El hombre que soñó con una danta

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

El hombre que soñó con una danta

Un hombre sigue un sueño donde un árbol mata a una danta, pero el árbol cae sobre él; sus compañeros encuentran después a la llamada danta mala.

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El hombre que soñó con una danta: la entrada del relato

El relato

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Un día, por la mañana, un hombre dijo: “Me soñé con danta!”.

Los otros le preguntaron: “¿Cómo te soñaste con danta?”. Y entonces dijeron: “Cuéntanos!”.

El hombre contó: “Me soñé que yo iba monteando y que me encontré un gran árbol que se había caído, matando la danta. La saqué y comí mucho”. En el sueño iba por el monte como va cualquiera a buscar comida, y había un árbol grande caído en el suelo, y debajo del árbol estaba la danta muerta, y él la sacaba de ahí y comía mucho, hasta quedar lleno.

Los otros oyeron y le dijeron: “¿Por qué no vas por el monte a ver si encuentras la danta?”. El hombre dijo: “Es verdad!” y se fue. Se fue solo, esa misma mañana, a buscar por el monte el árbol caído y la danta que debía estar debajo.

Entonces, cuando él iba por allá, se levantó mucho viento en el monte. Y de golpe se cayó un gran árbol. El árbol no cayó sobre ninguna danta: cayó sobre el hombre y lo mató. Quedó él debajo del tronco, como en el sueño había quedado la danta.

Los otros se quedaron donde estaban, esperándolo. Pasó el tiempo y el hombre no regresaba. Como no regresaba, dijeron: “Vámos a buscarlo!”. Así se fueron al monte por donde él había entrado, y lo buscaron, y lo encontraron muerto.

Ahí mismo, junto al muerto, dijeron: “Vámos a buscar la danta”.

Y la buscaron. Buscaron por allí y buscaron por allá, por un lado del monte y por el otro, y siguieron buscando hasta que por fin la encontraron. La danta estaba viva y andaba suelta por ahí, lejos del tronco que había matado al hombre. Le clavaron tres flechas y con esas tres la mataron.

Era una danta mala.

El hombre que soñó con una danta: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Un sueño puede señalar hacia dónde ir sin decir a quién le espera lo que muestra.”

Territorio

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

Caribe · Ette Ennaka (Chimila)

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Ette Ennaka (Chimila)
Referencia
10.0356° · -74.2147°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este es el texto diecinueve del conjunto que Gerardo Reichel-Dolmatoff recogió a mediados de 1944 entre los chimila del Magdalena y publicó en febrero de 1945 en el Boletín de Arqueología. El narrador fue el cacique Tangrutaya Mutsu, que contaba de noche, recostado en su hamaca, en un castellano a veces confuso, sólo ante hombres, y que interrumpía cada vez que una mujer entraba a la casa. El cuento es de hombres que salen a montear juntos, que oyen juntos un sueño y que juntos deciden qué hacer con él.

En sus notas, el recopilador no comentó este texto uno por uno: lo agrupó con los otros cuentos de animales y se limitó a observar que “con el sueño clarividente se inician varios cuentos como el de la Danta y el del Caimán”. La expresión sueño clarividente es suya, de 1945, y clasifica el episodio antes de explicarlo.

Su propia monografía del año siguiente permite medir lo que ocurre al final. Allí anota que la caza “se efectúa sólo con arco y flecha” y que no vio emplear trampas en ningún caso; que hay tres formas de flecha, dos con garfios para caza mayor y guerra; y que en la cacería nunca se usan flechas envenenadas, porque ese tóxico actúa con lentitud y mata sólo horas o días después. Tres flechas para derribar una danta es, entonces, lo que cuesta matar sin veneno al animal más grande del monte, un animal que según esa misma monografía se encontraba “a cada paso” en la región.

