El hombre que atrapó al Sol y a la Luna

Andina · Chamí

El hombre que atrapó al Sol y a la Luna

Un hombre encierra al Sol y a la Luna en talegos, oscurece el mundo y termina ocupando el lugar del jefe.

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El hombre que atrapó al Sol y a la Luna: la entrada del relato

El relato

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La Gente del Sol tenía mucho oro. Los de la Luna también. Sus jefes eran sabios, y un día dijeron: quién de nosotros sabe más.

Entonces dijo un hombre: voy a matar al Sol y a la Luna. Hizo un talego rojo, y otro talego azul para la Luna. Hizo maíz caliente para el Sol y hojaldres para la Luna. Los puso en los talegos, y eso olía tan bueno. El Sol y la Luna se acercaban y decían: qué bien. Así el hombre los cogió en el talego, al Sol a mediodía y a la Luna de noche.

Y así todo quedó oscuro, todo el mundo. Todo se murió. Toda la Gente de la Luna y la del Sol.

Entonces dijo el jefe que hablaran con ese hombre para que soltara a los dos. Pero él no quiso. Por fin soltó a los dos, porque todos le pidieron así. Entonces dijeron: este hombre sabe mucho.

Entonces dijeron: vamos a hacer una fiesta. Pero el hombre se quedó borracho. Allí le pegaron duro, con lanzas y todo, pero él no se murió. No podemos matarlo, dijeron los hombres.

Entonces dijo el hombre: quiero ver al jefe. Entonces el jefe se mató a él mismo, y el otro se volvió jefe.

El hombre que atrapó al Sol y a la Luna: lo que quedó del relato

La enseñanza

“La luz vuelve cuando quien la retiene cede al pedido de todos, y no antes.”

Territorio

Andina · Chamí

Andina · Chamí

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Andina
Comunidad
Chamí
Referencia
4.156111° · -76.287778°

Ficha del relato

Contexto histórico

Este es el relato número 7 de «Algunos mitos de los indios Chamí (Colombia)», de Gerardo Reichel-Dolmatoff, Revista de Folklore, Bogotá, 1953, páginas 148 a 165; Mauricio Pardo lo cita como página 161. Fue recogido en 1945 entre unas sesenta personas chamí de la vereda de Corozal, municipio de Río Frío, Valle del Cauca, llegadas poco antes, según ellas mismas, en parte de la hoya del río San Juan y en parte de Antioquia y Caldas. El recopilador declara que los relatos fueron narrados en castellano y transcritos «en su texto original, sin cambio alguno», y que carecía de una perspectiva del contexto cultural del que forman parte. No nombra al narrador y aquí no puso una sola nota al pie: ni una glosa, ni una comparación, ni una identificación. Es de las transcripciones más desnudas del artículo. Chaves no publicó nada equivalente: sus cuatro relatos chamí de 1945 son Erubida y Siebida, Arrumia, Surranabe y Kurijia.

Lo que hace singular a esta narración sólo se ve al ponerla junto a las demás, y ese trabajo está hecho. Mauricio Pardo Rojas, en «La escalera de cristal: términos y conceptos cosmológicos de los indígenas Emberá», Maguaré 4 (1986), páginas 21 a 46, reúne las menciones del sol y la luna que circulan en comunidades emberá distintas y las ordena en seis situaciones: una pareja de hermanos castigados a causa del incesto; dos hermanos, uno de los cuales era engañado por su mujer con el otro; un hombre y una mujer que se vuelven astros al caer las palmas sembradas por sus hijos gemelos; una pareja en la cual la mujer trata de conquistarlo a él y lo persigue en su camino; el sol como dios que en la noche viaja por otro mundo; y, en sexto lugar, esta: «el sol y la luna eran dos territorios habitados por gente muy rica». En las cinco primeras el sol y la luna son parientes o cónyuges, o son una deidad. Sólo en la chamí son pueblos, con jefes, con oro y con gente que muere cuando los encierran. Pardo lo resume así: «Reichel recogió entre unos emberá procedentes del Chamí (Risaralda) esta curiosa historia», y añade que «es evidente que las variantes no son consistentes las unas con las otras».

El oro del arranque tiene explicación documentada. Luis Guillermo Vasco Uribe, en «El oro y la plata entre los embera y waunaan», Boletín Museo del Oro 48 (2001), recuenta esta misma historia y sostiene el «carácter originario del oro y su lugar natural» en los mundos de arriba y de abajo: en el cielo se vive en un continuo baile sentados en tronos de oro, el trueno vivía en un tambo de oro y los primeros jaibanás tenían banco, bastón y tambor de oro. Que el Sol y la Luna sean pueblos ricos no es adorno: es el lugar donde el oro pertenece.

