El hijo desobediente

Caribe · Mestizo

El hijo desobediente

La versión heredada contrapone a una madre que pide madrugar con un hijo que responde mediante refranes para justificar su pereza.

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El relato

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Desde la cama el muchacho oyó que su madre lo llamaba y no se movió. Ella era buena mujer y él era pesado, de los que amanecen con el cuerpo puesto al revés. Esa mañana no lo llamaba por el trabajo ni por la hora: lo llamaba porque estaba muy mala, y necesitaba que alguien se levantara.

Le habló en verso, como se habla en esa casa cuando hay que decir algo que duele:

«Ay, hijo, levántate,

el que temprano se levanta,

recibe su amén Jesús,

se persigna con la cruz

y sus trabajos adelanta».

Del catre salió la respuesta, medida y rimada, con el mismo número de sílabas y el sentido volteado:

«¡Jui! el que temprano se levanta,

pierde el rato de sueño,

ni su trabajo se adelanta

ni nunca sale de empeño».

La madre cambió de argumento y le puso un ejemplo de la vecindad. Al hijo de la vecina, por haber madrugado, le había salido al camino un taleguito de plata. Era un dato concreto, de los que no se discuten: alguien cercano, un hallazgo comprobable, una mañana temprano. El muchacho lo oyó entero y le devolvió la cuenta al revés. «¡Jui, más madrugó aquel pendejo que la perdió!».

Entonces ella soltó lo último que le quedaba, que no era un refrán ni un ejemplo sino un cobro. Que se levantara siquiera por los nueve meses que lo había cargado en el vientre.

El hijo no se levantó. Tampoco se quedó callado. Desde la cama, sin destaparse, contestó a la cuenta de los nueve meses con otra cuenta, y en esa respuesta se le acabó de una vez el pudor y la conversación: «¡Jui, mamá, métase usted en el vientre mío, para que vea que la tengo veinte!».

Ahí quedaron los dos: ella enferma y sin nadie que se parara, y él en la cama, dueño del último verso.

El hijo desobediente: lo que quedó del relato

La enseñanza

“Un hijo puede tener la última palabra y dejar a su madre sin nadie que se levante.”

Territorio

Caribe · Mestizo

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El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
9° · -75°

Ficha del relato

Contexto histórico

En la página 266 de la tercera edición, ya muy cerca del final de la sección, Tradición oral y conducta en Córdoba imprime esta pieza con una particularidad que no tiene ninguna otra del bloque: la compone en verso. Las coplas de la madre y las del hijo aparecen sangradas, con un renglón por verso, mientras que las cuarenta y tres piezas restantes del género se imprimen como prosa corrida. Manuel Zapata Olivella la colocó entre «Tío Conejo y Tío Gallo (Segunda versión)» y una repetición de «Tio Sapo y Cangrejo», en el tramo donde el volumen va vaciando lo que le queda de la cinta.

El duelo consta de tres asaltos y la obra los transcribe completos: la quintilla de la madre sobre el madrugador, la cuarteta del hijo que la refuta, el ejemplo del taleguito de plata con su réplica, y el cobro de los nueve meses con la respuesta que cierra. No hay narración entre medias salvo tres frases de enlace, de modo que casi todo el texto impreso es diálogo versificado.

El volumen apareció en 1972 bajo el sello del Instituto Nacional de la Reforma Agraria, tuvo segunda edición en 1989 y la tercera, de 2021, la publica la Universidad del Valle en acceso abierto con licencia Creative Commons. Las piezas del género se grabaron en el departamento de Córdoba a lo largo de 1969 y 1970, y muchas de las sesiones se hicieron en velorios, que era la ocasión en que la gente se sentaba a contar y a echar coplas hasta la madrugada.

Resonancias con otros mitos

Dentro del mismo libro hay una segunda pieza que se resuelve en verso improvisado: «El paisa y el gringo», en la página 259, es un intercambio de coplas sobre la gurupera y el galápago en el que cada contendiente responde en la forma del otro. Las dos piezas prueban que el repertorio cordobés de 1969 guardaba todavía la costumbre del duelo cantado, y son las únicas dos del género que funcionan así.

El segundo paralelo está en la materia del debate. El refrán que la madre versifica es el del madrugador que recibe ayuda, y la réplica del hijo —que más madrugó quien perdió el talego— es una vuelta de tuerca conocida en la tradición oral hispánica, donde el refranero suele traer su propio contrarrefrán. Zapata señala en la página 237 que estos personajes burlones, a los que compara con Sancho Panza, viven precisamente de darle la vuelta al dicho recibido.