Lo que esa monografía no trae, en cambio, es una sola línea sobre los sueños. Toda la capa documental sobre el soñar ette proviene de un trabajo de campo posterior en más de medio siglo: el de Juan Camilo Niño Vargas en Issa Oristunna. Según él, el sueño ette no es una imagen sino un acto, ooyori, protagonizado por too, el componente anímico, que abandona el cuerpo y se aventura por parajes conocidos y desconocidos; la experiencia es “tan real como cualquier otro suceso acaecido en la vigilia” y ocurre en un mundo compartido, al que todos tienen acceso. De ahí que se pueda asegurar, escribe, que “con el fin de propiciar una faena exitosa, el joven cazador debe concentrarse en su presa mucho antes de abandonar el hogar y dirigirse al bosque”, y que lo pensado de día oriente lo que too hace de noche, hasta el punto de revelar dónde quedó un objeto perdido. Con ese marco, lo que los compañeros proponen deja de ser un capricho: una danta soñada es una danta que está en alguna parte. En su estudio sobre los ciclos de destrucción, el mismo autor muestra además que las imágenes oníricas sirven a los ette para saber hacia dónde van las cosas. Y en su trabajo sobre los campos de cultivo distingue dos maneras de cazar: la del monte, yu'ma, “cazar desplazándose”, que implica entrar en un dominio divino para apropiarse de una criatura ajena observando estrictos preceptos y tabúes, frente a la emboscada en los rastrojos, donde no hay espíritus dueños de la fauna. Salir tras una danta soñada pertenece a la primera clase, aunque el cuento no nombre ninguna regla.

Ninguno de esos trabajos cita este cuento. Tampoco pudo comprobarse si lo comenta Ooyoriyasa, su libro de 2007 sobre interpretación onírica, que está impreso y del que en línea sólo hay ficha editorial.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más cercano está pegado a este cuento en el mismo conjunto: el del hombre que soñó con caimán, el texto veinte. Los dos empiezan igual, con un hombre que amanece anunciando su sueño y con los otros preguntándole cómo fue. Ahí se separan. Allá el sueño asusta al que lo tuvo y es el hermano quien no lo cree, y el sueño se cumple contra la voluntad del soñador; aquí el sueño promete comida, los otros lo creen antes que él y son ellos quienes lo empujan al monte. Allá el hombre entra al animal y sale vivo; aquí sale de su casa y no vuelve.

Otro cruce ocurre en el cuento doce del mismo conjunto. Dos hijos van por el monte buscando danta y lo que encuentran no es el animal sino a su padre, muerto esa mañana en la roza, pintado de achiote y con corona de plumas, que les habla, les da una orden y desaparece en medio de un gran viento. En los dos casos el monte devuelve algo distinto de lo que se salió a buscar, pero allá lo que espera es un muerto que habla, y aquí es un árbol que cae.

Entre los wayuu, vecinos del norte, el sueño tiene dueño y obliga. Carmen Laura Paz Reverol documenta que Lapü es la deidad que transmite mensajes mientras se duerme, que el aa'in deambula de noche y se encuentra con seres que le dan razones, que un sueño puede llegar “como si fuera un aviso” de que algo malo va a pasar, y que lo propio es escuchar y hacer los sueños, es decir, cumplirlos. La diferencia con este cuento es precisa: allá quien manda es una deidad nombrada y el soñador queda obligado; aquí no aparece ninguna deidad, la presión de cumplir el sueño viene de los compañeros que lo oyeron contar, y el resultado no confirma a nadie.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. De este cuento no hay más de una versión documentada. El único testimonio es el que Mutsu dictó en 1944 y que se imprimió en 1945; la antología de Rocha Vivas lo reproduce sin volver a recoger nada. Con un solo testimonio no se puede saber si otros narradores explicaban qué hacía mala a la danta, ni si el desenlace era siempre ese.

  2. Hay además un problema de letra impresa. En 1945 la frase dice: “hubo muchos viendo y de golpe se cayó un gran árbol”. En el mismo conjunto, el cuento de la mala mujer usa dos veces la fórmula “hubo un gran viento” para marcar el momento en que algo aparece o desaparece en el monte. Todo indica que “muchos viendo” es una errata por “mucho viento”, y así se ha leído aquí. Queda constancia por si alguien prefiere el literal, que dejaría al hombre rodeado de testigos en el momento de morir.