Una advertencia sobre las fuentes de contexto. La caracterización institucional del pueblo emberá chamí presenta a Karagabí como «la luna y padre de Jinopotabar», y la entrada enciclopédica de Vasco dice que «los mitos remiten a Carabí, la luna, como el dador de la cultura». En esta transcripción la Luna no es Karagabí ni ningún dios: es un pueblo con jefe y con oro, y Karagabí no aparece. Son planos distintos y no deben superponerse.

Resonancias con otros mitos

El paralelo más útil es el que marca la diferencia. Fray Severino de Santa Teresa, entre los catíos, escribe que «el sol y la luna eran dos hermanos que por incesto los convirtió Caragabí en astros», y precisa que Gedeco, la luna, quiere mucho a Humántahu, el sol, pero no lo puede alcanzar, mientras él no la quiere por las enfermedades propias de la mujer. Antonio María Cardona y Jairo Miguel Guerra recogen lo mismo en comunidades emberá del golfo de Tribugá y de Córdoba, y añaden para qué se cuenta: «para prevenir el incesto, se le cuenta a los niños, que el sol y la luna eran dos hermanos que se amaban y Karagabí, en castigo los volvió astros y los separó para siempre en el firmamento». En Río Frío no hay parentesco, ni incesto, ni castigo, ni Karagabí: hay dos pueblos con jefes y oro, y un hombre que decide encerrarlos.

El segundo paralelo toca el oro y no los astros. Andrés Ricardo Restrepo Campo y Sandra Turbay, con trabajo de campo en la comunidad de Jaikerazabi, municipio de Mutatá, Antioquia, estudian un mito emberá sobre la pérdida de la riqueza y el origen de las razas, y reportan una versión registrada por Vélez en 1982 en la cual «Ewandana, el sol, se había casado con la luna y habían tenido muchos hijos», y el reparto de la riqueza y del color de la piel sale de una laguna. Allí el sol y la luna son cónyuges y la riqueza se pierde ante los blancos. En Río Frío la riqueza no se pierde: sigue siendo de la Gente del Sol y de la Gente de la Luna, y lo que se pierde, por un rato, es la luz.

Dentro del propio corpus de 1945, el vecino inmediato es el relato número 10, donde el mundo se oscurece sin que nadie lo provoque y la gente rompe piedras dentro de la casa hasta que vuelve el día. Misma oscuridad, causa opuesta: allá nadie es responsable, aquí hay un autor con nombre de oficio, un hombre que sabe mucho.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. De esta historia hay un solo testimonio, sin narrador nombrado y sin texto en embera bedea. No hay segunda versión chamí con la cual contrastarla.

  2. Hay, en cambio, dos recuentos posteriores que no coinciden con el registro y conviene señalar en qué. Mauricio Pardo la resume diciendo que «un hombre quiso matar a los astros y los encerró en un talego», lo cual es fiel, pero la sitúa entre «unos emberá procedentes del Chamí (Risaralda)», mientras el propio Reichel-Dolmatoff dice que el grupo de Río Frío venía en parte de la hoya del río San Juan y en parte de Antioquia y Caldas. Luis Guillermo Vasco, que la recuenta en 2001, escribe que «los jefes de ambos bandos tendieron una trampa para capturar a estos astros»; en la transcripción la trampa la hace un hombre solo, y los jefes intervienen después, para pedirle que los suelte. Vasco además cierra el recuento con la captura del Sol en el talego rojo y no sigue hasta la fiesta, la paliza que no lo mata ni el suicidio del jefe.

  3. Ese final es lo que más se pierde en los resúmenes. La historia no termina cuando vuelve la luz. Termina con una fiesta que es una emboscada, con un hombre al que no matan las lanzas y con un jefe que se mata a sí mismo para que el otro ocupe su puesto. Ningún recuento posterior de los consultados conserva esas tres cosas juntas.

  4. Las otras configuraciones emberá del sol y la luna no son variantes de esta y no deben mezclarse con ella: en unas son hermanos castigados por incesto, en otras marido y mujer, en otras el resultado de la caída de dos palmas. Aquí no hay parentesco entre los astros, ni castigo divino, ni transformación: hay dos pueblos ricos, un hombre que sabe más que sus jefes y una oscuridad que mata a todos.

  5. Las grafías varían fuera de esta transcripción: Humántahu y Gedeco en Santa Teresa, umadau y jedeko en la anotación fonética de Pardo, Ewandama o Ewandana para el sol en los relatos wounaan y katío. La transcripción de Río Frío no da nombre a ninguno de los dos: dice el Sol y la Luna, y la Gente del Sol y la Gente de la Luna.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Chamí · Valle del Cauca · Andina
Referencias
10
Última revisión
17 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Algunos mitos de los indios Chamí (Colombia)

    redaprende.colombiaaprende.edu.co

    Transcribe catorce relatos narrados en castellano por integrantes de un grupo Chamí asentado en Corozal, municipio de Río Frío, Valle del Cauca, durante el reconocimiento de 1945.

