En el vasto y serpenteante Valle del río Magdalena, un evento singular se preparaba con la magnitud de una leyenda ancestral. La unión tan esperada de Aquileo Guzmán y Virgelina Huerta se celebraría con un esplendor que llamaba a todas las almas del valle, desde las más visibles hasta aquellas ocultas en las sombras de los mitos. La modesta aldea, abrazada por las verdes colinas y el murmullo del río, se había convertido en el epicentro de un rumor de alegría tan fuerte que alcanzaba las cimas de las montañas, donde aquellos que aún susurraban sobre "El Gritón" sintieron un estremecimiento en sus huesos viejos.
Desde diferentes confines llegaron no solo los aldeanos, sino también un grupo de seis intrépidos expedicionarios, cada uno con historias talladas en sus ojos y cicatrices de aventuras pasadas. Se instalaron en una cabaña a solo quince minutos de caminata del corazón de la aldea y en poco tiempo se familiarizaron con los senderos que cortaban la densa vegetación del bosque. Aquileo y Virgelina, en su generosidad y con la alegría chispeante de su amor, obsequiaron a cada expedicionario un silbato. Estos silbatos, decían, no solo servirían para llenar la boda con una melodía improvisada, sino también como un faro sonoro ante cualquier extravío en la selva.
La boda comenzó con un espíritu festivo que parecía hacer vibrar el aire mismo. Sin embargo, mientras el sol caía detrás de las montañas, una tempestad comenzó a murmurar al oído de los árboles y una inquietante oscuridad se extendió por el bosque. Los expedicionarios, ansiosos por unirse a la celebración, se adentraron en el sendero justo cuando el viento soplaba con una intensidad que mezclaba el olor húmedo de la tierra con el ancestral miedo a lo desconocido. La tormenta no fue solo lluvia, sino una entidad rugiente que parecía cobrar vida con cada relámpago que partía la noche en dos.
Fueron aquellas lenguas de agua, las que confundieron sus pasos. Lo que antes era un camino claro, ahora era un laberinto húmedo que parecía burlarse de su sentido de orientación. El ego de los expedicionarios, construido sobre historias y valentía, se derrumbó en un instante cuando el verdadero sonido del bosque emergió de la tierra. Al unísono, hicieron sonar los silbatos como un coro desesperado que esperaba respuesta. Pero no fue una respuesta humana la que retornó a sus oídos. A lo lejos, y luego cada vez más cerca, el grito de "El Gritón" rompió la noche.
Este Gritón no era un simple eco. En distintos rincones del país, en Antioquia y el Viejo Caldas, se murmuraba de su existencia. Se hablaba de un arriero solitario cuya alma nunca abandonó los desfiladeros de la montaña. El Gritón, decían los relatos, era la sombra de un hombre alto y delgado, siempre en constante movimiento, siempre persiguiendo a su recua invisible con voces que rasgaban los nervios de quienes se atrevían a recorrer los caminos de herraduras bajo la luna. Un espectro inquieto, que podía escucharse en un instante detrás, luego al frente y después más adelante todavía, como si el tiempo mismo fuera su cómplice y su burlón.
Cuando los gritos resonaron en la selva aquella noche, los expedicionarios sintieron su piel erizarse de terror; era un miedo muy antiguo lo que los perseguía. Cada uno corrió por su lado, como hojas llevadas por un viento rabioso, perdiéndose aún más en el mar verde y oscuro. La tormenta, aliada del espanto, ocultaba sus caminos con paredes de agua.
Mientras tanto, en la aldea, los guardias redoblaron con tambores el sonido de los silbatos para guiar a los viajeros extraviados de vuelta. Fue un trabajo de almas, una conversación de ecos y golpes entre los hombres y la naturaleza. Poco a poco, los expedicionarios regresaron, pálidos como si hubieran visto la muerte misma. Sus rostros, antes grabados con orgullo, ahora llevaban la marca de un miedo que no pueden olvidar, aquel grito inhumano que llamaron "El Gritón". Virgelina, con sus ojos sabios, decía que el Gritón era más que un espíritu. Se convirtió en el símbolo del trueno, el presagio del huracán, una advertencia que los lazos entre mundos eran tan delicados como una telaraña al viento.