Hay un tercer eco interno. En la misma sección, el enfrentamiento entre una autoridad doméstica y quien la desobedece aparece en varias piezas resueltas por el ingenio del más débil, y en todas gana el que tiene la última palabra y no el que tiene la razón. Aquí la madre agota los tres registros disponibles —la piedad, el interés y el vínculo— y pierde con los tres.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. El libro compone esta pieza en verso, y ésa es su diferencia más visible dentro del género: los versos de la madre y los del hijo van sangrados, uno por renglón, mientras las demás piezas del bloque se imprimen como prosa corrida. La forma no es un adorno del tipógrafo sino el dato mismo, porque el duelo se juega en la métrica y gana quien devuelve la copla con el número de sílabas del contrario y el sentido volteado.

  2. El motivo de la llamada está en la segunda línea y no se repite: la madre está muy mala. Desde ahí el registro encadena tres asaltos con muy poca narración entre medias —la quintilla sobre el madrugador, el ejemplo del taleguito de plata y el cobro de los nueve meses—, y cada uno recibe su réplica. El volumen llama al muchacho «muy pesado» y titula la pieza «El hijo desobediente», dos descripciones que no coinciden del todo con lo que hace, que es contestar en verso una vez por argumento.

  3. No hay segunda versión de este duelo, ni remisión a otra grabación. De las cuarenta y cuatro piezas del género sólo otra se resuelve en coplas improvisadas, y es de asunto distinto. Tampoco aparece en el fondo que George List grabó en Bolívar entre 1964 y 1965, que recoge cuentos y no versos. El registro es único y se conserva con la puntuación de la edición, incluida la interjección «Jui» que abre las dos réplicas del hijo.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Córdoba · Caribe
Referencias
9
Última revisión
21 de septiembre de 2026

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Base documental · 3 referencias

  1. Tradición oral y conducta en Córdoba

    zapataolivella.univalle.edu.co

    Imprime la pieza en la página 266, la penúltima del género, y es el único registro conocido de este relato. Lo decisivo de esa impresión es tipográfico: las réplicas de la madre y del hijo van sangradas como coplas y no corridas como prosa, de modo que el propio libro reconoce que el cuento se resuelve en verso. La cuarteta del madrugador y la respuesta del hijo se leen ahí completas.

  2. Prólogo y epílogo a Tradición oral y conducta en Córdoba (3.ª ed.)

    drive.google.com

    Sitúa la campaña del Medio y Bajo Sinú de 1969-1970 y explica por qué el equipo recogía en velorios, que es donde el repertorio de desafío cantado circulaba con más soltura. Da el contexto que el cuento necesita para no leerse como una anécdota doméstica suelta.

  3. The Contrary Wife: Folktales of Aarne-Thompson-Uther Type 1365

    sites.pitt.edu

    Reúne las versiones europeas del pulso doméstico que se gana por terquedad y no por razón, que es el molde en el que este cuento encaja: el hijo no discute el fondo de lo que la madre pide, responde en la misma forma métrica para no ceder. Permite decir que el motivo está catalogado sin atribuirle un origen.

Contraste y contexto · 6 referencias

  1. Aging and Death in Folklore

    sites.pitt.edu

    Documenta el motivo del hijo que niega auxilio a la madre enferma como una familia narrativa reconocida, y con ella la función del remate cruel: la tradición no lo pone para celebrarlo sino para dejarlo dicho. Es lo que sostiene publicar la grosería final del muchacho en vez de suavizarla.

  2. Cuentos de hadas campesinos de Colombia: topologías literarias de la oralidad

    revistas.udea.edu.co

    Estudia cómo el cuento campesino colombiano incorpora la copla dentro de la prosa y por qué esa mezcla se pierde al transcribir, que es exactamente el rasgo que esta pieza conserva. Da el marco para tratar el verso del cuento como forma y no como adorno.

  3. Manuel Zapata Olivella (Enciclopedia)

    enciclopedia.banrepcultural.org

    Acredita al recopilador y su doble condición de médico y escritor cordobés, que es lo que explica que la encuesta de 1969 midiera conducta y no sólo recogiera textos. Sitúa el libro dentro de su obra.

  4. Lorica, una colonia árabe a orillas del río Sinú (Cuadernos de Historia Económica y Empresarial 10)

    banrep.gov.co

    Describe la casa campesina del Bajo Sinú y el reparto del trabajo por horas del día en los años en que se recogió el cuento, que es lo que da sentido a que la madre llame al hijo de madrugada y a que el refrán del madrugador tenga fuerza de argumento.

  5. Conjurar el olvido: campesinos y política en las llanuras del Caribe colombiano

    redalyc.org

    Documenta la vida campesina de las llanuras del Caribe en el periodo de la recolección y el lugar de la madre en la economía doméstica, que es el trasfondo sobre el que se entiende qué significa que nadie se levante cuando ella está mala.

  6. Manuel Zapata Olivella Collections — tema «cuentos»

    mzo.library.vanderbilt.edu

    Permite comprobar qué quedó del archivo de campo del recopilador y confirmar que el libro publica una selección: el cuento tiene detrás una grabación cuyo paradero el volumen no declara.

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«El hijo desobediente» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

0
EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El hijo desobediente» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El hijo desobediente» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

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