El héroe

Caribe · Mestizo

El héroe

Sabino, pescador de La Boquilla, enfrenta un peligro marino para proteger a otras personas y su sacrificio se vuelve una historia local de heroísmo.

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El relato

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Lo trajeron a la orilla agonizando, y todavía llevaba apretada en la mano la cola de un pez extraño. Balbuceaba con voz dengosa, y a veces su boca grande sonreía y los ojos turbios buscaban lo que la mano crispada seguía agarrando. Quien hubiera sabido los antecedentes de la tragedia habría visto en aquel hombre ensangrentado a un héroe.

Hacía semanas enteras que el puebluco marino de La Boquilla, cerca del puerto de Cartagena de Indias, estaba alarmado. Una cojnúa enorme rondaba la orilla sin cambiar su ritmo de desolación y espantaba los sábalos y los peces menores. Los hogares que allí viven del mar pasaban necesidad. La pesca era una tristeza. Los esfuerzos de los pescadores resultaban inútiles: el animal aparecía y la desbandada era segura.

Sabino, que era hábil pescador, tenía aparte su pensamiento y no se lo confió a nadie. Aquella madrugada se propuso darle caza él solo. Salió armado con un arpón y unos tacos de dinamita. Alguien lo vio partir y le gritó desde la orilla:

—¡Ten cuidado con la cojnúa, Sabino! ¡Mira que ese animal es muy fregado!

Era cierto que la bestia hacía zozobrar los botes pesqueros. Pero él iba sereno, impertérrito, desdeñando el peligro. Quería ser el héroe salvador de la situación, y avanzó fiero a buscar su presa.

La presa apareció entre un remolino de espumas. De pie, balanceándose sobre las ondas, la recibió a tacazos de dinamita. El animal se revolvía furiosamente. Lo vio hundirse y salir más cerca, y más cerca todavía, hasta darle coletazos al pequeño bote. De pronto quedó inmóvil sobre la superficie.

Y entonces Sabino soltó un grito de victoria que se propagó sobre las olas y se lanzó al agua sin pensarlo. Al agarrar a la bestia por la cola despedazada pareció volver un momento en sí. Se revolvió contra ella y le destrozó un costado, y por el boquete se le veían las costillas y el corazón latiendo.

Con un esfuerzo desesperado alcanzó el bote y se embarcó, llevando la enorme cola entre la mano crispada. Y así, desangrándose, más allá de la vida y ya dentro de las sombras, se dejó ir a la deriva.

Así lo encontraron sus compañeros. Alcanzó, antes de morir, a enseñarles la cola del animal entre las manos rígidas, como si acariciara un trofeo.

El héroe: lo que quedó del relato

La enseñanza

“El gesto que sobra después de ganar puede costar más caro que la pelea entera.”

Territorio

Caribe · Mestizo

Caribe · Mestizo

El territorio sitúa la memoria del relato y permite leerla en relación con su comunidad de origen.

Región
Caribe
Comunidad
Mestizo
Referencia
10.47604° · -75.49471°

Ficha del relato

Contexto histórico

Son dos páginas escasas, la 109 y la 110, y hacen del texto el más breve de la selección cartagenera que Eugenia Villa Posse incluyó en el segundo tomo de «Mitos y leyendas de Colombia» (IADAP, Quito, 1993). Como el resto de esa selección, procede de «Cuentos y leyendas de Cartagena», de Eustorgio Martínez Fajardo, Editorial Nuevo Mundo, 1948, cuya nota de procedencia en la página 65 advierte que el autor elaboró literariamente narraciones de la tradición oral de su ciudad.

La pieza está montada al revés: empieza por el cadáver y luego explica cómo se llegó a él. Y el título no afirma nada. La segunda frase del texto lo pone en condicional —quien hubiera sabido los antecedentes habría visto allí a un héroe—, de modo que la palabra queda ofrecida al lector en vez de concedida al personaje. Es el gesto más fino del relato y es fácil de perder al resumirlo.

Lo que la obra aporta como documento es el detalle de trabajo de un caserío de pescadores del litoral cartagenero: la orilla de La Boquilla, los sábalos y los peces menores que sostienen la economía diaria, los botes pequeños que una bestia grande puede volcar, y el armamento con que se salía a cazarla, un arpón y unos tacos de dinamita. También conserva el habla del lugar en la única frase que alguien grita desde la playa, transcrita con su fonética.

Queda un dato que el texto deja abierto a propósito. Al animal lo llama «cojnúa», entrecomillado, y después «un pez extraño», «monstruo marino», «aquella fiera marina» y «la bestia». No da nombre científico ni equivalencia en español general, así que la especie no se identifica aquí: ponerle nombre sería decidir por la obra.

Resonancias con otros mitos

El pescador que muere del triunfo sobre la bestia que perseguía es una figura reconocible de la narrativa marina, de los cazadores de ballenas del siglo XIX al viejo que pelea con el pez en alta mar de la novela breve de Hemingway. Lo que las emparenta no es el monstruo sino la estructura: la presa se cobra al cazador incluso vencida, y la victoria llega sin provecho para nadie.