Aquileo y Virgelina, aunque estremecidos por las historias, consideraron aquel día una bendición disfrazada de tormenta. En sus corazones, sabían que, al conjugar amor y tradición, habían preservado un mito en el relato de un matrimonio signado por la eternidad y los misteriosos gritos del viento. Así, en las noches del Valle del río Magdalena, los silbidos y gritos que rondaban ya no pertenecían solo a este mundo, sino a un entretejido fascinante de leyendas, en donde el Gritón seguiría siendo un eco que se pierde y renace al compás de las historias.
Historia
El mito de "El Gritón" tiene sus orígenes en varias tradiciones y relatos asociados a encuentros con fenómenos naturales y espirituales en la región andina y caribeña. En uno de los relatos, se menciona un encuentro registrado durante el matrimonio de Aquileo Guzmán y Virgelina Huerta en el Valle del río Magdalena, donde seis expedicionarios, al perderse durante una tormenta, escucharon un alarido espantoso que los llenó de pánico. Este grito fue atribuido a "El Gritón", una entidad temida por los expedicionarios.
Otra versión asocia "El Gritón" con el alma en pena de un arriero que se escucha en las soledades de los caminos y colinas. Se le percibe gritando como si guiara una recua de mulas o bueyes fantasmas, creando confusión y miedo entre los arrieros. Se le vincula más con leyendas de Antioquia y el viejo Caldas, donde se asegura que hace apariciones especialmente durante el mes de las ánimas del purgatorio o poco después de la muerte de un peón o arriero. En esta versión, "El Gritón" también se asocia simbólicamente con el trueno y el huracán, presagiando tempestades.
Ambas versiones destacan el impacto auditivo de "El Gritón", cuya presencia provoca temor y desorientación, ya sea entre senderos perdidos o caminos de arriería, y su vinculación con condiciones climáticas adversas como las tormentas y huracanes.
Versiones
Las dos versiones del mito del "Gritón" presentan diferencias significativas en su contexto narrativo y en la naturaleza del fenómeno. En la primera versión, el relato se centra en una fiesta de matrimonio en el Valle del Río Magdalena, donde un grupo de expedicionarios se enfrenta al Gritón tras perder su camino durante una tormenta. Aquí, el Gritón es más un fenómeno natural inexplicable, percibido como un alarido en la selva que provoca terror y desorientación entre los expedicionarios. El enfoque está en el evento específico y el impacto psicológico en los hombres perdidos, presentando al Gritón como una manifestación aterradora de la naturaleza, subrayada por el uso de los silbatos que facilitan un intento de comunicación y rescate. El componente de interactuar con los sonidos del Gritón es crucial, ya que añade una dimensión de misterio a la experiencia de los expedicionarios, sugiriendo que el Gritón puede ser una entidad o fenómeno más amplio que solo un espíritu.
En cambio, la segunda versión del mito desarrolla al Gritón como un espectro ligado a la tradición y los caminos de arriería en la región de Antioquia y el Viejo Caldas. Este Gritón es personificado como el alma en pena de un arriero, que se manifiesta mediante gritos asociados con el trabajo y la vida nómada de los arrieros, siendo un presagio de tormenta o mal augurio. Esta versión pone más énfasis en su aparición recurrente en ciertos lugares y tiempos, sobre todo en el mes de las ánimas, lo que integra al Gritón en un sistema de creencias espirituales más elaborado, con apariciones percibidas en entornos urbanos, rurales y en eventos sociales. A diferencia de la primera, esta versión recoge una tradición oral rica en detalles que lo presenta como una figura folclórica más establecida y menos ligada a un evento particular, capitalizando en la ambigüedad de su presencia y las emociones fuertes que induce en los que lo experimentan, como el pánico y el desmayo.
Lección
El amor y la tradición pueden preservar mitos ancestrales.
Similitudes
Se asemeja a los mitos de espíritus errantes como los fantasmas japoneses Yūrei o las almas en pena de la mitología celta.
Territorio
Ubicacion geografica del mito
Ubicacion registrada para este mito en el territorio.



