
Orinoquía · Mestizo
El llano cobra sus deudas
La ruina de una hacienda funciona como justicia del paisaje en un cuento que mezcla memoria regional y ficción moral.
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Támara les quedaba chica a Victoriano y Arcadio, los menores de seis hermanos. No tenían más capital que las manos, así que trabajaron de obreros y los domingos armaban un puesto de chucherías en la plaza. Con lo ahorrado compraron dos mulas. Un almacén les fió la mercancía, y cada uno echó además un bulto de sal a la espalda, sujeto con un pretal que le dejó marca en la frente. Así bajaron por Pore hasta la costa del Guachiría.
En cada casa pedían permiso, descargaban y tendían lo que traían. Nadie quería soltar el oro, de modo que cobraban en ganado y escogían las vacas gordas. Al volver vendían la carne, pagaban el fiado y sacaban otro. Años enteros de ir y venir, hasta que con sesenta novillas levantaron dos fundaciones en el Canuare, una cerca de la otra.
Arcadio regresó al pueblo, se casó y subía al caballo a su hijo mayor desde niño para enseñarle el hato, el apego a la tierra y la honradez. Victoriano se quedó en la sabana y no paró. Compraba novillos sin preguntar de dónde venían, los arreaba hasta Villavicencio y siempre llegaba con más cabezas de las que había sacado. A los mensuales les pagaba con mercancía cara de su propio almacén. Cuando moría un vecino, aconsejaba a la viuda, hacía de partidor y se quedaba con la mejor parte. Le pusieron el gallinazo de las mortuorias.
Pasados los cuarenta se casó con una muchacha de Pore de unos quince años. La dejó con servidumbre y dinero, luego le compró una mansión en Bogotá, y a las dos hijas las mandó a estudiar a Europa. Para ahorrarles el juicio de sucesión hizo cuatro hierros, tres para los hijos y uno para la esposa, y con ellos fue marcando todo el ganado.
—Nadie conoce por anticipado el corazón de las personas —le dijo Arcadio la última vez que se vieron—. Un día crecen, reclaman lo suyo y lo dejan a uno viejo y en la ruina.
A los pocos días Arcadio murió de una pulmonía. Victoriano siguió. Pasó de cincuenta mil reses y dormía a ratos: cada hora despertaba al muchacho de turno para que prendiera la vela y mirara en el libro de cuentas si fulano le había pagado un caballo fiado cinco años atrás. Comía con la peonada y se conformaba con las sobras.
El hijo varón bebía, peleaba con los mensuales y vendía reses para gastárselas en la capital, y la madre lo consentía. Entre todos exigían cada vez más, hasta que le prohibieron disponer de un solo animal. El viejo no hizo caso y le vendió a un cebador de Villavicencio algo más de tres mil toros. Como los hierros estaban a nombre de ellos, lo denunciaron por abigeato y fue a dar a la cárcel. Villavicencio entera salió a defenderlo, le pagó abogado y el juez tuvo que soltarlo.
Entonces lo hicieron declarar loco y lo encerraron en una clínica, sin visitas, mientras vendían ganado a montones. A quienes se colaban con pan y cigarrillos les rogaba que lo sacaran: que se quedaran con todo, que él era capaz de empezar otra vez. Allí lo operaron de apendicitis y la herida sanaba bien, pero él no soportaba cuatro paredes. Una noche se quitó los vendajes. Murió de peritonitis.
Lo que había anunciado Arcadio se cumplió, y el Llano pasó su cuenta. Las cercas de los mangones se vinieron abajo, la candela se comió los horcones, las casas se derrumbaron y la maraña lo tapó todo. El ganado desapareció como por encanto. Los herederos no sabían manejar lo que nunca conocieron, y hoy son otros quienes disfrutan lo que se forjó para ellos.

La enseñanza
“Quien entrega en vida lo que construyó queda a merced de quienes nunca aprendieron a sostenerlo.”
Territorio
Orinoquía · Mestizo
El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.
- Región
- Orinoquía
- Comunidad
- Mestizo
- Referencia
- 5.83034° · -72.163056°
Ficha del relato
Fuentes
Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.
