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El maíz

Los Chimila encontraron la semilla del maíz oculta en la ceiba gigante, cambiando su destino con perseverancia.

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Ilustración de El maíz

En aquellos tiempos antiguos, cuando el susurro del viento traía consigo los secretos de los dioses, los Chimila desconocían el sabor dorado del maíz. Su vida transcurría entre las hojas alargadas de la yuca, los verdes que les ofrecía la selva y las criaturas que osaban cruzar sus caminos. Los Aruacos, en cambio, eran redondos y bien alimentados, pues poseían una abundancia de maíz que coloreaba sus días.

Los rumores de esta opulencia llegaron a los Chimila, extendiéndose como una enredadera en sus mentes. "Allá arriba", susurraban las corrientes de aire, "en lo más alto de la ceiba gigante", decía el eco sobre el tronco, "allá yace oculta la semilla del maíz, como un tesoro dorado dormido en una tusa celestial."

Decididos a cambiar su destino, los hombres Chimila se aventuraron en el corazón del monte, donde el sol casi no se atrevía a entrar. Frente a la majestuosa ceiba, que parecía tocar el cielo con sus ramas, compartieron una mirada cómplice. "Cortemos el árbol", dijeron, "y así obtendremos nuestra semilla".

Durante el día, sus hachas y machetes cantaron un concierto de golpes resonantes. Pero al caer la noche, cansados y sudorosos, regresaron a sus chozas confiando en que el nuevo día les traerían fortuna. Sin embargo, al regresar al amanecer, encontraron al árbol erguido en toda su magnificencia, recrecido como por arte de alguna magia secreta, sin huella alguna de sus esfuerzos.

Persistentes, los Chimila trabajaron arduamente otra jornada. Lucha incesante, hombres contra árbol, golpe tras golpe en la noble madera. Cuando el cansancio empezaba a vencerlos solo el cielo nocturno detuvo su labor, pero tan pronto llegó el amanecer, la ceiba parecía haberse curado por completo de sus heridas. Así continuaron, sumidos en un bucle infinito en el que sus noches parecían borrar la labor del día.

La frustración clamaba en sus corazones, una llama encendida que ninguno podía apagar. Fue entonces que un hombre, sus ojos brillando con la luz de una epifanía, propuso lo impensable: "¿Por qué no trabajamos también de noche?" Las palabras resonaron en el aire, frescas como aquellas ideas destinadas a cambiar el curso del tiempo.

Esa noche, bajo un manto celestial bordado con hilos de estrellas, los Chimila se armaron de valor y se mantuvieron firmes, continuando su tarea después de que el sol se rindió al horizonte. La oscuridad se alió con su perseverancia, y al llegar la medianoche, los hombres vieron cómo el gigante vegetal, esa entidad que había desafiado su voluntad, comenzaba a inclinarse, sucumbiendo finalmente a un destino ya decidido.

Con un crujido que pareció rasgar el mismo tejido de la noche, la ceiba cayó y reveló el tesoro que guardaba con tanto celo. La tusa, humilde y resplandeciente a la vez, contenía la esencia del maíz.

Los Chimila, con manos temblorosas y corazones henchidos de esperanza, recogieron la semilla que cambiaría para siempre el corso de sus existencias. La tierra, ansiosa por recibir este legado de promesa, recibió la semilla en su seno fértil. Y así, el maíz se convirtió en el nuevo huésped de sus tierras, creciendo vigoroso y generoso, cubriendo los campos con un manto dorado que reflejaba la luz del sol.

El tiempo, que gustaba de observar aquellos caprichos humanos, dejó que el relato de los Chimila encontrando el maíz se convirtiera en leyenda. Y es que la historia no fue solo de hombres y árboles, sino de esperanza y perseverancia, tejida con la esencia misma de aquel reino mágico donde la realidad y los sueños caminaban de la mano.

Historia

El mito cuenta que los Chimila originalmente no tenían maíz y su dieta consistía en yuca, hierbas y animales del monte, mientras que los Aruacos sí disfrutaban de mucho maíz y prosperaban. En lo alto de un árbol ceiba estaba guardada la semilla del maíz, en forma de una tusa. Los Chimila decidieron cortar el árbol para obtener la semilla y sembrarla. A pesar de sus esfuerzos, el árbol se regeneraba cada noche y su trabajo no mostraba progreso alguno. Después de muchos intentos fallidos, un hombre sugirió trabajar también durante la noche. Al hacerlo, lograron talar el árbol a medianoche, recogieron la tusa, obtuvieron la semilla del maíz y la sembraron. Así fue como los Chimila finalmente consiguieron el maíz.

Versiones

En esta narrativa mítica hay una sola versión sin variaciones explícitas, pero aún podemos analizarla para identificar elementos característicos que podrían variar en versiones hipotéticas. La historia presenta a los Chimila y a los Aruacos al principio en condiciones desiguales, ya que los Aruacos tienen acceso al maíz mientras que los Chimila no, lo que sugiere un tema de inequidad y búsqueda de recursos esenciales. En una versión alternativa, podríamos esperar variaciones en cómo obtienen o descubren la ubicación del maíz, tal vez atribuyendo descubrimiento a una figura específica o a la intervención de un ser sobrenatural.

Además, la persistencia en el trabajo diurno y nocturno indicado en el relato sugiere una evolución del esfuerzo humano y la superación de adversidades a través de la diligencia, un elemento que en otra versión podría ser transformado en un proceso de aprendizaje o un cambio táctico inspirado por un presagio o guía.

Otra posible diferencia en versiones alternativas podría centrarse en el significado y simbolismo del árbol de ceiba. En el relato, el árbol representa un obstáculo físico tangible que requiere persistencia para ser superado. En otra variante del mito, el árbol podría tener un carácter más animista o sagrado, quizás con entidades espirituales que intervienen de alguna manera, o podría simbolizar una barrera cultural o social que debe ser transpuesta para acceder a nuevos conocimientos o recursos.

Además, alguna versión podría enfocar el trabajo de noche como un ritual o una ofrenda, añadiendo un componente religioso o místico al acto de cortar el árbol. Estas variaciones no solo modificarían detalles narrativos, sino que también profundizarían en las dinámicas culturales y sociales de los pueblos implicados.

Lección

La perseverancia y el trabajo conjunto pueden superar grandes obstáculos.

Similitudes

Se asemeja al mito griego de Sísifo, donde el esfuerzo continuo es necesario para alcanzar un objetivo, y al mito japonés de la búsqueda de arroz por los dioses.

Territorio

Ubicacion geografica del mito

Ubicacion registrada para este mito en el territorio.

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