En lo profundo de los bosques andinos, donde la vegetación se aferra con fiereza al suelo húmedo y a los troncos de los árboles se ciñen bejucos como serpientes, pervive un mito que se desliza con la misma cautela que el viento entre las hojas. Se habla en susurros del Hojarasquín del Monte, protector incansable de las criaturas y los susurros del bosque. Las historias son tan diversas como la propia selva, y en cada rincón de la vastedad selvática, este ser adopta formas que desafían la comprensión humana.
El botánico Joaquín Romero, apasionado por la biodiversidad, anotó una vez en su diario, durante su incursión en aquellas tierras en 1928, una experiencia que no podría borrar de su mente. Preso de la manigua, narraba cómo el Hojarasquín se presentó ante él como un golem de vegetación, un gorila gigantesco cubierto de musgos y ramas secas, irradiando una presencia tan majestuosa como aterradora. Este encuentro lo dejó aturdido, pero no ileso de una curiosidad que lo obligaba a entender más sobre esta extraña entidad de la selva.
Los relatos sobre el Hojarasquín son tan variados como las especies mismas que habitan los Andes. A veces es un tronco seco que cobra vida ante los ojos asombrados de un talador, convirtiéndose en un centauro al revés, con cabeza de asno y cuerpo humanoide, desplazándose ruidosamente entre la espesura. En otras ocasiones, es un hombrecillo risueño al que le brotan de su ser helechos y flores, completamente integrado a la flora que juró proteger. Esta imagen benevolente, sin embargo, es más que un capricho de la imaginación campesina; es también un eco de las enseñanzas y advertencias que los mayores han compartido por generaciones.
Arturo Escobar Uribe, estudioso de lo folclórico, recogió en sus crónicas las confusas descripciones de un ser que, a ojos de quienes tuvieron el atrevimiento de alterar el equilibrio natural, se volvía perplejamente monstruoso. Se le temía y se le respetaba a partes iguales, pues lo que a simple vista parecía un montón inofensivo de hojarasca podía convertirse en un devorador encubierto de carne y fuego. Sin embargo, en aquellos que el Hojarasquín reconocía como aliados del bosque, hallaba extraños compañeros de ruta, perdidos o vulnerables.
Algunas veces, quienes se encontraban en el corazón del monte juraban haber visto sus huellas, tan confundidoras como las mismas sendas del bosque: marcaban la presencia de pezuñas de venado donde no las había, creando senderos falsos y urdiendo un tapiz de senderos que sólo los más virtuosos o afortunados cruzaban ilesos. Así actuaba el Hojarasquín, maestro del engaño contra cazadores y destructor silencioso de quienes pretendieran dañar su dominio.
Otras leyendas hacen eco de una transgresión que originó su existencia. Un hombre que, presa de un impulso malsano, maltrató a su propia madre convirtiéndola en una bestia de carga, sólo para encontrarse él mismo sobajado por una maldición que lo convirtió en la sombra verde que hoy acecha el follaje. Así, su castigo se trenza con la carga del diablo y se perpetúa en las historias que hacen vibrar las hojas del monte con cada paso suyo.
La esencia del Hojarasquín del Monte es un caleidoscopio de mitos y memorias, creada por la convergencia de culturas que han dejado su huella en la tierra que le sirve de reino. Para algunos, pariente de la Madremonte, su existencia es una advertencia ancestral que resuena como el eco de las primeras tempestades del mundo. Mientras el bosque perdure y sus habitantes lo necesiten, el espíritu musgoso seguirá acechando, floreciendo y oscilando entre la maleza de la memoria colectiva, siempre atento al equilibrio de su hogar.
Así, el Hojarasquín permanece como un guardián esquivo, una amalgama de leyenda y naturaleza, dispuesto a enseñar con mano firme y a guiar con benevolencia solo a quienes demuestren estar en sintonía con el espíritu indomable del bosque.
Historia
El origen del mito del Hojarasquín del Monte parece estar relacionado con las creencias indígenas locales en combinación con influencias de ancestros africanos, según una de las versiones presentadas. Se ubica en las zonas selváticas y cordilleras de la región andina de Colombia. Este mito ha surgido como una forma de representar y personificar la protección de la naturaleza, especialmente en lo que respecta a la conservación de los bosques y la vida silvestre, como una reacción ante la destrucción de los ecosistemas por parte de los humanos. Aparece en las narrativas campesinas con descripciones fantásticas y aterradoras, sugiriendo una función dual de protección y vigilancia de la naturaleza que armoniza con las prácticas y temores locales sobre el medio ambiente.
La figura del Hojarasquín adopta múltiples manifestaciones, incluida la forma de un ser antropomorfo cubierto de musgo y hojas, un centauro montañés, un pájaro descomunal o un tronco seco que cobra vida al ser perturbado. Se le atribuyen propiedades tanto benévolas como aterradoras, lo que refleja una fascinación por los entornos naturales y sus misterios, así como un respeto por la selva y sus guardianes místicos.
No se ofrece una historia específica sobre su creación o el origen de su ser, lo que refuerza su naturaleza como un mito de advertencia y enseñanza popular en la región.
Versiones
El mito del "Hojarasquín del Monte" presenta variaciones significativas en las diferentes versiones analizadas. La primera versión, del diario de Don Joaquín Romero, describe una experiencia directa con el Hojarasquín, enfocándose en la presencia intimidante de un ser similar a un gorila cubierto de vegetación que causa temor y desorientación en la selva. Esta representación es más personalizada e individualizada, con un enfoque en la experiencia subjetiva del protagonista. El Hojarasquín aparece directamente vinculado a la desorientación del humano en el bosque, pero no se aborda explícitamente su rol como protector de la naturaleza.
Por otro lado, las versiones literarias y folklóricas ofrecen una gama más amplia de descripciones y roles atribuidos al Hojarasquín. Estas versiones lo presentan no solo como un protector de los bosques y sus criaturas sino también como un ser con diversas formas, desde centauros invertidos hasta humanoides cubiertos de musgo. La figura se destaca como cambiante y adaptada a diferentes contextos culturales y mitológicos, vinculada a la protección ambiental y a la interacción con los humanos que amenazan la naturaleza. También existe una dualidad en su carácter: mientras en algunas narraciones es temido, en otras puede ayudar a los humanos perdidos, proporcionándoles guía. Este contraste subraya una evolución del mito hacia un enfoque más simbólico y ecológico, con una función de conservación de los bosques, y refleja la importancia de lo sobrenatural en la cultura campesina como protección del entorno natural.
Lección
Respeta la naturaleza y sus guardianes.
Similitudes
Se asemeja a los mitos de guardianes de la naturaleza como los duendes celtas o los espíritus protectores de los bosques en la mitología japonesa.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