  3. El texto heredado afirmaba que el sueño anunciaba la muerte del soñador. No es lo que el sueño mostraba. En el sueño hay un árbol caído, una danta muerta debajo y un hombre que come; en la vigilia hay un árbol caído, un hombre muerto debajo y una danta viva. No se cumple el sueño: se intercambian los lugares. Esa inversión es el cuento, y borrarla lo convierte en una advertencia contra los deseos.

  4. La lectura contemporánea del soñar ette, que vuelve inteligible la salida al monte, es un marco de otro tiempo y no está en el cuento: aquí nadie interpreta nada, sólo se pregunta “¿Cómo te soñaste?” y se propone ir a ver.

  5. Se conserva la expresión final, “era una danta mala”, sin convertir al animal en demonio ni explicar que hubiera derribado el árbol. Vale la pena notar que el corpus cierra así otras veces: el cuento doce termina diciendo de una mujer que mandó a trabajar a un viejo enfermo “era una mala mujer”. Es una sentencia dictada después del muerto, no la descripción de una especie.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Ette Ennaka (Chimila) · Magdalena · Caribe
Referencias
8
Última revisión
22 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitos y cuentos de los indios Chimila

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica los veintiún relatos del corpus histórico y atribuye su narración al cacique Tangrutaya Mutsu, registrada en castellano durante trabajo etnográfico.

  2. El sol babea jugo de piña: antología de las literaturas indígenas del Atlántico, el Pacífico y la Serranía del Perijá

    babel.banrepcultural.org

    Reedita y contextualiza literatura Ette dentro de una antología nacional, identifica las traducciones y remite a las fuentes etnográficas usadas.

  3. Ciclos de destrucción y regeneración: experiencia histórica entre los ette del norte de Colombia

    journals.openedition.org

    Estudia cómo sueños, memoria histórica, Yunari y la quinta tierra articulan ciclos de destrucción, regeneración y acción ceremonial entre los Ette.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Sueño, realidad y conocimiento: noción del sueño y fenomenología del soñar entre los ette del norte de Colombia

    revistas.uniandes.edu.co

    Documenta que para los ette el sueño es un acontecimiento real del componente anímico que se desliga del cuerpo, y que para propiciar una cacería exitosa el joven cazador debe concentrarse en su presa mucho antes de salir al bosque: la lógica misma por la que los compañeros mandan al soñador tras la danta.

  2. Ooyoriyasa: cosmología e interpretación onírica entre los ette del norte de Colombia

    cienciassociales.uniandes.edu.co

    Es la monografía dedicada íntegramente a cómo los ette conciben el universo y cómo interpretan colectivamente sus sueños, el único trabajo extenso que permite leer este relato como un caso de interpretación onírica fallida y no como una fábula moral.

  3. La división cósmica de las labores terrenales: interacción entre humanos y no humanos en los campos de cultivo ette

    revistatabularasa.org

    Define la caza en la selva como penetrar un dominio divino para apropiarse de una criatura ajena, bajo estrictos preceptos y tabúes, lo que da sentido a que salir tras la danta soñada termine en una muerte y no en un accidente neutro.

  4. Etnografía chimila

    publicaciones.icanh.gov.co

    Registra que la abundancia de animales de presa es grande en la región y que las dantas se encuentran a cada paso, y detalla el arco y las flechas de caza mayor: el equipo con que el grupo mata al animal del relato.

  5. «Hacer los sueños». Una perspectiva wayuu

    entrediversidades.unach.mx

    Es la fuente del paralelo wayuu que ya nombra el campo de similitudes: define a Lapü como la deidad que transmite mensajes a través de los sueños y pronostica sucesos de salud, vida y muerte, describe al aa'in que deambula mientras se duerme y recibe mensajes, recoge el testimonio de un sueño que llega «como si fuera un aviso» de algo malo, y cierra con la costumbre de preguntar «¿cómo estuvo tu sueño?» y de «escuchar y hacer los sueños».

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«El hombre que soñó con una danta» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El hombre que soñó con una danta» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El hombre que soñó con una danta» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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