  2. Ficha de Algunos mitos de los indios chamí

    redaprende.colombiaaprende.edu.co

    Acredita autoría, rango de páginas, procedencia en Río Frío y licencia del facsímil conservado por la Biblioteca Nacional.

  3. Mitos, tradiciones y cuentos de los indios Chamí

    publicaciones.icanh.gov.co

    Publica nueve relatos de la expedición de 1945 e identifica por separado cuatro narraciones de Nicolás Henao, Chamí de Balboa, y cinco de Rafael Bailarín, narrador Katío.

Contraste y contexto · 7 referencias
  1. Caracterización del pueblo Emberá Chamí

    procuraduria.gov.co

    Describe asentamientos, organización, lengua y la relación entre los mundos de arriba, humano y subterráneo en una síntesis institucional.

  2. Algunos relatos de los embera chamí de Risaralda, contados por Clemente Nengarabe Siágama

    luguiva.net

    Relatos que Vasco recogió de Clemente Nengarabe en el Chamí y que se publicaron en 1978 sin su nombre. Al republicarlos, Vasco explica que su papel fue el de simple recolector y devuelve la autoría al narrador, porque en aquel momento fue impensable que un indígena figurara como autor.

  3. La escalera de cristal: términos y conceptos cosmológicos de los indígenas Emberá

    revistas.unal.edu.co

    Es la única fuente localizada que cita este relato por su nombre y lo pone a competir con otros: «Reichel recogió entre unos emberá procedentes del Chamí (Risaralda) esta curiosa historia: la gente del sol y la gente de la luna eran muy ricos, tenían mucho oro. Un hombre quiso matar a los astros y los encerró en un talego...» (Reichel 1953: 161). Luego lo ordena junto a otras configuraciones emberá del sol y la luna —hermanos castigados por incesto, esposos, marido engañado, hijo de la pierna que mancha la luna— y muestra que la versión chamí es la excepción: en ella los astros no son parientes sino pueblos con jefes y riqueza.

  4. El oro y la plata entre los embera y waunaan

    publicaciones.banrepcultural.org

    Explica por qué el relato empieza hablando de oro. Retoma la historia —«recogida por Reichel-Dolmatoff (1953) entre los chamí de Riofrío, Valle... la del sol fue preparada con maíz caliente y así fue apresado y guardado dentro de un talego rojo»— y la inserta en una tesis: el oro tiene su «lugar natural» en el mundo de arriba y en el de abajo, no en éste, y por eso quienes lo tienen son la gente del sol, la gente de la luna, el trueno en su bohío de oro y los muertos. La riqueza de los astros deja de ser un adorno del comienzo y pasa a ser la razón por la que su encierro apaga el mundo.

  5. Los indios catíos, los indios cunas. Ensayo etnográfico de dos razas de indios de la América Española

    archive.org

    Conserva la versión emberá en que el sol y la luna no son objetos sino personas con voluntad y con quien negociar: «Después pensó arreglar el sol y la luna. Llamó al primero y le ordenó dónde había de situarse», y ambos replican y consiguen que se los ponga más lejos. Y registra la variante de parentesco: «El sol y la luna eran dos hermanos que por incesto los convirtió Caragabí en astros», con los nombres Humántahu (sol) y Gedeco (luna). Sostiene que los astros tratan, discuten y desobedecen: la premisa que hace posible que puedan ser atraídos con comida y encerrados.

  6. La pérdida de la riqueza: un mito embera sobre el origen de las razas y la desigualdad social

    revistas.uniandes.edu.co

    Trata el otro extremo del mismo problema: en el relato chamí la riqueza está del lado del sol y la luna, y aquí se analiza un mito emberá en el que Karagabí reparte tareas y la riqueza se pierde porque el indígena cede o cumple mal. Sirve para leer la acumulación de los pueblos celestes y el saber concentrado en un solo hombre como variantes de una misma pregunta emberá por quién tiene qué y por qué, sin convertir el relato en una fábula sobre el egoísmo.

  7. Mitología Embera. Principales mitos, características y funciones

    bioetnia.iiap.org.co

    Documenta el uso social de un relato sobre los astros: «Para prevenir el incesto, se le cuenta a los niños, que el sol y la luna eran dos hermanos que se amaban y Karagabí, en castigo los volvió astros y los separó para siempre en el firmamento». Es el contraste más útil para esta ficha: donde otras versiones emberá usan al sol y la luna para enseñar una regla de parentesco, la de Río Frío los usa para plantear un problema de poder y de sucesión, y no cierra con moraleja.

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«El hombre que atrapó al Sol y a la Luna» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El hombre que atrapó al Sol y a la Luna» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El hombre que atrapó al Sol y a la Luna» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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