El segundo paralelo es de género y funciona por contraste. La leyenda local de héroe pide una posteridad —un entierro, un nombre que se repita, un beneficio que el pueblo conserve— y en la tradición oral esa cola clavada en una puerta habría acabado siendo reliquia. Aquí no ocurre nada de eso: el cuento se cierra en la agonía y no concede ni un párrafo de memoria colectiva. El autor construye el molde y se niega a cumplirlo.

El tercer parentesco es lingüístico. Las comunidades pesqueras del Caribe colombiano nombran sus peces con voces propias que no siempre tienen correspondencia en la nomenclatura científica ni en el español general, y «cojnúa» pertenece a ese repertorio local, recogido aquí tal como suena. El mismo procedimiento se ve en el resto de la selección con «mar muerto», «coquis» o «zarzo»: el autor conserva la palabra del oficio y no la traduce.

Otras versiones y matices

Variaciones, precisiones y límites documentales.

  1. Del mismo hecho el relato ofrece dos lecturas que no se llevan bien, y las deja convivir sin elegir.

  2. La primera es la del título y la enuncia el narrador en condicional: visto desde los antecedentes, ese hombre ensangrentado es un héroe. Tiene razones. El caserío llevaba semanas sin pescar, las familias pasaban hambre, los demás pescadores no habían conseguido nada, y él salió solo a resolverlo.

  3. La segunda la da el propio narrador unas líneas después y la desmiente a medias: «quería ser el héroe salvador de la situación». El motivo no es sólo el hambre del vecindario; también hay una ambición personal, y la prueba está en el método, porque no consultó a nadie y guardó su plan para sí. El texto pone los dos motivos uno detrás de otro sin jerarquizarlos.

  4. Sobre la causa de la muerte el relato es, en cambio, terminante, y ahí no hay dos versiones. No muere en el combate: cuando se lanza al agua el animal ya estaba inmóvil en la superficie. Lo mata lo que hace después de ganar, y el autor lo califica con una palabra que no admite discusión —se lanzó «irreflexivamente»— antes de describir el zarpazo.

  5. Queda lo que el texto no cuenta y conviene no suponer: no hay velorio, ni reconocimiento del caserío, ni noticia de si la pesca volvió. La narración se detiene en el instante de la muerte, con la cola entre las manos rígidas.

  6. Del impreso sólo se conoce la reproducción de 1993 y persiste la duda bibliográfica común a todo el libro: «Nuevo Mundo» frente a «Mundo Nuevo», y dos tiradas de 1946 y 1948 catalogadas ambas como segunda edición.

Fuentes

Esta ficha se apoya en referencias publicadas y verificables. La adaptación narrativa del sitio no sustituye la consulta de las fuentes originales.

Procedencia
Tradición oral · Mestizo · Bolívar · Caribe
Referencias
8
Última revisión
21 de septiembre de 2026

Cómo documentamos cada relatoAportar o corregir una fuente

Base documental · 3 referencias

  1. Mitos y leyendas de Colombia, vol. II · sección 18, «Cuentos y leyendas · Cartagena, Departamento de Bolívar», pp. 65-123

    flacso.edu.ec

    Dos páginas escasas, la 109 y la 110: es el texto más breve de la selección y el único ejemplar consultable. Sólo aquí puede comprobarse el gesto que decide cómo hay que leerlo, y que se pierde en cualquier resumen: el título no afirma nada, porque la segunda frase lo pone en condicional —quien hubiera sabido los antecedentes habría visto allí a un héroe—, de modo que la palabra queda ofrecida al lector en lugar de concedida al personaje. Aquí están también el detalle de trabajo del caserío —la orilla de La Boquilla, los sábalos y los peces menores del sustento diario, los botes pequeños que una bestia grande vuelca, el arpón y los tacos de dinamita— y la única frase que alguien grita desde la playa, transcrita con su fonética. Y aquí está el nombre que el autor entrecomilla y no traduce: «cojnúa».

  2. La Boquilla y Cartagena: historias de luchas territoriales, ciudadanía y etnicidad, en «Etnohistorias de América Latina y el Caribe» (pp. 207-233)

    sistemas.pedagogica.edu.sv

    Documenta el pueblo donde ocurre todo, con fecha de fundación y con censo. Reconstruye cómo hacia 1885 familias venidas de San Onofre, Villanueva y Rocha se asentaron en la franja entre el Caribe y la Ciénaga de la Virgen, y registra 257 viviendas en La Boquilla en 1929. Esa cifra da la escala exacta del caserío del relato: un lugar lo bastante pequeño para que una muerte así fuera un acontecimiento y lo bastante reciente para que su economía de pesca fuera lo único que había. Es la fuente que convierte el escenario en un sitio con historia propia y no en una playa genérica.

