecto práctico y social, subrayando la función de la fuente en los hábitos diarios de la comunidad, como el acortamiento de distancias para recolectar agua, y el uso de la frase proverbial "vaya a quejarse al Mono de la Pila" como respuesta al descontento infantil hacia una tarea habitual. Además, ofrece un recorrido cronológico detallado del traslado de la estatua tras la instalación de la estatua de Simón Bolívar en 1846, destacando específicamente los sitios exactos de reubicación y la intervención gubernamental para mejorar su entorno en 1890, antes de su traslado final al Museo Nacional.

La segunda versión, en cambio, otorga un enfoque más simbólico e histórico al mito, describiendo "El Mono de la Pila" como un testigo mudo de los cambios urbanos y acontecimientos históricos de Bogotá. Esta narración presta especial atención al carácter emblemático de la fuente en la cultura local, mencionando su representación equivocada de San Juan Bautista como "El Mono", lo cual refuerza su relevancia en el folklore urbano más allá de su funcionalidad original. La narrativa aquí es menos específica en los detalles del traslado y mantenimiento de la escultura, pero en su lugar, resalta la transformación de la ciudad y el perpetuo recuerdo del monumento en la memoria cultural de Bogotá.

Lección

Las figuras históricas pueden absorber y reflejar las emociones de una comunidad.

Similitudes

Se asemeja a mitos que involucran guardianes silenciosos como el Coloso de Rodas o la Gran Muralla China, que también vigilan y simbolizan la historia de su entorno.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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