- Procedencia
- Tradición oral · Mestizo · Orinoquía
- Referencias
- 10
- Última revisión
- 22 de septiembre de 2026
Base documental · 3 referencias
- Cuentos, mitos y leyendas del llano (edición digital paginada, 130 pp.)
babel.banrepcultural.org
Trae «El llano cobra sus cuentas» completo en pp. 81-100: seis páginas de ensayo sobre Támara, jesuitas, plumas de garza y Orocué, y después la historia de Victoriano y Arcadio, los cuatro hierros, la denuncia por abigeato, la clínica y la ruina de los hatos. Su Glosario define «guate», «paisano» y «padrón» (registro de un hierro).
- Cuentos, mitos y leyendas del llano: ficha de la Biblioteca Virtual
babel.banrepcultural.org
Ficha del ejemplar: autor Vargas Barón, Getulio, 1933-2000; colección Obras generales; archivo 2817.pdf. Es la puerta de acceso a la edición paginada donde está el relato completo.
- Cuentos y mitos
eltiempo.com
Anuncia el libro en septiembre de 1996 y dice que el autor es oriundo de Támara y preside la Academia de Historia de Casanare: sitúa al escritor en el pueblo donde nace la familia de Victoriano y Arcadio y explica el largo preámbulo histórico sobre Támara.
Contraste y contexto · 7 referencias
- Cuentos, mitos y leyendas del llano (espejo en el repositorio de la Universidad Nacional, 49 pp.)
bffrepositorio.unal.edu.co
Otra copia digital del mismo libro. De este relato conserva sólo el preámbulo histórico (hasta los levantamientos en apoyo a Túpac Amaru y Galán) y salta a «Las chanzas de don felipe»: sirve para explicar por qué circularon resúmenes sin la trama de la familia.
- Los mitos del Llano
eltiempo.com
Reseña de enero de 1997 escrita por un casanareño amigo del autor: lo presenta como líder cívico de la causa de separar Casanare de Boyacá y lee el libro como reflejo del decir y el sentir del Llano.
- Cuentos, mitos y leyendas del llano: detalle de contenido
bibliotecadigitaldebogota.gov.co
Registro de la obra que habla de doce relatos y un glosario que imitan la forma oral y reproducen el tono y el léxico de las conversaciones llaneras, rasgo visible en los diálogos de don Victoriano con su hermano y con sus mensuales.
- Ganaderos, domadores, copleros y conuqueros: la frontera llanera en La vorágine de José Eustasio Rivera
redalyc.org
Estudia el mundo del hato casanareño en La vorágine: define el hato por número de reses, describe la fundación, la doma, las faenas y los matrimonios por la iglesia de las familias dueñas de hatos. Da el contexto social en que Vargas Barón sitúa a Victoriano y Arcadio.
- La vorágine (primera edición)
babel.banrepcultural.org
La novela que el preámbulo del relato asocia a Orocué, donde Rivera llevó un pleito en 1918 según la ficha de Banrepcultural. Cierra con «¡Los devoró la selva!»: la misma imagen de una naturaleza que se traga lo humano que el relato aplica a los hatos cubiertos por la maraña.
- King Lear
gutenberg.org
Un padre reparte en vida sus bienes entre sus hijas («we have divided… our daughters' several dowers») y queda despojado por ellas: es el esquema de los cuatro hierros que Victoriano pone a nombre de esposa e hijos y que después se usan para denunciarlo.
- Father Goriot (Le Père Goriot)
gutenberg.org
Un comerciante enriquecido lo da todo a dos hijas criadas en el lujo, que dejan de visitarlo y lo abandonan hasta la muerte: comparte con el relato la fortuna hecha a pulso, los hijos educados lejos del trabajo y el padre muerto en soledad.
Voces de la comunidad
Conversación
¿Así te la contaron?
«El llano cobra sus deudas» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.
Versiones de este mito
0Ejemplo
No es realMi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.
Así se ve una versión publicada. De «El llano cobra sus deudas» todavía no hay ninguna.
Todavía nadie ha dejado la suya. «El llano cobra sus deudas» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.
- Qué cambió
- El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
- Dónde la oíste
- Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
- Quién la contaba
- Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.