  3. La pesca en Colombia: del agua a la mesa. Hacia dónde van nuestros océanos

    wwflac.awsassets.panda.org

    Sostiene los dos datos técnicos del relato que la ficha decidió no traducir ni juzgar. Por un lado, documenta la pesca artesanal marina colombiana como actividad de embarcación pequeña y arte manual, con las especies que la sostienen y con la distancia que hay entre los nombres locales de los peces y la nomenclatura científica: esa brecha es la razón por la que «cojnúa» se deja tal como el autor la escribió, entrecomillada, en lugar de asignarle una especie. Por otro, registra el uso de explosivos como práctica de pesca, con su daño al ecosistema, lo que confirma que los tacos de dinamita del relato eran equipo real de faena y no una exageración narrativa.

Contraste y contexto · 5 referencias

  1. Tres siglos de historia demográfica de Cartagena de Indias

    banrep.gov.co

    Sitúa La Boquilla dentro del movimiento que fue empujando población a los bordes de agua de Cartagena, en la misma serie en que aparecen Chambacú y los barrios extramuros que la ciudad fue creando y borrando. Eso importa aquí por una razón concreta: explica que el caserío del relato no era un pueblo aparte sino la periferia de una ciudad que a la vez dependía de sus pescadores y no los contaba entre los suyos, que es la condición en la que un hombre puede morir matando a una bestia y no dejar rastro documental ninguno.

  2. Geografías del destierro: los barrios afro y populares de Cartagena de Indias, 1844-1885 (Nómadas, n.º 48)

    nomadas.ucentral.edu.co

    Fecha en el mismo momento la creación de los asentamientos afro y populares del entorno de Cartagena y sostiene que esa periferia fue un proyecto y no una inercia. Con ello ayuda a leer la frase más dura del relato, que es la ausencia de cualquier posteridad: el cuento se cierra en la agonía y no concede un párrafo de memoria colectiva, y este artículo explica por qué la ciudad que produjo esos caseríos tampoco les producía archivo, ni monumento, ni nombre en los papeles.

  3. Modernización urbana y exclusión social en Cartagena de Indias, una mirada desde la prensa local (Territorios, n.º 36, pp. 159-188)

    revistas.urosario.edu.co

    Muestra qué hacía la prensa cartagenera de la época con la gente de los bordes, y por eso ayuda a medir la ausencia de esta muerte en los papeles. Su vaciado de periódicos locales documenta que los vecindarios pobres aparecían en la prensa como problema sanitario y urbanístico, casi nunca como comunidad con nombres y hechos propios. Un pescador que muere cazando un animal grande frente a su playa es exactamente la clase de suceso que ese régimen de atención no registraba, y esa es la explicación más plausible de que no haya rastro del episodio.

  4. «Fiestas de la Candelaria» (serie «cartapedia»)

    muhca.gov.co

    Identifica al autor y con ello explica la economía extrema de esta pieza. Dice que Martínez Fajardo firmaba «Eumarfa» y que su obra recrea con narraciones fantásticas la imaginación popular de la Cartagena histórica. Dos páginas montadas al revés —primero el cadáver, después cómo se llegó a él— y cerradas en el instante de la muerte son el corte de un titular de prensa aplicado a un cuento, y la identificación del oficio del autor es lo único que hay para respaldar esa lectura de forma.

  5. Archivo Histórico de Cartagena de Indias (página institucional)

    muhca.gov.co

    Es la última puerta para saber si Sabino existió. Los fondos cubren el siglo XIX y la primera mitad del XX y comprenden la documentación municipal y la prensa de esos años, que es donde tendría que constar una muerte así en un corregimiento del distrito; los libros parroquiales del corregimiento serían el otro sitio. Ninguna de las dos vías se ha recorrido porque el archivo no publica inventario ni instrumento de descripción y sólo atiende por correo, de modo que el episodio queda declarado sin verificar y no descartado.

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¿Así te la contaron?

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«El héroe» no se cuenta igual en todas partes. Si en tu casa cambiaba el final, el castigo o el nombre, esa versión también es parte del archivo.


Versiones de este mito

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EJ

Ejemplo

No es real

Mi abuela la contaba igual, pero en su versión el castigo no era la muerte: al cazador lo perdía tres días en el monte y lo devolvía sin memoria. Ella la oyó en Salamina, de su propia madre, hacia 1950.

Así se ve una versión publicada. De «El héroe» todavía no hay ninguna.

Todavía nadie ha dejado la suya. «El héroe» viaja de boca en boca y cambia en el camino, así que es muy probable que la que te contaron no se parezca a la que acabas de leer.

Qué cambió
El final, el castigo, quién la ve, en qué mes aparece.
Dónde la oíste
Un municipio, una vereda, un río. Aunque sea aproximado.
Quién la contaba
Sin nombres si prefieres: basta el parentesco y el lugar.

TÚ

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